12 de enero de 2013

Un post de mi otro blog

Este post podría muy bien haberlo escrito aquí, pero como incluye una tira que hice hace algunos años, al final decidí que su sitio adecuado era en Lopezsanchez. Os dejo, eso sí, el enlace para aquellos que no soléis frecuentar mi otra casa: El origen del mundo (o cómo cada día estamos más tontos).

13 de noviembre de 2012

Savater habla sobre laicismo y laicidad

Las redes sociales han matado a los blogs, estoy convencida de ello. O, al menos, a los modestamente personales como el mío. Desde que tengo Facebook y Twitter, todos aquellos enlaces y vídeos de interés que antes me forzaban a escribir un post, ahora los comparto en forma de simple reseña. Al fin y al cabo, los que me leían aquí y los que me siguen allí son casi los mismos. Rápido y eficaz. Y muy empobrecedor, ¿verdad?

Esto lo encontré por ahí (creo que en Twitter, pero no recuerdo) y lo compartí inmediatamente en mis perfiles sociales. Debieron visionarlo unos cuantos ese día y después pasó al olvido. Así son las redes sociales: prácticas e inmediatas. Muy útiles para estar informado, pero poco dadas a la reflexión profunda. 

Por eso, en uno de esos cíclicos empujones que alguien me da para continuar con tu blog ("Oye, que yo te leo. ¡Actualiza!"), he decidido que este vídeo debe ser difundido más allá del fast food de las redes sociales. ¡Estoy tan de acuerdo con el 95% de lo que dice Savater! Échenle paciencia y escuchen con calma. No es obligatorio estar de acuerdo (¡faltaría más!), pero sí reflexionar.


Por cierto, un blog se alimenta de comentarios. Es triste pedirlos, pero si ustedes comentan e interactúan será más fácil que yo venza la pereza a la hora de actualizar esto. Y, ya saben, sean curiosos y felices ;-)

9 de noviembre de 2012

Kirigami, paper toys y un blog imprescindible

El año pasado, con la excusa de la exposición que la Fundación Cartier ofrecía sobre Moebius, hice una escapadita a París. No es que hagan falta muchas excusas para visitar esa maravillosa ciudad, pero lo cierto es que la exposición me gustó un montón. 

De aquel viaje me traje además un par de libros sobre kirigami que encontré en un tenderete callejero. Andaba ya tiempo detrás de algún libro así pero la diversidad de nuestras librerías a veces puede resultar frustrante. Siempre me gustó hacer cosas con papel, andaba fascinada por los libros pop-up y ya había hecho algún modesto intento artesanal con el que entretener a mis sobrinos. Así que cuando vi los libros de kirigami ni me lo pensé.

Tutorial sobre cómo hacer un pop-up.

A simple vista, un profano puede confundir el kirigami con la papiroflexia u origami. La papiroflexia consiste en crear figuras únicamente plegando papel. Las tijeras y el pegamento, por tanto, están prohibidas.
El pajarito de twitter realizado en papiroflexia.

En cambio, en el kirigami, aunque el material constructivo sigue siendo el papel, los instrumentos de trabajo básicos son un cúter y pegamento, ya que se trata de ir recortando formas en el papel, plegando y ensamblando piezas para lograr pequeñas esculturas. Existen auténticas virguerías sobre esto y se utiliza abundantemente para la creación de libros y tarjetas pop-up, pero también como bocetos previos para esculturas, como maquetas arquitectónicas y, más recientemente, como técnica expresiva sin otro fin que su valor artístico intrínseco.

Algunas tarjetas pop-up realizadas mediante kirigami.

Andaba yo esta mañana curioseando en Interior noche, el blog del SrLansky -a quién conocí virtualmente en Lastfm a partir de la excelente compatibilidad musical que ambos tenemos-, cuando topé con un post sobre los magníficos paper-toys de Marshall Alexander.


Aquí Marshall Alexander en acción. 

Un simple búsqueda de "Marshall Alexander" en Google Images o un vistazo a su web nos puede dar una idea muy exacta de su peculiar mundo creativo, a medio camino entre el Pop Art y el DIY (reseña en Infoenpunto sobre la exposición Do It Yourself Art en la Fundación Canal del año pasado).
Si he logrado picarles la curiosidad sobre Marshall Alexander o el kirigami, objetivo cumplido con esta breve reaparición por mi blog. En caso contrario, al menos no dejen de visitar el magnífico blog Interior noche. Si alguna vez les gustó lo que solía ser mi blog, no les defraudará en absoluto. Sean curiosos y felices ;-)

25 de marzo de 2012

Sobre mini-burbujas y pymes

El otro día, dando una vuelta por la zona de mi trabajo, me percaté de la cantidad inusual de papelerías y tiendas de material de oficina que había por los alrededores. Mi paseo abarcó cuatro manzanas y, echando cuentas, las papelerías superan la decena, la mayor parte de ellas de reciente creación. 

Soy muy fan del material de oficina y una de las primeras cosas que hice al empezar a trabajar allí fue localizar en los alrededores sitios donde poder comprar libretas en caso de apuro, así que puedo asegurar que hace cinco años, si quería comprar algo de papelería sin caminar más de cinco minutos, tenía que escoger entre lo siguiente: 
  • un par de tiendas de consumibles informáticos donde se puede adquirir algo de material de oficina de baja gama;
  • una tienda especializada en carteras y plumas que ofrecía también alguna cosa de gama media;
  • un VIPS;
  • la típica papelería casposa de barrio que vive básicamente del libro de texto, 
  • y una franquicia de material de oficina.
Estrictamente, dos papelerías, eso era todo. Ahora, en cambio, la oferta es inmensa y sólo en franquicias de material de oficina conté seis. ¡En cuatro manzanas! Han abierto otra tienda de consumibles a sumar a las dos que existían y la papelería casposa tiene que competir además con una librería-papelería en condiciones que han abierto a tres minutos de esta. 

Si esto no es una mini-burbuja, que venga alguien y lo vea. En dos años habrán cerrado por lo menos la mitad, lo que me ha llevado a reflexionar en la cantidad de mini-burbujas comerciales que he observado en las últimas décadas y a preguntarme en qué leches piensa la gente cuando decide abrirse un negocio (¿estudio de viabilidad? ¿relación oferta-demanda de la zona? ¡naaaaaa!).

Recuerdo cuando mi barrio estaba plagadito de videoclubs. No sé si llamarle a aquello burbuja porque lo cierto es que demanda había y que sólo cerraron cuando las nuevas tecnologías llevaron el vídeo a los vertederos.

Pero después llegaron las tiendas de telefonía. Madre mía, ¡si se veían tres desde la ventana de mi casa! Nadie tenía móvil y el mercado estaba por explotar, pero era evidente que el 90% iban a ir a la quiebra. Y así fue.

Y los cibercafés. Al año, la tienda de telefonía había cerrado y se había transformado en un cibercafé. Bueno, por llamarle algo, porque seguía siendo un local cutre de barrio donde no había café ni música ni nada, sólo unos cuantos ordenadores mal puestos con acceso a Internet. Lo dicho, otros 15-20 meses de negocio y a la quiebra de nuevo.

Pero como el futuro está en la tecnología -o eso dicen-, los aguerridos emprendedores de mi barrio no se dieron por vencidos y volvieron a la carga con la informática abriendo tiendas de consumibles informáticos con servicio de reparación de ordenadores a cascoporro. Los CD vírgenes tuvieron unos añitos de esplendor, pero la gente en seguida aprendió que lo rentable que era comprarlos por Internet. En cuanto a la reparación de ordenadores, en el fondo no tiene mucho misterio y, si no, siempre hay algún amigo o familiar dispuesto a ser explotado hacer el favor a la voz de "oye, tú que sabes de informática". Otro negocio a la basura.

Y las inmobiliarias, claro. Cómo no mencionar las inmobiliarias, que crecieron como setas en cada esquina. Aquel local pequeñito y cutre que veía yo desde mi ventana y que había sido un sinfín de cosas en los últimos años se había vestido de relumbrón y ahora se dedicaba al muy noble arte de vender casas. Había que ser imbécil para poner una inmobiliaria en 2007, pero de imbéciles está lleno el mundo. 

Ahora, parece, tocan las papelerías. Bueno, no lo sé, porque no he hecho ningún estudio empírico más allá del paseo que me dí el otro día por la zona de mi curro, pero no me extrañaría en absoluto que estemos ante la enésima mini-burbuja del pequeño comercio. 

