4 de mayo de 2011
Veinte añazos ya
Casi nada. Feliz cumpleaños. Y que cumpla muchos más :-)
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24 de abril de 2011
Día del libro: Cosas que los nietos deberían saber
Las horas que pasé en el sótano, o en los estudios de Mickey, o de Jim Jacobsen, o de los Dust Brothers, fueron de las mejores de toda mi vida. Quizá porque el resto de horas del día eran las peores de mi vida, el tiempo que pasaba intentando sacar algo positivo de aquella época fue lo que me mantuvo a flote. Me sentía triste siempre que no estaba escribiendo o grabando. Me vacié en la música.
Mark Oliver Everett, Cosas que los nietos deberían saber, 2009.
Allá por finales de los noventa estaba yo pasando una etapa bastante complicada de mi vida. Paraba poco en casa. Iba a la universidad pero apenas entraba en clase. Pasaba la mañana deambulando de aquí para allá leyendo compulsivamente, hacía acto de presencia en algunas clases, lo justo para que mis compañeros supueran que seguía por ahí, y me largaba a buscar algún rincón solitario donde seguir peleando contra todo aquello que tenía dentro. Después pasaba toda la tarde en el baloncesto, frenéticamente ocupada en los diversos equipos con los que me había sobrecargado la temporada, corriendo de pista de entrenamiento en pista de entrenamiento.
En todo momento me acompañaba mi música. Iba, como ahora, con los cascos permanentemete puestos (por aquel entonces enchufados a mi minidisc) excepto en clase y en los entrenamientos. Recuerdo especialmente dos discos de aquella época. Solo voy a hablar de uno: el Electro-shock blues de Eels (enlace en Spotify). Tenía este una extraña capacidad para reconfortarte, para hacerme sentir mejor. ¿No les ha pasado nunca? Seguro que sí. Uno de esos días de mierda en los que deambulamos sintiendo todo el peso de la vida y de repente tus pulmones cogen aire hasta el fondo, levantas la vista y ves que el cielo es azul y que, pese a todo, a la vida le salen días insultantemente hermosos como ese. Así me hacía sentir ese disco.
Un disco que cuenta cosas terribles, cuyas letras son una bella pero terrible sucesión dramas pero que, sin embargo, siempre dejan un pequeño hilo con la vida que se abre paso, que, pese a todo, continúa.
Un disco que es una pequeña maravilla y que merece la pena tener porque, además, su cover esconde colaboraciones de grandes del cómic underground norteamericano: Seth, Adrian Tomine, Chester Brown...
Ando estos días leyendo Cosas que los nietos deberían saber, autobiografía de Mark Oliver Everett, más conocido como E, líder de Eels (para ser más exactos, Eels es E y unos cuantos músicos que le acompañan). Un libro delicioso. Acabo de terminar el capítulo en el que explica las circunstancias en las que compuso Electro-shock blues y ahora lo entiendo todo. Esa capacidad extraordinaria del disco para arrancar una minúscula sonrisa entre la tormenta. Y me doy cuenta de que Mark es un genio aún mayor de lo que yo pensaba.
Deberían leer este libro. La vida de Mark es fascinante; más aún su forma de contarla, con ese tono de "sí, lo que cuento es terrible, pero aquí seguimos". La expiación a través del arte, la compulsividad creativa, los altibajos de la inspiración, el sentimiento ambivalente cuando al fin triunfas y ves cómo tu obra es mercantilizada y malinterpretada. Todos eso y mucho más es vomitado por Mark en este libro que he elegido como recomendación para este año. Sean felices y curiosos ;-)
17 de abril de 2011
Fotografía obrera de entreguerras
"¡Cualquiera puede fotografiar!" Bajo ese lema se publicó uno de los números de la revista Der Arbeiter-Fotograf, animando a que culquiera se lanzara a denunciar con sus fotografías la realidad miserable de la clase trabajadora alemana en la época de Weimar. Edwin Hoernle, uno de los más activos exponentes de la fotografía obrera alemana, escribió:
"Debemos proclamar la realidad proletaria en toda su repugnante fealdad, con su denuncia a la sociedad y su exigencia de venganza [...] Debemos presentar las cosas como son, con una luz dura, sin compasión."
De esta cita toma su título -Una luz dura, sin compasión- la interesantísima exposición de fotografía que ofrece el Museo Reina Sofía esta primavera.
El tema de la muestra es la corriente de fotografía obrera de carácter amateur que nace tras una convocatoria lanzada por la revista comunista alemana AIZ. En ella se instaba a fotógrafos aficionados a enviar aquellos trabajos cuya temática tratara acerca de la vida diaria de los obreros, el trabajo en las fábricas y la denuncia de las condiciones sociales. Paralelamente a la labor de AIZ y Der Arbeiter-Fotograf en alemania, en la Unión Soviética Mikhail Koltsov promovía la publicación Sovetskoe foto y el movimiento amateur organizado.
Es en esta última donde aparece publicada la serie sobre la familia Filipov, "24 horas en la vida de una familia obrera de Moscú", obra de los fotógrafos Alpert, Shaikhet y Semion Tules. El reportaje quería incidir en los beneficios de la revolución soviética y mostraba a los miembros de la familia Filipov en diversas situaciones cotidianas en las que se hacía hincapié en el nivel de desarrollo y bienestar del que gozaba el proletariado ruso.
El diálogo entre la revista soviética y las alemanas fue constante, los reportajes de una aparecían en las otras y viceversa. El de la familia Filipov tuvo su reflejo en otro realizado por fotógrafos alemanes para AIZ bajo el título de "Los Filipov alemanes". Sin embargo, si aquel tenía un caracter ensalzador del régimen, el alemán, en cambio, venía a incidir en las paupérrimas condiciones de la clase trabajadora en alemania. El movimiento se extendería posteriormente a diversos países como Suiza, la República Checa, Hungría o Estados Unidos hasta el último gran episodio de la fotografía proletaria: la Guerra Civil española.
Así, la muestra del Reina Sofía se torna en una cita inenudible para todo amante de la fotografía pues ofrece un recorrido impagable por la época dorada de la fotografía social y de denuncia apoyado, además, por documentales cinematográficos y numerosos ejemplares de revistas.
Aparte de la indudable calidad artística de las fotografías, resulta muy interesante reflexionar sobre el poder propagandístico de la fotografía. Mientras el régimen soviético apoyaba esta práctica fotográfica que incidía en las bondades del stalinismo, se estaba llevando a cabo una deskukalización masiva por toda la Unión Soviética que daría lugar a la muerte de millares de campesinos por inanición (lo cuenta admirablemente Vassili Grossman en su recomendabilísima Todo fluye). Y, más adelante, fue el mismo régimen el que desplazó la práctica de la fotografía amateur hacia profesionales temeroso de que se ofreciera una imagen negativa del estado soviético mostrando los estragos de la colectivización.
Sobre este poder propagandístico de la fotografía ya hablamos aquí a propósito de la muestra sobre Dorothea Lange en el post Dos exposiciones más o menos decepcionantes. Y es que, aunque no entra dentro de esta exposición, existen muchas conexiones entre el uso de la imagen de estos fotógrafos animados por la estrategia propagandística de la Internacional Comunista y el que realizan Dorothea Lange y el resto de fotógrafos que, a sueldo de la política del New Deal, recorrían los Estados Unidos en la misma época plasmando su testimonio sobre los estragos que la gran depresión había causado en el sector más vulnerable de la clase trabajadora americana.
Una exposición, esta del Reina Sofía, que no deberían perderse esta primavera. Como tampoco deberían dejar de leer a Grossman. Comiencen por Todo fluye si no se atreven con Vida y destino, pero hagan el esfuerzo. No se arrepentirán. Sean curiosos y felices ;-)
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9 de abril de 2011
¿Bachillerato de la excelencia?
La última propuesta educativa de la Comunidad de Madrid consiste en la creación de un instituto con un Bachillerato especial adaptado para los alumnos con mayor excelencia, sea lo que sea que quiere decir eso. Puede ser una idea electoralista, pero no es nueva: por lo visto, el PSOE hace tiempo que andaba estudiando propuestas parecidas.
A mí, nada más oírlo, me pareció la última barbaridad de nuestra clase política, poco dada a la reflexión y muy proclive al golpe de efecto facilón que proporciona abundantes titulares de prensa. Pero, para mi sorpresa, me he encontrado con una corriente muy favorable en la opinión pública. Por cuestiones personales que no voy a detallar aquí, es un tema que me toca muy de cerca y que, por tanto, me indigna sobremanera, por lo que voy a tratar de explicar por qué me parece una barbaridad, incluso en el caso de que su origen estuviera en un bienintencionado intento por solucionar los problemas educativos. Son tantos los peros que no sé ni por dónde empezar. Por eso les recomiendo la lectura del post De la excelencia del blog Eso de la ESO, donde se dan una buena lista de argumentos con los que coincido plenamente. Como suscribo punto por punto todos los anteriores, me voy a limitar a añadir o completar aquellos que no están tratados.
Suponer que en Madrid sólo existen 50 alumnos excelentes me parece una temeridad. Y, si lo que se pretende es recoger únicamente a los 50 mejores, algo así como un catálogo de pequeños Einsteins con cocientes de 150 o más, me temo que en muchos casos llegan tarde: gran parte de estos alumnos hace años que se aburrieron (en los primeros cursos de Primaria seguramente) y es posible que se dediquen "a vivir de las rentas" sacando notas medianitas sin tocar un solo libro mientras gastan su esfuerzo y su tiempo en asuntos más enriquecedores para ellos.
