















A la casa venían, de tarde en tarde, algunas personas, siempre las mismas, que avisaban antes por teléfono y a las que se esperaba con apagada ceremonia, amistades antiguas de mis padres y abuelos, que nunca contaban nada sorprendente y a quienes había que sonreír si nos preguntaban por los estudios o comentaban que cuánto habíamos crecido. Se las solía recibir en el comedor, se sentaban en unos butacones de terciopelo verde que había junto a la chimenea, y el tiempo empezaba a rebotar ansioso y prisionero contra las paredes, no hacía ruido, pero yo lo sentía latir desde la gran mesa de tapete felpudo, donde me sentaba, un poco lejos de ellos, porque la habitación era inmensa; no entendía por qué los niños tenían que "salir a las visitas", pero estaba tácitamente convenido así, nos decían que iban a venir los señores de Tal, que tenían muchas ganas de vernos, pero, una vez allí, nada en su actitud me hacía verosímil semejante aserto [...]

Faust-bal es la mujer que reencarna en el tercer milenio al doctor Faustroll de Alfred Jarry, un Doctor Fausto que pide a Dios las palabras y oraciones para fusionar amor y caridad. Nada puede calmar el huracán de su curiosidad científica, ni saciar la tempestad de sus deseos. Superdotada, bellísima y enriquecida por transfiguraciones y trascendencias, ama tórridamente a su Amazona. Salta entre galaxias de la guerra del fin de las civilizaciones y se mueve en el espacio a velocidad supersónica. Frente a ella Margarito, jefe supremo de las fuerzas armadas, se ciñe los correajes de la represión brutal y la electrónica. Está locamente enamorado de Faustbal bajo las faldas del cielo. Trata de poseerla con el torrente de su torre, sirviéndose del mismo Mefistófeles.



En principio estaba previsto que el Duque de Mantua fuera encarnado por Juan Diego Flórez, pero este renunció a hacerlo. Hizo bien. Es un papel bastante difícil para sus cualidades actuales y, antes de afrontar un fracaso, prefirió dejar su sitio a otro tenor más apropiado. José Bros cumplió a la perfección. A pesar del (incomprensiblemente) tibio aplauso del público, estuvo francamente bien, al igual que la Ciofi haciendo de Gilda, Roberto Frontali de Rigoletto y el resto del reparto.
El de Gilda es, probablemente, uno de los personajes más bobos de la historia de la ópera (la engañan, la raptan, la violan, la abandonan... y aún así, vuelve a por más). Tan estúpida, tan romántica... tan bella, tan dramática y emocionante en su papel. Y qué fantástico el "Cortigiani, vil razza dannata" de Rigoletto (véanlo en los vídeos de la web del Real antes de que los quiten).
Una de esas funciones a las que una asistiría una y otra vez. Por suerte para mi bolsillo, hay que adquirir las entradas muchísimo antes del estreno. Y menos mal, porque con propuestas como estas o la del Katia Kabanova del que hablamos en el post anterior cualquiera se resiste a repetir.
En cuanto al elenco, fantásticos ambos repartos (sí, en esta también repetí).





