20 de agosto de 2009

Alberto Montt en dosis diarias

Y, tras mi resumen de la temporada de ópera (una de esas "cosas chungas culturetas" que me molan, que diría uno de mis queridos compis del curro), vamos a desengrasar con el recomendabilísimo blog de Alberto Montt En dosis diarias. Para muestra, unos cuantos botones:

16 de agosto de 2009

Esas visitas de domingo

A la casa venían, de tarde en tarde, algunas personas, siempre las mismas, que avisaban antes por teléfono y a las que se esperaba con apagada ceremonia, amistades antiguas de mis padres y abuelos, que nunca contaban nada sorprendente y a quienes había que sonreír si nos preguntaban por los estudios o comentaban que cuánto habíamos crecido. Se las solía recibir en el comedor, se sentaban en unos butacones de terciopelo verde que había junto a la chimenea, y el tiempo empezaba a rebotar ansioso y prisionero contra las paredes, no hacía ruido, pero yo lo sentía latir desde la gran mesa de tapete felpudo, donde me sentaba, un poco lejos de ellos, porque la habitación era inmensa; no entendía por qué los niños tenían que "salir a las visitas", pero estaba tácitamente convenido así, nos decían que iban a venir los señores de Tal, que tenían muchas ganas de vernos, pero, una vez allí, nada en su actitud me hacía verosímil semejante aserto [...]

El cuarto de atrás, Carmen Martín Gaite, 1978.

15 de agosto de 2009

Fin de la temporada de ópera (y III)

El otro día nos quedamos en la cinematográfica Carrera del libertino que proponía Lepage. Finalicemos hoy con el repaso al resto de la temporada operística.

Faust-bal

Un estreno absoluto del Real fue lo que me deparó mi abono allá por mitad del invierno. Me explico:

Lo habitual en un teatro de ópera es que se reestrene repertorio: óperas de Verdi, Haendel o Berg compuestas hace años (en ocasiones muchos) y que han sido representadas ya en otros teatros. En estos casos, se encarga un montaje, pero la música y el libreto ya existen. Pero también se trata de ir renovando el repertorio, así que si un teatro quiere tener renombre internacional debe encargar la composición de nuevas óperas y tratar de que estas pasen a formar parte del circuito operístico. En esta línea, el Real decidió encargarle a Leonardo Balada la composición de una ópera, Faust-bal, cuyo libreto había escrito ex profeso para la ocasión Fernando Arrabal.


Arrabal, en ocasiones, roza la genialidad, pero cuando se le va la cabeza se le puede llegar a ir mucho. Y, leyendo la sinopsis del argumento que publicaba la web del Real, todo apuntaba a que esta vez tocaba más bien lo segundo:
Faust-bal es la mujer que reencarna en el tercer milenio al doctor Faustroll de Alfred Jarry, un Doctor Fausto que pide a Dios las palabras y oraciones para fusionar amor y caridad. Nada puede calmar el huracán de su curiosidad científica, ni saciar la tempestad de sus deseos. Superdotada, bellísima y enriquecida por transfiguraciones y trascendencias, ama tórridamente a su Amazona. Salta entre galaxias de la guerra del fin de las civilizaciones y se mueve en el espacio a velocidad supersónica. Frente a ella Margarito, jefe supremo de las fuerzas armadas, se ciñe los correajes de la represión brutal y la electrónica. Está locamente enamorado de Faustbal bajo las faldas del cielo. Trata de poseerla con el torrente de su torre, sirviéndose del mismo Mefistófeles.

Y, en efecto, el libreto no había por dónde cogerlo. Sin embargo, musicalmente me pareció que hubo cosas bastante interesantes. Por ahí he leído ciertas críticas contra Balada por haber compuesto una música de hace treinta años. Podría ser. A mi modesto oído ya le resultan difíciles algunas cosas de Schönberg, así que tampoco me voy a quejar porque no me ofrezcan el último grito operístico. El caso es que a mí me convenció, así que al ratito de comenzar la ópera dejé de leer los subtítulos y de tratar de desentrañar el argumento y me dediqué a disfrutar con la música. Un rato bastante agradable, la verdad.


En cuanto al montaje, de Joan Font de Els comediants, pues no sé qué decir. Un poco pastiche, mezclando cosas de aquí y allá y tomando referencias culturales de todo tipo. A menudo me preguntaba si estaba en una representación del Real o en una obra de teatro para niños con tanto terciopelo y tanto pompón. Supongo que hizo lo que pudo con ese libreto. Creo que en el abono del año que viene veré otro montaje suyo, así que esperaré a entonces antes de formarme una opinión.

El único vídeo que he encontrado, fuera de la web del Teatro Real, es este:



Tannhäuser

Y llegó el Tannhäuser, una de las óperas que más escucho de todas las que tengo. Conste que la historia es una tontería: un señor que está tan ricamente en el monte de Venus bacanal va, bacanal viene, de repente le entra el rollo místico sin que nadie sepa por qué y decide redimirse volviendo con su antigua novia un porrón de años después para llevar una vida casta, pura y más tostón que un berberecho. Vale, estoy exagerando. En realidad va sobre el conflicto entre lo carnal y lo espiritual y tal, pero se me ocurren quientas maneras mejores de contarlo.

En fin, el caso es que, pese a lo soso de la historia, musicalmente me gusta mucho. Los coros son estupendos y el final, como suele ser habitual en Wagner, absolutamente apoteósico. Así que allí fui yo, más feliz que una lombriz, a ver una ópera que me apetecía muchísimo.

Al parecer, todos los años en cuelan una función con el reparto suplente en lugar del titular en cada uno de los turnos del abono (excepto en el turno de estreno, of course). A menudo el segundo reparto rivaliza en calidad con el titular, pero esta no fue una de esas veces. He leído críticas espléndidas del Tannhäuser de Peter Seiffert y la Elisabeth de Petra Maria Schnitzer. En cambio, a mí me tocaron Robert Gambill y Edith Haller (y por partida doble, porque esta también la vi dos veces), que no me gustaron nada. Él, con una voz rasposa muy molesta; ella, una gritona insoportable. En cambio, el coro estuvo muy bien y esta es una de esas óperas en las que el coro te salva la función.


Por lo que respecta al montaje de Ian Judge, probablemente ya hayan visto alguna escena, puesto que proporcionó la polémica del año con su propuesta del primer acto. Y es que a quién se le ocurre representar una orgía en una ópera donde se cuenta... una orgía. Yo no sé qué tenían en mente todos aquellos a los que les pareció un escandalazo, pero, vamos, cuando yo trato de pensar en el monte de Venus, un lugar donde los placeres se desatan y se está todo el día entregado a los instintos carnales, lo mínimo que se me ocurre es algo como lo que se vio allí. Vamos, nada del otro mundo y, además, nada que no cuente la ópera.

En mitad del primer acto, en plena bacanal, un espectador gritó una grosería y fue replicado inmeditamente por un sinfin de chistidos. Si es que hay gente que está deseando escandalizarse para montarla.

Por lo demás, pasado el primer acto, me pareció el peor montaje que se ha visto este año, con una iluminación facil y chillona, un movimiento escénico absurdo y unos escenarios sosos y, en ocasiones, rayando lo hortera. Esto, unido a los problemas que ya he contado respecto al dúo protagonista, sitúan esta ópera a la cola de mi ranking particular de este año. Qué le vamos a hacer.


Aquí el estupendo Peter Seifrert cantándole a Venus (Lioba Braun) en la escena 2 del primer acto. Disfruten.