Además, como premio para esa excelencia, los vamos a sacar de su centro y su entorno, los vamos a separar de sus amigos justo en Bachillerato, justo cuando los compañeros que les rodean están comenzando a alcanzar unos niveles de madurez que empiezan a hacer posible el entendimiento mutuo. Ese chaval "excelente" que en segundo de Primaria buscaba desesperadamente la compañía de adultos con los que conversar de determinados temas ahora empieza a tener compañeros casi adultos como él y entonces nos lo llevamos a otro centro, a que vuelva a comenzar a establecer relaciones personales desde cero. Bonita manera de premiarle. ¿O es que acaso alguien está sugeriendo que estos "excelentes" son una panda de frikis asociales e incomprendidos incapaces de tener amigos en sus centros?
Y, claro está, esperemos que el "excelente" sea hijo único, porque no alcanzo a imaginar los problemas familiares suscitados ante ese hermano "mediocre" que no ha logrado llegar al centro excelente porque no logra más que obtener 9 tras 9 en el instituto.
Bien, ya tenemos a nuestro "excelente" rodeados de "excelentes" en su nuevo instituto. ¿Qué va a pasar con el menos excelente de todos ellos? Porque es evidente que en todo grupo de gente siempre hay alguien mejor y alguien peor. No alcanzo a imaginar cómo va a digerir alguien acostumbrado a ser el mejor de la clase encontrarse con que de repente es el último, el objeto de las burlas del resto. ¿Y el más excelente de los excelentes? ¿Habrá alguien que logre algún día enseñarle algo de humildad?
¿Y quién va a dar clase a esos alumnos? Ya pueden tener cuidado en escoger cuidadosamente a los profesores porque no hay nada más difícil de manejar que un alumno que sabe más que el profesor. En el colegio en el que trabajé había un alumno sobredotado al que habían adelantado de curso. Ningún profesor sabía manejarlo y todos veían como ataques las preguntas del alumno. Y seguro que acabaron siéndolo tras meses de preguntas sinceras que eran recibidas, que no respondidas, con hostilidad y a la defensiva.
¿Y cuando acaben el Bachillerato? Esos alumnos que han vivido dos años en un mar de excelencia y brillantez tendrán que reintegrarse a la mediocre vida real, a universidades repletas de personas "normales", con profesores para los que volverán a ser un número. Y, salvo que acaben trabajando ellos solos en un despacho elucubrando complejas teorías sin colaborar con nadie más, tendrán un problema serio a la hora de integrarse en un entorno laboral cualquiera. Olvídense de que estas "élites" sean capaces de dirigir grupos, de ejercer liderazgo, de enseñar y transmitir su conocimiento a su equipo. Cuánto talento desperdiciado por haber sido mal encauzado. Trabajar y colaborar con el que es más mediocre que uno es difícil, muy difícil, y debe aprenderse. Es muy complicado no ser condescendiente, e incluso intolerante, cuando tu compañero de trabajo desconoce algo que tú consideras trivial, cuando no responde con la misma eficacia que esperas.
Suponer que un alumno que es brillante en las materias académicas no tiene nada que aprender del resto me parece una osadía. La superación personal, el trabajo en equipo, la empatía, la comunicación... son tantas cosas las que se aprenden en un aula más allá de lo académico. Y no se engañen: son tan importantes como la física. La falta alguno de ellos influye enormemente en el desempeño profesional salvo que hablemos de uno de eso empleos solipsistas para genios que debe tener alguno en mente.
Claro que hay que atender a los mejores alumnos. Claro que es triste y terrible que haya gente que disimule todo lo que sabe para parecer más ignorante y no destacar -qué me van a contar a mí-. Pero estas medidas, lejos de ayudar, empeoran la aceptación social de esas personas. Pongamos más medios, más profesores para que los grupos sean más reducidos y cada uno pueda recibir la atención que merece; más profesores para que se puedan hacer desdobles y grupos flexibles. Instauremos una promoción horizontal real de los docentes de forma que se les remunere adecuadamente por iniciativas tales como montar un grupo de teatro, organizar una liga deportiva escolar, editar una revista en el instituto, crear un grupo de trabajo para las olimpiadas matemáticas... actividades todas ellas que a día de hoy dependen del voluntarismo y la vocación de los profesores y que, en muchos casos, ni siquiera les supone ganar puntos para los concursos de traslados (no hablemos ya de dinero extra). Hagamos una reforma profunda y seria de la educación, pero esta vez consensuada, duradera y centrada en lo esencial. No es que debates como el de la Religión o la asignatura de Educación para la ciudadanía no sean importantes, pero son secundarios y me parece bastante triste que cada vez que se plantea una reforma educativa sean estos temas trasversales los que secuestran el debate dejando apartadas del foco de atención las cuestiones esenciales.
Actualmente existe un programa para alumnos sobredotados en la Comunidad de Madrid. Se realiza en horas extraescolares y conozco gente que participa en él. Me hablaron el otro día del proyecto y me pareció algo precioso en lo que colaborar. Pero los medios son paupérrimos, la dotación económica para los docentes que participan en él (fuera de horario laboral: tardes entre semana y sábados) es casi simbólica y se les obliga a rellenar toneladas de informes burocráticos de seguimiento. Conozco a una persona que ha dejado el programa, pese a estar encantada por la experiencia y el trato con los chicos, por miedo a que toda esa tonelada de información extraída de los chicos que le obligaban a aportar fuera usada mal.
Porque el punto fundamental aquí es qué espera la sociedad de estos chicos. Oyendo hablar a gente de este programa uno tiene la sensación de que para las instituciones son una suerte de especímenes de laboratorio que son engordados y observados esperando obtener algo a partir de ellos. El objetivo no parece ser lograr que cada cual se desarrolle conforme a sus capacidades y acabe encontrando su lugar en la vida, sino exprimir sus capacidades para maximizar el retorno de la inversión efectuada en su educación.
Hace tiempo recuerdo haber leído un reportaje en el que se entrevistaba a personas con un cociente intelectual altísimo de nuestro país. Siento no poder citar la fuente, porque es algo que leí hace muchísimo y no lo he logrado encontrar (creo que salió en El País Semanal; si alguien puede aportar la fuente se lo agradecería). Lo sorprendente de aquel artículo es que junto a algún científico la mayoría eran personas que habían optado por una vida "normal": algún docente, un taxista, el dueño de un pequeño negocio local... Todos ellos coincidían en su curiosidad y sus ganas de aprender continuamente, pero insistían en lo que les había costado encontrar su lugar en el mundo. El taxista comentaba que su objetivo era ser feliz en la vida y no consideraba prioritario autorrealizarse en el trabajo, sino en su tiempo de ocio, y por eso había decidido dejar el estrés de su trabajo anterior para hacerse taxista. Se trata de una decisión absolutamente respetable a la que cualquier persona, independientemente de su capacidad, debería tener derecho. Tener ambición y ser competitivo no debería ser obligatorio.
Con todo este tema se han puesto muchas veces como ejemplo los centros de alto rendimiento para deportistas. Me parece un ejemplo acertado. Cuando se habla de estos centros todo el mundo piensa en el deportista que llega a colgarse la medalla olímpica y alcanza la fama. Lo que nadie se para a pensar es en la cantidad de chicos que se quedan por el camino, que sacrifican su infancia, su adolescencia y, en ocasiones, su salud, corriendo detrás de un sueño que no van a alcanzar jamás. Triunfen o no triunfen, luego está el problema de qué hacer con estos deportistas cuando llegan a la treintena y se acaba su vida deportiva sin más habilidades que un deporte para el que ya no sirven. Los que tienen suerte se dedican al periodismo o la docencia deportiva, pero ¿y el resto? Las canteras juveniles de los grandes equipos de fútbol están llenos de sueños rotos y futuros peones de albañil.
Lo que subyace debajo de todo esto, lo que me parece a mí el punto fundamental de este debate es qué tipo de sociedad queremos. ¿Queremos ganar muchas medallas en las olimpiadas o conseguir que todo niño que quiera practicar un deporte, por minoritario que este sea, tenga los medios para hacerlo? ¿Queremos una sociedad a la americana, con multitud de premios Nobel pero índices de analfabetismo al nivel de países subdesarrollados y grandes masas de ciudadanos mediocres y manipulables? ¿O, en cambio, preferimos el modelo finlandés que, quizá, no tenga demasiados premios Nobel, pero que va a la cabeza de Europa en cuanto a índices lectores y de competencia matemática de sus ciudadanos?
Reflexionen sobre ello. La educación no debe tratarse a golpe de ideología y titular de prensa, sino desde el sosiego, la sensatez y el diálogo. Y de forma absolutamente prioritaria. Como dijo Concepción Arenal: "Abrid escuelas y se cerrarán las cárceles". Reflexionen. Y sean felices ;-)
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28 de marzo de 2011
Vida y destino: ¿Qué es el bien?
¿Qué es el bien? A menudo se dice que es un pensamiento y, ligado a este pensamiento, una acción que conduce al triunfo de la humanidad, o de una familia, una nación, un Estado, una clase, una fe.Aquellos que luchan por su propio bien tratan de presentarlo como el bien general. Por eso proclaman: mi bien coincide con el bien general, mi bien no es solo imprescindible para mí, es imprescindible para todos. Realizando mi propio bien persigo también el bien general.Así, tras haber perdido el bien su universalidad, el bien de una secta, de una clase, de una nación, de un Estado asume una universalidad engañosa para justificar su lucha contra todo lo que él conceptúa como mal.Ni siquiera Herodes derramó sangre en nombre del mal: la derramó en nombre de su propio bien. Una nueva fuerza había venido al mundo, una fuerza que amenazaba con destruirle a él y a su familia, destrozar a sus amigos y favoritos, su reino, su ejército.Pero no era el mal lo que había nacido, era el cristianismo. [...]
