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12 de noviembre de 2009

Dos exposiciones más o menos decepcionantes

¿Retraso? Retraso es poco. Hace siglos que tendría que haber hablado de todo esto. Llevo un buen puñado de post sobre la agenda cultural madrileña (y no madrileña) de retraso. En fin, aunque lleguen semanas (e incluso meses) tarde, aún así voy a tratar de ponerme al día. Más que nada por lo que este blog tiene de recordatorio personal. Allá voy.

1. Sorolla y su (horrorosa) visión de España

No pensaba escribir sobre estas dos exposiciones -entre otras cosas porque ya se han clausurado-, pero resulta que la de Sorolla ha sido la exposición del Prado (y por tanto probablemente de España) más visitada de la última década y no he podido resistirme.

Reconozco que siempre me ha dado cierta pereza acercarme a este autor. Omnipresente, es de esos pintores que suelen utilizar los detractores de la abstracción como ejemplo "auténtico" de pintura. Además, es un habitual en toda academia de pintura como base para la enseñanza de cualquier técnica a color. Yo misma me solté con los pasteles trabajando un par de reproducciones suyas. Y ya se sabe que la convivencia diaria no suele ser buena para las formas artísticas: cuando algo nos aparece hasta en la sopa la cotidianiedad acaba despojándolo de trascendencia y, sin esta, el arte se ve reducido a mero objeto decorativo.

La duda, no obstante, era si una inmersión más profunda en el arte de Sorolla podía recuperar para mí cierta trascendencia para este autor, por lo que decidí limpiar mis prejuicios y acudir a la exposición con la mejor de las disposiciones.

Urge decir que esta muestra sobre Sorolla del Museo del Prado recoge lo más granado de su obra, incluida la serie de paneles Visión de España realizados para la Hispanic Society de Nueva York y, por tanto, su visita supone una aproximación más que razonable a la obra del artista.

Y el veredicto no puede ser peor. Sorolla es uno de esos pintores "bonitos", en el sentido más despectivo de este término. Un pintor aburguesado que, cómodamente instalado su fórmula de éxito, repite una y otra vez los mismos temas sin molestarse en profundizar mínimamente en su sentido creativo. Ciertamente, hace gala de una técnica depuradísima, lo cual, sin embargo, no supone gran mérito en el siglo de la fotografía, cuando un pintor puede dedicar días y días a copiar hasta la extenuación hasta el último detalle de una foto. Los impresionistas se percataron inmediatamente del reto ante el que se encontraban y llevaron la pintura más allá, a una suerte de supra-realidad. Pero Sorolla no. Sorolla opta por el camino fácil, aquel que domina a la perfección, dejando su arte relegado al nivel de simple artesanía preciosista.


La nuestra del Prado comenzaba con lo que, a mi entender, es la parte más interesante: esa primera etapa naturalista donde un estilo en la línea de Courbet está al servicio de una moderada crítica social. Las mareas de gente hacían francamente difícil contemplar los cuadros, pero con un poquito de voluntad uno podía ir progresando por las salas.

A continuación, lo más conocido (y manido): obras y obras de niños en la playa, señoras burguesas en la playa, pescadores en la playa, playas en las playas... En fin, mucho colorín y una tecnica depuradísima, pero poco más.


Lo único que me llenó de esta parte es el fantástico dominio del color blanco. Esto, que parece trivial, no es baladí. En pintura, el blanco supone ausencia de color, de ahí que, por lo general, constituya un pequeño quebradero de cabeza para cualquier pintor, obligado a encontrar una suerte de compromiso entre expresión y realidad. Sorolla consigue el compromiso perfecto a base de representar objetos blancos utilizando ampliamente todo tipo de tonos y llegando, en ocasiones, a prescindir totalmente del blanco. En este aspecto, la técnica sorolliana resulta realmente fascinante. Al César lo que es del César.