Rigoletto

La siguiente función que me tocaba eran las Escenas del Fausto de Goethe de Schumman, en versión concierto -esto es, sin escenificar: sólo orquesta y cantantes-. Sin embargo, tuve que ceder mi entrada debido a ciertos imponderables, por lo que tras el Tannhauser no regresé al Teatro Real hasta junio. Primero para el fabuloso recital dado por Juan Diego Flórez y después para una maravillosa versión del Rigoletto. Nuevamente Verdi, pero -esta vez sí- el Verdi que más me apasiona y con una propuesta escénica excepcional de Monique Wagemakers. Una delicia.



Rigoletto cuenta una historia típicamente romántica -no podía ser de otro modo teniendo su libreto como base Le Roi s'amuse de Victor Hugo- que resulta entretenidísima para el espectador. La partitura, además, contiene alguno de los fragmentos operístico más conocidos por el público en general (busquen en Youtube "Juanita banana" y verán la cantidad de engendros que se han pergeñado con el "Caro nome" de la pobre Gilda).

En principio estaba previsto que el Duque de Mantua fuera encarnado por Juan Diego Flórez, pero este renunció a hacerlo. Hizo bien. Es un papel bastante difícil para sus cualidades actuales y, antes de afrontar un fracaso, prefirió dejar su sitio a otro tenor más apropiado. José Bros cumplió a la perfección. A pesar del (incomprensiblemente) tibio aplauso del público, estuvo francamente bien, al igual que la Ciofi haciendo de Gilda, Roberto Frontali de Rigoletto y el resto del reparto.

El de Gilda es, probablemente, uno de los personajes más bobos de la historia de la ópera (la engañan, la raptan, la violan, la abandonan... y aún así, vuelve a por más). Tan estúpida, tan romántica... tan bella, tan dramática y emocionante en su papel. Y qué fantástico el "Cortigiani, vil razza dannata" de Rigoletto (véanlo en los vídeos de la web del Real antes de que los quiten).

Una de esas funciones a las que una asistiría una y otra vez. Por suerte para mi bolsillo, hay que adquirir las entradas muchísimo antes del estreno. Y menos mal, porque con propuestas como estas o la del Katia Kabanova del que hablamos en el post anterior cualquiera se resiste a repetir.

Hala, les dejo con el "Caro nome" de la Patrizia Ciofi.



Las bodas de Figaro

Y llegamos al fin de la temporada, con un Mozart que me encanta: Las bodas de Figaro, una ópera bufa basada en una historia de Beaumarchais. Una de esas funciones en las que el público aplaude a rabiar ante un montaje de tipo verista como el que plantea Emilio Sagi. No es que estuviera mal su propuesta, ni mucho menos. Aprovecha bastante bien el humor que hay en el libreto y la dirección actoral de los cantantes es estupenda, dando rienda suelta a su vis cómica. Escenarios sobrios y sin salirse un ápice de lo que cuenta el argumento. Todo muy correcto, pero, qué quieren que les diga, yo prefiero propuestas más conceptuales y arriesgadas como creo que ha quedado claro en estos dos post con mi apasionada defensa de la Katia de Carsen y el Rigoletto de Wagemakers.


La dirección musical de López Cobos estuvo muy bien. Me daba algo de miedo, la verdad, porque López Cobos había anunciado que había encontrado la partitura original y que iba a dirigir en un compás distintio al habitual. Además, la orquesta estaba reducida a la mínima expresión tratando de reproducir las mismas condiciones de la época de Mozart. Y, sin embargo, sonó estupendamente. Quizás se echaba de menos algo de sonido en la obertura, pero más porque es a lo que estamos acostumbrados que porque lo requiriera realmente la obra.

En cuanto al elenco, fantásticos ambos repartos (sí, en esta también repetí).


En resumen, la experiencia en este primer año de abono ha sido estupenda. He disfrutado como una enana incluso en aquellas a las que más peros puedo ponerles. ¿Qué mejor modo de gastarse el dinero que en aquello que nos hace felices? Y el año que viene promete muchísimo, con otro Janacek, Jenufa, que me encanta, la estupenda Salomé de Strauss, Die tote stadt, Lulu, Norma con Juan Diego Flórez... Vamos que estoy deseando que llegue. Ya les iré contando. Mientras tanto, ya saben: sean felices y curiosos ;-)

2 de agosto de 2009

Fin de la temporada de ópera (II)

Y, por fin, vamos a ver si soy capaz de resumir mis impresiones sobre esta mi primera temporada de Ópera del Real.

Un ballo in maschera

Comenzamos a lo grande, con un Verdi: Un baile de máscaras. Y digo a lo grande porque es la típica función que alguien que acude por primera vez a la ópera espera ver: grandes decorados, escenarios cambiantes, vestuario de época, bailes, coros grandilocuentes...


No es precisamente una de mis óperas preferidas. Es una mera cuestión de gusto personal, pero no me va demasiado Verdi cuando se pone grandilocuente. No me gusta demasiado este Verdi como tampoco me gusta Aida. Me da la sensación de que compone tratando de meter con calzador aquello que sabe que le va a hacer gracia al público. La mayor parte de las veces acierta -y cómo- pero otras... En esta, sin ir más lejos, el primer cuadro acaba con un can-cán pegajoso hasta decir basta. Sales al descanso tarareándolo sin remedio, pero ¿y la emoción? ¿Dónde queda la emoción? En fin, para gustos los colores.

El caso es que pude asistir dos veces y ver los dos repartos. El segundo estuvo bastante correcto, pero el primero, con Marcelo Álvarez de Riccardo, Violeta Urmana de Amelia y la Marianelli haciendo de Oscar, estuvo inolvidable. Musicalmente, la temporada comenzó por todo lo alto. Qué maravilla.

En cuanto a la dirección escénica de Mario Martone, muy espectacular como ya he dicho. De las que meten muchísima tramolla y siguen una línea verista, fiel al escenario donde se ubica la ópera. Acompañó sin aportar gran cosa al argumento, aunque me gustó bastante el truco del espejo al final del último acto. Me explico: la acción transcurre en un palacio donde se celebra un baile de máscaras. Gracias a un espejo hábilmente colocado podían observarse dos pisos y las escaleras que comunicaban ambos. Así, cuando asesinan al Duque, se va viendo cómo corre la noticia de un lado al otro del palacio. Ingenioso.

Les dejo un vídeo que he encontrado por ahí. Creo que es una especie de trailer del DVD porque resume varias escenas de la obra. Perfecto para hacerse una idea.



Il trionfo del tempo e del disinganno

La segunda de las obras de mi abono daba miedito a priori: un oratorio de Haendel en el que cuatro personajes alegóricos -el Placer, la Belleza, el Tiempo y el Desengaño- exponen sus argumentos en una suerte de batalla dialéctica. Cuando Haendel lo compuso, la ópera estaba prohibida en Roma por orden papal, de ahí que decidiera utilizar la excusa del oratorio para introducir formas cercanas a la ópera y es por eso que en esta producción se haya decidido representarlo como si de una ópera se tratara. Pero claro, la perspectiva de unas cuantas horas de disquisiciones filosóficas entre cuatro personajes me producía, cuanto menos, respeto.


Y, pese a mis temores, este Trionfo del tempo resultó un espectáculo estupendo. Una auténtica delicia musical con un cuarteto inmenso -Steve Davislim como el Tiempo, Vivica Genaux como el Placer, Marijana Mijanovic como el Desengaño e Isabel Rey como la Belleza-, en especial las dos últimas, y una puesta en escena con grandes valores estéticos y que aportaba dinamismo a una pieza bastante estática. Muy muy recomendable.