¿Qué aportó a los hombres esa doctrina de paz y armonía?La iconoclastia bizantina, las torturas de la Inquisición, la lucha contra las herejías en Francia, Italia, Flandes, Alemania, la lucha entre protestantismo y catolicismo, las intrigas de las órdenes monásticas, la lucha entre Nikón y Avvakum, el yugo aplastante al que fueron sometidas durante siglos la ciencia y la libertad, las persecuciones cristianas de la población pagana de Tasmania, los malhechores que incendiaron en África a los pueblos negros. Todo esto provocó sufrimientos mayores que los delitos de los bandidos y criminales que practicaban el mal por el mal...Ese es el terrible destino, que hace arder al espíritu, de la más humana de las doctrinas de la humanidad; esta no ha escapado a la suerte común y también se ha descompuesto en una serie de moléculas de pequeños "bienes" particulares.
Vida y destino, Vassili Grossman, 1959.
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27 de marzo de 2011
Una de esas tiras
Espero que me perdonen mis (pocos) seguidores de este blog, pero una de las razones de que tenga esto tan abandonado es que estoy dedicándole mucho más tiempo a mi otra casa virtual. Daba por hecho que todos la conocían, pero el otro día me llevé la sorpresa de que el gran Dekker no sabía de su existencia.
Al poco tiempo de abrir este espacio comencé un segundo blog con la intención de colgar algunos de mis dibujos: lopezsanchez. Colgaba apenas cinco o seis al año, pero desde finales del año pasado me he propuesto darle más vida y tratar de publicar con cierta periodicidad. Si son asiduos de este blog verán alguna cosa que ya se ha publicado aquí y que voy colgando allí puesto que ese es su sitio natural.
Una de las secciones a la que más cariño le tengo (y que me roba ingentes cantidades de tiempo) es Historas de Al y Ly. Comencé haciendo las primeras tiras casi por chinchar a mi querido Al, pero lo cierto es que me estoy enganchando y que cuando tengo una en la cabeza apenas puedo dibujar otra cosa. Se trata de un pequeño diario vital pero, sobre todo, de un ejercicio para ir adquiriendo soltura en el noble y difícil arte de la tira cómica.
El caso es que la intención de este post no es, aunque lo parezca, el autobombo sino recomendarles una revista on-line llamada El estafador. Una idea estupenda en la que gente como Javirroyo, Julio Serrano, Martirena o Clara Soriano publican semanalmente una tira acerca (o no) de un tema concreto. Publican en su web y en Facebook, envían la revista por correo electrónico e, incluso, tienen aplicación para iPhone. Vamos que si no la leen es porque no quieren.
La calidad media de las tiras e historietas es de un nivel bastante alto, pero a veces hay auténticas joyitas como esta de Julio Serrano del especial Libros de autoayuda que les pego a continuación:
No sé a ustedes, pero a mí esta tira me parece uno de los más bellos homenajes que he visto hacer a alguien en mucho tiempo. Qué quieren que les diga, me ha emocionado muchísimo la historia de Manu.
También me ha arrancado una sonrisa porque gracias a esta he recordado que yo también hice en su día un fanzine sin saber siquiera qué era un fanzine. Era una revistita tramaño cuartilla de unas ocho páginas grapadas por en medio y completamente dibujadada por mí cuando estaba en tercero de EGB. La diferencia es que yo no la vendía: la alquilaba. No se me pasó por la cabeza que podía fotocopiarlo y sólo había un único ejemplar de cada número: el original. Por cinco pesetas se la prestaba a mis compañeros para que se la leyeran durante el tiempo que quisieran. Más tarde, mis padres me dijeron que les parecía mal que le sacara dinero a mis compañeros y continué cambiándola simbólicamente por un caramelo o una pegatina (hacía colección). Y tenía bastante éxito, la verdad. Prácticamente todos mis compañeros de clase la alquilaron y muchos preguntaban insistentemente por el segundo número. Además, pronto surgió competencia y otros compañeros comenzaron a sacar sus revistas con el mismo método de alquiler que yo.
Recuerdo aquel curso como muy estimulante, con todos tratando de acabar la tarea de clase corriendo para tener tiempo libre que dedicar a leer los fanzines de la clase. Una práctica que yo había empezado sin pretenderlo y que Rafa, nuestro profesor de aquel año, consintió y fomentó encantado.
A la profesora de cuarto no le pareció tan bien que tuviéramos el aula llena de carteles anunciando nuestras revistas y cortó de raíz la práctica. Supongo que también nos aburrimos del tema. Y además a mitad de curso me cambiaron de colegio por lo que mi aventura fanzinística quedó ahí.
Leer la tira de Julio Serrano me ha hecho recordar aquello y buscar aquellas bisoñas revistas. Sinceramente, teniendo en cuenta la edad con la que las hice (ocho añitos), creo que no están tan mal. Quizás algún día, si no me vence el pudor, las escanee y las cuelgue por aquí. Mientras tanto, háganme caso: no pierdan de vista a esta gente de El estafador. Sean curiosos y felices ;-)
5 de marzo de 2011
El robo del DNI (descoordinando, que es gerundio)
Esta historia comienza con el robo de mi DNI, continúa con el uso fraudulento del mismo que están haciendo los cacos y sigue con mi empeño de cambiar la situación de indefensión que ello crea, ya sea por la vía administrativa, ya sea por la vía política.
Antes de continuar con la historia, me van a permitir una reflexión sobre lo que debe y no debe saber un ciudadano. En los cursos y seminarios sobre webs institucionales, hace años se solía poner como ejemplo de cómo no hacer las cosas la web de la Comunidad de Madrid. Afortunadamente ya lo han cambiado, pero en su día esta web estuvo organizada por Consejerías, algo absolutamente demencial.
Cualquiera que hubiera intentado encontrar algún tipo de información (empleo público, becas, etc.) por aquella época sabrá de qué le hablo. ¿Las notas de mis oposiciones estarán en la Consejería de Justicia, en la de Empleo o en la de Educación? Pues ni idea, oiga. Porque un ciudadano no tiene por qué conocer cómo se organizan internamente las competencias de la Administración del mismo modo que no sabemos, cuando vamos al banco, si los cajeros pertenecen al departamento de explotación o al de atención al cliente.
Cualquiera que hubiera intentado encontrar algún tipo de información (empleo público, becas, etc.) por aquella época sabrá de qué le hablo. ¿Las notas de mis oposiciones estarán en la Consejería de Justicia, en la de Empleo o en la de Educación? Pues ni idea, oiga. Porque un ciudadano no tiene por qué conocer cómo se organizan internamente las competencias de la Administración del mismo modo que no sabemos, cuando vamos al banco, si los cajeros pertenecen al departamento de explotación o al de atención al cliente.Este ir y venir de un sitio a otro buscando la ventanilla competente para nuestro asunto es algo tan antiguo como la propia Administración y ha sido objeto de críticas y chanzas ilustres, de Larra a Kafka, pasando por el Astérix de Las doce pruebas. De hecho, para tratar de evitar estos problemas han surgido iniciativas como la del 060 como punto único y multicanal de información para el ciudadano (fíjense cómo su web se estructura basándose en los trámites habituales del ciudadano, no en la organización interna de la Administración), el portal EUGO, que trata de ofrecer un punto único de información para todo aquel que desee abrir una empresa de servicios, o la implantación de las Sedes electrónicas que comentamos el otro día.
Ahora bien, cuando el desconocimiento de la organización interna de la Administración va más allá de la incomodidad y pone en peligro la seguridad jurídica del ciudadano, estamos ante algo inaceptable y que, creo, debería ser remediado cuanto antes. Según les vaya contando las novedades de esta historia irán entendiendo por qué lo digo.Acabo de obtener mi nuevo DNI. Me robaron el antiguo el 30 de enero. Ese mismo día puse la denuncia. Al día siguiente, lunes, me metí en la web del DNI para informarme sobre qué tenía que hacer a continuación y solicité cita para conseguir otro DNI. Lo más pronto que pude conseguir fue el 25 de febrero, casi un mes después.
Dos días después del robo, el miércoles, como ya he contado antes, me entero de que están suplantando mi identidad con mi DNI y empiezo a preocuparme. Está claro que no son unos simples chorizos, sino que saben cómo burlar la ley como atestigua el hecho de que llevaran el brazo derecho escayolado para que no se pudiera cotejar la firma. Me acuerdo entonces del certificado electrónico que lleva el DNI y aumenta mi preocupación. Así que esa misma tarde, cuando voy a poner la segunda denuncia por el nuevo robo, pregunto en la comisaría qué ocurre con los certificados del DNI y cómo pueden revocarse. El policía me contesta que no tiene la menor idea y que no puede preguntarle a nadie porque en esa comisaría no expiden DNI.
Así que, al llegar a casa, vuelvo a meterme a la web del DNI para tratar de encontrar información sobre cómo revocar el certificado electrónico. En aquel momento no encuentro en la web esa información (es algo suficientemente importante como para que tuviera un apartado destacado, ¿no creen?), así que opto por llamar al 902 364 444 que aparece en toda la web bajo el rótulo de "Servicio de atención al ciudadano". Me fastidia enormemente que se trate de un 902, pero me digo a mí misma "voy a solucionar este tema y luego ya protestaré por lo del 902".
En fin, que llamo y cuento mi problema: "Mire, me han robado el DNI y me preocupa que puedan utilizar el certificado. ¿Cómo lo revoco?" La persona al otro lado del teléfono me pregunta, muy amable: "¿Ha hecho usted denuncia?" "Sí, es lo primero que hice." "Bien, entonces no se preocupe porque en el momento en el que hace usted la denuncia la policía revoca inmediatamente el certificado." "¿Seguro?" "Sí, sí. Estése tranquila." Ah, eficiencia al fin. Y me despreocupo del tema.
