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12 de octubre de 2007

Verbos

To overcome

No sé cómo lo hago, pero siempre que vuelvo de vacaciones acabo igual. Esta vez lo había planificado todo para un aterrizaje suave, sin depresiones abruptas, pero las circunstancias me han sobrepasado. Sí, mi primera semana aquí no ha sido para tirar cohetes ni mucho menos. Pero resulta que el sol, ocurra lo que ocurra, siempre acaba por volver a salir, así que aquí andamos.

To be

El fin de semana pasado fue de reencuentros. Con una misma, para empezar, entregada a la lectura, la visualización compulsiva de series y la convivencia tranquila con mi querido maximizador. Nada como un par de días de feliz desidia para volver a ser uno mismo.

Entre las lecturas, empujón final a Retrato de grupo con señora, de Heinrich Böll. La edición es un desastre, llena de erratas, mal puntuada y peor traducida, pero es lo que hay. No he logrado conseguir una mejor. Por fortuna, la novela me ha gustado tanto que he logrado sobrepasar todas las zancadillas. No puedo ni imaginar lo que habría disfrutado de este ácido retrato de la sociedad alemana durante las dos postguerras de haber tenido una edición en condiciones.

Y, más lecturas. El niño con el pijama de rayas, que me lo bebí en un ratito. Un libro simple y sencillo, sí; lleno de trampas y con algunos momentos un pelín inverosímiles, también. Sin embargo, su lectura bien merece unas horas por su arriesgado tratamiento del tema y por su visión, nada simplista, desde el otro lado. Por cierto, esto me recuerda al libro de fotografía que en enero de este año de este año se recibió anónimamente en el Museo del Holocausto. La excepcionalidad del álbum radica en que contiene las fotografías que alguno de los nazis del campo fue tomando sobre su vida cotidiana allí.

En el capítulo audivisual, me zampé de un golpe los últimos cinco episodios de la cuarta temporada de Nip/Tuck. Una temporada estupenda, por cierto, que no llega al nivel de la segunda, pero que retoma con fuerza el tema de nuestra insatisfacción en la vida cotidiana, nuestra incapacidad para dejar de preferir la vida del de al lado. Además, el tema de la diferencia, omnipresente en distinta medida a lo largo de todas las temporadas, aquí toma un papel protagonista y es tratado de forma brillante, sin idealizaciones, ñoñerías, ni dramatismos. En cuanto al guión, ofrece hallazgos estupendos -genial esa prolepsis del capítulo 11- y la dirección es una de las mejores que se hayan visto recientemente en televisión.

Y, como no, un par de visitas al cine. La primera, para la esperadísima Promesas del Este, una historia dura, seca y llena de violencia que te deja pegado al asiento. Estoy de acuerdo con Sisterboy en la mayor parte de sus apreciaciones, así que, como la crítica cinematográfica no es lo mío, vayan a verla y luego si quieren leánse este post (por favor, no se les ocurra hacerlo en orden inverso).

La segunda, igualmente recomendable, Los testigos, de André Techiné, una imprescindible vuelta a 1984, cuando la epidemia del SIDA comenzaba a causar sus primeros estragos. El miedo, la indefensión, el ostracismo... nada que ver con la patética y edulcorada Historias de Filadelfia. Y es que el director de Los juncos salvajes y Lejos es un valor seguro desde hace ya bastates años.

To do

Un rápido checklist al más puro estilo programata con las próximas citas de mi agenda cultural:
  • Fiel a su cita otoñal, se acerca el estreno anual de Woody Allen. La única crítica que he leído hasta ahora es bastante negativa. Aún así, mi cita con Woody es inamovible.
  • Este otoño, el aire viene del Norte, con dos exposiciones estrella: Durero y Cranach en el Thyssen y La abstracción del paisaje en la March. Esta última me apetece especialmente y, aprovechando lo cerca que está de mi trabajo, probablemente me escape cualquier día a la hora del café. También parece interesante la de los estruscos en el Arqueológico.
  • Los estrenos de cine español, por una vez, se presentan interesantes, con Mataharis (por dios, qué título más espantoso) y Siete mesas de billar francés. Ya veremos qué nos deparan.
  • Y dos exposiciones interesantes más, esta vez de fotografía: Momentos estelares del siglo XX, en el Círculo de Bellas Artes, y Ocultos, en la Fundación Canal.
  • And last but not least, este martes se representa, fuera de abono y a precios populares, el Leonore de Beethoven en el Teatro Real. Se trata de una versión primeriza del Fidelio, una de mis óperas preferidas. Desde luego, la noche promete, tanto por el evento en sí como por la espléndida compañía que llevaré.
Y esto es to... esto es to... esto es todo, amigos.