Finalmente, en el piso de arriba de la ampliación del Prado, el supuesto plato fuerte: la Visión de España realizada para la Hispanic Society. Para qué queremos más. Todo un catálogo de cuadros típicos y tópicos representando lo más cañí de este país. Ahora entiendo en qué se inspiran los fabricantes de muñecas flamencas y toritos de las tiendas de souvenirs.

En fin, un tostón. Lo peor es la cantidad de visitantes que ha logrado reunir. Para gustos los colores, es verdad, pero no deja de dolerme el éxito de este pintor insulso y acomodado. Más aún cuando en esas fechas podía visitarse en el Reina Sofía una magnífica retrospectiva de Juan Muñoz de la que, quizás, hable otro día.

2. Dorothea Lange (o como joderla montando una exposición catastrófica)

Dentro de las propuestas del Photoespaña 2009, el Museo de Colecciones ICO ofreció este verano la prometedora muestra Dorothea Lange: los años decisivos. 1932-1944.

Dorothea Lange es una de las pioneras del fotoperiodismo y autora de algunos de los iconos fotográficos del siglo pasado como esta famosísima Madre migrante:

Una exposición, además, muy de actualidad. Bien es sabido la grave crisis económica que azotó los Estados Unidos a raíz del crack bursátil de 1929. Un sistema levantado sobre la especulación (del precio de los productos agrícolas fundamentalmente) acabó colapsándose. Fortunas volatilizadas, millones de pequeños ahorradores totalmente arruinados y gran parte del sistema bancario norteamericano (compuesto mayoritariamente por pequeños bancos vinculados al ámbito agrícola) literalmente esquilmado.


La gran depresión golpeó con dureza en todas partes. Si cabe, aún más en las zonas rurales, con campesinos ahogados por la falta de liquidez, la ausencia total de crédito y la brutal caída de los precios de los productos agrarios. Pero como las desgracias nunca vienen solas, en los años posteriores al 29 se sucedieron una serie de cosechas catastróficas que acabaron por esquilmar el campo. Para colmo, una enorme tormenta de arena que duró varios días afectó a algunos de los estados más deprimidos dejando un panorama desolador de familias enteras migrando casi con lo puesto de un lado al otro del país en busca de mejores oportunidades.


Dentro del paquete de medidas económicas del New Deal de Roosevelt, la Administración norteamericana entendió que para salir adelante era necesaria la implicación de todo el país. En una época en la que los grandes medios de comunicación no tenían la influencia ni la penetración que tienen hoy en día, el problema era cómo conciencia a la opinión pública sobre la gravedad de la situación. Así, se contrató a un nutrido grupo de fotógrafos con la misión de recorrer el país documentando la miseria de las gentes, las colas interminables de parados, los niños famélicos. La propaganda estatal pretendía poner el énfasis en las duras condiciones que estaban soportando miles de familias de origen blanco, anglosajón y protestante como prueba de la gravedad de la situación.

Y, en este contexto, se enmarcan estas fotografías de Dorothea Lange, uno de los mejores exponentes del fotoperiodismo del New Deal. Una exposición muy recomendable... de no ser por la pésima calidad expositiva que ha ofrecido esta muestra. Reproducciones fotográficas de infima calidad, muchas de ellas visiblemente deterioradas, mal colocadas y mal iluminadas. Por favor, ¡si había alguna con tachones de bolígrafo!

En fin, una exposición que prometía muchísimo destrozada por una nula calidad expositiva. Una auténtica pena.