El viernes 25 de febrero, por fin, me dieron mi nuevo DNI. Y me encontré con dos desagradables sorpresas. En primer lugar, como me temía y apuntaba en mi post anterior sobre el tema, en estos casos no te hacen un nuevo DNI, sino un duplicado: no se puede cambiar el número de expedición, ni la fecha de caducidad. Lo único que se puede cambiar, me dice la funcionaria, es la foto y el teléfono. "Menos da una piedra", me digo, y pido que me cambien la fotografía. Porque, claro, imagínense que alguien va con mi DNI dentro de dos meses a un banco y se pide un crédito. Al menos podré ir yo después y decirles: "Miren, esto no es válido. Miren la fecha de mi denuncia, miren mi DNI y miren la fotocopia que tienen ustedes." Tiene narices que haya que andarse con estas precauciones, pero hoy por hoy es lo que hay.
Esto, además, complica la solución al problema porque ya no basta con un registro público de consulta on line donde verificar si un DNI es válido cotejando su fecha de expedición. Primero habrá que lograr modificar el procedimiento de expedición del documento además del de gestión de las denuncias. La verdad, esto ya no es subir el Tourmalet. Es subirse todo el Himalaya. ¡En triciclo!
Pero la peor sorpresa ha sido que ¡¡mi certificado no había sido revocado!! Según me han contado los funcionarios que expiden el DNI, la policía no revoca los certificados con la denuncia, entre otras cosas porque no puede hacerlo al no tener acceso a la base de datos de certificados. Un gran y bonito ejemplo de descoordinación administrativa. Al parecer, las funciones de expedición de documentación (DNI, pasaporte...) han sido separadas de las propias de la policía hasta el punto de que en muchas comisarías se está llevando la expedición a locales separados. Esto, en principio, me parece bien, puesto que unas son funciones administrativas y otras de orden público, siempre y cuando no cree problemas adicionales al ciudadano. Como esta separación ha derivado en una descoordinación al segregarse la gestión de los documentos de la gestión de las denuncias, el hecho objetivo es que se han duplicado los trámites. El ciudadano, lógicamente, desconoce esta nueva organización y piensa que al actuar en la comisaría poniendo una denuncia esto es comunicado a las oficinas que tramitan el DNI cuando la realidad es bien distinta.
Vuelvo a la web del DNI, por tercera vez, esta vez sabiendo lo que sé y lo que debo buscar y me encuentro con lo siguente:
No obstante estamos obligados a personarnos en una Oficina de Expedición del DNI para denunciar su pérdida. De esta forma, los certificados electrónicos de su DNIe quedan automáticamente anulados, siendo imposible realizar ninguna transacción telemática con ellos.
En otras palabras: tenemos que realizar el mismo trámite -la denuncia- dos veces. Una en la comisaría y otra en la Oficina de Expedición del DNI, que, aunque a veces puedan compartir espacio, son lugares diferentes.
Estando en la Oficina de Expedición del DNI, expreso mi sorpresa por lo de la no revocación de mi certificado y les comentó que había llamado al número de atención al ciudadano y me habían asegurado que se revocaba con la denuncia. Me contesta uno de los funcionarios: "¿A qué número llamaste? ¿A un 902? Pues olvídate, porque ese lo gestiona una empresa privada y no informan nada bien porque no se saben los procedimientos." Fantástico. Ya puestos, el año que viene lo deslocalizamos a la India.
Al generar mi nuevo DNI quedan revocados los certificados del antiguo, pero a mí me tiemblan las piernas al pensar que han pasado cuatro semanas con el certificado sin revocar. Menos mal que, en mi caso, cuando me lo robaron habían pasado ya más de 30 meses desde su expedición y estaba caducado el certificado. En teoría, sin la clave de acceso no lo pueden usar, pero fíense ustedes.
Vamos a hacer un ejercicio ficticio: supongamos que yo soy, digamos, mi abuela. No tengo ordenador ni falta que hace e Internet es esa cosa extraña con la que mi nieta anda loca todo el día. Supongamos que voy a renovarme mi DNI y me dan uno de esos tan monos que dan ahora y que llevan un cuadradito metálico. En la oficina me explican que es electrónico y que con él puedo hacer trámites onlain, lo que quiera que ello signifique. Me dan, además, un sobrecito donde está la contraseña del DNI. No entiendo muy bien para qué quiero una contraseña para el DNI, pero supongo que lo explicará en el folleto que me han dado, un folleto lleno de letra pequeñita que ya leeré cuando tenga un rato. Cojo mi nuevo DNI y el sobrecito que me han dado y me los guardo en mi monedero, ya que supongo que el sobrecito será importante y en algún momento que no alcanzo a imaginar me lo pedirán para usar mi DNI. Al cabo de algunas semanas, se me habrá olvidado completamente el sobrecito. En el mejor de los casos, un día de estos lo tiraré junto con todos los tickets de compra antiguos o bien pasarán 30 meses y me habrá caducado el certificado. Pero quizás, y tratándose de mi abuela y viviendo como vive en Usera es muy posible, un día de estos me roben el monedero y se lleven mi DNI con mi sobrecito. Yo pondré la denuncia en comisaría, pero por supuesto no diré nada en la oficina de expedición porque nadie me ha dicho que deba avisarlo en ambos sitios. Así que, hasta que vuelva a renovarme el DNI -aquí en Madrid cuatro semanas por lo menos- hay alguien que podrá estar operando y haciendo de todo por Internet como si fuera yo, firmando con mi DNI, y esto, aunque yo no lo sé, tiene exactamente la misma validez legal que si efectivamente lo hubiera firmado yo de mi puño y letra. ¿Entienden el problema? ¿Por qué no se entrega ese certificado inactivo para que lo active quien realmente sepa cómo funciona y vaya a utilizarlo?
Vamos a hacer un ejercicio ficticio: supongamos que yo soy, digamos, mi abuela. No tengo ordenador ni falta que hace e Internet es esa cosa extraña con la que mi nieta anda loca todo el día. Supongamos que voy a renovarme mi DNI y me dan uno de esos tan monos que dan ahora y que llevan un cuadradito metálico. En la oficina me explican que es electrónico y que con él puedo hacer trámites onlain, lo que quiera que ello signifique. Me dan, además, un sobrecito donde está la contraseña del DNI. No entiendo muy bien para qué quiero una contraseña para el DNI, pero supongo que lo explicará en el folleto que me han dado, un folleto lleno de letra pequeñita que ya leeré cuando tenga un rato. Cojo mi nuevo DNI y el sobrecito que me han dado y me los guardo en mi monedero, ya que supongo que el sobrecito será importante y en algún momento que no alcanzo a imaginar me lo pedirán para usar mi DNI. Al cabo de algunas semanas, se me habrá olvidado completamente el sobrecito. En el mejor de los casos, un día de estos lo tiraré junto con todos los tickets de compra antiguos o bien pasarán 30 meses y me habrá caducado el certificado. Pero quizás, y tratándose de mi abuela y viviendo como vive en Usera es muy posible, un día de estos me roben el monedero y se lleven mi DNI con mi sobrecito. Yo pondré la denuncia en comisaría, pero por supuesto no diré nada en la oficina de expedición porque nadie me ha dicho que deba avisarlo en ambos sitios. Así que, hasta que vuelva a renovarme el DNI -aquí en Madrid cuatro semanas por lo menos- hay alguien que podrá estar operando y haciendo de todo por Internet como si fuera yo, firmando con mi DNI, y esto, aunque yo no lo sé, tiene exactamente la misma validez legal que si efectivamente lo hubiera firmado yo de mi puño y letra. ¿Entienden el problema? ¿Por qué no se entrega ese certificado inactivo para que lo active quien realmente sepa cómo funciona y vaya a utilizarlo?
Al expedirme el nuevo DNI me han dado un bonito folleto donde, por supuesto, figura la siguiente frase:
Ante cualquier duda, puede llamar al Centro de Atención al Ciudadano 902 364 444, o visitar la web www.dnielectronico.es
Ante cualquier duda... ¡¡sus bemoles!! Y, más adelante, en ese mismo folleto:
La pérdida de validez del Documento Nacional de Identidad electrónico (por caducidad, pérdida, sustracción o deterioro de la tarjeta) llevará aparejada la pérdida de validez de los certificados reconocidos incorporados al mismo. La renovación del Documento Nacional de Identidad electrónico o la expedición de duplicados del mismo implicará, a su vez, la expedición de nuevos certificados electrónicos.En caso de pérdida o robo, comuníquelo con la mayor inmediatez a la Dirección General de la Policía y de la Guardia Civil a través de las Oficinas de Expedicion del DNIe o de las Comisarías de Policía, con el fin de que puedan ser revocados los certificados electrónicos incorporados al mismo.
Juzguen ustedes si este folleto informa como debería. A tenor de lo expresado en el primer párrafo, alguien podría llegar a interpretar que al robártelo deja de ser válido el certificado. Y el segundo párrafo dice explícitamente que basta la denuncia en cualquier comisaría para su revocación.
En fin, recapitulando:
- Si pierden o les roban el DNI, pongan denuncia inmediatamente en la comisaría más cercana.
- A continuación, pongan denuncia en la Oficina de Expedición del DNI (puede coincidir con la comisaría, pero no tiene por qué).
- Al recibir su nuevo DNI, soliciten expresamente el cambio de fotografía.