Y así será mientras sigamos empeñados en glorificar la creación de empresas y llamar emprendedor a quien se abre un negocio aunque sea evidente para todos que no será viable dentro de un año. El otro día se retwiteaba en loor de multitudes la enésima noticia de un tipo que con 20 años llevaba tres empresas creadas. Todo el mundo parecía admirarle como un héroe, pero a mí no se me iban de la cabeza las siguientes preguntas: "¿Por qué tres? ¿Qué pasó con las dos primeras? ¿Quebraron? ¿Se aburrió y decidió crearse un nuevo juguetito?" Porque lo difícil no es crear una empresa, sino hacerlo bien: encontrar un modelo de negocio viable y gestionarlo bien para que crezca y prospere. 

La gran noticia, para mí, sería algo así como "fundó una empresa y en tres años tenía 200 trabajadores", pero en este país parece que no nos damos cuenta y seguimos con el mantra de las pymes una y otra vez en una de las pocas cosas en que todos los grandes -y muchos de los pequeños- partidos coinciden. Echen un vistazo a este artículo de Roger Senserrich en Politikon sobre La obsesión con las pymes y verán el alcance de la estupidez que supone obsesionarse con sobreproteger a las pymes.

19 de marzo de 2012

Jazz, Tony Morrison

Ahora se tiende en la cama rememorando cada detalle de aquella tarde de octubre en que la conoció, de principio a fin, una vez y otra. No sólo porque es un recuerdo delcioso, sino porque intenta estigmatizarla en su mente, marcarla a fego allí para que el futuro no la desgaste. Para que ni ella ni su palpitante amor por ella se difumine ni se desmorone con el transcurso de los días como pasó con Violet. Pues siempre que Joe trata de recordar cómo era todo cando Violet y él eran jóvenes, cuando se casaron, decidieron marcharse del condado de Vesper y dirigirse al norte camino de la Ciudad, casi nada acude a su memoria. Recupera fechas, por supuesto, reconstruye acontecimientos, compras que hicieron, actividades, hasta escenas concretas. Pero le cuesta un esfuerzo infinito capturar apenas un eco de lo que todo aquello le hizo sentir.

Había combatido contra aquella pérdida durante mucho tiempo, creyó que se había resignado a ella, admitió el hecho de que la vejez consistiría en no recordar lo que se había sentido ante las cosas. Que uno diría: "Tuve un susto de muerte", pero no podría recuperar la sensación de miedo. Que podría representar en su mente la escena del éxtasis o del asesinato o de l aternura, pero los habría despojado de todo cuanto no fuera el lenguaje necesario para narrarlos. Creyó que se había resignado a admitir esto, y sin embargo se equivocaba.

Jazz, Tony Morrison, 1993.

18 de marzo de 2012

Me abro otro blog (y van...)

Acabo de abrirme un tercer blog (sí, han leído bien: el tercero): El datapump no zipea

¿Por qué un tercer blog?
Este blog de aquí nació aproximadamente seis meses antes de que comenzara a ejercer la nueva profesión en la que me había empeñado en embarcar. Su carácter, por tanto, está muy alejado de los asuntos técnicos que ocupan gran parte de mi día a día de hoy. Han pasado seis años y la necesidad de escribir notas acerca de cosas como Linux, servidores Apache o clústeres de Oracle RAC ha ido aumentando conforme me he ido sintiendo más afianzada como administradora de sistemas. 

Sin embargo, creo que este no es el lugar, por más que aquella modesta entrada sobre Firefox que escribí en los inicios se convirtiera pronto en una de las más vistas de este blog. Por ello he decidido abrirme un tercer blog dedicado en exclusiva a esa suerte de saberes arcanos que dominamos los que nos llamamos informáticos. Su nombre, El datapump no zipea, obedece a una coña que mis compañeros, si alguna vez caen por allí, pillarán en seguida y que nació, más o menos, como se cuenta en este cómic.

¿Por qué Wordpress? 

Hace tiempo que me lleva preocupando el creciente poder monopolístico de Google y su incidencia en nuestra privacidad. No quiero renunciar al correo de Gmail porque me parece francamente funcional y tampoco he encontrado un lector de feeds que me satisfaga más que el Google Reader. En cambio, en redes sociales sí me he resistido a caer en el Google+ y en el tema de los blogs creo que existen alternativas muy válidas. Si no me diera tanta pereza, hace tiempo que habría migrado estos blogs hacia Wordpress. La pereza y la penalización que Google introduce en sus buscadores a la hora de posicionar contenidos de blogs que no son de blogspot me han echado hacia atrás hasta ahora (sí, una también tiene su ego y disfruta viendo cómo le llegan 56 visitas diarias a su blog). La creación de este nuevo blog me ha parecido una ocasión ineludible para comenzar la era post-Google.

Muy pocos de los lectores de este blog encontrarán interesante lo que se cuenta en aquel, razón por la que me parece más que acertado mantener blogs separados. La frecuencia en los tres blogs seguirá siendo la misma: más bien escasa y bastante inferior a la que me gustaría, aunque prometo continuar actualizándolos de forma lenta pero segura.

Sean curiosos y felices ;-)

28 de febrero de 2012

La música como resiliencia

Parece que estoy cogiendo carrerilla en esto de actualizar el blog, así que voy a aprovechar este tirón que no sé cuánto me va a durar para ir publicando cosillas de las que hace tiempo quería hablar. Hace un buen puñado de meses, mi buena amiga S. me pidió algunas ideas para preparar unas unidades didácticas en torno al tema "Con la música a todas partes". Yo de unidades didácticas sé bien poco, así que mi ayuda se limitó a un listado atropellado de temas relacionados con la música que se me fueron ocurriendo. Uno de ellos, que voy a retomar aquí, es el de el poder redentor de la música (entiéndase redentor como "liberador en las más adversas situaciones"). 
Sin ninguna duda, el fragmento más conocido de toda la obra de Albinoni es su Adagio en Sol menor. Esta pieza saltó a la fama a raíz de la Guerra de Bosnia. Corría el año 1992 y, durante el asedio de la ciudad de Sarajevo, una bomba cayó junto a un grupo de personas que hacían cola para comprar el pan matando a 22 de ellas. Al día siguiente, el violoncelista Vedran Smailovic, que había visto la masacre desde la ventana de su casa, cogió su cello y se sentó a tocar el Adagio de Albinoni sobre el cráter que había dejado la explosión. Entre balas de francotiradores, repitió el concierto sobre las 16 horas durante 22 días consecutivos, uno por cada una de las víctimas. 


El Adagio se convirtió en todo un símbolo de resistencia al asedio. Muchos habitantes de Sarajevo acudían a escucharlo, aún a sabiendas de que constituían objetivos para los francotiradores, en busca de consuelo. Y toda la prensa internacional, ávida de este tipo de anécdotas, comenzó a hacerse eco del violonchelista de Sarajevo. Esta foto de Vedran Smailovic tocando en las ruinas de la otrora magnífica Biblioteca de Sarajevo dio la vuelta al mundo como símbolo de la sinrazón del asedio de Sarajevo y la resistencia de su población:

No es este el único ejemplo de resiliencia gracias a la música. En el siempre interesante programa de Radio Clásica Historia y música, hace tiempo hablaba Roberto Mendès acerca de La música en los campos de concentración. En él cuenta, por ejemplo, cómo el checo Rafael Schächter logró representar en el campo de concentración de Theresienstadt obras como la La novia vendida de Smetana o el Requiem de Verdi echando mano de los pocos instrumentos de que disponía y organizando un coro con sus compañeros de cautiverio.

Sin embargo, si hablamos de campos de concentración y música es obligado hablar, sin duda, del Cuarteto para el fin de los tiempos, compuesto y estrenado en un campo de concentración por Olivier Messiaen. Cuando los alemanes entraron en Francia, Messiaen, que ejercía de camillero, fue capturado e internado en el campo de prisioneros Stalag VIII A. Al parecer, los oficiales a cargo del campo no eran tan fanáticos del régimen nazi como los de otros campos y uno de los guardias, Karl-Albert Brüll, le fue proporcionando a Messiaen papel pautado y lápices para que pudiera componer (de hecho, algo más tarde este mismo guardia le ayudaría con la falsificación de los documentos que le permitieron huir). 