Aquí, el Placer (Vivica Genaux) exponiéndole sus argumentos a la Belleza (Isabel Rey) en "Un pensiero nemico di pace":



Y el magnífico final, con la Belleza rendida al Desengaño y al Tiempo:



Katia Kabanová

Y luego vino la gran traca. Maravilloso el Katia Kabanová -del que ya hablé aquí-, con una puesta en escena impecable de Robert Carsen. A destacar, la impresionante Katia que compone Karita Mattila, aunque hay que decir que esta fue de esas funciones en las que todo estuvo perfecto. Una auténtica joya que bien vale un abono de ópera.


Hay que decir que es una ópera que me gusta mucho, así que mi nivel de exigencia estaba muy alto. Me encantan las óperas de Janácek. Quizás sea por esa obsesión, casi de lingüista, por cómo la música subraya la fonética del texto. O por esa modernidad que anuncia su música. O por su temática, dura, desgarradora, absolutamente decimonónica. Son óperas que se te agarran al pecho, que te meten de lleno en el conflicto de sus protagonistas, en esos amores imposibles ahogados por la masa bien pensante.

En cuanto a la escenografía, una auténtica genialidad. Robert Carsen toma el motivo del río, muy presente en el argumento, y lo convierte en un protagonista más de la ópera al llenar todo el escenario de agua y crear un montaje basado en unos pocos elementos -tablones de madera, sillas- y un magnífico juego de luces, reflejos y sombras. Bellísimo.


Por más que he buscado, no he logrado encontrar más que este vídeo del montaje, en el que Katia se entrega a su amante. De todas formas, en la web del Real (ver el enlace más arriba) aún están disponibles un buen puñado de vídeos.



The rake's progress

Esta es, quizás, de las que menos me llegaron este año. Objetivamente no estuvo nada mal, pero las sensaciones del Katia estaban demasiado recientes y era realmente difícil aguantar la comparación. Y es que The rake's progress está al extremo lado operísticamente hablando que Katia Kabanová. Frente al dramatismo de esta, el libreto bufo de aquella; frente al lenguaje musical contemporáneo, esa especie de refrito-homenaje de formas operísticas que compone Stravinsky. No obstante, como ya he dicho, no hay peros que oponer a este montaje y el público en general salió bastante satisfecho. Como en todo, uno tiene sus días y yo este, simplemente, no logré conectar con el espectáculo.


Y es que reconozco que, Mozart aparte, me cuesta entrar con la ópera bufa. Y, qué quieren que les diga, un libreto que toma el mito de Fausto y lo mezcla con elementos como, por ejemplo, una mujer barbuda no me apasiona demasiado.

En cuanto al montaje, de Robert Lepage, ubicaba con acierto el escenario en el mundo de Hollywood. ¿Qué mejor para ilustrar la carrera de un libertino que recurrir a un muchacho del medio Oeste que acaba encumbrado en la meca del cine? Así, Lepage nos llena el escenario de elementos cinéfilos, con claros referentes a películas como Gigante o El crepúsculo de los dioses en un montaje muy dado al ilusionismo y el juego y con unos toques de humor que venían muy bien a la obra. Bastante acertado, la verdad, aunque yo prefiero un tipo de montaje -y de ópera- más íntima, que sugiera más que muestre.

En el siguiente vídeo, el libertino Tom Rakewell (Toby Spence) nos cuenta durante el primer acto sus sueños de grandeza:



Este otro es una selección de escenas para la versión de la Royal Opera House. Los cantantes no son los mismos, pero el montaje sí, así que bien sirve para hacerse una idea. Como de costumbre, en el enlace del Teatro Real de más arriba hay más vídeos y fotos.



El resto de la temporada lo dejo para un próximo post. Sean curiosos y felices ;-)

12 de julio de 2009

Fin de la temporada de ópera (I)

Tenía 16 años cuando me regalaron mi primera ópera: La flauta mágica. Acertaron plenamente. Tanto por su libreto como por su fascinante música es una obra ideal para iniciarse en la ópera. Un flechazo.

Pero mentiría si dijera que lo mío con la ópera comenzó allí. El gusanillo me vino mucho antes, a raíz del Amadeus de Milos Forman, película que he visto infinidad de veces, que hizo del Requiem el disco más escuchado de mi extensa colección y que me abrió el apetito por la ópera.

Después de mi primer Mozart, fueron llegando otras. La traviata, Tristán e Isolda, Lakmé o El barbero de Sevilla iban cayendo, Navidad tras Navidad, en mi colección de discos. Faltaba dar el último paso: asistir en directo a una representación. Con anterioridad al año pasado, había tenido ocasión de ir a alguna que otra (maravilloso aquel Cosí fan tutte del Teatro español de hace algunos años) y por fin me decidí a intentar obtener un abono en el Real.

Frente a lo que la mayoría de la gente cree, el gran problema de asistir al Real no es tanto el precio (hay entradas asequibles que están realmente bien) sino la dificultad: hay que comprar con mucha antelación, estar muy pendiente el día en que salen a la venta y tener mucha suerte. Conseguir el abono me costó una mañana entera al teléfono hasta que logré que entrara la llamada pero, una vez finalizada esta primera temporada, he de decir que es una de las cosas en las que he gastado dinero que más satisfacción me ha dado. No importa lo cansada que esté o lo horrible que haya sido el día: incluso cuando la representación no llega a estar del todo fina, es levantarse el telón y todo desaparece. Un gozo total.

La ópera es un espectáculo complejo, total, que exige la concurrencia de todas o gran parte de las disciplinas artísticas. Es importante que el libreto esté bien escrito, la música bien compuesta y que el director acierte en su interpretación. La orquesta, por supuesto, debe sonar bien, así como los cantantes. Pero la música no sólo es algo matemático -que también-: hay que dotarla de alma, conectar, comunicar, originar la catarsis. Y no basta estar afinado y tocar con virtuosismo si el resultado resulta frío. Por si fuera poco, la dirección escénica también tiene mucho que decir con su forma de colocar a los personajes por la escena y de extraer los mejores registros actorales de los cantantes. Y el montaje, claro: arquitectura, pintura, escultura, iluminación... El resto de las artes plásticas arropan, acompañan y complementan la semántica de lo que nos cuenta la música. Que todos estos elementos funcionen sin estorbarse y lleguen a crear un todo único es algo muy difícil. Cuando se logra, el resultado es absolutamente maravilloso e indescriptible. Y este año, aunque hasta el jueves no asistiré a la última obra de mi abono, ya van dos dianas.

Aún me faltan Las bodas de Fígaro (voy este jueves) para completar la temporada, pero ya puedo ir comenzando a hacer balance de lo visto este año. Lo dejo, eso sí, para un próximo post que voy a comenzar a escribir ahora pero que no colgaré hasta después del jueves. Les dejo, hasta entonces, con el impresionante "Si, vendetta" de Leo Nucci con la Ciofi en el Rigoletto del Real de hace unos días. Que lo disfruten.

Sean curiosos y felices ;-)

28 de mayo de 2009

Disolución

Mientras tanto, a medida que el padre derivaba más y más fuera de la vida, Gerald experimentaba más y más una sensación de encontrarse expuesto. Después de todo, su padre había representado para él el mundo viviente. Mientras vivió, Gerald no fue responsable del mundo. Pero ahora que su padre estaba desvaneciéndose, Gerald se descubrió expuesto y no preparado ante la tempestad de vivir, como el amotinado contramaestre de un barco que ha perdido a su capitán y sólo ve ante él un caos terrible. No había heredado un orden establecido y una idea viviente. Toda la idea unificante de la humanidad parecía estar muriendo con su padre, hundirse con él la fuerza centralizante que manteniá reunida la totalidad; las partes estaban prestas a desparramarse en desintegración terrible. Gerald se sentía como dejado a bordo de un barco que se hundía bajo sus pies, encargado de una nave cuyas planchas se separan.