Por lo demás, prometo tratar de darle algo más de vidilla a este blog y seguir colgando estas mini-crónicas con algo más de asiduidad. A ver si lo consigo. Sean curiosos y felices ;-)

11 de mayo de 2009

La sombra en el Thyssen

Plinio el Viejo, autor de la que probablemente es la primera enciclopedia de la historia, narra el origen de la pintura del siguiente modo en su Naturalis historiae:
La primera obra de este tipo (plástica) la hizo en arcilla el alfarero Butades de Sición, en Corinto, sobre una idea de su hija; enamorada de un joven que iba a dejar la ciudad: la muchacha fijó con líneas los contornos del perfil de su amante sobre la pared a la luz de una vela. Su padre aplicó después arcilla sobre el dibujo al que dotó de relieve, e hizo endurecer al fuego esta arcilla con otras piezas de alfarería.
Esta idea, la de la sombra como base de la pintura, supone el leit motiv de la exposición que bajo el títuto de La sombra puede verse hasta el próximo domingo en el Thyssen. El tema, a priori, es sugerente: explorar el distinto tratamiento que la sombra ha tenido a lo largo de la historia de la pintura: elemento de apoyo en la ilusión de perspectiva durante el Renacimiento, creadora de ambiente y portadora de dramatismo en el Barroco, elemento narrativo en el Romanticismo o puramente pictórico en el Impresionismo.

La sensación cuando uno visita la exposición es, no obstante, de oportunidad perdida. Apenas hay obras realmente importantes entre las que componen la muestra y el hilo temático no siempre resulta evidente de unas salas a otras. Aún así, mi recomendación, como siempre, es que si pueden sacar un rato esta semana aprovechen para acercarse.

La que sí resulta imprescindible, aunque por desgracia ya no puede visitarse aquí en Madrid, es la exposición de Francis Bacon que, organizada por la Tate y el Metropolitan, pudo verse hasta mediados de abril en El Prado.

Habitualmente no mencionaría esta exposición, dado que hace ya más de un mes que fue retirada. Sin embargo, qué quieren, Bacon es una de mis debilidades y la muestra puede verse ahora mismo en el Metropolitan de Nueva York, así que qué menos que avisarles por si tienen la suerte de pasar por allí en los próximos meses.

10 de abril de 2009

People's NY

Será el azar o esa continua búsqueda de conexiones que realizan nuestras mentes, pero el caso es que con muy pocos días de diferencia he podido disfrutar de una exposición y una peliculita imprescindibles que se empeñan en mostrarnos ese otro Nueva York, el de la gente.

The visitor es una película serena, pausada, de las que se construyen a base de sutilezas y personajes. Con un Richard Jenkins impagable, la película nos muestra el Nueva York más vivo, el de la gente que se busca la vida, que habita a pie de calle, que pasa sus ratos en el parque y trata de sobrevivir vendiendo en los mercadillos. El Nueva York que le cierra la puerta a los de fuera, el que continúa tocado por la psicosis del 11-S, el de la arbitrariedad y el vacío legal para aquellos que están fuera del sistema.



Y, ya de paso, si van a verla en Madrid, pueden aprovechar para acercarse a la Fundación Telefónica a la exposición de fotografías de Weegee. Poco publicitada, el boca a oreja está funcionando a la perfección en este caso.


En el eterno dilema artístico entre mostrar la realidad y transformarla, Weegee se sitúa como exponente de lo primero. Empeñado en captar el Nueva York más vivo e impactante, el de la gente de Weegee (Weegee's people tituló a uno de sus libros), esperaba en su coche, cámara en ristre y con la emisora de la policía sintonizada, a que se produjera la noticia. Así, nos regala series de fotografías sobre incendios, asesinatos y todo tipo de actuaciones policiales.

Pero quien piense que acude a ver una exposición más de fotoperiodismo se equivoca: la obra de Weegee tiene un afán comunicador que va mucho más allá, como bien expresan los propios títulos de las fotografías. Y es que a través del objetivo de Weegee vemos esa otra cara del Nueva York de los años 40, la de familias durmiendo en la escalera de incendios para huir del calor, la de vecinos costernados al ver cómo se quema su casa, la de celebraciones patrióticas por calles de Little Italy o gentes divirtiéndose en tugurios de Harlem al son de músicas encendidas.

Un Nueva York que, como el de The visitor, está lejos de la imagen oficial de la ciudad pero, quizás precisamente por eso mismo, más cerca de su esencia.