El 15 de enero de 1941 se estrenaba, ante un público compuesto por guardias y varios cientos de presos de múltiples nacionalidades, este Cuarteto para una formación totalmente inédita en la historia de la música: clarinete, cello, violín y piano. Messiaen había sido capturado junto al clarinetista Henri Akoka y al violonchelista Étienne Pasquier, así que compuso su música pensando en los instrumentos que podían tocar él y sus compañeros de cautiverio. Las fuentes cuentan que al término del concierto los perplejos oyentes mantuvieron un respetuoso silencio.

La obra, una de las cumbres de la música del siglo XX, se inspira en una frase del Apocalipsis de San Juan, "Ya no habrá más tiempo", y para expresar todo el horror del apocalipsis que estaba viviendo Europa Messiaen hace precisamente eso: eliminar el tiempo usando ritmos especiales y prescindiendo de cualquier compás en busca de una música totalmente atemporal.

Otro de los muchos horrores de la II Guerra Mundial nos ofrece otro ejemplo de resiliencia mediante la música, aunque esta vez bañada de propaganda oficial. En agosto de 1941, las tropas alemanas llegaban a la ciudad de Leningrado. Pocos meses despues lograban cerrar el cerco dando lugar al mayor asedio que ha visto la humanidad. Evidentemente, lo sensato habría sido rendir la ciudad, pero Stalin se ganó su fama de asesino por algo y ordenó que se resistiera a toda costa. Más de tres millones de personas permanecieron sitiadas durante más de 900 días. Se calcula que el número de víctimas, por hambre o por frío, sobrepasó ampliamente el millón de personas. Inspirado por todo este horror, Dimitri Shostakovich compuso su Séptima sinfonía en do mayor, la "Sinfonía Leningrado", una rotunda proclama contra el militarismo nazi y la guerra en general.

Shostakovich, que vivía en Leningrado con su familia, se negó en un principio a ser evacuado hacia el interior como otros artistas e intelectuales y quiso permanecer en su ciudad colaborando como bombero y trabajando en una sinfonía-réquiem que había comenzado hacía algún tiempo. Sin embargo, cuando estaba finalizándola realizó una interpretación para unos amigos y decidió que el tema necesitaba ser desarrollado con mayor amplitud. Esta primigenia sinfonía-réquiem se convertiría en el primer movimiento de la Leningrado.

Las condiciones para la composición en la ciudad eran casi imposibles, pero debido al cerco de los alemanes ya no era posible la evacuación de Shostakovich y su familia, por lo que este compuso a toda prisa, en apenas quince días, el segundo movimiento. Como cuenta Roberto Mendès en su programa dedicado a La batalla de Leningrado, pronto los habitantes de Leningrado se aferraron a esta composición como símbolo de esperanza y resistencia ante el agresor. Tras componer el segundo movimiento, Shostakovich interpretó al piano la Sinfonía ante un grupo de amigos; terminado el primer movimiento comenzaron a sonar las sirenas, pero nadie se movió; Shostakovich solicitó permiso para llevar a su familia al refugio y a continuación continuó interpretando el segundo movimiento en pleno bombardeo.

Poco después, el ejército soviético logró abrir una pequeña vía de evacuación y el compositor y su familia fueron trasladados a Samara, donde terminó los otros dos movimientos. La obra se había convertido en un símbolo anti-nazi y la propaganda política se encargó de potenciarlo de todas las formas posibles. La partitura fue microfilmada y enviada a los países aliados para que pudiera interpretarse allí y en las radios soviéticas sonaba continuamente. Pero lo más impresionante fue su estreno en la propia Leningrado. La partitura hubo de ser lanzada por la noche desde un avión y se reunió como se pudo una exigua orquesta con los pocos músicos que aún estaban en condiciones de tocar.  Hitler había anunciado que el 9 de agosto de 1942 caería Leningrado y esa fue precisamente la fecha elegida para el estreno de la Sinfonía en la ciudad. Se instalaron altavoces por toda la ciudad de forma que todos, rusos y alemanes, pudieran oír la Sinfonía, la cual fue precedida, además, por un bombardeo contra posiciones alemanas para asegurarse el silencio de estos durante el concierto.

Independiente del uso progagandístico que le diera Stalin, lo cierto es que la fuerza de la Leningrado está ahí, denunciando los horrores de la guerra y ofreciendo un grito descarnado en contra de todo militarismo.

Sean curiosos y felices ;-)

25 de febrero de 2012

En defensa de Tàpies (¡¡a estas alturas!!)

Hace más de una semana murió Antoni Tàpies, sin duda uno de los grandes de la segunda mitad del siglo XX. Como era de esperar, aparecieron chistes por doquier sobre su no-arte. La ignorancia es osada y en foros como Meneame o Twitter abundan los todólogos con afán de comentarista mordaz. Que gente que es incapaz de entender el cubismo se permita opinar con esa liberalidad sobre arte de hace cuarenta años sólo sirve para calificar al propio comentarista. Allá ellos y su falta de curiosidad.
Empecé a conocer la obra de Tàpies por un libro de una colección sobre pintura del siglo XX que mi madre, siempre dispuesta a alimentar mi incansable curiosidad, tuvo a bien comprarme. No era ni mucho menos de mis favoritos. Los que más me gustaban de aquella colección eran Bacon y Schiele, supongo que porque esa descarnada visión del ser humano enraiza muy bien con el sentir adolescente. Yendo a exposiciones descubrí a Barceló, a Broto y a Zóbel, que fueron alimentando mi amor por la pintura más contemporánea.
Pero Tàpies seguía siendo para mí ese señor serio que pintaba cuadros marrones llenos de cruces. Hasta que tuve la suerte de asistir a la restrospectiva que el Reina Sofía hizo sobre su arte hará algo más de una década. Y me enamoré de su obra. Porque sus texturas, sus grandes formatos, no están hechos para ver reproducidos. Las fotos no le hacen en absoluto justicia. Es solo viendo en directo sus cuadros cuando cobra sentido toda la materia que hay en ellos y las texturas alcanzan un lirismo emocionante pese a la abstracción.
Quería escribir algo a modo de homenaje, pero mis exiguos conocimientos del informalismo me retenían, prudentemente, para no hacerlo. ¿Qué otra cosa podía decir aparte de que me encanta y que llevo años deseando otra retrospectiva? Sin embargo, hace unos días, di con este texto que me parece la mejor de las respuestas a todos aquellos que critican sin haber hecho jamás el más mínimo esfuerzo de acercamiento. Sirva de homenaje para el maestro.
¿Es necesaria una música nueva?
Es tan necesaria y superflua como todo lo nuevo. Sin duda, dado que durante milenios se viajaba a la velocidad de los caballos, también podían darse por satisfechos tras milenios sin tren, coche, avión, etc. Aquí se reconoce el valor de lo nuevo por su utilidad, sin considerar su necesidad. Tal vez la necesidad se muestra solo cuando la ventaja de lo nuevo se ha convertido en necesidad. Tal utilidad y tal necesidad no existen en el arte. Y por eso debemos buscarlas en nosotros: para nosotros es necesario seguir pensando, seguir trabajando, seguir encontrando.
Pero también en lo práctico es lo nuevo en la música una necesidad (por mucha piedad y placer que se halle en sumirse en los pensamientos de los predecesores). Imagínese por un momento que a partir de una detreminada época no se hubiera creado nada nuevo, con lo que lo primero que surge es la cuestión de en qué momento de la historia se debería haber dejado de hacer: ¿en el XIII, en el XIV, en el XV o en algún siglo posterior? ¡¿Cuánto habría permanecido sin expresarse entonces?!
Supongamos que despues de Bach, pues con él empieza una nueva época, por ejemplo, no se hubiera creado nada nuevo, conformándose con lo creado hasta entonces. ¿Acaso no sería entonces menor la comprensión de Bach que hoy?
Artículo de Arnold Schönberg en Neue Musik. Fuente: Revista de avance de la Temporada 2012-2013 del Teatro Real.
Sean curiosos y felices ;-)

21 de febrero de 2012

Balance & Gravity #8

Una fotografía de Gilfer que me lleva obsesionando un rato.
Más ejemplos de su interesante obra en Gilfer - Artista plástico. Por cierto, por si hay alguien por ahí a quien, como a mí, le interese la escultura: tenemos la suerte de tener dos de sus esculturas en sendas glorietas de Valdemoro, aquí en Madrid.
Sean felices ;-)

21 de agosto de 2011

Algunas reflexiones sobre representación y participación política

Les dejo, a continuación, con una serie de textos que -creo- merecen una lectura y una reflexión profunda. Lo ideal sería leer los artículos completos porque todos ellos son más que interesantes, pero por si andan faltos de tiempo, les extraigo algunos párrafos.
 