Mujeres enamoradas, D.H. Lawrence, 1920.

20 de mayo de 2009

Primavera con una esquina rota

Lo esencial es adaptarse. Ya sé que a esta edad es difícil. Casi imposible. Y sin embarg. Después de todo, mi exilio es mío. No todos tienen un exilio propio. A mí quisieron encajarme uno ajeno. Vano intento. Lo convertí en mío. ¿Cómo fue? Eso no importa. No es un secreto ni una revelación. Yo diría que hay que empezar a apoderarse de las calles. De las esquinas. Del cielo. De los cafés. Del sol, y lo que es más importante, de la sombra. Cuando uno llega a percibir que una calle no le es extranjera, sólo entonces la calle deja de mirarlo a uno como a un extraño. Y así con todo. Al principio yo andaba con un bastón, como quizá corresponda a mis sesenta y siete años. Pero no era cosa de la edad. Era consecuencia del desaliento. Allá, siempre había hecho el mismo camino para volver a casa. Y aquí echaba de menos eso. La gente no comprende ese tipo de nostalgia. Creen que la nostalia sólo tiene que ver con cielos y árboles y mujeres. A lo sumo, con militancia política. La patria, en fin. Pero yo siempre tuve nostalgias más grises, más opacas. Por ejemplo, esa. El camino de vuelta a casa. Una tranquilidad, un sosiego, saber qué viene después de cada esquina, de cada farol, de cada quiosco. Aquí, en cambio, empecé a caminar y a sorprenderme. Y la sorpresa me fatigaba. Y por añadidura no llegaba a casa, sino a la habitación. Cansado de sorprenderme, eso sí. Tal vez por eso recurrí al bastón. Para aminorar tantas sorpresas.

Primavera con una esquina rota, Mario Benedetti, 1982.

12 de mayo de 2009

Ceci ne pas un post sur Antonio Vega

No pensaba escribir acerca de la muerte de Antonio Vega. Por muchas razones. Es una de estas noticias que seguro va a generar tal avalancha de reportajes, notas de prensa y demás que acabaremos retirándole la palabra a nuestro primo Antonio con tal de no tener que repetir ese nombre otra vez. De hecho, me pasa como con Copito de nieve, que lleva (o llevaba, ¿se murió ya?, ¿sigue vivo?) tanto tiempo a punto de morirse que creo haberle dado por muerto incorrectamente media docena de veces. Además, pese a ser el autor de una de mis canciones preferidas ("Lucha de gigantes"), el resto nunca me han dicho gran cosa.

Ahora bien (y no me voy a cansar de decirlo), qué magnífico trabajo están haciendo en RTVE en la web. No es solo por lo de hoy (impresionante la página de Adiós a Antonio Vega que se han montado en menos de un día), es que día a día están dándonos lecciones sobre cómo montar una web que apoye y complemente a un medio audiovisual, poniendo a disposición de todos todo el material, tanto el reciente como el histórico, con completa integración con todo tipo de heramientas web 2.0, totalmente abierta a la participación con foros y encuestas, y con una cobertura informativa sensacional. Es verdad que, al menos en el caso de la radio, la calidad de los contenidos ofrecidos está más que asegurada, pero se ve por ahí cada churro... Ole, ole y ole.

(Y, bueno, para los fan de Antonio: pásense por el enlace de más arriba que no les defraudará.)

11 de mayo de 2009

La sombra en el Thyssen

Plinio el Viejo, autor de la que probablemente es la primera enciclopedia de la historia, narra el origen de la pintura del siguiente modo en su Naturalis historiae:
La primera obra de este tipo (plástica) la hizo en arcilla el alfarero Butades de Sición, en Corinto, sobre una idea de su hija; enamorada de un joven que iba a dejar la ciudad: la muchacha fijó con líneas los contornos del perfil de su amante sobre la pared a la luz de una vela. Su padre aplicó después arcilla sobre el dibujo al que dotó de relieve, e hizo endurecer al fuego esta arcilla con otras piezas de alfarería.
Esta idea, la de la sombra como base de la pintura, supone el leit motiv de la exposición que bajo el títuto de La sombra puede verse hasta el próximo domingo en el Thyssen. El tema, a priori, es sugerente: explorar el distinto tratamiento que la sombra ha tenido a lo largo de la historia de la pintura: elemento de apoyo en la ilusión de perspectiva durante el Renacimiento, creadora de ambiente y portadora de dramatismo en el Barroco, elemento narrativo en el Romanticismo o puramente pictórico en el Impresionismo.

La sensación cuando uno visita la exposición es, no obstante, de oportunidad perdida. Apenas hay obras realmente importantes entre las que componen la muestra y el hilo temático no siempre resulta evidente de unas salas a otras. Aún así, mi recomendación, como siempre, es que si pueden sacar un rato esta semana aprovechen para acercarse.

La que sí resulta imprescindible, aunque por desgracia ya no puede visitarse aquí en Madrid, es la exposición de Francis Bacon que, organizada por la Tate y el Metropolitan, pudo verse hasta mediados de abril en El Prado.

Habitualmente no mencionaría esta exposición, dado que hace ya más de un mes que fue retirada. Sin embargo, qué quieren, Bacon es una de mis debilidades y la muestra puede verse ahora mismo en el Metropolitan de Nueva York, así que qué menos que avisarles por si tienen la suerte de pasar por allí en los próximos meses.

24 de abril de 2009

Sobre editores, empresas editoriales y revoluciones digitales

Me hubiera gustado celebrar el día del libro como dios manda, pero ciertas cirncunstancias personales me impelieron a perderme del mundo unos días. En cualquier caso, aprovechando mi no-festividad preferida, unas cuantas reflexiones sobre el tema.

Buceando en mi siempre abarrotado lector de feeds, me topé hace un par de días con un artículo de El blog del futuro del libro donde se hacía eco de la reciente jubilación de Gonzalo Pontón al frente de la editorial Crítica. Para aquellos lectores ajenos al mundillo editorial, aclararé que Gonzalo Pontón es el fundador de Crítica, una editorial que destacó por una meritoria trayectoria en la edición y selección de títulos. Bajo este sello se sacaron destacadísimos libros del ámbito del pensamiento, la historia, la filología y la ciencia y, en general, todo aquello que solemos encuadrar bajo el rimbombante nombre de Cultura.

Crítica fue adquirida hace ya una buena cantidad de años por ese gran mainstream editorial que es Planeta. Mantuvo a Gonzalo Pontón más o menos al frente, pero el declive del sello en cuanto a calidad de la edición y selección de títulos iba siendo bastante evidente. Y ahora le ha llegado a Gonzalo la jubilación forzosa, de la que se queja amargamente en la carta que refleja el post mencionado y de donde extraigo unas líneas:
Sin embargo, no me doy por vencido y seguiré tratando de recuperar mi editorial por todos los medios incluidos los legales o, alternativamente, exigiré la venta de mis acciones a Planeta (estoy obligado a ello por un contrato entre socios que firmé hace diez años), ya que sus directivos me han expresado personalmente que, aun reconociendo que CRÍTICA siempre ha obtenido beneficios, a su juicio pueden incrementarse mucho cambiando la línea editorial.