- Antes de salir de la Oficina de Expedición, utilicen las máquinas de gestión de certificados para modificar la clave de uso del certificado o bien memoricen la que les han dado y rompan el papel. Otra opción es revocarlo directamente si no se va a usar y así nos quitamos de problemas, pero cada vez hay más trámites y servicios útiles que pueden llevarse a cabo con ese certificado, así que ustedes verán.
- Es de perogrullo, pero ¡¡no lleven la clave escrita consigo!!
Les seguiré contado.
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24 de febrero de 2011
El robo del DNI (tratando de ser escuchada)
Hace unas semanas, me robaron el DNI. Todo lo que ha ido pasando lo he ido contando aquí, aquí y aquí.
En mi post anterior sobre este culebrón les conté que iba a intentar moverlo por la vía política. Tengo en mi timeline de Twitter a Cristina Cifuentes, Vicepresidenta de la Asamblea de Madrid. Aunque no tiene ninguna competencia que pueda ayudarme en este caso, decidí aprovechar nuestra minúscula y virtual relación enviándole el siguiente twitt:
lopezsanchez:Me contestó al poco tiempo:
@ccifuentes ¿Puede el DNI provocar indefensión en los ciudadanos? En caso de robo, sí. http://tinyurl.com/68s36lw
ccifuentes:
@lopezsanchez Tienes toda la razón, es increíble que pasen estas cosas... Aunque sin duda el banco deberá asumir el hurto!
Se lo agradezco, pero lo que me preocupa no es lo del banco como ya he comentado en más de una ocasion. Aún así, como tampoco entra en el ámbito de su competencia, lo dejé estar.
Si lo recuerdan de mi anterior post, me había hecho con los contactos de todos los miembros de la Comisión de Interior del Congreso de los Diputados. Mi intención era enviarles un correo electrónico a todos aquellos que tuvieran dirección electrónica publicada. Y aquí hago un inciso: me parece una vergüenza que a día de hoy haya aún muchos Diputados que no proporcionen un medio electrónico de contacto. Afortunadamente, hay otros que sí consideran que la comunicación es vital en política y, además de dirección electrónica, tienen página web y son activos en algunas redes sociales.
El caso es que, mientras recopilaba datos, me encontré con que Juan Luis Rascón, Vicepresidente Primero de la Comisión, se conecta todos los martes entre cinco y siete de la tarde para chatear desde su página web, así que pensé en probar suerte primero por aquí pensando que, al poder hablar directamente, podría explicarme mejor. El resultado no pudo ser más frustrante. Les cuento cómo se desarrolló.
Entré en el chat sobre las seis y, efectivamente, allí estaba Juan Luis Rascón charlando amistosamente con otra gente. Andaban haciendo chistes sobre los políticos de signo contrario, lo que en principio no me hizo mucha gracia, primero porque yo iba a plantear un tema serio y esperaba un entorno algo más formal y segundo porque, aunque se tratara de bromas ligeras, creo que sería interesante que todos recuperáramos el diálogo y el intercambio inteligente de ideas con el otro de forma adulta en lugar de limitarnos a buscar el chascarrillo ingenioso. Tengo grandes amigos que piensan de forma absolutamente distinta que yo y, la verdad, me fastidian tanto los comentarios que son ofensivos para ellos como los que son ofensivos para mí. Aparte de que me parece una forma absolutamente estéril de perder el tiempo y devaluar el debate político. No me gustan los palmeros que aplauden todo lo de su signo sin ápice de autocrítica, como tampoco me gustan los de la cofradía de la perpetua indignación, aquellos a los que todo lo que viene del contrario les parece espantoso por principio.
El caso es que, con cierta dificultad, consigo introducirme en la conversación y empezar a contar mi caso. Y, como me está ocurriendo una y otra vez estos días, las primeras reacciones son por lo del banco. La gente del chat, diputado incluido, comenzó a realizar chistes contra los bancos. Vale, muy bien, pero no es lo que pretendo. Demonizar a los bancos no lleva a nada y no viene al caso. Trato de reconducir la convesación: "lo del banco es tema mío y ya lo solucionaré con mi banco. A mí lo que me preocupa es que me he dado cuenta de que perder un DNI provoca una indefensión tremenda y quiero que se remedie". Y aquí comienza el sinsentido. Ya sea porque le molestara que hubiera irrumpido en su juerga chateadora con un tema serio, ya sea porque no le interesaba el tema, ya sea porque simplemente fue incapaz de entender el problema, los argumentos que me fue dando Juan Luis Rascón fueron cada vez más frustrantes (reproduzco el sentido, no las palabras exactas, que no he podido recuperar del chat):
Espero que alguno de sus compañeros demuestren algo más de sensatez, aunque, de momento, la carta va a tener que esperar hasta que vaya a renovar mi DNI y me confirmen o desmientan algo en comisaría: el otro día, hablando del tema con una persona bastante más informada que yo, me comentó que es más que posible que cuando me renueve el DNI me den uno con el mismo número de expedición que tenía el que me robaron. Es más, me indicó que incluso es posible que me den un duplicado en lugar de uno nuevo. Esto me parece una pésima noticia. En primer lugar, porque me va a dificultar mucho conseguir demostrar que no soy yo la que comete actos ilegales con ese DNI en caso de que esto suceda en un futuro. Y, en segundo lugar, porque esto complica bastante mi iniciativa, ya que ya no sólo es necesario crear un registro que asocie número de DNI con número válido de expedición, sino que además habrá que lograr que se modifique el procedimiento de expedición para que se incluya un identificador único de cada documento físico.
Ardua tarea, la verdad. Veremos a ver si no me aburro por el camino. Les mantendré informados.
Entré en el chat sobre las seis y, efectivamente, allí estaba Juan Luis Rascón charlando amistosamente con otra gente. Andaban haciendo chistes sobre los políticos de signo contrario, lo que en principio no me hizo mucha gracia, primero porque yo iba a plantear un tema serio y esperaba un entorno algo más formal y segundo porque, aunque se tratara de bromas ligeras, creo que sería interesante que todos recuperáramos el diálogo y el intercambio inteligente de ideas con el otro de forma adulta en lugar de limitarnos a buscar el chascarrillo ingenioso. Tengo grandes amigos que piensan de forma absolutamente distinta que yo y, la verdad, me fastidian tanto los comentarios que son ofensivos para ellos como los que son ofensivos para mí. Aparte de que me parece una forma absolutamente estéril de perder el tiempo y devaluar el debate político. No me gustan los palmeros que aplauden todo lo de su signo sin ápice de autocrítica, como tampoco me gustan los de la cofradía de la perpetua indignación, aquellos a los que todo lo que viene del contrario les parece espantoso por principio.
El caso es que, con cierta dificultad, consigo introducirme en la conversación y empezar a contar mi caso. Y, como me está ocurriendo una y otra vez estos días, las primeras reacciones son por lo del banco. La gente del chat, diputado incluido, comenzó a realizar chistes contra los bancos. Vale, muy bien, pero no es lo que pretendo. Demonizar a los bancos no lleva a nada y no viene al caso. Trato de reconducir la convesación: "lo del banco es tema mío y ya lo solucionaré con mi banco. A mí lo que me preocupa es que me he dado cuenta de que perder un DNI provoca una indefensión tremenda y quiero que se remedie". Y aquí comienza el sinsentido. Ya sea porque le molestara que hubiera irrumpido en su juerga chateadora con un tema serio, ya sea porque no le interesaba el tema, ya sea porque simplemente fue incapaz de entender el problema, los argumentos que me fue dando Juan Luis Rascón fueron cada vez más frustrantes (reproduzco el sentido, no las palabras exactas, que no he podido recuperar del chat):
- "No te preocupes, que el banco tendrá que acabar devolviéndolo." Sí. Ya lo sé. Ya he dicho veinte veces que no es por eso por lo que me he conectado al chat.
- "Es que no veo el problema. Si ya has hecho la denuncia..." El problema es -repito- que a pesar de hacer la denuncia en muchos sitios sigue siendo válido ese DNI como prueba lo del banco.
- "Pero la culpa es del empleado del banco." Que sí (señor mío, dame paciencia), pero la damnificada soy yo a pesar de haber dado todos los pasos correctos.
- "No hay ningún problema porque la policía ya sabe que el DNI ha sido robado." Sí, la policía sí, pero no todo el resto de entidades públicas y privadas que lo admiten sin comprobar -porque no tienen forma de hacerlo- su validez.
- "Que no, que las entidades sí lo saben. Lo consultan y se lo dice el ordenata (sic)." Madre, a mí me da algo. ¿Cómo se lo va a decir el ordenata? Si eso es precisamente lo que estoy pidiendo, que se puedan consultar estas cosas mediante un servicio on line.
- "Lo que pasa es que tienes que dar con el banco y con el funcionario adecuado. Que quieran hacer bien su trabajo." Esto ya sí que es el colmo. Disculpe usted, pero yo soy funcionaria TIC y le aseguro que algunos nos tomamos muy en serio nuestro trabajo (no como otros, me quedé con ganas de añadir).
- "Bueno, en cualquier caso, estáte tranquila porque no hay ningún problema." Y dale. Si no hay ningún problema ¿cómo me han robado tres días después de poner la denuncia usando mi DNI?
- "Que la policía le comunica inmediatamente a todos los bancos el robo." ¿Pero qué tontería está diciendo este hombre? Esto empieza ya a ser de película de Berlanga.
- "Sí, sí. A mi mujer le pasó, que fue al banco y no le quisieron dar dinero porque había denunciado el robo del DNI y la policía se lo había contado al banco." ¿??????