En plena efervescencia del #15m, el maestro Muñoz Molina ya avisaba de lo imprescindible de la autocrítica para llegar a buen puerto (las negritas, en todas estas citas, son mías):
Escribía [en la década de los noventa] denunciando el folklorismo obligatorio, el narcisismo de la identidad, el abandono de la enseñanza pública, el disparate de un televisión pagada con el dinero de todos en la que aparecían con frecuencia adivinos y brujas, la manía de los grandes gestos, las inauguraciones, las conmemoraciones, el despilfarro en lo superfluo y la mezquindad en lo necesario. Recuerdo un artículo en el que ironizaba sobre un curso de espíritu rociero para maestros que organizó ese año la Junta de Andalucía: hubo quien escribió al periódico llamándome traidor a mi tierra [...]
 
El orgullo vacuo del ser ha dejado en segundo plano la dificultad y la satisfacción del hacer. [...] Que esa obcecación en la pureza de sangre convertida en identidad colectiva haya sido la base de una gran parte de los discursos políticos ha sido para mí una de las grandes sorpresas de la democracia en España. Ser andaluz, ser vasco, ser canario, ser de donde sea, ser lo que sea, de nacimiento, para siempre, sin fisuras: ser de izquierdas, ser de derechas, ser católico, ser del Madrid, ser gay, ser de la cofradía de la Macarena, ser machote, ser joven. La omipresencia del ser cortocircuita de antemano cualquier debate [...]
 
Lo que yo me preguntaba, y lo que preguntaba cada vez que veía a un economista, era cómo un país de mediana importancia podía permitirse tantos lujos. Y me preguntaba y me pregunto por qué la ciudadanía ha aceptado con tanta indiferencia tantos abusos, durante tanto tiempo. Por eso creo que el despertar forzoso al que parece que al fin estamos llegando ha de tener una parte de rebeldía práctica y otra de autocrítica.
Poco después, Luis Alfonso Gámez, en su blog para El Correo, citaba al artículo anterior al explicar por qué, pese a estar en su nacimiento de acuerdo con el movimiento #15m, había decidido desentenderse del mismo:
Falta cabeza en las concentraciones de los indignados. En todos los sentidos. La ausencia de liderazgo ha hecho que un movimiento nacido del hartazgo ciudadano por la degeneración del sistema democrático se haya convertido en un totum revolutum con aspiraciones lógicas -que se reforme la ley de financiación de los partidos políticos y total transparencia en la gestión pública- y delirios propios del idealismo más pueril y pseudorrevolucionario [...] Estoy de acuerdo con quienes creen que el sistema necesita una regeneración profunda y que los gestores de la cosa pública son culpables, en parte, de la situación en la que vivimos. Pero los ciudadanos de a pie también lo somos porque, durante años, hemos consentido a los políticos hacer lo que quisieran, y hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y mirando para otro lado como si no hubiera un mañana. El mañana es hoy y ha llegado la hora de despertar, como ha escrito Antonio Muñoz Molina. 

Pero el despertar tenía que ser a la racionalidad y lo que, lamentablemente, se está colando en las acampadas es todo lo contrario, chifladuras como el reiki, las sectas, las conspiranoias y los movimientos anticientíficos que llevan décadas apadrinados por la izquierda más desnortada y hundida. [...] La regeneración de la democracia no pasa por dejar el cerebro en casa, por renunciar a los principios de la Ilustración, por volver a las cavernas mentales. Al contrario. Abandonar la razón no es una opción.
"Frente al pesimismo de la razón, el optimismo de la libertad", que decía Gramsci. Cualquiera que haya asistido a una reunión de vecinos de su comunidad sabe de sobra la cantidad de ruido e ideas peregrinas que pueden llegar a emanar de una asamblea. En toda sesión de brainstorming es necesario que haya un canalizador que seleccione qué ideas son buenas y cuáles deben desecharse. Y la cosa pública es algo extremadamente complejo. Cives, en su blog Materias grises, lo expresa así:
Las formas viables de democracia que conocemos no han tenido nunca que ver con el gobierno por el pueblo. El gobierno de un país es algo, al menos, tan complicado como la cirugía y la razón por la que cualquiera no puede ejercerlo es muy parecida a la razón por la que no todo el mundo puede hacerse a sí mismo una operación a corazón abierto. Sugerir lo contrario, es no tener la más mínima intuición del grado de lo técnicas que son las políticas públicas ni sobre la sociología de masas o sobre el hecho psicológico evidente que son los “cinco minutos de Churchill”.
[...]
La democracia ha funcionado porque ha sido una forma de seleccionar, vigilar, disciplinar y sustituir de forma razonablemente efectiva y pacífica a las élites que están al frente de las agencias gubernamentales
Lo que me lleva a Roger Senserrich, su compañero de blog, quien hace ya algún tiempo escribía lo siguiente al hablar de cómo funciona la corrupción:
Un sistema político con poca alternancia política y una oposición poco efectiva es una máquina de generar corrupción; si uno no tiene por qué preocuparse por costes electorales y tiene un control sólido de la maquinaria estatal (esto es, los funcionarios que investigan corrupción dependen de mí) la propensión al mangoneo será mayor. Un partido político que gana elecciones constantemente es además un buen “socio” para comprar favores, ya que sabes que seguirán allí después de las elecciones, garantizando que el trato no se rompe.
En otro de sus magníficos post, reflexionaba acerca de los pros y los contras de las listas abiertas. Básicamente -viene a decir-, las listas abiertas son más representativas, sí, pero requieren un esfuerzo mucho mayor por parte del ciudadano para ejercer el control político (¿están los indignados, muchos de los cuales desconocen cómo se elige a los miembros de, por ejemplo, el Tribunal Constitucional, dispuestos a hacerlo?):
Una democracia representativa vive en el equilibrio de dos factores. Por un lado, la capacidad de los electores para premiar a los buenos políticos y castigar a los malos; por el otro, la posibilidad de votar a un determinado número de cargos políticos y candidatos. Como [sic] mayor es el el segundo elemento (más instituciones se votan, más políticos individuales), más difícil resulta para el votante hacer lo primero. 
[...]
Un sistema político necesita ser representativo, pero también requiere ser mínimamente claro. En un sistema bipartidista con un gobierno centralizado, el legislador ha apostado por la claridad por encima de cualquier otra cosa: uno tiene partido A y partido B, y si no es mérito de uno es culpa del otro. Un sistema de listas abiertas añade representación, haciendo más factible votar a alguien que nos gusta, pero también hace más costosos saber si esa ley absurda que tanto nos irrita es culpa o mérito de alguien que podemos castigar o premiar. Si un político no teme perder el cargo, sus incentivos para tratar de cumplir con las preferencias de los votantes disminuyen, y el sistema se hace menos efectivo en este aspecto.

En resumen, las listas abiertas no son un sistema sin costes. En política, como en todas partes, nada sale gratis, y escoger un sistema que exige más de ciudadanos que tienden al mínimo esfuerzo tiene sus contrapartidas. Como siempre, encontrar un equilibrio entre lo deseable y lo razonable es necesario.
Y, en otro de sus interesantes artículos, hacía una comparativa sobre los diferentes sistemas electorales existentes en las democracias occidentales y cómo tienen poca o ninguna influencia a la hora de generar sistemas de gobierno eficientes o disfuncionales:
[...] en una democracia no escogemos a nuestros líderes en las urnas –lo que hacemos es escoger qué grupo de líderes preferimos, dentro de la lista de gente que nos presenta cada partido político. Incluso en un sistema de listas abiertas, el trabajo de selección de élites gobernantes realmente no se hace en las urnas, sino en los despachos, asambleas, congresos y demás de los partidos políticos. Es por eso que un país como Italia puede cambiar de sistema electoral catorce veces en dos décadas y seguir escogiendo inútiles con el mismo entusiasmo de siempre, y por eso un país como Nueva Zelanda sigue igual de bien gobernado antes y después de una reforma electoral. 

El problema, en España, no es la ley electoral. El problema es la selección de líderes, organización interna de los partidos políticos, y cómo escogen a sus élites.
Y seguiría recomendándoles artículos del bueno de Roger y su compañero Cives, pero no pararía nunca. Mi consejo es que agreguen su blog a su lector de feeds preferido y consulten sus artículos antes o después de leer su periódico favorito. Aprenderán muchísimo de política (rigurosamente académica) y economía. 