Una gota más en el proceso del todo vale que están llevando a cabo las grandes empresas editoriales. No es la única, por desgracia. El otro grande, el Grupo Santillana, lleva años haciendo lo mismo. Sólo así se entiende que en Taurus, su sello de prestigio, aquel donde se publican las obras completas de Ortega y Gasset por poner solo un ejemplo, se dediquen últimamente a sacar estulticias como esta (no se pierdan el post, por favor).

Ante cosas como estas no puedo otra cosa que preguntarme si los que dirigen el cotarro editorial se han vuelto locos, no ven más allá de sus narices o una mezcla de ambas cosas. Con los lectores de libros electrónicos llamando a las puertas, la industria editorial está sólo a un pasito de vivir los mismos cambios en su mercado que ya han vivido las industrias del CD y el DVD. En sus manos está el no repetir los mismos errores, algo que, hoy por hoy y visto lo visto, parece imposible. Si hasta ahora el público no ha empezado a descargarse en masa libros gratis en lugar de comprárselos en las librerías es, simple y llanamente, porque todavía resulta incómodo y molesto leerlos en pantalla.

No entiendo qué estrategia han definido -si es que tienen alguna- las grandes editoriales para ese día cada vez más cercano en el que la experiencia de lectura en un dispositivo electrónico sea análoga a la de un libro analógico, pero si todo lo que se les ocurre es ir por la senda ya trillada -y visiblemente ineficaz- de imponer cánones absurdos e injustos, perseguir mediante acciones legales imposibles y ponerse en contra al lector (que no es nada menos que su cliente), van aviados.

No es atacando al cliente precisamente como una industria crece en ventas, sino cuidándolo y mimándolo. Y tampoco, desde luego, eliminando partes esenciales del proceso como el editor, los correctores o los diseñadores.

No voy a hacer aquí un alegato contra el MP3 y la música digital, pero realmente me gustaría por una vez escuchar algo de sensatez y que en este tema no se actuara como en una falsa guerra donde hay dos bandos a cual más obcecado. En la historia de la música popular hay una figura tan capital como el autor: el productor musical. No se entiende la música de hoy sin el concurso de gente como Phil Spector o Berry Gordy. Como tampoco, en mi opinión, estaría completa si prescindiéramos de un elemento tan esencial como la cubierta del disco -todas esas cubiertas realizadas, por ejemplo, por Andy Warhol.

Lo siento, pero no me gusta la idea de que desaparezca el CD. Estoy resignada a ello, porque viendo la insensatez con la que la industria ha reaccionado -enfrentamiento en lugar de adaptación-, me temo que es el futuro al que estamos abocados. No voy a decir que no me descargo música, todo lo contrario. Escucho más música que antes, pero compro la misma que antes -es decir, bastante-. En otras palabras: puedo ser más selectiva. Para mí un álbum en MP3 tiene un componente fugaz, efímero, condenado a quedar olvidado entre millones y millones de bits descargados y almacenados de cualquier forma entre mis pilas de DVD. Es por eso que cuando un álbum me gusta de verdad me lo compro: le doy el privilegio de entrar a formar parte de mi colección. Una colección mimada y alimentada desde hace años, que ha crecido conmigo y a la que vuelvo continuamente. Pero soy exigente. Para entrar en mi colección no basta con que la música me guste. Tiene que estar bien editada, bien producida, con una calidad de sonido excelente y un extremo cuidado de todo el diseño aledaño al CD. Para comprarme una mierda de ínfima calidad, me la descargo gratis.

No le vendría mal a la industria -y aquí incluyo por supuesto a los cada vez más devaluados puntos de venta como FNAC o El Corte Inglés- entonar el mea culpa y reaccionar. Podrían leer, por ejemplo, este acertado post del Pianista en un burdel:

Sin embargo, el P2P es un verdadero desafío al sistema, porque rodea sus imposiciones [las de la industria], recupera títulos que las grandes empresas decidieron enterrar, permiten que el espectador/oyente configure su propio catálogo cultural, fomenta la distribución horizontal, permite una comunicación directa entre el autor y el espectador. En definitiva, revive a la bestia negra de una empresa global de distribución de contenidos: la libertad. Y si no, piensen una cosa: la intención de las grandes empresas no es acabar sólo con las descargas de obras sobre las que tienen derechos. Es acabar con la propia tecnología P2P. Es impedir que los usuarios compartan material audiovisual, incluso libre de derechos.
[...]
Yo soy autor. Tengo alguna que otra obra susceptible de ser descargada en redes P2P. Con el dinero que voy a obtener este año por “derechos de autor” bien podría comprarme un coche. No un Prius, pero sí un Ibiza. Jamás he comprado ni compraré nunca nada en el top manta. Y el que lo haga delante de mí tiene todas las papeletas para que le retire el saludo. Pero no veo ninguna razón por la cual haya que hacerles el juego a la gentuza que ha decidido, por poner unos pocos ejemplos:

- Editar en DVD clásicos de Billy Wilder como Uno, Dos, Tres o Testigo de Cargo sin subtítulos en castellano.
- Descatalogar Balas Sobre Broadway, La Cortina de Humo o El Padrino.
- Crear un falso (como todos) “director's cut” de Amadeus y secuestrar el montaje original.
- Emitir cine español en televisión durante años sin pagar a los autores lo que estipula la ley.

Cuando yo descargo del eMule una obra que no hay manera de encontrar por otro medio, ¿estoy pirateando? Yo creo que quien está pirateando es la distribuidora que compra los derechos sobre esa obra, para luego descatalogarla porque la considera una amenaza (o sea, de calidad) para sus otros lanzamientos (o sea, basura). Está pirateando quien incumple sistemáticamente la ley europea de 12 minutos máximo de publicidad por hora. Piratea quien mutila las obras, manipula su formato, falsea sus traducciones, demora injustificadamente sus estrenos, presiona a los exhibidores para comprar películas en paquete, satura el mercado de ediciones "especiales" y extras ridículos, emite publicidad encubierta en forma de "reportajes" sobre estrenos, realiza cambios arbitrarios en la programación, tira de chequera para sacar de antena a una serie rival...

Sobran los comentarios.

Gracias al P2P, se encuentran auténticas joyas que alguien se ha encargado de digitalizar con mucha pacienciencia y altruismo. Gracias al P2P, estoy recuperando para mis sobrinos una preciosidad de colección de cuentos que editó Salvat hace mil años, magníficamente ilustrados, sin las estúpidas adaptaciones políticamente correctas que se realizan ahora y primorosamente narrados por actores de primera fila. Conseguí, igualmente, la colección de programas de Videodrome, emitidos en su día por Radio 3, de la que ya hablé aquí y que, por fortuna para todos, vuelve a estar disponible vía podcast aquí. Y he descubierto, recientemente, otro puñadito de locos que están poniendo a disposición de todos sus grabaciones de De 4 a 3, otro programa mítico para los que descubríamos la música rock allá por la década de los noventa.

Señores: Internet no es el demonio, la falta de visión empresarial y sentido común sí. Cuiden a sus profesionales -editores, músicos de estudio, diseñadores, correctores de pruebas, impresores, encuadernadores, montadores- y ellos cuidarán de ustedes. Traten primorosamente a su público y este no les abandonará.