27 de septiembre de 2007

Persépolis en el camino al Oscar

Que Francia anda en otro universo en lo que a cuestiones culturales se refiere es algo que tengo claro desde hace muchísimo tiempo. Basta con echar un vistazo a la calidad con la que se edita cualquier revista allí, envidiar el mimo con el que cuidan y protegen el buen uso del lenguaje o disfrutar con alguna de esas joyitas cinematográficas que de vez en cuando caen por nuestras pantallas.

Aún así, todavía hay noticias que me sorprenden. Acabo de enterarme por Diario de tebeos -sé que la noticia no es fresca, pero es lo que tiene la desconexión vacacioneril- de que este año presenta al Oscar una película de animación. La noticia, en sí, no sería sorprendente si no fuera porque no concursa en el apartado de Mejor película de animación, sino en el de Mejor película extranjera. En otras palabras: los franceses han decidido que este año les va a representar una película de animación que, además, está basada en un cómic.

Hasta ahora no había hablado de esa obra maestra que es Persépolis más que de pasada en este post que recomendaba 5 títulos para iniciarse en el cómic. El dedicarle un post en exclusiva era una de esas tareas pendientes que siempre vas aplazando por el miedo de que tu reseña no esté a la altura. Y es que Persépolis, pese a su aparentemente tosco dibujo, engancha en la primera página. Marjani Sartrapi, su autora, logra meternos de lleno en la historia de su vida, a medio camino entre Irán y Austria, con una capacidad para reírse de sí misma nada habitual en la literatura actual -salvo, quizás, en la estupenda Amelie Nothomb.

Su dibujo, simple y esquemático, pero con una capacidad para transmitir ideas y emociones fuera de lo común, nos conduce de la mano a través de la historia reciente de Irán. Pocas veces encontrarán ustedes una forma más perfecta de expresar el desarraigo del emigrante, el conflicto de identidad de los que acaban sintiéndose extranjeros en todas partes. Y todo ello, analizando con implacable crítica los desórdenes y contradicciones de ambas sociedades, la iraní y la occidental.

La película también es fruto de Satrapi, responsable de guión y dirección. Y se nota sólo con ver el trailer. Porque, por lo poquito que se ve en este, ha logrado ese difícil equilibrio de seguir siendo fiel al cómic original sin subordinarse hasta el punto de que la película pierda su entidad como lenguaje cinematográfico.

En fin, no sé cuándo se estrenará en España -espero que pronto-, pero les recomiendo que no se la pierdan. Y, a poder ser, veanla en versión original. Las voces de Catherine Deneuve y Gena Rowlands bien lo merecen.

Les dejo con su trailer. Sean felices ;-)



Página oficial.
Sinopsis y ficha técnica.

Actualización: en los comentarios de Diario de tebeos alguien menciona La princesa Mononoke como antecedente de película de animación presentada al Oscar para respresentar a todo un país. No me sorprende en absoluto, porque la sensibilidad japonesa hacia la animación y el manga es muy diferente a la nuestra. Allí es una auténtica religión donde muchos títulos alcanzan tiradas que harían palidecer a cualquiera de nuestros best-sellers.

1 de agosto de 2007

Adios, Berg, adios

La que suscribe no está de vacaciones. No. Ni lo estará en mes y medio. Sí, una se pasa medio año tratando de convencer al mundo de que lo mejor es coger una semanita en junio y dejar el resto para septiembre. Claro que sí, con lo tranquilo que se está en la oficina en verano, lo bien que anda Madrid en agosto. Sí, sí. Y luego, de vacaciones, sin aglomeraciones ni agobios en septiembre. Sí, sí. Pero el caso es que ahora mismo... ¡¡me muero de envidiaaaaaa!! ¡Arg, necesito vacaciones ya! En fin, menos mal que el parón en los entrenamientos y los encargos editoriales me proporcionan un breve sensación de pseudovaciones por las tardes, que si no...