Espero que alguno de sus compañeros demuestren algo más de sensatez, aunque, de momento, la carta va a tener que esperar hasta que vaya a renovar mi DNI y me confirmen o desmientan algo en comisaría: el otro día, hablando del tema con una persona bastante más informada que yo, me comentó que es más que posible que cuando me renueve el DNI me den uno con el mismo número de expedición que tenía el que me robaron. Es más, me indicó que incluso es posible que me den un duplicado en lugar de uno nuevo. Esto me parece una pésima noticia. En primer lugar, porque me va a dificultar mucho conseguir demostrar que no soy yo la que comete actos ilegales con ese DNI en caso de que esto suceda en un futuro. Y, en segundo lugar, porque esto complica bastante mi iniciativa, ya que ya no sólo es necesario crear un registro que asocie número de DNI con número válido de expedición, sino que además habrá que lograr que se modifique el procedimiento de expedición para que se incluya un identificador único de cada documento físico.
Ardua tarea, la verdad. Veremos a ver si no me aburro por el camino. Les mantendré informados.
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22 de febrero de 2011
Lecturas recomendadas: La edad de la ira
Aunque en su día decidí que no iba a hacer de la docencia mi profesión porque simplemente no me veía capaz, haber entrenado baloncesto a lo largo de unas diez temporadas me ha permitido trabajar mucho con adolescentes. Y no voy a decir que les conozco porque eso sería tan insensato como el que dice que conoce a las mujeres, a los funcionarios o a los chinos. Pero sí creo que me manejo bien con ellos. Mis jugadores me respetan y me aprecian a pesar de que la temporada suela discurrir siempre en un tira y afloja entre la disciplina que yo trato de imponer y la indisciplina consustancial a su edad.
Trabajar con adolescentes es fascinante por lo mucho que uno aprende a diario. Porque en esa edad todo es excesivo, para bien o para mal. Los adolescentes de hoy tienen problemas para digerir la frustración (este es probablemente el problema más grave que suelo encontrarme), difícilmente suelen asumir la responsabilidad de sus actos (en esto, el deporte de equipo puede ser muy instructivo) y no están en general acostumbrados a la disciplina. De estas tres cosas, frente a lo que pueda parecer, la más fácil de solventar es la tercera porque cuando las normas son claras y justas, cuando los límites están marcados desde lo razonable y con la vista puesta en el bien común, los adolescentes lo asumen sin problemas.
Pero también son excesivos viviendo, celebrando, disfrutando del momento. Tengo a muchos de mis exjugadores como contactos de Tuenti y me fascina ver cuánta vida, cuánta amistad inquebrantable, cuantas emociones desmedidas hay en la fotos que cuelgan. Como adultos sabemos que la mayor parte de esas amistades se diluirán en unos años pero qué gusto da ver esa fe infinita en los amigos.
Tanto si han tratado con adolescentes como si no, deberían leer La edad de la ira, novela de Fernando J. López publicada recientemente por Espasa. Los argumentos son múltiples: porque es entretenidísima, porque tiene una estructura literaria más que interesante, porque disecciona al detalle los problemas de nuestro actual sistema educativo, porque además lo hace sin pontificar sino recogiendo opiniones de todo tipo en las voces de sus protagonistas, porque el hálito de realidad que consigue el autor es inmenso y porque trata de forma inteligentísima temas -responsabilidad personal, racismo, homofobia, conciliación familiar- que necesitaban ser contados. Pero, para mí, sobre todo deben leerla porque tiende un puente indispensable entre nosotros y los adolescentes, porque es precisamente cuando los adolescentes toman la voz en esta novela cuando llega a emocionarnos de verdad, porque es justamente ahí, al final de la novela, cuando querríamos que la historia continuara, que todo hubiera sido distinto y que, como dice Family en aquella hermosa canción, pudiéramos cambiarle el final a ese bello verano.
Por si no les ha picado suficientemente aún la curiosidad, les dejo un par de enlaces a entrevistas con el autor en Un idioma sin fronteras (RNE) y Hágase la luz (Radio Euskadi, a partir del minuto 20). También pueden seguir al autor en su blog Eso de la ESO. Sean curiosos y felices ;-)
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20 de febrero de 2011
El robo del DNI (sigo en mis trece)
Hace unas semanas, me robaron el DNI. Todo lo que ha ido pasando lo he ido contando aquí y aquí.
En primer lugar, he decir que el banco sigue sin devolverme el dinero (aclaraciones sobre este tema, aquí). No estoy preocupada: la ley me ampara, así que me lo van a tener que devolver necesariamente. Cada banco tiene sus propios procedimientos ante estos casos y algunos tienden a hacerse los perezosos. Lo que sí estoy es cabreada. Y mucho. Los bancos son lugares en los que uno confía para que custodien su dinero y este ha fallado estrepitosamente. Además está tardando en reconocer su error y enmendarlo, por lo que mi banco no solo proporciona un servicio lamentable sino que además no tiene la menor prisa por solucionarlo. Si esta semana no está resuelto el problema, mi siguiente paso será enviar una reclamación a la OCU. Además, una vez se cumplan dos meses desde la reclamación que presenté en el servicio de atención al cliente del banco, puedo extender mi queja al Banco de España.
El resto se lo cuento en próximos días, que el post ya está siendo demasiado largo y ya se sabe que los post largos nadie se los lee. Eso sí, antes de despedirme, les dejo un par de enlaces interesantes que vienen al caso:
En la entrada anterior nos quedamos en mi determinación de intentar que alguien me escuchara para solucionar este problema -gordísimo- que nos puede suponer a cualquiera extraviar el DNI (si no se lo creen, echen un vistazo a esto). Algunos de los caminos que he emprendido parecen llevar a vía muerta, aunque ya veremos, porque nunca se sabe.
En primer lugar, he decir que el banco sigue sin devolverme el dinero (aclaraciones sobre este tema, aquí). No estoy preocupada: la ley me ampara, así que me lo van a tener que devolver necesariamente. Cada banco tiene sus propios procedimientos ante estos casos y algunos tienden a hacerse los perezosos. Lo que sí estoy es cabreada. Y mucho. Los bancos son lugares en los que uno confía para que custodien su dinero y este ha fallado estrepitosamente. Además está tardando en reconocer su error y enmendarlo, por lo que mi banco no solo proporciona un servicio lamentable sino que además no tiene la menor prisa por solucionarlo. Si esta semana no está resuelto el problema, mi siguiente paso será enviar una reclamación a la OCU. Además, una vez se cumplan dos meses desde la reclamación que presenté en el servicio de atención al cliente del banco, puedo extender mi queja al Banco de España. Por lo que respecta al otro tema, lo de tratar de evitar que el DNI, como objeto físico, no pueda ser revocado de alguna manera, me he puesto en contacto con diferentes instancias para tratar de ser escuchada. Como ya he dicho en post anteriores, ya no se trata de mí, sino de todos los ciudadanos de este país, de intentar cerrar una puerta abierta al delito y hacer que todos estemos un poco más seguros ante el hurto de nuestra documentación.
El primer paso que decidí dar fue enviar un escrito al Ministerio del Interior a través de su Sede electrónica. Para todos aquellos que no lo sepan, desde la reciente Ley 11/2007, las Administraciones están obligadas a ofrecer una dirección electrónica desde la que poder realizar cualquier trámite o comunicación con esa Administración (tienen en la web del CENATIC más detalles sobre qué es una Sede electrónica). Así pues, realicé un escrito contando mi caso y explicando mi idea de establecer un servicio público de cotejo entre número de DNI y número de expedición y se la remití al Ministerio a través de su buzón de sugerencias. A los dos días recibí una respuesta en la que me indicaban que habían transferido mi sugerencia a la Dirección General de la Policía y la Guardia Civil. No he vuelto a tener noticias de este tema.
Escribí mi sugerencia al Ministerio del Interior sabiendo que más que probablemente iba a ser una vía muerta. No sé cómo se gestiona el buzón de sugerencias, pero intuyo que estas le llegan a un funcionario de la escala Auxilar Administrativa. Este responde en función de los protocolos establecidos para cada trámite, pero en el caso de escritos como el mío lo único que puede hacer es tratar de encaminarla hacia el departamento competente. Es más que probable que el auxiliar de la Dirección General de la Policía no haya sabido qué hacer con ella y en este punto dependo más de su voluntarismo para mover el tema que de otra cosa. No obstante, creo que era un paso que había que dar, puesto que todo esto resulta interesante como ejercicio para comprobar las dificultades de cualquiera de nosotros para hacernos oír. A veces lo difícil no es que te escuchen, sino encontrar al interlocutor válido. Y en ello estoy.
Además de la vía administrativa, también me parecía interesante intentar la vía política. Al fin y al cabo, esto es una democracia representativa y se supone que deberíamos poder interpelar directamente a nuestros representantes. Con esta idea en la cabeza, me metí en la web del Congreso de los Diputados, busqué la Comisión de Interior y me hice con los datos de todos sus miembros. Soy de la opinión de que, independientemente de lo que hayamos votado, los Diputados nos representan a todos así que cogí el contacto de todos ellos, sin mirar el color de su escaño, puesto que además mi propuesta está absolutamente desideologizada.
El resto se lo cuento en próximos días, que el post ya está siendo demasiado largo y ya se sabe que los post largos nadie se los lee. Eso sí, antes de despedirme, les dejo un par de enlaces interesantes que vienen al caso:
- En El bosque del elfo tienen un post utilísmo sobre qué hacer en caso de perder nuestra documentación, sea la que sea.
- A estas alturas, muchos de ustedes ya conocerán esta noticia acerca de los problemas que tuvo para hacerse escuchar un ciudadano que detectó un fallo de seguridad en el sobre ciego del DNI electrónico. Aún así, no está de más recordarla.
Seguiremos informando del culebrón.