23 de abril de 2009

Enemigo

-Llámelo como quiera.
-A mí me importa un bledo. No creo en Dios, luego tampoco creo en el diablo.
-Yo creo en el enemigo. Las pruebas de la existencia de Dios son frágiles y bizantinas, las pruebas de su poder todavía son más inconsistentes. Las pruebas de la existencia del enemigo interior son enormes y las de su poder abrumadoras. Creo en el enemigo porque todos los días y todas las noches se cruza en mi camino. El enemigo es aquel que, desde el interior, destruye lo que merece la pena. Es el que te muestra la decrepitud contenida en cada ralidad. Es aquel que saca a la luz tu bajeza y la de tus amigos. Es aquel que, en un día perfecto, encontrará una excelente razón para que te tortures. Es aquel que te hará sentir asco de ti mismo. Es aquel que, cuando entreveas el rostro celestial de una desconocida, te revelará la muerte contenida en tanta belleza. -¿Acaso no es también el que, cuando estás en la sala de espera de un aeropuerto, se acerca para impedir con una agobiante conversación como la suya que prosigas?
-Sí. Para usted es eso. Quizás no exista fuera de usted. Lo ve sentado a su lado pero quizás esté en su interior, en su cabeza o en su estómago, impidiéndole leer.
-No, señor. Yo no tengo enemigo interior. Tengo un enemigo, por ahora real, usted, que está fuera de mí.

Cosmética del enemigo, Amélie Nothomb, 2001.

20 de abril de 2009

En el día del libro regala tebeos


Llega un clásico de cada año. Teniendo en cuenta que acabo de colgar un post con recomendaciones comiqueras, me voy a limitar a sugerir dos de los títulos que más me han gustado de lo que he leído últimamente:

Crónicas birmanas, de Guy Delisle
A este paso, los cómics que cuentan las experiencias de gente que acompaña a las misiones de Médicos sin fronteras van a acabar configurando un género aparte. En cualquier caso, una obra muy recomendable para hacerse una idea de lo que es el día a día en la férrea y dictatorial Myanmar. Además de un cómic excelente que derrocha sentido del humor. Ya estoy deseando leer Pyongyan y Shenzhen.

Por qué he matado a Pierre, de Olivier Ka & Alfred
Palabras mayores. Un tema espinosísimo tratado con una maestría y un temple que convierten a este comic en una lectura imprescinbile. En la parte gráfica, el trabajo de Alfred le hace absoluta justicia al guión de Olivier Ka. No en vano, Por qué... ganó el Premio Esencial de Angouleme hace dos años.

En fin, ya saben lo que tienen que hacer. Luego no me digan que no les pongo deberes. Les dejo con la foto (genial) que propone Álvaro Pons para conmemorar este día:

16 de abril de 2009

Mis cómics del 2008

(Comencé a escribir este post a principios de enero. Ya ven, una que anda perezosa con el blogging últimamente :-P )

Compro más cómics de los que debería pero muchos menos de los que me gustaría, así que en este aspecto, como en tantos otros, mi vida transcurre en un continuo tour de force entre deseo y racionalidad. Cuando por fin sucumbo a la tentación es después de meses de autocontrol, de ahí que más que hablar de los cómics del 2008 vaya a hablar de MIS cómics del 2008. Se trata de aquellos que más me han gustado de los que he leído este año. Alguno tiene bastantes añitos, pero ha sido ahora cuando ha caído en mis manos. Allá voy (el orden es absolutamente aleatorio).

La vida como viene, Lewis Trondheim

Casi imposible hablar de esta obra sin meter espoilers. La mejor entrega, sin duda, de la serie de Lapinot. Un tebeo con un argumento redondo. Puro existencialismo.



Mi mamá está en América y ha conocido a Buffalo Bill, Jean Renaud y Émile Bravo

Ya hablé de él aquí. Guión y dibujo casan a la perfección para contarnos con maestría la pérdida en la infancia. Un tema difícil de abordar, resuelto con nota en un cómic emocionante y tierno. Capaz de arrancarnos esa sonrisa que sólo los peques de la casa son capaces de provocar.



El bulevar de los sueños rotos, Kim Deitch

Con más de 30 años de retraso, se publicó por fin esta maravilla del underground norteamericano. La biografía de un pionero de la animación, un dibujante genial incapaz de adaptarse a la animación cursi y autocomplaciente imperante desde la aparición de Disney. Nuestro primer impulso es correr a buscar más información en Internet sobre estos pirados de la animación, esfuerzo inútil por otro lado: biografías, citas y referencias son pura y magistral invención de Kim Deitch.

36-39: Malos tiempos, Carlos Giménez

Acabo de terminar de leer el tercer volumen y sigo sobrecogida. Y es que los cómics del maestro deberían leerse en los colegios de este país. Una mirada como ninguna al sufrimiento de la población civil durante la guerra.


Arrugas, Paco Roca

Y otro tebeo español que, además, fue merecedor del último Premio Nacional de Cómic. Emocionante, sensible, inmejorable. El tema me toca muy de cerca y, sin embargo, no puedo menos que rendirme ante lo bien contado y documentado que está.

Blotch, Blutch

Hay que ser absoultamente genial para reírse así de uno mismo y, encima, hacerlo tan bien. Blutch sitúa el en París de finales del XIX a una suerte de alter ego que recoge todo lo peor de sí mismo. Blotch, un caricaturista envidioso, vil y frustrado deambula por los ambientes bohemios dando rienda suelta a sus mezquindades y componiendo un personaje tan despreciable como entrañable.

Y me dejo muchos. Así, a bote pronto, estarían María y yo, El salón, el tercer volumen de El fotógrafo, Gato Z, S., Por nuestra cuenta, unos cuantos volúmenes de La mazmorra... Todos ellos grandes tebeos que me han hecho pasar ratos estupendos. En fin, paro ya, que como me empeñe en continuar reseñando, al ritmo perezoso con el que escribo últimamente, voy a acabar colgando este post el año que viene.

Pues eso, que sean felices y curiosos ;-)

13 de abril de 2009

Thru you

Este tío es un genio. Y no hay más.

Con ustedes, The mother of all funk chords, un tema compuesto por Kutiman a base de mezclar trocitos de videos de Youtube. Que lo disfruten.

12 de abril de 2009

Humo

"La verdad, no te esperaba". Y el humo salió en tropel de sus orificios nasales.

"Veo que sigues fumando". Me miró con ojos de por qué iba a tener que dejar de fumar y pegó otra calada. Sí, realmente, era una tontería, como si un perro decidiera dejar de mover el rabo o una naranja dejar de ser naranja.

"Y... ¿bien?"

"Bien". Seguía mirándole desde el umbral de la puerta, preguntándome qué coño hacía allí, qué estúpido razonamiento me había convencido para echar por tierra diez años -¡diez!- lamiéndome heridas, odiando, olvidando, o intentándolo al menos. Quién me mandaba a mí. Y ese humo con forma de interrogación que...

"Ya... ya veo". Calada. Seguía sin tragarse el humo, claro. Seguía fumando con esa mezcla de displicencia y elegancia, como si hiciera un favor al mundo por dejarle observarle.

"Sí, ya ves". Aspiraba, jugueteaba un rato con el humo en su boca y lo dejaba fluir a través de su nariz, con parsimonia, dibujando en el aire figuras caprichosas, sí, pero con la capacidad de subrayar, de remarcar el contexto de cada instante. Y aquel era un instante lleno de contextos.

"Hace ya... ¿cuánto hace?" Como en una partida de póquer. Ese era el símil. Una maldita partida de póquer en la que todos escondemos nuestras cartas fingiendo no saber lo que sabemos. Su humo contra mis ases en la manga.