Traten de no perdérselas. Y ya saben: sean felices y curiosos ;-)

31 de diciembre de 2008

Este último mes (y II)

¡¡Albricias, albricias!! Vale, la exclamación no viene a cuento en este post pero ¿quién no ha querido gritar eso alguna vez? Años y años haciendo de OVEJA SEGUNDA -sin texto, por supuesto- en la función de Navidad tenían que dejarme alguna huella, ¿no? En fin, yo a lo mío: a continuar con el último post.

Raymonda (en el Palais Garnier de París)


Entre las muchas (y agradabilísimas) cosas que compartí en París, tuve la suerte de asistir a una representación de Raymonda -el primer ballet coreografíado por Nureyev tras su huida al otro lado del muro- en el Palais Garnier. Ya sólo por el placer de visitar el teatro de ópera más ostentoso y recargado del mundo merecería la pena hasta asistir al musical de los Lunnis, así que imagínense un ballet del mayor coreógrafo del siglo XX.

Y, en efecto, no defraudó. Como suele ocurrir en ballet clásico, el primer acto se hace difícil. Hay que introducir a los distintos bailarines y cumplir con el sinfín de pautas y convenciones del ballet. Pero entonces comienza el segundo acto y es cuando el inmenso genio de Nureyev se desmelena, cuando uno entra por completo y deja de importarle lo absurdo de la trama, lo forzado de las poses y las imposturas protocolarias para sumergirse en el ballet. Maravilloso.

Tesoros sumergidos de Egipto

Y, de vuelta en Madrid, tocaba complacer a mi querido maximizador con una expo de su gusto, así que allá que nos fuimos al Matadero a aprovechar los últimos días antes de que cancelaran los Tesoros sumergidos de Egipto.

La colección reúne numerosas piezas encontradas en diferentes expediciones de arqueología submarina y está prolijamente acompañada de todo tipo de textos, mapas, vídeos y cronologías explicativas. A mí me aburrió un pelín, la verdad, pero reconozco que es puramente una cuestión de afinidad personal. Para cualquiera interesado en la historia antigua o la arqueología puede resultarle bastante entretenida. Además, merece la pena aunque sea sólo por los colosos y las estelas jeroglíficas.

¡1914! La Vanguardia y la guerra, en el Thyssen

Lo malo de disfrutar de exposiciones tan maravillosas como la de Picasso que mencionaba en el post anterior es que una se vuelve exigente y luego va al Thyssen y se queda tibia. En cualquier caso, la expo es correcta y merece la visita. Tiene algunas obras bastante interesantes: Schiele, Grosz, Kirchner... Mucho futurismo, algo de cubismo y bastante expresionismo. Por supuesto, si no le van las vanguardias, mejor váyase al cine.


Katia Kabánova, Leos Janácek

El acabose. Qué cosa más bella. Como bien decía un conocido, resulta increíble cómo con un poco de agua y unos tablones se puede crear algo tan hermoso. Cuando el año pasado decidí ahorrar un dinerillo para regalarme un abono del Real no podía imaginar que lo iba a disfrutar tanto. Lo que había visto hasta ahora me había gustado bastante, pero es que la Katia... ay, la Katia.

La ópera cuenta la típica historia de mujer decimonónica oprimida por la sociedad que desespera por un amor imposible y cuyo final trágico se ve venir casi desde antes de coger el metro camino del teatro. En realidad, Janácek utiliza variaciones de este motivo una y otra vez en sus óperas, pero ¡lo hace tan bien! Logra transmitir tanta pasión y tanto dolor que a uno se le revuelven las tripas en el teatro. La obra es bellísima ya de por sí, pero es que todo lo demás estuvo insuperable, empezando por la orquesta, siguiendo por los intérpretes (con la magnífica Karita Mattila a la cabeza) y terminando con el excepcional montaje ideado por Robert Carsen. Sólo esta función ya compensa todo el abono. Simplemente, ma-ra-vi-llo-sa. Ahí van unas fotitos.