Bueno, yo a lo mío, que para eso hemos venido. Resulta que ha muerto el gran Bergman (sí, ya sé que de esto hace ya unos días, pero cada uno actualiza al ritmo que buenamente puede). No puedo decir que lo voy a echar de menos porque hace ya mucho que le echo de menos. De hecho, para ser justos, llevo toda la vida echándole de menos porque decidió dejar de hacer cine en el 83, con su Fanny och Alexander (me perdonarán el título en sueco, pero es que el och siempre me hizo gracia). Desde entonces se hizo algún guión como Las mejores intenciones y trabajos para televisión, pero no volvió a estrenar ninguna película en el cine.

Así pues, se puede decir que mi cinefilia nació huérfana. Porque, aunque gracias al vídeo y, posteriormente, el DVD, tenemos la suerte de poder ver más y mejores películas que nunca, a mí lo que me gusta es ir al cine. Así que no he podido vivir con Bergman esa inquietud que suelo sentir ante el estreno inminente de un nuevo trabajo de uno de mis directores de culto. Esa ansiedad de leer durante meses críticas y elogios de lo que está por llegar, esa emoción del día en que por fin veré la película, esos nervios mientras aparecen los títulos de crédito... Y es que pocas cosas son comparables a la catarsis de toda una sala ensimismada, a esa comunión que surge cuando otras decenas de personas coinciden en descubrir algo al mismo tiempo que tú, en recibir las mismas preguntas, en deleitarse con las mismas imágenes. Todas esas deliciosas sensaciones de las que el gran Bergman nos privó a todos los cinéfilos de mi generación. En fin.

Correspondería ahora hacer semblanza y elogio del genio, pero como en el entorno bloguero hay, por fortuna, muchos más dotados que la menda para la crítica cinematográfica, he pensado que es mejor idea sugerirles algunas lecturas del blogcindario:
  • El ínclito Cinephilus, como no podía ser de otra forma, se hace eco de la noticia aquí.
  • También nuestra querida Pi ha querido rendir su homenaje.
  • Sisterboy (ánimo con los incendios, amigo) prefiere que el genio hable por sí mismo con un fragmento de una de sus obras maestras.
  • Y, por supuesto, el más bergmaniano del barrio, aquel cuya admiración por Bergman está incluso por encima de su amor a Messi, el inefable Varg. Léase aquí.
PD. Al primer bloguero al que se le ocurra hacer un chiste o un comentario gracioso sobre las vacaciones le veto durante un mes. Si tienen ganas de befa, dedíquense a criticar a la familia real como hace todo el mundo, hombre.

24 de julio de 2007

¡Qué escándalo! ¡Qué escándalo!

Pues sí, oigan, la que suscribe, inocente e ingenua como es, anda escandalizada -y mucho- toda esta última semana. Y es que he descubierto que el juez del Olmo y toda la fiscalía ven el Tomate en lugar de los documentales de la 2.

En fin, como de todo se puede aprender en esta vida, he sacado en claro que en este país uno puede acusar al presidente del Gobierno de conspirar con islamistas para montar un atentado y hacerse con el poder, puede quejarse de la pasividad de la Monarquía ante dicho "golpe de estado", puede aplaudir y justificar que un militar golpista que chochea y añora tiempos pasados aliente a las masas a subvertir el orden establecido, puede poner en duda sin prueba alguna la legitimidad de un resultado salido de las urnas y la honradez de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, puede, en definitiva, decir lo que le venga en gana al amparo de la libertad de expresión. Siempre y cuando, eso sí, no se le ocurra pintar a los príncipes folleteando como cualquier hijo de vecino y tenga la mala -o buena, según se mire- suerte de salir en el Tomate.

En cualquier caso, como este tema ya aburre y empieza a estar más visto que el susdicho Tomate, me voy a dedicar a contarles lo más destacable de mis últimas incursiones culturales y pseudoculturales. O, bueno, quizás no sea lo más destacable, pero sí lo que a mí me apetece contar, así que ahí va.

1. Islandeses y daneses

Hace unas cuantas semanas ya, me decidí por fin a ver la última peli de Lars von Trier: El jefe de todo esto. Y digo me decidí porque reconozco que este hombre me causa mucha pereza a priori. No importa que entre su filmografía haya más títulos que me entusiasman de los que me horripilan, el caso es que siempre pospongo el momento de ir a ver cualquier película de este tipo. Supongo que será porque, me guste o no me guste la peli, con el amigo Lars nunca lo paso bien en el cine.