"Ni idea. Mucho. Supongo". Siempre tuve instinto para tratar con la gente. Quizás debería haberme dedicado al póquer. De sobra intuía su impostura, de sobra sabía que había contado cada día como lo haría un preso en la celda de castigo. Exactamente igual que yo. Sólo que yo había tenido el control del cómo y del cuándo y él no había tenido más opción que esperar a que yo volviera a dar ese paso.

Le tocaba hablar a él, pero decidió pasar turno. No fue capaz de encontrar suficiente sarcasmo, supongo, así que dio otra calada para esconder su silencio. Y yo, repitiéndome "no importa, su aplomo es fingido, como el tuyo o más", ahogando el impulso de huir, aguantando el tipo para no delatarme. La impostura era de ambos, pero sólo yo conocía la inseguridad del otro. Esa era mi baza: tener conciencia de sus miedos y mantener ocultos los míos. Y acabar la partida con el máximo de figuras para minimizar esos daños que, sin duda, emergerían desde las sábanas sudorosas al amanecer.

10 de abril de 2009

People's NY

Será el azar o esa continua búsqueda de conexiones que realizan nuestras mentes, pero el caso es que con muy pocos días de diferencia he podido disfrutar de una exposición y una peliculita imprescindibles que se empeñan en mostrarnos ese otro Nueva York, el de la gente.

The visitor es una película serena, pausada, de las que se construyen a base de sutilezas y personajes. Con un Richard Jenkins impagable, la película nos muestra el Nueva York más vivo, el de la gente que se busca la vida, que habita a pie de calle, que pasa sus ratos en el parque y trata de sobrevivir vendiendo en los mercadillos. El Nueva York que le cierra la puerta a los de fuera, el que continúa tocado por la psicosis del 11-S, el de la arbitrariedad y el vacío legal para aquellos que están fuera del sistema.



Y, ya de paso, si van a verla en Madrid, pueden aprovechar para acercarse a la Fundación Telefónica a la exposición de fotografías de Weegee. Poco publicitada, el boca a oreja está funcionando a la perfección en este caso.


En el eterno dilema artístico entre mostrar la realidad y transformarla, Weegee se sitúa como exponente de lo primero. Empeñado en captar el Nueva York más vivo e impactante, el de la gente de Weegee (Weegee's people tituló a uno de sus libros), esperaba en su coche, cámara en ristre y con la emisora de la policía sintonizada, a que se produjera la noticia. Así, nos regala series de fotografías sobre incendios, asesinatos y todo tipo de actuaciones policiales.

Pero quien piense que acude a ver una exposición más de fotoperiodismo se equivoca: la obra de Weegee tiene un afán comunicador que va mucho más allá, como bien expresan los propios títulos de las fotografías. Y es que a través del objetivo de Weegee vemos esa otra cara del Nueva York de los años 40, la de familias durmiendo en la escalera de incendios para huir del calor, la de vecinos costernados al ver cómo se quema su casa, la de celebraciones patrióticas por calles de Little Italy o gentes divirtiéndose en tugurios de Harlem al son de músicas encendidas.

Un Nueva York que, como el de The visitor, está lejos de la imagen oficial de la ciudad pero, quizás precisamente por eso mismo, más cerca de su esencia.


Traten de no perdérselas. Y ya saben: sean felices y curiosos ;-)

Estas cosas increíbles (y maravillosas) que hacen los franceses

Ahora mismo tendría que estar currando en un libro, pero la tentación de mirar mi lector de feeds cada diez minutos es más fuerte que yo. Algo completamente normal si tenemos en cuenta el tostón de libro que estoy corrigiendo y las cosillas tan interesantes que caen de vez en cuando entre mis feeds. Y, si no, vean la última genialidad de los historietistas franceses que acabo de descubrir vía Drawn!: ¡una jam session entre algunos de los mejores cartoonists de la BD!

Si quieren ver cómo se desenvuelven grandes como Trondheim, Delisle, Dupuy o Peeters en una competición de pulsos, sigan con atención el enlace. Algunos de mis favoritos ya han sido eliminados en primera ronda, pero mi buen Trondheim aún resiste. ¿Quién ganará?

Impagable :-)

14 de marzo de 2009

Un guante

Hace tiempo perdí un guante. Era de cuero negro. Me gustaban mucho esos guantes. Es algo que me desazona una barbaridad. No tanto por el hecho de perder el guante -pierdo tantas cosas, que ya me da igual-, sino porque no sé qué hacer con el que me queda. ¿Lo tiro? ¿Y qué culpa tiene él de que yo sea un desastre? Mientras decido qué hacer con él, ahí está, sobre la mesa del salón, mirándome cada vez que paso. Y ya va para un mes.

Algún día aprenderé que no puedo seguir creyendo que mis cosas sienten y padecen. O, quizás, sea una de esas cosas que no se aprenden nunca.

31 de diciembre de 2008

Este último mes (y II)

¡¡Albricias, albricias!! Vale, la exclamación no viene a cuento en este post pero ¿quién no ha querido gritar eso alguna vez? Años y años haciendo de OVEJA SEGUNDA -sin texto, por supuesto- en la función de Navidad tenían que dejarme alguna huella, ¿no? En fin, yo a lo mío: a continuar con el último post.

Raymonda (en el Palais Garnier de París)


Entre las muchas (y agradabilísimas) cosas que compartí en París, tuve la suerte de asistir a una representación de Raymonda -el primer ballet coreografíado por Nureyev tras su huida al otro lado del muro- en el Palais Garnier. Ya sólo por el placer de visitar el teatro de ópera más ostentoso y recargado del mundo merecería la pena hasta asistir al musical de los Lunnis, así que imagínense un ballet del mayor coreógrafo del siglo XX.

Y, en efecto, no defraudó. Como suele ocurrir en ballet clásico, el primer acto se hace difícil. Hay que introducir a los distintos bailarines y cumplir con el sinfín de pautas y convenciones del ballet. Pero entonces comienza el segundo acto y es cuando el inmenso genio de Nureyev se desmelena, cuando uno entra por completo y deja de importarle lo absurdo de la trama, lo forzado de las poses y las imposturas protocolarias para sumergirse en el ballet. Maravilloso.

Tesoros sumergidos de Egipto

Y, de vuelta en Madrid, tocaba complacer a mi querido maximizador con una expo de su gusto, así que allá que nos fuimos al Matadero a aprovechar los últimos días antes de que cancelaran los Tesoros sumergidos de Egipto.

La colección reúne numerosas piezas encontradas en diferentes expediciones de arqueología submarina y está prolijamente acompañada de todo tipo de textos, mapas, vídeos y cronologías explicativas. A mí me aburrió un pelín, la verdad, pero reconozco que es puramente una cuestión de afinidad personal. Para cualquiera interesado en la historia antigua o la arqueología puede resultarle bastante entretenida. Además, merece la pena aunque sea sólo por los colosos y las estelas jeroglíficas.

¡1914! La Vanguardia y la guerra, en el Thyssen

Lo malo de disfrutar de exposiciones tan maravillosas como la de Picasso que mencionaba en el post anterior es que una se vuelve exigente y luego va al Thyssen y se queda tibia. En cualquier caso, la expo es correcta y merece la visita. Tiene algunas obras bastante interesantes: Schiele, Grosz, Kirchner... Mucho futurismo, algo de cubismo y bastante expresionismo. Por supuesto, si no le van las vanguardias, mejor váyase al cine.