No obstante, antes de colgar este post -y aunque no tiene mucho que ver con el tema de la representación política y el #15m- querría incluirles un fragmento del discurso de Maryam Namazie, representante del Consejo de ex Musulmanes de Gran Bretaña, que ha tenido a bien traducir Eduardo Robredo en su blog. Creo que es difícil expresarlo mejor:
Si miramos al cristianismo de hoy, no se trata de que sus principios, dogmas y principios hayan cambiado desde los tiempos de la inquisición y de la quema de brujas. Lo que ha cambiado es su influencia política y social en la sociedad, en las vidas de las personas, y su relación con el estado, la ley y el sistema educativo. En la medida en que se ha visto disminuida esta influencia, en esa misma medida las personas han conseguido liberarse a sí mismas de las ataduras de la religión, tener unas vidas más felices y una sociedad mejor. Los valores humanos progresistas se han logrado a expensas del cristianismo y de la religión. Lo mismo debe hacerse con el Islam y el islamismo.
Lean, infórmense, reflexionen, busquen más argumentos a favor o en contra. Finalmente, fórmense su opinión. Y, como siempre digo, sean curiosos y felices ;-)

13 de julio de 2011

De las ondas Martenot al theremin y la marimba diamante

El pasado día 6 tuve la inmensa suerte de asistir a la primera de las representaciones del San Francisco de Asís que ha programado Gerard Mortier para esta temporada del Real. Y digo inmensa suerte porque, de no haber entrado en mi abono, creo que jamás se me habría ocurrido asomarme a esta obra. 

¿Asistir a un espectáculo de seis horas (incluidos descansos) que versa sobre la vida de un santo? ¿A una ópera a la que hasta los amigos más melómanos se han referido como "un tostón inaguantable"? ¿Y que encima se representa en el Madrid Arena, de donde no saldremos hasta pasadas las doce de la noche? La cosa, la verdad, se dibujaba terrorífica y poco motivadora. Y, sin embargo, me ganó por completo hasta el punto de que probablemente sea lo que más recuerde de esta temporada (y mira que me encantó la Ifigenia).

Vale que apenas hay historia, que la ópera es larga, que el sexto cuadro -el de los pajaritos- se hace durillo y que el tema de la santidad, pues como que no, pero la música... ¡Ay, la música! Te envuelve, te lleva, te subyuga. Jolín, si al final del tercer cuadro casi me pongo a gritar "¡milagro, milagro!" con la curación del leproso.

Vamos, que disfruté como una enana. Y sí, se hizo largo, pero nada en absoluto teniendo en cuenta su duración (nada que ver con la interminable muerte del pesado insoportable de Werther). De hecho, de no haber sido porque esta semana he tenido las tardes algo achuchadas, me habría comprado una entradita de 6 euretes (¡seis euros!, ¡estamos que lo tiramos, señora!) para poder volver a disfrutarla. Como gran parte del público que asiste al Real lo hace porque ha visto Pretty woman y desean emocionarse cual Julia Roberts, en cuanto la cosa requiere un mínimo esfuerzo, salen despavoridos dejando sus asientos libres a los que sí disfrutamos de la música (y menos mal, porque hay que ver la lata que dan los pobres cuando se aburren, venga a removerse en la butaca, a chatear desde la Blackberry, a darle al abanico o a sacar un ruidoso caramelo del bolso tras otro).

El caso es que no quería aquí hablar tanto del San Francisco, que bastante lo han hecho ya los medios, como de un curiosísimo instrumento que interviene en esta ópera: las ondas Martenot. Este instrumento, profusamente utilizado por Messiaen (su cuñada, Jeanne Loriod, fue una de las primeras intérpretes de las ondas Martenot), está presente durante gran parte de la ópera alcanzando momentos sublimes en los pasajes en los que "dialoga" con la voz del ángel. 

Su sonido monofónico (una sola nota cada vez) resulta absolutamente hipnótico y -estoy segura- es en parte responsable de la atracción que acaba produciendo esta ópera.

¿Que como suena? Pues aunque no se lo crean es bastante probable que ya lo hayan escuchado en alguna ocasión: Radiohead lo utiliza en muchos de sus álbumes y aparece en la banda sonora de Amelie que compuso Yann Tiersen. De todas formas, como lo mejor es escucharlo, aquí les dejo un vídeo de Youtube:

Y, hablando de instrumentos raros, ese segundo instrumento que aparece, justo después de que salga Radiohead, y que parece una tabla de planchar es un theremin. Al parecer, en 1928 a todo el mundo le dio por inventar extraños instrumentos musicales eléctricos y mientras Maurice Martenot asombraba con sus ondas, Leon Theremin llevaba a la oficina de patentes americana su theremin (no se pierdan este post de Nacho Escolar sobre la historia de Leon Theremin).

Las ondas Martenot dejaron de fabricarse en 1988 (aunque gracias a un proyecto se ha recuperado a través de un instrumento basado en estas y que se llama l'ondéa), pero el theremin está muy de moda entre ciertos sectores indies (los oyentes habituales de Hoy empieza todo o Discogrande, seguro que recuerdan alguna entrevista reciente en la que alguien llevara o hablara de un theremin).

El theremin causó furor en occidente y se puede decir que la música popular no sería la que es hoy en día sin su invención. Los Beach Boys lo incorporaron en su conocido "Good Vibrations" (aunque lo que suena no es exactamente un theremin) y toda una serie de inventores se lanzaron a construir instrumentos electrónicos basados en las ideas de Theremin. Uno de los más exitosos fue Robert Moog quien, como cuenta Nacho Escolar en La importancia de llamarse Moog, amasó una pequeña fortuna vendiendo por correspondencia kits de "hazte tu propio theremin". Más adelante, Moog inventó el sintetizador y la historia de la música cambió para siempre. A ningún aficionado a la música popular se le escapa la influencia fundamental que han ejercido estos instrumentos a lo largo de las últimas cuatro décadas.

El pasado diciembre asistí, animada por mi querido Klingsor, a un concierto de Owen Pallett. Si tienen ocasión de asistir a alguno no se lo pierdan porque es absolutamente fabuloso. Estábamos allí una cincuentena de personas cuando de repente aparece el pequeño Owen con un violín. Y nadie más. Menudo concierto. Un Minimoog a su izquierda, algo parecido a un Moog Taurus a sus pies y su violín, eso es todo. La cantidad de sonidos que consigue sacar él solo con estos tres instrumentos es increíble. Toca una secuencia de notas en su violín mientras acciona con el pie el Taurus para grabarla y montar un bucle que deja sonando mientras pasa a sumar otra secuencia, quizás esta vez percutiendo con los dedos sobre la caja del violín. De verdad, digno de contemplar.



Aunque en este vídeo está acompañado por un percusionista, sirve muy bien de ejemplo. Escuchen con atención y observen cómo va montando y sumando bucles de lo que acaba de tocar para continuar añadiendo sonidos. Y es que Owen no es un cualquiera. A los 13 años ya componía y escribió dos óperas antes de acabar la universidad.

No sé si Owen Pallett le tiene entre sus influencias, pero a mí su música me recuerda a la del compositor americano Steve Reich. Steve Reich (enlace de Spotify a su Three tales, que, por cierto, me encanta) experimentó mucho con la grabación de bucles y la superposición de estos en sus composiciones de una forma que me parece bastante emparentada a la de Owen.

Pero Reich además trabajó con la idea de que la voz hablada posee una musicalidad propia, algo sobre lo que también había investigado el excéntrico y fascinante Harry Partch, que nos lleva a la última parada de este post.

La biografía de Harry Partch está tan llena de peripecias que merece su propio post, pero lo que nos interesa aquí es que, mientras gran parte de la música occidental estaba fascinada por el dodecafonismo a mediados del siglo XX, Harry Partch se salió por la tangente defendiendo la composición de música microtonal. Como los instrumentos "tradicionales" presentaban enormes dificultades para reproducir las notas de su escala microtonal, Partch pasó gran parte de su vida inventando extraños instrumentos que se ajustaran a su música: la viola adaptada, la marimba diamante o el kitharas, por poner sólo un par de ejemplos. Una simple búsqueda en Youtube sobre Harry Partch les devolverá una buena colección de entrevistas y ejecuciones del músico, pero aquí les dejo la primera parte de un reportaje sobre él:


Y con la "marciana" música de Harry Partch y sus extraños instrumentos cerramos este post que comenzó con las ondas Martenot y continuó con theremin, los cuales, por cierto, también son instrumentos microtonales. Espero que al menos, les haya abierto el apetito para acercarse a cierta música. Y, no lo olviden: sean curiosos y felices ;-)

PD1. Para los aficionados a la electrónica y el DIY, aquí les dejo un par de enlaces: How to build a theremin y Theremin construction forum.