Después de esta Katia, miedo me da lo próximo que vea porque o están espléndidos o mucho me temo que me va a decepcionar un huevo. El listón no puede estar más alto.

Sean curiosos y felices ;-)

PD. A propósito de las óperas de Janacek, merece la pena leer este hermoso artículo publicado por Antonio Muñoz Molina en El País: Un sueño de Janácek.

23 de diciembre de 2008

Este último mes (I)

Normalmente intento escribir alguna cosilla acerca de las exposiciones y otros eventos culturales a los que asisto, pero como este último mes y pico he andado muy despegada del blog se me ha acumulado mucho trabajo. Así que voy a intentar mencionar, aunque sea brevemente, lo más destacado de mis últimas visitas. Algunas de las cosas de las que voy a hablar ya han sido clausuradas y no podrán asistir en caso de que les pique la curiosidad (mi desidia y yo les pedimos disculpas), pero al menos les quedará mi florida prosa para pasar el rato :-)

¿Por dónde empiezo? Difícil elección, porque hay cosas que me han gustado tanto sería imposible elaborar un ranking. Por otro lado, mi cabeza sólo es capaz de ordenar cronológicamente datos inútiles como las primeras ediciones del Quijote o los ganadores de las sucesivas ediciones de Gran Hermano, así que no me queda otra que acudir al infalible método de la ordenación aleatoria más conocida como "método de como dios me dio a entender". En fin, que allá voy.

Nancy Spero: Disidanzas (en el Reina Sofía)

A esta expo entré, simple y llanamente, porque pasaba por ahí. El Reina Sofía me pilla lejísimos y la combinación desde mi casa es espantosa, así que me suele producir bastante pereza bajar hasta allí. Por eso aproveché que tenía que impartir un curso por la zona para colarme a echar un vistazo sin saber si quiera qué ponían.

Antes de seguir, querría saber por qué han comenzado a promocionar esta exposición justamente la semana pasada, a falta de 15 días para su clausura. Si es para ponerle los dientes largos al personal que no tenga tiempo de ir, no creo que haya tanto fan de la buena de Nancy por ahí, así que dudo que suba demasiado la tasa de suicidios de este mes. Claro que también podría ser que les sobraran unos durejos de estos que sobran en el presupuesto a fin de año, en cuyo caso yo propondría que, en lugar de decirnos "chincha rabiña, que hemos traído dibujines muy chulos y no los has visto", nos informaran amablemente sobre la temporada primavera-verano.


Bueno, el caso es que allí estaba, con el folleto de Nancy Spero en las manos. He de decir que entré en la sala con bastantes prejuicios después de leer que se consideraba a sí misma una artista feminista que trata de buscar un lenguaje artístico propio de la mujer desligado de las imposiciones machistas y opresoras de los artistas masculinos. Qué quieren que les diga: a mí me gusta tanto ser yo que cuando alguien me trata de incluir en un nosotros me da como repelús. Pero también es verdad que hay que poner al artista en su contexto, en el caso de Nancy en los años 60, con la revolución sexual en pleno apogeo.

El caso es que a pesar de mis prejuicios la expo me fue ganando poco a poco y acabé saliendo bastante satisfecha. Se trata en su mayor parte de obras sobre papel (por lo visto el óleo sobre lienzo es machista, no así el papel -y el pobre Barceló venga a pintar cuadernos sin saberlo-) en las que desarrolla series de figuras, principalmente femeninas, marcadas por el movimiento, el color y el compromiso político. Me gustó mucho cómo recurre a motivos mitológicos e icónicos para elaborar su arte marcadamente comprometido. Así, recupera figuras femeninas inspiradas en vasijas griegas, murales etruscos, etc. para recontextualizarlas y lanzar su mensaje dentro de un cierto espacio onírico.