Una se pasa meses desojando la margarita, tratando de decidir si ir o no y recabando fuerzas y, cuando al fin da el paso, se sienta en la butaca resistiendo las ganas de huir antes de que sea demasiado tarde. Una de dos: o te resulta una memez digna de Will Ferrer si algún día le da por hacerse el intelectual o entras de lleno en la peli y sufres lo indecible hasta que termina. En este segundo caso, sales del cine emocionada, profundamente tocada, llena de nuevas y profundísimas preguntas... y prometiéndote a ti misma que la próxima vez elegirás algo un pelín menos trascendente, algo como, qué se yo, las reflexiones de Victoria Beckham cuando le hacen la manicura.

En fin, el caso es que al final fui y, para mi sorpresa, lo pasé fenomenal. ¿Quién no ha tenido un jefe cabrón? ¿Quién no se ha preguntado nunca cómo puede alguien saberse tan cabrón y seguir soportándose? El jefe de todo esto tiene la respuesta. Una inteligente comedia que saca punta a las relaciones laborales de hoy en día. Lo mejor, sin duda, el final, que no les cuento porque no me lo permite el jefe de todo esto :-)

2. El bueno de Vincent

Pues sí, allá estuve otra vez, fiel cual grouppie gafipasti, en la nueva expo del Thyssen (a este paso me acabo tatuando un Tita forever en alguna zona íntima :-P). Esta vez es de las pequeñitas, apenas unas decenas de paisajes de la última etapa de Van Gogh. Un puñadito de cuadros exquisitamente expuestos, perfectamente iluminados, documentados con esmero, acompañados por la información justa para que el profano no se sienta desamparado sin atosigarle con datos eruditos ni abrumarle con anécdotas intrascendentes. En fin, nuevamente, una exposición como dios manda.

Se trata de una muestra de los últimos días de la vida del genial Vincent, en los que se dedicó a pintar de forma compulsiva, como si estuviera tratando de expulsar a golpe de pincel todos sus fantasmas. En ellos el paisaje es casi una excusa para dar rienda suelta a la Pintura con mayúsculas, al color en toda su ferocidad, a la pura textura. Van Gogh tiende aquí a romper los principios elementales de la composición al elevar la línea del horizonte hasta reducir la superficie ocupada por el cielo a menos de un cuarto del lienzo. No es el paisaje en sí lo que le interesa, sino las inmensas posibilidades expresivas que le ofrecen los campos de cereal, los tejados de chamizo, las piedras de los caminos, elementos todos ellos que distorsiona hasta rozar la abstracción.

Puede parecer una exposición menor, pero yo me quedé extasiada ante alguna de las pinturas. Extasiada y sorprendida, porque siempre me he preguntado por qué tiene Van Gogh tanto éxito, por qué apasiona de ese modo a tanta gente que denosta movimientos que, como el expresionismo abstracto, beben directamente de sus cuadros.


3. Una de zombies (o lo que sean)

Estaba yo buscando alguna película intrascendente con la que pasar el rato cuando leo por ahí el siguiente argumento: "Una epidemia ha acabado con la población de toda Inglaterra. Aparece entonces un superviviente que es portador pero que no ha desarrollado la enfermedad y se plantea el dilema moral de qué hacer: si matarlo para erradicar la enfermedad, o utilizarle para investigar una posible cura". Claro, yo voy, leo esto y me digo: "jo, qué argumento más bueno, qué de posibilidades, qué de preguntas" y decido ir a ver la peli.

A estas alturas muchos ya habrán adivinado que me estoy refiriendo a 28 semanas después y andarán por los suelos de la risa ante mi inocencia. Sí, porque allá fui yo pensando que iba a ver una especie de 2001 o de Blade Runner, cuando la película pasa de puntillas por el supuesto dilema moral y se dedica a mostrar vísceras y sangre en una muestra de violencia extrema como hacía tiempo no veía. Evidentemente, me equivoqué en la elección de la película (si pillo al que redactó la reseña le mato) y por tanto voy a ser algo más comedida de lo que sería normalmente.

Dicho esto, me gustaría saber por qué cuando uno va a ver Short bus se encuentra la entrada empapelada con avisos sobre la posibilidad de que la película hiera la sensibilidad del espectador y, sin embargo, en este caso no existe la menor advertencia. Está claro que cualquier persona decente se va a sentir más herida si ve a dos tipos follando de buen rollito que si ve a un desgraciado blandiendo el brazo que le acaba de arrancar a otro.