PD2. Jamás habría logrado escribir este post de no ser por todo lo que he aprendido (y disfrutado) leyendo El ruido eterno, de Alex Ross

PD3. Si te ha gustado este post, probablemente también te interese este otro que escribí hace algún tiempo.

4 de mayo de 2011

24 de abril de 2011

Día del libro: Cosas que los nietos deberían saber

Las horas que pasé en el sótano, o en los estudios de Mickey, o de Jim Jacobsen, o de los Dust Brothers, fueron de las mejores de toda mi vida. Quizá porque el resto de horas del día eran las peores de mi vida, el tiempo que pasaba intentando sacar algo positivo de aquella época fue lo que me mantuvo a flote. Me sentía triste siempre que no estaba escribiendo o grabando. Me vacié en la música. 
Mark Oliver Everett, Cosas que los nietos deberían saber, 2009.
Allá por finales de los noventa estaba yo pasando una etapa bastante complicada de mi vida. Paraba poco en casa. Iba a la universidad pero apenas entraba en clase. Pasaba la mañana deambulando de aquí para allá leyendo compulsivamente, hacía acto de presencia en algunas clases, lo justo para que mis compañeros supueran que seguía por ahí, y me largaba a buscar algún rincón solitario donde seguir peleando contra todo aquello que tenía dentro. Después pasaba toda la tarde en el baloncesto, frenéticamente ocupada en los diversos equipos con los que me había sobrecargado la temporada, corriendo de pista de entrenamiento en pista de entrenamiento. 

En todo momento me acompañaba mi música. Iba, como ahora, con los cascos permanentemete puestos (por aquel entonces enchufados a mi minidisc) excepto en clase y en los entrenamientos. Recuerdo especialmente dos discos de aquella época. Solo voy a hablar de uno: el Electro-shock blues de Eels (enlace en Spotify). Tenía este una extraña capacidad para reconfortarte, para hacerme sentir mejor. ¿No les ha pasado nunca? Seguro que sí. Uno de esos días de mierda en los que deambulamos sintiendo todo el peso de la vida y de repente tus pulmones cogen aire hasta el fondo, levantas la vista y ves que el cielo es azul y que, pese a todo, a la vida le salen días insultantemente hermosos como ese. Así me hacía sentir ese disco. 

Un disco que cuenta cosas terribles, cuyas letras son una bella pero terrible sucesión dramas pero que, sin embargo, siempre dejan un pequeño hilo con la vida que se abre paso, que, pese a todo, continúa.

Un disco que es una pequeña maravilla y que merece la pena tener porque, además, su cover esconde colaboraciones de grandes del cómic underground norteamericano: Seth, Adrian Tomine, Chester Brown... 

Ando estos días leyendo Cosas que los nietos deberían saber, autobiografía de Mark Oliver Everett, más conocido como E, líder de Eels (para ser más exactos, Eels es E y unos cuantos músicos que le acompañan). Un libro delicioso. Acabo de terminar el capítulo en el que explica las circunstancias en las que compuso Electro-shock blues y ahora lo entiendo todo.  Esa capacidad extraordinaria del disco para arrancar una minúscula sonrisa entre la tormenta. Y me doy cuenta de que Mark es un genio aún mayor de lo que yo pensaba.

Deberían leer este libro. La vida de Mark es fascinante; más aún su forma de contarla, con ese tono de "sí, lo que cuento es terrible, pero aquí seguimos". La expiación a través del arte, la compulsividad creativa, los altibajos de la inspiración, el sentimiento ambivalente cuando al fin triunfas y ves cómo tu obra es mercantilizada y malinterpretada. Todos eso y mucho más es vomitado por Mark en este libro que he elegido como recomendación para este año. Sean felices y curiosos ;-)

17 de abril de 2011

Fotografía obrera de entreguerras

"¡Cualquiera puede fotografiar!" Bajo ese lema se publicó uno de los números de la revista Der Arbeiter-Fotograf, animando a que culquiera se lanzara a denunciar con sus fotografías la realidad miserable de la clase trabajadora alemana en la época de Weimar. Edwin Hoernle, uno de los más activos exponentes de la fotografía obrera alemana, escribió:
"Debemos proclamar la realidad proletaria en toda su repugnante fealdad, con su denuncia a la sociedad y su exigencia de venganza [...] Debemos presentar las cosas como son, con una luz dura, sin compasión."
De esta cita toma su título -Una luz dura, sin compasión- la interesantísima exposición de fotografía que ofrece el Museo Reina Sofía esta primavera.

 
El tema de la muestra es la corriente de fotografía obrera de carácter amateur que nace tras una convocatoria lanzada por la revista comunista alemana AIZ. En ella se instaba a fotógrafos aficionados a enviar aquellos trabajos cuya temática tratara acerca de la vida diaria de los obreros, el trabajo en las fábricas y la denuncia de las condiciones sociales. Paralelamente a la labor de AIZ y Der Arbeiter-Fotograf en alemania, en la Unión Soviética Mikhail Koltsov promovía la publicación Sovetskoe foto y el movimiento amateur organizado.

Es en esta última donde aparece publicada la serie sobre la familia Filipov, "24 horas en la vida de una familia obrera de Moscú", obra de los fotógrafos Alpert, Shaikhet y Semion Tules. El reportaje quería incidir en los beneficios de la revolución soviética y mostraba a los miembros de la familia Filipov en diversas situaciones cotidianas en las que se hacía hincapié en el nivel de desarrollo y bienestar del que gozaba el proletariado ruso. 

El diálogo entre la revista soviética y las alemanas fue constante, los reportajes de una aparecían en las otras y viceversa. El de la familia Filipov tuvo su reflejo en otro realizado por fotógrafos alemanes para AIZ bajo el título de "Los Filipov alemanes". Sin embargo, si aquel tenía un caracter ensalzador del régimen, el alemán, en cambio, venía a incidir en las paupérrimas condiciones de la clase trabajadora en alemania. 

El movimiento se extendería posteriormente a diversos países como Suiza, la República Checa, Hungría o Estados Unidos hasta el último gran episodio de la fotografía proletaria: la Guerra Civil española. 

Así, la muestra del Reina Sofía se torna en una cita inenudible para todo amante de la fotografía pues ofrece un recorrido impagable por la época dorada de la fotografía social y de denuncia apoyado, además, por documentales cinematográficos y numerosos ejemplares de revistas.

Aparte de la indudable calidad artística de las fotografías, resulta muy interesante reflexionar sobre el poder propagandístico de la fotografía. Mientras el régimen soviético apoyaba esta práctica fotográfica que incidía en las bondades del stalinismo, se estaba llevando a cabo  una deskukalización masiva  por toda la Unión Soviética que daría lugar a la muerte de millares de campesinos por  inanición (lo cuenta admirablemente Vassili Grossman en su recomendabilísima Todo fluye).  Y, más adelante, fue el mismo régimen el que desplazó la práctica de la fotografía amateur hacia profesionales temeroso de que se ofreciera una imagen negativa del estado soviético mostrando los estragos de la colectivización.

Sobre este poder propagandístico de la fotografía ya hablamos aquí a propósito de la muestra sobre Dorothea Lange en el post Dos exposiciones más o menos decepcionantes. Y es que, aunque no entra dentro de esta exposición, existen muchas conexiones entre el uso de la imagen de estos fotógrafos animados por la estrategia propagandística de la Internacional Comunista y el que realizan Dorothea Lange y el resto de fotógrafos que, a sueldo de la política del New Deal, recorrían los Estados Unidos en la misma época plasmando su testimonio sobre los estragos que la gran depresión había causado en el sector más vulnerable de la clase trabajadora americana.

Una exposición, esta del Reina Sofía, que no deberían perderse esta primavera. Como tampoco deberían dejar de leer a Grossman. Comiencen por Todo fluye si no se atreven con Vida y destino, pero hagan el esfuerzo. No se arrepentirán. Sean curiosos y felices ;-)

9 de abril de 2011

¿Bachillerato de la excelencia?