Vamos, que no es la exposición de mi vida, pero mereció la pena el paseo.

Jasmina Reza: Un dios salvaje

No sé si ustedes han leído o tuvieron ocasión de acudir a las muchas representaciónes de Arte, la anterior obra de la Reza. Si no es así, háganme caso: corran a una biblioteca y sáquensela (la obrita, se entiende). A mí me encanta cómo se puede contar tanto con tan poco. Me la he leído con gusto unas cuantas veces, así que estaba deseando acudir al estreno de su nuevo texto.


Y, si bien Un dios salvaje no es tan redondo como Arte (el listón estaba altísimo), resulta una reflexión muy notable acerca del ser humano como ser social y de ese pequeño (o gran) salvaje que todos llevamos dentro.

Además, el montaje está muy bien y los cuatro actores lo bordan dentro de unos papeles que les van a cada uno que ni pintados. Francamente divertida y recomendable.

La escuela Yi (en el Caixa Forum)

Vale, vale, ya sé que hay ser un pelín friki para recomendar una expo sobre arte abstracto chino, pero qué quieren, a mí me gustó. Además, jolines, que está en el Caixa Forum: la entrada es gratis, hay una tienda con tontunas muy monas para regalar y el edificio es una preciosidad. Y, si no, siempre pueden hacer como mi querido maximizador, que me dejó con los chinos y se bajo una planta a ver la expo de los etruscos, que según él está bastante bien.

De todas formas, insisto: a mí me gustaron las distintas corrientes de la escuela Yi. Les dejo unas fotitos.



Picasso et les maîtres (en el Grand-Palais de Paris)

No exagero un pelo si les digo que esta es la mejor exposición que he visto en muchísimo tiempo. Por la cantidad de cuadros, la calidad de los mismos, el planteamiento temático, la disposición del espacio... Una exposición absolutamente maravillosa en la que pasar unas cuantas horas sin apenas percatarse. Para quedarse extasiado sala tras sala. Piensen en cualquier gran pintor que les emocione y les aseguro que encontrarán aquí algún magnífico ejemplo de su obra.

El hilo argumental es más que interesante y supone toda una lección sobre el proceso de creación artística. Y es que, como bien nos muestra la exposición, la auténtica genialidad artística se cimenta sobre la técnica y el conocimiento más profundo de los grandes maestros.

Y me callo ya, porque si sigo tratando de describir esta exposición no voy a lograr más que añadir superlativos y más superlativos que ni de lejos lograrán hacerle justicia. Si tienen la inmensa suerte de tener planeado un viaje a París dentro de poco, no lo duden: hagan un hueco para esta visita. Para muestra, un par de botones:



Y, bueno, lo dejo ya porque me está quedando muy largo este post. Mañana (o pasado, o cuando me venga en gana) sigo, que aún hay más. Sean felices y curiosos ;-)

31 de agosto de 2008

Edward Steichen

Qué magnífica exposicion. Si ustedes, como esta que escribe, andan por Madrid durante este verano, están de suerte porque tienen esperándoles en el Reina Sofía una de las exposiciones que más me han gustado en los últimos años: Una epopeya fotográfica. Edward Steichen. Es verdad que todo está bien montado, documentado y expuesto, pero también lo es que juegan con ventaja, ya que hay pocos artistas tan polifacéticos, creativos, innovadores y determinantes para todo un género artístico como Edward Steichen. Recapitulo.

Entre finales del siglo XIX y principios del XX, Edward Steichen formaba parte de todo ese grupo de pintores que miraban con curiosidad las posibilidades de ese incipiente medio que era la fotografía. Desde que en 1895 tomara su primera fotografía, Steichen había andado reflexionando acerca de lo que ambos medios -pintura y fotografía- podían ofrecerse mutuamente, hasta que la balanza finalmente acabó decantándose hacia la segunda. Paulatinamente, el artista va abandonando la pintura y centrándose en la fotografía hasta el punto de que acaba siendo uno de los abanderados de Pictorialismo, corriente que defiende la independencia de la fotografía como arte separada de la pintura y trata de indagar en un camino y un lenguaje propios de este medio.