La película contiene varias secuencias bellísimas de Londres. Punto. Lo demás no es más que una sucesión de violencia sin ninguna pretensión. Sí, ya lo sé, es una película de género y bla, bla, bla. Pero una película de género en la que hay recurrir a la disculpa de que es una película de género no es una buena película. Una película, lo quiera o no, siempre bebe de algún género en mayor o menor medida. Y debe entretener. Porque de eso se trata, de entretener y no de tostar al espectador en su sillón. En fin que, aparte de resultarme tremendamente desagradable, me pareció un tostón inaguantable. Aunque, para gustos los colores, claro.

Sean felices. Y no se me enfaden mucho en los comentarios, que les conozco y sé que a muchos les entusiasmaron los zombies ;-)

19 de junio de 2006

Los tres entierros de Melquiades Estrada

“En el instituto éramos de lo más populares. Ahora parece que ya no conocemos a nadie.” Y es que la vida no siempre acaba siendo como nos habían contado. Lou Ann lo sabe bien, a pesar de que nunca se lo haya reconocido hasta ahora, a pesar de que haya tenido que ser en una conversación con esa camarera de café de mala muerte cuando se lo haya oído decir a sí misma por primera vez. Lou Ann y Rachel, una amistad de conveniencia que surge como única forma de huir mínimamente de ese entorno feísta hasta decir basta, alienante y opresivo, de esa frontera que bebe por igual de la América más profunda y de la miseria del otro lado.
Y es que si hay algo que refleja bien Los tres entierros de Melquíades Estrada es el color –o la falta de él- de unas vidas grises perdidas en un lugar más gris aún. El viento, el desierto, las casas... todo contribuye a una sensación de lugar inacabado, provisional. Un lugar anodino en el que estar de paso toda la vida.
En cambio, la historia central apenas logró interesarme. Para empezar, los saltos de la estructura narrativa del primer tramo de la película son injustificados, más aún cuando después, una vez que ha logrado marear al espectador inútilmente, la película acaba acomodándose en una narración cuasi-lineal. Pero es que además tanto ir y venir con el cadáver llega a resultar irrisorio sin pretenderlo. Todo ello, en una búsqueda absurda de un pueblo cuya desaparición –o inexistencia, no llegué a enterarme- no queda explicada en absoluto.
Ante este último viaje de Melquíades, si el espectador puede sentir inicialmente una cierta curiosidad, pronto ésta acaba reemplazada por el deseo irrefrenable de que lleguen de una puñetera vez adónde quiera que sea y se dejen de marear al muerto. Un cansancio del que parecen participar director y guionista, que liquidan sin más la historia sin contarnos qué había en ese sitio para que Melquíades quisiera volver con tanto afán. Y es que ese último viaje de Melquíades –y la película misma con él- acaba convertido en un simple sinsentido, una absurda cabezonería de su amigo Pete.