Mientras tanto, a medida que el padre derivaba más y más fuera de la vida, Gerald experimentaba más y más una sensación de encontrarse expuesto. Después de todo, su padre había representado para él el mundo viviente. Mientras vivió, Gerald no fue responsable del mundo. Pero ahora que su padre estaba desvaneciéndose, Gerald se descubrió expuesto y no preparado ante la tempestad de vivir, como el amotinado contramaestre de un barco que ha perdido a su capitán y sólo ve ante él un caos terrible. No había heredado un orden establecido y una idea viviente. Toda la idea unificante de la humanidad parecía estar muriendo con su padre, hundirse con él la fuerza centralizante que manteniá reunida la totalidad; las partes estaban prestas a desparramarse en desintegración terrible. Gerald se sentía como dejado a bordo de un barco que se hundía bajo sus pies, encargado de una nave cuyas planchas se separan.
Lo esencial es adaptarse. Ya sé que a esta edad es difícil. Casi imposible. Y sin embarg. Después de todo, mi exilio es mío. No todos tienen un exilio propio. A mí quisieron encajarme uno ajeno. Vano intento. Lo convertí en mío. ¿Cómo fue? Eso no importa. No es un secreto ni una revelación. Yo diría que hay que empezar a apoderarse de las calles. De las esquinas. Del cielo. De los cafés. Del sol, y lo que es más importante, de la sombra. Cuando uno llega a percibir que una calle no le es extranjera, sólo entonces la calle deja de mirarlo a uno como a un extraño. Y así con todo. Al principio yo andaba con un bastón, como quizá corresponda a mis sesenta y siete años. Pero no era cosa de la edad. Era consecuencia del desaliento. Allá, siempre había hecho el mismo camino para volver a casa. Y aquí echaba de menos eso. La gente no comprende ese tipo de nostalgia. Creen que la nostalia sólo tiene que ver con cielos y árboles y mujeres. A lo sumo, con militancia política. La patria, en fin. Pero yo siempre tuve nostalgias más grises, más opacas. Por ejemplo, esa. El camino de vuelta a casa. Una tranquilidad, un sosiego, saber qué viene después de cada esquina, de cada farol, de cada quiosco. Aquí, en cambio, empecé a caminar y a sorprenderme. Y la sorpresa me fatigaba. Y por añadidura no llegaba a casa, sino a la habitación. Cansado de sorprenderme, eso sí. Tal vez por eso recurrí al bastón. Para aminorar tantas sorpresas.

La primera obra de este tipo (plástica) la hizo en arcilla el alfarero Butades de Sición, en Corinto, sobre una idea de su hija; enamorada de un joven que iba a dejar la ciudad: la muchacha fijó con líneas los contornos del perfil de su amante sobre la pared a la luz de una vela. Su padre aplicó después arcilla sobre el dibujo al que dotó de relieve, e hizo endurecer al fuego esta arcilla con otras piezas de alfarería.Esta idea, la de la sombra como base de la pintura, supone el leit motiv de la exposición que bajo el títuto de La sombra puede verse hasta el próximo domingo en el Thyssen. El tema, a priori, es sugerente: explorar el distinto tratamiento que la sombra ha tenido a lo largo de la historia de la pintura: elemento de apoyo en la ilusión de perspectiva durante el Renacimiento, creadora de ambiente y portadora de dramatismo en el Barroco, elemento narrativo en el Romanticismo o puramente pictórico en el Impresionismo.
La sensación cuando uno visita la exposición es, no obstante, de oportunidad perdida. Apenas hay obras realmente importantes entre las que componen la muestra y el hilo temático no siempre resulta evidente de unas salas a otras. Aún así, mi recomendación, como siempre, es que si pueden sacar un rato esta semana aprovechen para acercarse.Sin embargo, no me doy por vencido y seguiré tratando de recuperar mi editorial por todos los medios incluidos los legales o, alternativamente, exigiré la venta de mis acciones a Planeta (estoy obligado a ello por un contrato entre socios que firmé hace diez años), ya que sus directivos me han expresado personalmente que, aun reconociendo que CRÍTICA siempre ha obtenido beneficios, a su juicio pueden incrementarse mucho cambiando la línea editorial.
Sin embargo, el P2P es un verdadero desafío al sistema, porque rodea sus imposiciones [las de la industria], recupera títulos que las grandes empresas decidieron enterrar, permiten que el espectador/oyente configure su propio catálogo cultural, fomenta la distribución horizontal, permite una comunicación directa entre el autor y el espectador. En definitiva, revive a la bestia negra de una empresa global de distribución de contenidos: la libertad. Y si no, piensen una cosa: la intención de las grandes empresas no es acabar sólo con las descargas de obras sobre las que tienen derechos. Es acabar con la propia tecnología P2P. Es impedir que los usuarios compartan material audiovisual, incluso libre de derechos.
[...]
Yo soy autor. Tengo alguna que otra obra susceptible de ser descargada en redes P2P. Con el dinero que voy a obtener este año por “derechos de autor” bien podría comprarme un coche. No un Prius, pero sí un Ibiza. Jamás he comprado ni compraré nunca nada en el top manta. Y el que lo haga delante de mí tiene todas las papeletas para que le retire el saludo. Pero no veo ninguna razón por la cual haya que hacerles el juego a la gentuza que ha decidido, por poner unos pocos ejemplos:- Editar en DVD clásicos de Billy Wilder como Uno, Dos, Tres o Testigo de Cargo sin subtítulos en castellano.
- Descatalogar Balas Sobre Broadway, La Cortina de Humo o El Padrino.
- Crear un falso (como todos) “director's cut” de Amadeus y secuestrar el montaje original.
- Emitir cine español en televisión durante años sin pagar a los autores lo que estipula la ley.Cuando yo descargo del eMule una obra que no hay manera de encontrar por otro medio, ¿estoy pirateando? Yo creo que quien está pirateando es la distribuidora que compra los derechos sobre esa obra, para luego descatalogarla porque la considera una amenaza (o sea, de calidad) para sus otros lanzamientos (o sea, basura). Está pirateando quien incumple sistemáticamente la ley europea de 12 minutos máximo de publicidad por hora. Piratea quien mutila las obras, manipula su formato, falsea sus traducciones, demora injustificadamente sus estrenos, presiona a los exhibidores para comprar películas en paquete, satura el mercado de ediciones "especiales" y extras ridículos, emite publicidad encubierta en forma de "reportajes" sobre estrenos, realiza cambios arbitrarios en la programación, tira de chequera para sacar de antena a una serie rival...
-Llámelo como quiera.
-A mí me importa un bledo. No creo en Dios, luego tampoco creo en el diablo.
-Yo creo en el enemigo. Las pruebas de la existencia de Dios son frágiles y bizantinas, las pruebas de su poder todavía son más inconsistentes. Las pruebas de la existencia del enemigo interior son enormes y las de su poder abrumadoras. Creo en el enemigo porque todos los días y todas las noches se cruza en mi camino. El enemigo es aquel que, desde el interior, destruye lo que merece la pena. Es el que te muestra la decrepitud contenida en cada ralidad. Es aquel que saca a la luz tu bajeza y la de tus amigos. Es aquel que, en un día perfecto, encontrará una excelente razón para que te tortures. Es aquel que te hará sentir asco de ti mismo. Es aquel que, cuando entreveas el rostro celestial de una desconocida, te revelará la muerte contenida en tanta belleza. -¿Acaso no es también el que, cuando estás en la sala de espera de un aeropuerto, se acerca para impedir con una agobiante conversación como la suya que prosigas?
-Sí. Para usted es eso. Quizás no exista fuera de usted. Lo ve sentado a su lado pero quizás esté en su interior, en su cabeza o en su estómago, impidiéndole leer.
-No, señor. Yo no tengo enemigo interior. Tengo un enemigo, por ahora real, usted, que está fuera de mí.