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9 de febrero de 2011
La historia del robo del DNI (2ª parte)
El comienzo de esta historia (absolutamente real) se cuenta en El DNI y la indefensión del ciudadano. Quizás debería comenzar a leer por ahí para ponerse en antecedentes.
Antes de pasar a contar cómo va este tema, a raíz de varios comentarios recibidos en diferentes foros, quiero aclarar unos cuantos aspectos:- El tema del robo con un simple DNI es absolutamente cierto. Por extraño que nos parezca, por fuera del sentido común que esté, ocurrió. La sociedad está tan acostumbrada a tomar el DNI como documento válido e indiscutible para lo que sea que una cajera de mi banco le dio 400 euros a una desconocida simplemente porque le pareció que "se parecía a la foto" (es probable, yo me parezco bien poco a esa infumable foto de fotomatón) y "pedía poco dinero" (que tiene tela).
- Lo que me preocupa no son los 400 euros. Repito para que quede claro: lo que me preocupa no son los 400 euros. Ese es un tema entre mi banco y yo que estoy moviendo por los cauces oportunos. Me lo acabarán devolviendo porque la ley me ampara y a cabezota no me gana nadie.
- Para mí, lo peor de este caso, y por eso me estoy metiendo en este fregado, es que ese documento -el DNI o, más concretamente, la imposibilidad de verificar su validez- es una vía abierta al delito que se está explotando cada vez con más frecuencia como he podido constatar en distintos foros y como me explicó la policía que está instruyendo mi caso cuando me tomó declaración el otro día. Luego volveré sobre este tema.
- Finalmente, creo que la solución es tan sencilla y tan de sentido común que me resisto a abandonarla sin pelear tratando de que alguien con capacidad para promover una iniciativa legislativa (o reglamentaria) la lleve a cabo. Llámenme ingenua (cada día que pasa me caigo un poquitín del guindo), pero yo de momento creo en la democracia y creo que uno de sus pilares básicos es, o debería ser, que se tomen en consideración las aportaciones de la ciudadanía cuando estas sean sensatas, objetivas, prácticas y redunden en el bien de todos. Y frenar una vía abierta al delito garantizando a la vez la tranquilidad de los ciudadanos ante un caso de robo de documentación creo que cumple estas condiciones.
Así pues, el primer paso que decidí dar el viernes mientras volvía de la comisaría fue darle publicidad al tema con el fin de alertar a cuanta más gente mejor de las implicaciones de perder (ya sea por extravío o hurto) el DNI. Escribí el post anterior, lo colgué en Facebook y se lo envié por mail a amigos por si querían difundirlo. También decidí, con éxito dispar, intentar moverlo vía Twitter, Meneame y Barrapunto.
Una de las discusiones surgidas a raíz de ello es sobre si la pérdida de un DNI crea o no crea indefensión. Para mí, la indefensión es clara puesto que, aunque la denuncia te cubre las espaldas, te obliga a demostrar a posteriori que no has sido tú quien ha cometido el delito en cuestión. En mi caso (y cruzo los dedos para que todo quede ahí) "sólo" he tenido que abrir una reclamación en el banco aportando la denuncia y una relación de los hechos para solicitar que me devuelvan los 400 euros. Hay cámaras y tengo testigos de que a esa hora estaba en otro lado, así que ganaré, pero por lo pronto yo estoy sufriendo un perjuicio, aparte de por las molestias, porque no tengo en mi poder un dinero que es mío. El error es de la cajera, sí, y por extensión del banco, pero la que lo sufre soy yo.
Pongo otro ejemplo. La misma agente que instruye mi caso trabajaba en otro de una chica (creo que de Orense) a la que le habían robado el DNI estando de turismo por Madrid. Con su DNI habían ido a una entidad bancaria y se habían abierto una cuenta corriente que, después, estaban usando como puente hacia el que realizar transferencias desde cuentas de otra gente cuyos datos habían obtenido de forma igualmente ilícita. Mientras la chica demuestra o no que no se ha abierto ella la cuenta, de momento es su nombre y su DNI los que aparecen detrás de esos robos.
Parece increíble, pero a nada que uno investigue por ahí se encuentra casos como este o este otro, casos que, de haberlos escuchado antes de la semana pasada, habría pensado que se trataban de leyedas urbanas pero que, por desgracia, constituyen, según me confirmó la policía, una forma de delito por desgracia en auge.
Por eso no me resigno y por eso sigo tratando de que alguien me haga caso y trate de cerrar este agujero derivado de que no sea posible en modo alguno comprobar si un documento concreto de DNI es sospechoso porque hay una denuncia de robo sobre el mismo. En próximos post les contaré los siguientes pasos que he ido dando aunque, de momento y por desgracia, han sido infructuosos. Al menos, resultará muy esclarecedor sobre el tipo de país en que vivimos y cómo la desidia, el desinterés y -por qué no decirlo- la inutilidad campan a sus anchas.
Hasta el próximo post.
Para saber más acerca de los problemas derivados de la suplantación de identidad mediante DNI.
Esta serie de post continúa aquí.
Pongo otro ejemplo. La misma agente que instruye mi caso trabajaba en otro de una chica (creo que de Orense) a la que le habían robado el DNI estando de turismo por Madrid. Con su DNI habían ido a una entidad bancaria y se habían abierto una cuenta corriente que, después, estaban usando como puente hacia el que realizar transferencias desde cuentas de otra gente cuyos datos habían obtenido de forma igualmente ilícita. Mientras la chica demuestra o no que no se ha abierto ella la cuenta, de momento es su nombre y su DNI los que aparecen detrás de esos robos.
Parece increíble, pero a nada que uno investigue por ahí se encuentra casos como este o este otro, casos que, de haberlos escuchado antes de la semana pasada, habría pensado que se trataban de leyedas urbanas pero que, por desgracia, constituyen, según me confirmó la policía, una forma de delito por desgracia en auge.
Por eso no me resigno y por eso sigo tratando de que alguien me haga caso y trate de cerrar este agujero derivado de que no sea posible en modo alguno comprobar si un documento concreto de DNI es sospechoso porque hay una denuncia de robo sobre el mismo. En próximos post les contaré los siguientes pasos que he ido dando aunque, de momento y por desgracia, han sido infructuosos. Al menos, resultará muy esclarecedor sobre el tipo de país en que vivimos y cómo la desidia, el desinterés y -por qué no decirlo- la inutilidad campan a sus anchas.
Hasta el próximo post.
Para saber más acerca de los problemas derivados de la suplantación de identidad mediante DNI.
Esta serie de post continúa aquí.
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6 de febrero de 2011
El DNI y la indefensión del ciudadano
Hace justamente una semana un descuidero me hurtó el bolso mientras charlaba con una amiga en el interior de una cafetería. Se llevó llaves, tarjetas, efectos personales de gran valor sentimental y profesional y mi DNI. Inmediatamente, con la inestimable ayuda de mi amiga, me puse en marcha para paliar el daño: llamé a mis dos bancos para anular las tarjetas, puse la correspondiente denuncia en comisaría y cambié las cerraduras de mi casa. En otras palabras: hice todo lo que estaba a mi alcance para que el robo quedara ahí, así que ya solo me quedaba esperar a que se me pasara el disgusto por la pérdida de esos efectos personales y cruzar los dedos para que aparecieran.
Uno de mis bancos me pidió que les entregara copia de la denuncia, el otro no. Se limitó a decirme que estuviera tranquila porque ya habían anulado las tarjetas y que me enviarían pronto las nuevas a casa. Pero, a los tres días, yo ya estaba más o menos repuesta del tema y andaba enfrascada en mi trabajo cuando me percato de que hay un movimiento sospechoso de 400 euros en mi cuenta. "Imposible", me digo, "las tarjetas están anuladas y ahora mismo ni siquiera yo podría sacar dinero", así que me pongo en contacto, alarmada, con mi banco buscando una explicación.
Al rato me llaman de la oficina y me cuentan que una persona se ha presentado en otra oficina con mi DNI y, sin saberse número de cuenta alguno ni presentar tarjeta ni libreta, ha solicitado que le extraigan 400 euros de mi cuenta. Precisamente, 400 euros es el límite que separa el hurto -que es una falta- del robo -que es delito-. Por si ello no fuera suficientemente sospechoso, la persona en cuestión llevaba el brazo derecho escayolado para, de este modo, firmar el recibo con la mano izquierda y poder justificar que la firma no se parece en nada. La cajera, lejos de sospechar, decide darle el dinero porque, según ella, "no pedía demasiada cantidad". ¡¡¡400 euros!!! ¿Eso no es demasiada cantidad? Pues lo será para una cajera de banco porque lo que es a mí me cruje. En fin, sigo.
Me voy al banco enfadadísima y empiezo a quejarme. Ellos se justifican diciendo que yo avisé del robo de las tarjetas, no del DNI y que por eso no hicieron más. Debido a los nervios y mi inexperiencia, me conformo de momento y me limito a exigir al banco que pongan las medidas oportunas para frenar el tema. Lo hacen, porque al día siguiente vuelve a haber otro intento de desfalco pero como ya están avisadas todas las oficinas no logran nada. Eso sí, mi DNI sigue en poder de la suplantadora.
Evidentemente, mi siguiente paso es poner dos nuevas denuncias, una por el robo de los 400 euros y otra por el intento del día siguiente. Y, a continuación, ya con la cabeza fría, me pongo a reflexionar: ¿y si resulta que pierdo solo el DNI también tengo que dar parte a mi banco? ¿En qué cabeza cabe eso? ¿En qué parte de mi contrato bancario está escrito? Porque, digámoslo claro, a mí me robaron el bolso, pero después el robado (o estafado) fue el banco, no yo, y no tengo por qué ser yo quien prescinda de los 400 euros. Así que me pongo a escribir una reclamación contando todos los hechos, adjunto mi denuncia, la firmo electrónicamente para que quede constancia y se la envío al banco.