La última propuesta educativa de la Comunidad de Madrid consiste en la creación de un instituto con un Bachillerato especial adaptado para los alumnos con mayor excelencia, sea lo que sea que quiere decir eso. Puede ser una idea electoralista, pero no es nueva: por lo visto, el PSOE hace tiempo que andaba estudiando propuestas parecidas. 

A mí, nada más oírlo, me pareció la última barbaridad de nuestra clase política, poco dada a la reflexión y muy proclive al golpe de efecto facilón que proporciona abundantes titulares de prensa. Pero, para mi sorpresa, me he encontrado con una corriente muy favorable en la opinión pública. Por cuestiones personales que no voy a detallar aquí, es un tema que me toca muy de cerca y que, por tanto, me indigna sobremanera, por lo que voy a tratar de explicar por qué me parece una barbaridad, incluso en el caso de que su origen estuviera en un bienintencionado intento por solucionar los problemas educativos. Son tantos los peros que no sé ni por dónde empezar. Por eso les recomiendo la lectura del post De la excelencia del blog Eso de la ESO, donde se dan una buena lista de argumentos con los que coincido plenamente. Como suscribo punto por punto todos los anteriores, me voy a limitar a añadir o completar aquellos que no están tratados.

Suponer que en Madrid sólo existen 50 alumnos excelentes me parece una temeridad. Y, si lo que se pretende es recoger únicamente a los 50 mejores, algo así como un catálogo de pequeños Einsteins con cocientes de 150 o más, me temo que en muchos casos llegan tarde: gran parte de estos alumnos hace años que se aburrieron (en los primeros cursos de Primaria seguramente) y es posible que se dediquen "a vivir de las rentas" sacando notas medianitas sin tocar un solo libro mientras gastan su esfuerzo y su tiempo en asuntos más enriquecedores para ellos. 

Además, como premio para esa excelencia, los vamos a sacar de su centro y su entorno, los vamos a separar de sus amigos justo en Bachillerato, justo cuando los compañeros que les rodean están comenzando a alcanzar unos niveles de madurez que empiezan a hacer posible el entendimiento mutuo. Ese chaval "excelente" que en segundo de Primaria buscaba desesperadamente la compañía de adultos con los que conversar de determinados temas ahora empieza a tener compañeros casi adultos como él y entonces nos lo llevamos a otro centro, a que vuelva a comenzar a establecer relaciones personales desde cero. Bonita manera de premiarle. ¿O es que acaso alguien está sugeriendo que estos "excelentes" son una panda de frikis asociales e incomprendidos incapaces de tener amigos en sus centros?

Y, claro está, esperemos que el "excelente" sea hijo único, porque no alcanzo a imaginar los problemas familiares suscitados ante ese hermano "mediocre" que no ha logrado llegar al centro excelente porque no logra más que obtener 9 tras 9 en el instituto.

Bien, ya tenemos a nuestro "excelente" rodeados de "excelentes" en su nuevo instituto. ¿Qué va a pasar con el menos excelente de todos ellos? Porque es evidente que en todo grupo de gente siempre hay alguien mejor y alguien peor. No alcanzo a imaginar cómo va a digerir alguien acostumbrado a ser el mejor de la clase encontrarse con que de repente es el último, el objeto de las burlas del resto. ¿Y el más excelente de los excelentes? ¿Habrá alguien que logre algún día enseñarle algo de humildad? 

¿Y quién va a dar clase a esos alumnos? Ya pueden tener cuidado en escoger cuidadosamente a los profesores porque no hay nada más difícil de manejar que un alumno que sabe más que el profesor. En el colegio en el que trabajé había un alumno sobredotado al que habían adelantado de curso. Ningún profesor sabía manejarlo y todos veían como ataques las preguntas del alumno. Y seguro que acabaron siéndolo tras meses de preguntas sinceras que eran recibidas, que no respondidas, con hostilidad y a la defensiva. 

¿Y cuando acaben el Bachillerato? Esos alumnos que han vivido dos años en un mar de excelencia y brillantez tendrán que reintegrarse a la mediocre vida real, a universidades repletas de personas "normales", con profesores para los que volverán a ser un número. Y, salvo que acaben trabajando ellos solos en un despacho elucubrando complejas teorías sin colaborar con nadie más, tendrán un problema serio a la hora de integrarse en un entorno laboral cualquiera. Olvídense de que estas "élites" sean capaces de dirigir grupos, de ejercer liderazgo, de enseñar y transmitir su conocimiento a su equipo. Cuánto talento desperdiciado por haber sido mal encauzado. Trabajar y colaborar con el que es más mediocre que uno es difícil, muy difícil, y debe aprenderse. Es muy complicado no ser condescendiente, e incluso intolerante, cuando tu compañero de trabajo desconoce algo que tú consideras trivial, cuando no responde con la misma eficacia que esperas. 

Suponer que un alumno que es brillante en las materias académicas no tiene nada que aprender del resto me parece una osadía. La superación personal, el trabajo en equipo, la empatía, la comunicación... son tantas cosas las que se aprenden en un aula más allá de lo académico. Y no se engañen: son tan importantes como la física. La falta alguno de ellos influye enormemente en el desempeño profesional salvo que hablemos de uno de eso empleos solipsistas para genios que debe tener alguno en mente. 

Claro que hay que atender a los mejores alumnos. Claro que es triste y terrible que haya gente que disimule todo lo que sabe para parecer más ignorante y no destacar -qué me van a contar a mí-. Pero estas medidas, lejos de ayudar, empeoran la aceptación social de esas personas. Pongamos más medios, más profesores para que los grupos sean más reducidos y cada uno pueda recibir la atención que merece; más profesores para que se puedan hacer desdobles y grupos flexibles. Instauremos una promoción horizontal real de los docentes de forma que se les remunere adecuadamente por iniciativas tales como montar un grupo de teatro, organizar una liga deportiva escolar, editar una revista en el instituto, crear un grupo de trabajo para las olimpiadas matemáticas... actividades todas ellas que a día de hoy dependen del voluntarismo y la vocación de los profesores y que, en muchos casos, ni siquiera les supone ganar puntos para los concursos de traslados (no hablemos ya de dinero extra). Hagamos una reforma profunda y seria de la educación, pero esta vez consensuada, duradera y centrada en lo esencial. No es que debates como el de la Religión o la asignatura de Educación para la ciudadanía no sean importantes, pero son secundarios y me parece bastante triste que cada vez que se plantea una reforma educativa sean estos temas trasversales los que secuestran el debate dejando apartadas del foco de atención las cuestiones esenciales.

Actualmente existe un programa para alumnos sobredotados en la Comunidad de Madrid. Se realiza en horas extraescolares y conozco gente que participa en él. Me hablaron el otro día del proyecto y me pareció algo precioso en lo que colaborar. Pero los medios son paupérrimos, la dotación económica para los docentes que participan en él (fuera de horario laboral: tardes entre semana y sábados) es casi simbólica y se les obliga a rellenar toneladas de informes burocráticos de seguimiento. Conozco a una persona que ha dejado el programa, pese a estar encantada por la experiencia y el trato con los chicos, por miedo a que toda esa tonelada de información extraída de los chicos que le obligaban a aportar fuera usada mal. 

Porque el punto fundamental aquí es qué espera la sociedad de estos chicos. Oyendo hablar a gente de este programa uno tiene la sensación de que para las instituciones son una suerte de especímenes de laboratorio que son engordados y observados esperando obtener algo a partir de ellos. El objetivo no parece ser lograr que cada cual se desarrolle conforme a sus capacidades y acabe encontrando su lugar en la vida, sino exprimir sus capacidades para maximizar el retorno de la inversión efectuada en su educación. 

Hace tiempo recuerdo haber leído un reportaje en el que se entrevistaba a personas con un cociente intelectual altísimo de nuestro país. Siento no poder citar la fuente, porque es algo que leí hace muchísimo y no lo he logrado encontrar (creo que salió en El País Semanal; si alguien puede aportar la fuente se lo agradecería). Lo sorprendente de aquel artículo es que junto a algún científico la mayoría eran personas que habían optado por una vida "normal": algún docente, un taxista, el dueño de un pequeño negocio local... Todos ellos coincidían en su curiosidad y sus ganas de aprender continuamente, pero insistían en lo que les había costado encontrar su lugar en el mundo. El taxista comentaba que su objetivo era ser feliz en la vida y no consideraba prioritario autorrealizarse en el trabajo, sino en su tiempo de ocio, y por eso había decidido dejar el estrés de su trabajo anterior para hacerse taxista. Se trata de una decisión absolutamente respetable a la que cualquier persona, independientemente de su capacidad, debería tener derecho. Tener ambición y ser competitivo no debería ser obligatorio.