Mi mamá está en América y ha conocido a Buffalo Bill, Jean Renaud y Émile Bravo
El bulevar de los sueños rotos, Kim Deitch
Arrugas, Paco Roca
Blotch, Blutch
En el eterno dilema artístico entre mostrar la realidad y transformarla, Weegee se sitúa como exponente de lo primero. Empeñado en captar el Nueva York más vivo e impactante, el de la gente de Weegee (Weegee's people tituló a uno de sus libros), esperaba en su coche, cámara en ristre y con la emisora de la policía sintonizada, a que se produjera la noticia. Así, nos regala series de fotografías sobre incendios, asesinatos y todo tipo de actuaciones policiales.
Si quieren ver cómo se desenvuelven grandes como Trondheim, Delisle, Dupuy o Peeters en una competición de pulsos, sigan con atención el enlace. Algunos de mis favoritos ya han sido eliminados en primera ronda, pero mi buen Trondheim aún resiste. ¿Quién ganará?
Y, de vuelta en Madrid, tocaba complacer a mi querido maximizador con una expo de su gusto, así que allá que nos fuimos al Matadero a aprovechar los últimos días antes de que cancelaran los Tesoros sumergidos de Egipto.



Después de esta Katia, miedo me da lo próximo que vea porque o están espléndidos o mucho me temo que me va a decepcionar un huevo. El listón no puede estar más alto.






Y, bueno, lo dejo ya porque me está quedando muy largo este post. Mañana (o pasado, o cuando me venga en gana) sigo, que aún hay más. Sean felices y curiosos ;-)