Me contestan que lo están estudiando y que en diez o quince días me contestan, pero hasta entonces yo hago frente a los 400 euros. Evidentemente, la respuesta no me satisface, así que ya veremos qué otras medidas adicionales tomaré (organizaciones de consumidores, Banco de España, etc.).
No obstante, lo que más me preocupa de este caso es la enorme sensación de indefensión provocada a raíz de un documeto -el DNI- que en principio debería servir para todo lo contrario. Leyendo por Internet me encuentro con casos similares de gente que ha acabado en el registro de morosos por impago de créditos solicitados mediante suplantación de su identidad a raíz del robo de su DNI. Evidentemente, una vez puesta la denuncia, la ley está de su parte, pero a posteriori: vas a solicitar un crédito y te lo deniegan porque estás en el registro de morosos, así que te toca investigar por qué, demostrar que tú no fuiste y pleitear hasta que limpian tu nombre. Y vuelta a empezar la siguiente vez hasta que caduque tu DNI o decidan dejar de emplearlo para fines delictivos.
Con un panorama así dan ganas de ir siempre indocumentado, la verdad. El caso es que, dándole vueltas a este asunto, creo que una simple reforma legislativa sería suficiente para poner freno a este tipo de actos y asegurar la seguridad jurídica de todos los ciudadanos, que es de lo que se trata. El DNI electrónico lleva un chip de firma electrónica cuyas claves quedan revocadas de forma inmediata en cuanto se pone la denuncia en comisaría. Cualquiera que quiera hacer uso de las claves electrónicas de ese eDNI no podrá, puesto que cualquier aplicación informática, al verificar su validez, recibirá una notificación de que la seguridad de esas claves ha sido comprometida y, por tanto, han sido anuladas.
El caso del DNI como objeto físico es más complicado porque es una persona (el cajero del banco, un prestamista...) el que decide fiarse de ese documento. No obstante, cada DNI lleva asociado, además de su número, unos datos de expedición y número de serie. Creo que debería modificarse la ley para crear un registro de DNI comprometidos o bajo sospecha. Técnicamente es muy viable, puesto que ya existe una plataforma de verificación de datos de identidad a disposición de las Administraciones Públicas. El objetivo de esta plataforma es no tener que presentar fotocopia del DNI cuando hacemos trámites con cualquier Administración, pero igual que se presta este servicio se podría habilitar otro en el que, al consultar un número de DNI, avisara si hay denuncias por robo o desaparición sobre este e indicara qué números de serie están marcados como inválidos.
De este modo, la responsabilidad ante una estafa por suplantación de identidad recaería en la entidad que ha admitido el DNI sin comprobación previa y el ciudadano que extravía su DNI no tendría que vivir intranquilo hasta la caducidad de su documento pensando qué fechorías se estarán cometiendo en ese momento con su DNI.
Mi siguiente paso en esta historia -pleitos con mi banco aparte- es enterarme por qué vía puedo mover esta iniciativa a ver si logro que llegue al Congreso y se tomen las medidas oportunas para que nadie más se vea en mi situación. Seguiré informando en este blog por si quieren adherirse a la iniciativa. Creo que es por el bien de todos.
Todo este embrollo continúa en este post.
Todo este embrollo continúa en este post.
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16 de octubre de 2010
Banksy y la deslocalización de los dibujos animados
(Este post forma parte de la serie Grandes (y pequeños) momentos de la animación. Quizás también te interese la entrada anterior.)
A estas alturas de la semana, seguro que ya ha visto ustedes los fantásticos títulos de crédito que el genial Banksy ha creado para Los Simpsons:
A estas alturas de la semana, seguro que ya ha visto ustedes los fantásticos títulos de crédito que el genial Banksy ha creado para Los Simpsons:
Y, precísamente, esta semana comenzaba con las imágenes que, en exclusiva, nos brindaba Televisión Española sobre los festejos celebrados en Corea del Norte a propósito de su 65 aniversario. Alguien dijo que era un privilegio que TVE fuera de las pocas televisiones del mundo a las que se les había permitido informar del evento. Discrepo. Mostrar imágenes dirigidas de tamaño festejo propagandístico no es noticia. No solo eso: merece un boicot periodístico en toda regla. Espero que lo de ser "cómplices" de los delirios propagandísticos de uno de los peores países del mundo (que ya es decir) no sea más que una excusa con la que colarse en el país para poder informar acerca de lo que allí ocurre. Espero ávida un reportaje alternativo de TVE. De otra forma, no me explico en absoluto que hacía allí nuestra televisión.
En cualquier caso, aunque el vídeo de Banksy no hace referencia a Corea del Norte sino a la supuesta Corea buena, la del Sur, que es adonde se ha externalizado gran parte de la producción de los dibujos de Los Simpsons, mi cabeza estableció relación inmediata entre ambos vídeos debido, probablemente, a este estupendo cómic de Guy Delisle:
Pyongyang, Guy Delisle
Pyongyang, aparte de retratar de forma inmejorable el día a día de esa inmensa cárcel que es Corea del Norte, trata otro tema no menos interesante: cómo el capitalismo salvaje y el ahorro de costes de producción llega hasta los productos más insospechados, en este caso, los dibujos animados. Al igual que Banksy en su cortinilla, Delisle nos cuenta cómo gran parte de la potente industria francesa de la animación ha sido deslocalizada hacia Corea del Norte. Los fotogramas maestros siguen realizándose en Francia, por animadores expertos y con talento, pero todos los fotogramas intermedios se encargan a compañías coreanas donde, con unas condiciones laborables lamentables, se trabaja a destajo con un coste (y una calidad) ínfimo.
Ahorrar como sea, aunque a cambio obtengamos mierda. Es como aquel chiste que contaba mi abuela: "¡A peseta! ¡A peseta!" "Si, pero ¿qué vende?" "Nada, pero ¿a qué es barato?"
Sin embargo, lo del ahorro aun a costa de la calidad no es nuevo en este negocio. De hecho, esos mismos dibujos que ahora se producen en Corea del Norte ya habían sido deslocalizados a las ex-colonias francesas, las cuales, pese a sus bajos salarios, ya no eran competitivas frente a este bonito país-cárcel.
Es más, antes de la invención de la deslocalización, se buscaban todo tipo de estrategias para incrementar la producción y ahorrar costes en la producción de dibujos animados. Hay muchísimos ejemplos de esto. Sin ir más lejos, mi querido Tamas me pasó el otro día este fantástico vídeo sobre la reutilización de animaciones en la Disney:
Claro que este caso de reutilización de materiales es casi insignificante si lo comparamos con los dos auténticos maestros de la producción de animación al mínimo coste: William Hanna y Joseph Barbera (ya hablamos brevemente de ellos en un post sobre el fin del reinado de la Disney), quienes revolucionaron completamente la industria de los dibujos animados con sus métodos de producción barata.
Pero este, queridos míos, es un tema que da para un post entero, así que, si me permiten, lo voy a dejar para otra ocasión, que ahora me marcho al cine a ver Exit through the gift shop, la peli de nuestro amigo Banksy, cuyo trailer pueden ver aquí:
Sean curiosos y felices ;-)
(Este post forma parte de la serie Grandes (y pequeños) momentos de la animación. Quizás también te interese la entrada anterior.)
11 de agosto de 2010
¡¡La ola de calor llega a la Península!!
¡Increíble! ¡Una ola de calor! ¡En España! ¡¡Y en agosto!! Unbelievable!!
Hoy he leído en el blog del maestro Sisterboy un post sobre el peñazo insoportable de los quince minutos de información metereológica de todo telediario que se precie. ¡Al fin! ¡Dios existe! Cada vez que opino que esos quince minutos me parecen el mayor malgaste de tiempo de toda la parrilla televisiva me miran como si estuviera loca. Ya está esta con sus boutades.
Vale. Llevan razón. Quién no se levanta cada mañana preguntándose por la mínima que se espera en Moscú o si habrá marejadilla en Alborán. Información útil donde la haya. Quince minutos con conexiones en directo para ver cómo nieva en Soria o se tuestan en Córdoba. Cinco años de Periodismo para acabar cubriendo el achicharramiento de la capital y entrevistando a algún guiri que remoja los pies en la fuente de turno. Claro que peor es andar acosando al famoso de turno para meterle la alcachofa como sea.
Probablemente ustedes sean de los que no se lo pierdan (más que nada por simple estadística), pero lo que es yo, es salir el Montesdeoca (¿sigue aún? ¿le jubilaron ya?) y cambiar de canal. O, más bien, intentarlo. Porque mi querido maximizador es un fan absoluto del parte. Le interesa todo: el anticiclón de las Azores, la marejadilla del Estrecho y el frente frío del Noroeste. La lucha encarnizada por el mando persiste hasta la última de las predicciones de máximas para la próxima semana en cada una de las islas.
Será trauma infantil, supongo. En casa de mis abuelos, donde pasaba tres murcianos y veraniegos meses al año, era absolutamente imposible escuchar nada en la televisión. Siempre estaba puesta, pero jamás se oía debido al bullicio y a la eterna conversación de mi abuela. Excepto, claro está, cuando llegaba el Tiempo. En ese momento: ¡¡silencio sepulcral!! No vaya a ser que se esté derritiendo el asfalto fuera y no nos enteremos.
Eso sí, yo no me muero sin viajar a las Azores. Tienen que ser estupendas, con esa pedazo de A en el cielo. Hala, que pasen buen verano. Sean curiosos y felices ;-)
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