Quizás por eso tuve la infinita paciencia de leerme El libro de las maravillas de Marco Polo cuando apenas tenía diez años. O quizás prescisamente a raíz de ello. Aquello fue todo un acto de cabezonería, paciencia y disciplina. Y, a pesar de todo, me encantó la novela. No sé si es causa o consecuencia, pero entre las lecturas que más he disfrutado hay un importante número que tratan de una forma u otra sobre viajes. Ese Libro de Turquía -diálogo renacentista que probablemente sólo me gustó a mí-, el mismo Quijote, nuestro amigo Phileas Fogg -por supuestísimo- o el muy evidente En el camino de Kerouac, ese viajero que se niega a ser turista de Bowles en El cielo protector, El corazón de las tinieblas -claro- y esos Detectives salvajes del genial Bolaño. Y, como no, también en cómic: desde La autopista del sur o El fotógrafo, sin olvidar las cómic-crónicas periodísticas de Joe Sacco. El caso es que me brillan los ojos ante cualquier relato de alguien que ha viajado, en el sentido más aventurero, improvisado y romántico de la palabra.
Me encantaría viajar en lugar de hacer turismo. Pero una nació así de ñoña y burguesa, qué le vamos a hacer. Su instinto de conservación y una repugnancia que raya con lo patológico ante cualquier baño público le obligan a conformarse con sus aventurillas de chichinabo.
Por eso desde hace tiempo nuestros viajes son así, controladamente improvisados. Un par de billetes de avión ida y vuelta y un alquiler de coche. El resto, ya veremos. Es mi pequeña rebeldía contra mi yo cobarde, mi pequeño simulacro de aventura. No saber muy bien dónde dormiremos ni qué veremos al día siguiente. Perdernos por carreteras rurales como aquella vez en mitad de la Arcadia, escuchar pacientemente mientras un lugareño de idioma extraño para nosotros nos cuenta sus cosas, recorrer villorrios olvidados y dejarnos llevar por lo que dicta el camino.
Pero, como digo, la supuesta aventura de mis viajes no pasa de ser un sucedáneo con el que hacerme la ilusión de que emulo a los viajeros de mis libros. Improvisar es fácil y seguro cuando se viaja por lugares civilizados. Lo que en realidad a mí me gustaría -y jamás me atreveré- es algo como lo que han hecho este verano los chicos de A Ulán van tres, con los que modestamente colaboré con una pequeña contribución económica para que pudieran llevar a cabo su viaje.
Julio, Víctor y Aran decidieron participar este año en The Mongol Rally, un viaje que les llevaría hasta la capital de Mongolia en un vetusto todoterreno. Poco a poco irán escribiendo su diario de viaje aquí. Os copio parte del mail que nos enviaron a su vuelta a todos los que habíamos contribuido:
Me encantaría viajar en lugar de hacer turismo. Pero una nació así de ñoña y burguesa, qué le vamos a hacer. Su instinto de conservación y una repugnancia que raya con lo patológico ante cualquier baño público le obligan a conformarse con sus aventurillas de chichinabo.
Por eso desde hace tiempo nuestros viajes son así, controladamente improvisados. Un par de billetes de avión ida y vuelta y un alquiler de coche. El resto, ya veremos. Es mi pequeña rebeldía contra mi yo cobarde, mi pequeño simulacro de aventura. No saber muy bien dónde dormiremos ni qué veremos al día siguiente. Perdernos por carreteras rurales como aquella vez en mitad de la Arcadia, escuchar pacientemente mientras un lugareño de idioma extraño para nosotros nos cuenta sus cosas, recorrer villorrios olvidados y dejarnos llevar por lo que dicta el camino.
Pero, como digo, la supuesta aventura de mis viajes no pasa de ser un sucedáneo con el que hacerme la ilusión de que emulo a los viajeros de mis libros. Improvisar es fácil y seguro cuando se viaja por lugares civilizados. Lo que en realidad a mí me gustaría -y jamás me atreveré- es algo como lo que han hecho este verano los chicos de A Ulán van tres, con los que modestamente colaboré con una pequeña contribución económica para que pudieran llevar a cabo su viaje.
Julio, Víctor y Aran decidieron participar este año en The Mongol Rally, un viaje que les llevaría hasta la capital de Mongolia en un vetusto todoterreno. Poco a poco irán escribiendo su diario de viaje aquí. Os copio parte del mail que nos enviaron a su vuelta a todos los que habíamos contribuido:
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Fueron 25 días conduciendo por algunas de las peores carreteras (por llamarlas de alguna manera) del mundo. En total once países, España, Francia, Alemania, Rep. Checa, Polonia, Lituania, Letonia, Rusia, Kazajstán y, al fin, Mongolia. Y contamos once porque en el viaje de vuelta tuvimos tiempo de darnos una vueltecita por la plaza de Tiananmen, en Pekin.
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-El coche se paró a 20 metros de la salida…y cuando todos iban rumbo a Francia, nosotros fuimos a casa a limpiar de nuevo el carburador…
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-Tuvimos suerte con la policía. Nos pararon solo una vez (a otros equipos les pararon decenas de veces y un equipo incluso tuvo que regresar a España porque se quedaron sin fondos por los sobornos que tuvieron que pagar…). Nosotros pagamos 100 rublos (3 euros), dos minibotellas de whisky y dos sombreros de paja, que le gustaron al policía ruso, jajaja.
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-Tardamos 24 horas en pasar de Rusia a Mongolia…esa zona del planeta se toma la vida con calma…Tuvimos que dormir en la carretera al lado del coche para no perder la posición de entrada en la frontera cuando nos la cerraron en la cara a las 5 de la tarde…
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-Durante nuestra estancia en Ulan Bator, un judoka mongol ganó el oro en los JJOO (primer oro en 44 años). El presidente declaró día de fiesta nacional y toda la ciudad salió a la calle hasta la madrugada. Fue impresionante.
-Al llevar el coche al depósito de Ulan Bator, donde un concesionario Chevrolet se encargaría de ponerlo a punto y subastarlo para dar los fondos conseguidos a un orfanato, vimos que éramos el coche número 25 en llegar…que de 285 participantes no está mal, además hicimos una de las rutas largas. En la oficina de la organización nos dijeron que éramos el 13º equipo español en llegar.
En fin, una aventura que me produce mucha mucha envidia. Como estas otras dos. Si no fuera por el tema de los retretes, me la planteaba para un año de estos. De momento, me conformo con mi aventurilla de este año. Salgo mañana rumbo a Eslovenia (¡¡vacaciones al fin!!). Les he dejado unos cuantos post programados automáticamente para que se entrentegan y no me echen demasiado de menos. Sean curiosos y felices ;-)