Con todo este tema se han puesto muchas veces como ejemplo los centros de alto rendimiento para deportistas. Me parece un ejemplo acertado. Cuando se habla de estos centros todo el mundo piensa en el deportista que llega a colgarse la medalla olímpica y alcanza la fama. Lo que nadie se para a pensar es en la cantidad de chicos que se quedan por el camino, que sacrifican su infancia, su adolescencia y, en ocasiones, su salud, corriendo detrás de un sueño que no van a alcanzar jamás. Triunfen o no triunfen, luego está el problema de qué hacer con estos deportistas cuando llegan a la treintena y se acaba su vida deportiva sin más habilidades que un deporte para el que ya no sirven. Los que tienen suerte se dedican al periodismo o la docencia deportiva, pero ¿y el resto? Las canteras juveniles de los grandes equipos de fútbol están llenos de sueños rotos y futuros peones de albañil.

Lo que subyace debajo de todo esto, lo que me parece a mí el punto fundamental de este debate es qué tipo de sociedad queremos. ¿Queremos ganar muchas medallas en las olimpiadas o conseguir que todo niño que quiera practicar un deporte, por minoritario que este sea, tenga los medios para hacerlo? ¿Queremos una sociedad a la americana, con multitud de premios Nobel pero índices de analfabetismo al nivel de países subdesarrollados y grandes masas de ciudadanos mediocres y manipulables? ¿O, en cambio, preferimos el modelo finlandés que, quizá, no tenga demasiados premios Nobel, pero que va a la cabeza de Europa en cuanto a índices lectores y de competencia matemática de sus ciudadanos?

Reflexionen sobre ello. La educación no debe tratarse a golpe de ideología y titular de prensa, sino desde el sosiego, la sensatez y el diálogo. Y de forma absolutamente prioritaria. Como dijo Concepción Arenal: "Abrid escuelas y se cerrarán las cárceles". Reflexionen. Y sean felices ;-)

28 de marzo de 2011

Vida y destino: ¿Qué es el bien?

¿Qué es el bien? A menudo se dice que es un pensamiento y, ligado a este pensamiento, una acción que conduce al triunfo de la humanidad, o de una familia, una nación, un Estado, una clase, una fe.
Aquellos que luchan por su propio bien tratan de presentarlo como el bien general. Por eso proclaman: mi bien coincide con el bien general, mi bien no es solo imprescindible para mí, es imprescindible para todos. Realizando mi propio bien persigo también el bien general.
Así, tras haber perdido el bien su universalidad, el bien de una secta, de una clase, de una nación, de un Estado asume una universalidad engañosa para justificar su lucha contra todo lo que él conceptúa como mal.
Ni siquiera Herodes derramó sangre en nombre del mal: la derramó en nombre de su propio bien. Una nueva fuerza había venido al mundo, una fuerza que amenazaba con destruirle a él y a su familia, destrozar a sus amigos y favoritos, su reino, su ejército.
Pero no era el mal lo que había nacido, era el cristianismo. [...]

¿Qué aportó a los hombres esa doctrina de paz y armonía?
La iconoclastia bizantina, las torturas de la Inquisición, la lucha contra las herejías en Francia, Italia, Flandes, Alemania, la lucha entre protestantismo y catolicismo, las intrigas de las órdenes monásticas, la lucha entre Nikón y Avvakum, el yugo aplastante al que fueron sometidas durante siglos la ciencia y la libertad, las persecuciones cristianas de la población pagana de Tasmania, los malhechores que incendiaron en África a los pueblos negros. Todo esto provocó sufrimientos mayores que los delitos de los bandidos y criminales que practicaban el mal por el mal...
Ese es el terrible destino, que hace arder al espíritu, de la más humana de las doctrinas de la humanidad; esta no ha escapado a la suerte común y también se ha descompuesto en una serie de moléculas de pequeños "bienes" particulares.
Vida y destino, Vassili Grossman, 1959.

27 de marzo de 2011

Una de esas tiras

Espero que me perdonen mis (pocos) seguidores de este blog, pero una de las razones de que tenga esto tan abandonado es que estoy dedicándole mucho más tiempo a mi otra casa virtual. Daba por hecho que todos la conocían, pero el otro día me llevé la sorpresa de que el gran Dekker no sabía de su existencia. 

Al poco tiempo de abrir este espacio comencé un segundo blog con la intención de colgar algunos de mis dibujos: lopezsanchez. Colgaba apenas cinco o seis al año, pero desde finales del año pasado me he propuesto darle más vida y tratar de publicar con cierta periodicidad. Si son asiduos de este blog verán alguna cosa que ya se ha publicado aquí y que voy colgando allí puesto que ese es su sitio natural.

Una de las secciones a la que más cariño le tengo (y que me roba ingentes cantidades de tiempo) es Historas de Al y Ly. Comencé haciendo las primeras tiras casi por chinchar a mi querido Al, pero lo cierto es que me estoy enganchando y que cuando tengo una en la cabeza apenas puedo dibujar otra cosa. Se trata de un pequeño diario vital pero, sobre todo, de un ejercicio para ir adquiriendo soltura en el noble y difícil arte de la tira cómica. 

El caso es que la intención de este post no es, aunque lo parezca, el autobombo sino recomendarles una revista on-line llamada El estafador. Una idea estupenda en la que gente como Javirroyo, Julio Serrano, Martirena o Clara Soriano publican semanalmente una tira acerca (o no) de un tema concreto. Publican en su web y en Facebook, envían la revista por correo electrónico e, incluso, tienen aplicación para iPhone. Vamos que si no la leen es porque no quieren.

La calidad media de las tiras e historietas es de un nivel bastante alto, pero a veces hay auténticas joyitas como esta de Julio Serrano del especial Libros de autoayuda que les pego a continuación:

No sé a ustedes, pero a mí esta tira me parece uno de los más bellos homenajes que he visto hacer a alguien en mucho tiempo. Qué quieren que les diga, me ha emocionado muchísimo la historia de Manu. 

También me ha arrancado una sonrisa porque gracias a esta he recordado que yo también hice en su día un fanzine sin saber siquiera qué era un fanzine. Era una revistita tramaño cuartilla de unas ocho páginas grapadas por en medio y completamente dibujadada por mí cuando estaba en tercero de EGB.  La diferencia es que yo no la vendía: la alquilaba. No se me pasó por la cabeza que podía fotocopiarlo y sólo había un único ejemplar de cada número: el original. Por cinco pesetas se la prestaba a mis compañeros para que se la leyeran durante el tiempo que quisieran. Más tarde, mis padres me dijeron que les parecía mal que le sacara dinero a mis compañeros y continué cambiándola simbólicamente por un caramelo o una pegatina (hacía colección). Y tenía bastante éxito, la verdad. Prácticamente todos mis compañeros de clase la alquilaron y muchos preguntaban insistentemente por el segundo número. Además, pronto surgió competencia y otros compañeros comenzaron a sacar sus revistas con el mismo método de alquiler que yo. 

Recuerdo aquel curso como muy estimulante, con todos tratando de acabar la tarea de clase corriendo para tener tiempo libre que dedicar a leer los fanzines de la clase. Una práctica que yo había empezado sin pretenderlo y que Rafa, nuestro profesor de aquel año, consintió y fomentó encantado. 

A la profesora de cuarto no le pareció tan bien que tuviéramos el aula llena de carteles anunciando nuestras revistas y cortó de raíz la práctica. Supongo que también nos aburrimos del tema. Y además a mitad de curso me cambiaron de colegio por lo que mi aventura fanzinística quedó ahí. 

Leer la tira de Julio Serrano me ha hecho recordar aquello y buscar aquellas bisoñas revistas. Sinceramente, teniendo en cuenta la edad con la que las hice (ocho añitos), creo que no están tan mal. Quizás algún día, si no me vence el pudor, las escanee y las cuelgue por aquí. Mientras tanto, háganme caso: no pierdan de vista a esta gente de El estafador. Sean curiosos y felices ;-)