5 de mayo de 2006

(Cata)Crash


El otro día fui, por fin, a ver Crash. Si no la has visto aún, mejor que no leas este post porque te destriparé gran parte de la peli ;-)
La peli es entretenidilla y, bueno, se deja ver, pero me reitero en aquello de que el Óscar este año ha sido un atraco a mano armada. Ni por asomo admite comparación con la delicadeza del guión de Brockeback, plagado de sutiles elipsis. Eso sin mencionar a los actores, inconmensurables tanto ellos como ellas.
Igualmente sonrojante resulta la comparación con Munich, un thriller trepidante lleno de preguntas hacia el espectador. Existen ciertos paralelismos entre ambas, como la tesis de que la violencia engendra violencia y que una vez metidos en la espiral no hay resquicio por donde escapar (a propósito de esto, jamás entenderé la no nominación de Una historia de violencia, pero eso es otro tema). No obstante, mientras Crash nos deja en un maniqueo y distante "no, no, no, ¡niño malo!", la otra nos introduce en la espiral de violencia acompañando al protagonista en sus dudas, sus remordimientos y su asco final por todo. En Munich los asesinos sanguinarios, ya sean de uno u otro bando, aparecen como lo que son: seres humanos que sienten y sufren como todos. Y en Crash tenemos una colección de estereotipos que se cruzan y se descruzan pero que no llegamos a entender muy bien por qué actúan así. Quizás hubiera resultado más certero centrarse en una historia y explicarla bien.
Por ejemplo, la pija pijísima de Sandra Bullock. Aparte del hecho de la elección de Sandrita para el papel (yo habría puesto, qué sé yo, a Victoria Beckham, que tampoco sabe actuar pero al menos sólo tendría que ser ella misma), es que la historia no tiene sentido. De repente se tuerce un tobillo y le entra un amor inconmesurable por su criada, a la que media hora antes estaba pensando en deportar. Claro, natural, ¿quién no se ha sentido así alguna vez? ¿Quién no ha visto pasar toda su vida ante sus ojos al rompérsele una uña? No quiero ni pensar qué es lo que habría pasado si en lugar de hacerse un esguince la operan a corazón abierto. Seguro que se rapa la cabeza y se va de monje budista a purificar a los niños del Sudán.
O el enrolladísimo policía rubito. Como soy muy enrollado y no soy nada racista, me subo al primer autoestopista que encuentre para pegarle un tiro. Hombre, yo entiendo que el tío tenía una risa de lo más cargante, pero, vamos, que con no subirle al coche habría bastado. Sí, ya sé que el director quería mostrar todo eso del ambiente opresivo y el estrés y todas esas cosa, pero es que es una forma burda burdísima de hacerlo. Te monto en el coche y luego me pongo histérico porque te ríes. Joer, pues si lleva a subir a Loreto Valverde...
Y qué decir de los iraníes. Yo creo que el director es fan de los Simpsons y ha decidido homenajearles metiendo a Apu en la peli. Para que no se notara mucho lo ha nacionalizado iraní y le ha cambiado la máquina de fresisuis por un revólver con balas de fogueo. En realidad el personaje me recordó bastante a ese entrañable Don erre que erre del Martínez Soria. Claro que el nuestro era mucho más simpático, dónde va a parar.
Ah, también estupendo el personaje de Matt Dillon (por cierto, lo mejorcito del casting. Grrrr, qué bien le van a este hombre los papeles de poli matón). Primero intenta descubrir si la mujer tiene amígdalas o se las quitaron de pequeña, pero luego resulta que el tío no es tan imbécil como parece y se juega la vida para sacarla del coche. Sí, puedo entender que sea un tío con contradicciones, que en el fondo era buena gente pero que las circunstancias lo han vuelto arisco y tiene los nervios a flor de piel y todo eso, pero, joer, cuéntalo mejor que así no hay quien se lo trague. Es como si me dicen ahora que el Losantos acaba de donar uno de sus riñones a un niño de padres gitanos rumanos y nacido en Mataró. Pues no me lo creo, claro.
Bueno, y ese remake burdo de la historia hijo pródigo, con la madre mandando a la porra al hijo ejemplar y perdiendo los vientos por su hijo camello y ladrón de coches...
Y, sí, me gusta la parte aquella de "este actor no habla como los negros", "joer, pero si es negro", "ya, pero le han debido dar clases, porque no habla como los negros". Sí, esa parte me moló. Era un poco como las criadas de nuestras telecomedias, que tienen más acento que la Roza de Ezpaña, que debe ser que aquí todas las criadas vienen de Graná porque si no no me lo explico.
Pues eso, que me parece una peli muy del montoncente. Digna, pero claramente imperfecta. No es que lo que cuenta no tenga interés, es que lo cuenta mal. Convierte un puñado de historias con cierto interés en un cruce de anécdotas. Quiere ser el espejo sórdido de El juego de Hollywood de Altman, pero le falta talento para entretejer las historias con credibilidad y, sobre todo, para construir personajes verosímiles. Y, desde luego, si los Óscar estuvieran desligados de cualquier componente ideológico y/o político probablemente no habría salido ni nominada. Pero, claro, en ese caso no serían los Óscar.

22 de enero de 2006

A modo de homenaje

Ayer disfruté de la maravillosa Brokeback Mountain. A modo de homenaje, aquí tenéis el vídeo Freak de George Michael:

Y, para los que ya la habéis visto y no os sentís capaces de esperar a su lanzamiento en vídeo, el enlace a unos cuantos fragmentos de la película:
  • Un trailer con comentarios de los protagonistas aquí.
  • El regreso prematuro de Brokeback Mountain aquí.
  • Un paseo a caballo en la madurez aquí.
Y tú, ¿qué haces que todavía no has ido a verla? Un consejo: hazlo en V.O.S.