Katia Kabánova, Leos Janácek

El acabose. Qué cosa más bella. Como bien decía un conocido, resulta increíble cómo con un poco de agua y unos tablones se puede crear algo tan hermoso. Cuando el año pasado decidí ahorrar un dinerillo para regalarme un abono del Real no podía imaginar que lo iba a disfrutar tanto. Lo que había visto hasta ahora me había gustado bastante, pero es que la Katia... ay, la Katia.

La ópera cuenta la típica historia de mujer decimonónica oprimida por la sociedad que desespera por un amor imposible y cuyo final trágico se ve venir casi desde antes de coger el metro camino del teatro. En realidad, Janácek utiliza variaciones de este motivo una y otra vez en sus óperas, pero ¡lo hace tan bien! Logra transmitir tanta pasión y tanto dolor que a uno se le revuelven las tripas en el teatro. La obra es bellísima ya de por sí, pero es que todo lo demás estuvo insuperable, empezando por la orquesta, siguiendo por los intérpretes (con la magnífica Karita Mattila a la cabeza) y terminando con el excepcional montaje ideado por Robert Carsen. Sólo esta función ya compensa todo el abono. Simplemente, ma-ra-vi-llo-sa. Ahí van unas fotitos.



Después de esta Katia, miedo me da lo próximo que vea porque o están espléndidos o mucho me temo que me va a decepcionar un huevo. El listón no puede estar más alto.

Sean curiosos y felices ;-)

PD. A propósito de las óperas de Janacek, merece la pena leer este hermoso artículo publicado por Antonio Muñoz Molina en El País: Un sueño de Janácek.

23 de diciembre de 2008

Este último mes (I)

Normalmente intento escribir alguna cosilla acerca de las exposiciones y otros eventos culturales a los que asisto, pero como este último mes y pico he andado muy despegada del blog se me ha acumulado mucho trabajo. Así que voy a intentar mencionar, aunque sea brevemente, lo más destacado de mis últimas visitas. Algunas de las cosas de las que voy a hablar ya han sido clausuradas y no podrán asistir en caso de que les pique la curiosidad (mi desidia y yo les pedimos disculpas), pero al menos les quedará mi florida prosa para pasar el rato :-)

¿Por dónde empiezo? Difícil elección, porque hay cosas que me han gustado tanto sería imposible elaborar un ranking. Por otro lado, mi cabeza sólo es capaz de ordenar cronológicamente datos inútiles como las primeras ediciones del Quijote o los ganadores de las sucesivas ediciones de Gran Hermano, así que no me queda otra que acudir al infalible método de la ordenación aleatoria más conocida como "método de como dios me dio a entender". En fin, que allá voy.

Nancy Spero: Disidanzas (en el Reina Sofía)

A esta expo entré, simple y llanamente, porque pasaba por ahí. El Reina Sofía me pilla lejísimos y la combinación desde mi casa es espantosa, así que me suele producir bastante pereza bajar hasta allí. Por eso aproveché que tenía que impartir un curso por la zona para colarme a echar un vistazo sin saber si quiera qué ponían.

Antes de seguir, querría saber por qué han comenzado a promocionar esta exposición justamente la semana pasada, a falta de 15 días para su clausura. Si es para ponerle los dientes largos al personal que no tenga tiempo de ir, no creo que haya tanto fan de la buena de Nancy por ahí, así que dudo que suba demasiado la tasa de suicidios de este mes. Claro que también podría ser que les sobraran unos durejos de estos que sobran en el presupuesto a fin de año, en cuyo caso yo propondría que, en lugar de decirnos "chincha rabiña, que hemos traído dibujines muy chulos y no los has visto", nos informaran amablemente sobre la temporada primavera-verano.


Bueno, el caso es que allí estaba, con el folleto de Nancy Spero en las manos. He de decir que entré en la sala con bastantes prejuicios después de leer que se consideraba a sí misma una artista feminista que trata de buscar un lenguaje artístico propio de la mujer desligado de las imposiciones machistas y opresoras de los artistas masculinos. Qué quieren que les diga: a mí me gusta tanto ser yo que cuando alguien me trata de incluir en un nosotros me da como repelús. Pero también es verdad que hay que poner al artista en su contexto, en el caso de Nancy en los años 60, con la revolución sexual en pleno apogeo.

El caso es que a pesar de mis prejuicios la expo me fue ganando poco a poco y acabé saliendo bastante satisfecha. Se trata en su mayor parte de obras sobre papel (por lo visto el óleo sobre lienzo es machista, no así el papel -y el pobre Barceló venga a pintar cuadernos sin saberlo-) en las que desarrolla series de figuras, principalmente femeninas, marcadas por el movimiento, el color y el compromiso político. Me gustó mucho cómo recurre a motivos mitológicos e icónicos para elaborar su arte marcadamente comprometido. Así, recupera figuras femeninas inspiradas en vasijas griegas, murales etruscos, etc. para recontextualizarlas y lanzar su mensaje dentro de un cierto espacio onírico.

Vamos, que no es la exposición de mi vida, pero mereció la pena el paseo.

Jasmina Reza: Un dios salvaje

No sé si ustedes han leído o tuvieron ocasión de acudir a las muchas representaciónes de Arte, la anterior obra de la Reza. Si no es así, háganme caso: corran a una biblioteca y sáquensela (la obrita, se entiende). A mí me encanta cómo se puede contar tanto con tan poco. Me la he leído con gusto unas cuantas veces, así que estaba deseando acudir al estreno de su nuevo texto.


Y, si bien Un dios salvaje no es tan redondo como Arte (el listón estaba altísimo), resulta una reflexión muy notable acerca del ser humano como ser social y de ese pequeño (o gran) salvaje que todos llevamos dentro.

Además, el montaje está muy bien y los cuatro actores lo bordan dentro de unos papeles que les van a cada uno que ni pintados. Francamente divertida y recomendable.

La escuela Yi (en el Caixa Forum)

Vale, vale, ya sé que hay ser un pelín friki para recomendar una expo sobre arte abstracto chino, pero qué quieren, a mí me gustó. Además, jolines, que está en el Caixa Forum: la entrada es gratis, hay una tienda con tontunas muy monas para regalar y el edificio es una preciosidad. Y, si no, siempre pueden hacer como mi querido maximizador, que me dejó con los chinos y se bajo una planta a ver la expo de los etruscos, que según él está bastante bien.

De todas formas, insisto: a mí me gustaron las distintas corrientes de la escuela Yi. Les dejo unas fotitos.



Picasso et les maîtres (en el Grand-Palais de Paris)

No exagero un pelo si les digo que esta es la mejor exposición que he visto en muchísimo tiempo. Por la cantidad de cuadros, la calidad de los mismos, el planteamiento temático, la disposición del espacio... Una exposición absolutamente maravillosa en la que pasar unas cuantas horas sin apenas percatarse. Para quedarse extasiado sala tras sala. Piensen en cualquier gran pintor que les emocione y les aseguro que encontrarán aquí algún magnífico ejemplo de su obra.

El hilo argumental es más que interesante y supone toda una lección sobre el proceso de creación artística. Y es que, como bien nos muestra la exposición, la auténtica genialidad artística se cimenta sobre la técnica y el conocimiento más profundo de los grandes maestros.

Y me callo ya, porque si sigo tratando de describir esta exposición no voy a lograr más que añadir superlativos y más superlativos que ni de lejos lograrán hacerle justicia. Si tienen la inmensa suerte de tener planeado un viaje a París dentro de poco, no lo duden: hagan un hueco para esta visita. Para muestra, un par de botones:



Y, bueno, lo dejo ya porque me está quedando muy largo este post. Mañana (o pasado, o cuando me venga en gana) sigo, que aún hay más. Sean felices y curiosos ;-)