De este modo, la exposición comienza mostrándonos abundantes ejemplos de los experimentos realizados por Steichen en busca de ese lenguaje propio. Su obsesión es deslindarse de la pintura y, como tal, busca motivos para fotografiar que nada tienen que ver con aquellos que suelen protagonizar la pintura. En esta misma línea, Steichen prueba una y otra vez los efectos que causan en la fotografía los diferentes materiales y procesos de revelado.

Durante toda esta primera etapa, Steichen se constituye en uno de los actores principales de la consolidación de la fotografía como arte en Estados Unidos, promoviendo numerosas iniciativas y aglutinando entorno a sí y a su colega Alfred Stieglitz a un nutrido grupo de fotógrafos. Bajo la iniciativa de este último, promueven el movimiento Photo-Secession, para defender la fotografía pictórica como medio artístico. Nace entonces una pequeña joya de la historia de la edición llamada Camera Work, la revista donde publicarán manifiestos y obras del grupo. Steichen ejerció como fotógrafo, escritor, diseñador, editor y creador de tipografías en esta revista, dando muestra de su enorme creatividad.

Pero al genio de Steichen le quedaban mucho que mostrar y la exposición continúa llevándonos de la mano por su trayectoria. Steichen se va convirtiendo en todo un hito y por su cámara desfila gran parte de la sociedad artística y cultural de la época, circunstancia que aprovecha para indagar en las posibilidades expresivas del retrato artístico. Sus retratos cobran tal fama que el ser fotografiado por él acaba siendo un signo de estatus.

No solo dejaría su impronta en el retrato: otros géneros fotográficos le deben igualmente tributo a Steichen. En 1909, Condé Montrose Nast había adquirido una pequeña revista acerca de la sociedad newyorkina llamada Vogue. Cuatro años más tarde, compra una revista de moda masculina que renombrará como Vanity Fair. Estaba naciendo el grupo editorial de revistas más importante y prestigioso del mundo. La fama de las revistas Condé Nast se forjó merced a un impresionante plantel de editores, escritores y colaboradores diversos entre los que se encuentran, cómo no, nuestro Edward Steichen. Entre ambas guerras mundiales, nuestro artista fue jefe de fotógrafos del grupo Condé Nast. La fotografía de moda ya nunca volvería a ser lo mismo.

Muy destacable es también su trabajo como fotógrafo de guerra. Si en la I Guerra Mundial se había centrado principalmente en la fotografía aérea, durante la Segunda sirvió como Director del Instituto Fotográfico Naval. Sus fotografías acerca de la vida a bordo de un portaaviones, excelentemente mostradas en la exposición del Reina Sofía, ofrecen un interesantísimo punto de vista del aspecto humano de los soldados. Además de fotografías, durante este período filmó el documental The fighting lady, que le valió el Oscar a la película documental en 1945. Evidentemente, se trata de una obra propagandística pero, al igual que los documentales realizados por Leni Riefenstahl para la Alemania nazi, supone un antes y un después en el género documental.

Steichen, como bien nos muestra esta exposición, fue un magnífico fotógrafo, agitador de los movimientos de vanguardia a principios de siglo, editor de revistas, retratista de la alta sociedad hollywoodiense, reportero de guerra y reputado fotógrafo de moda. Pero tuvo tiempo para mucho más. Durante cierta temporada, se dedicó profesionalmente a la floricultura, haciéndose por derecho propio con un nombre en el mundo de la jardinería gracias a una serie de variedades que logró crear a base de cruces. También diseñó pianos y revolucionó el mundo de los estampados textiles con sus novedosos tramados a base de pequeños objetos entrecruzados como cerillas o botones.

Por cualquiera de esas facetas ya habría sido merecedor de una exposición. Y, sin embargo, aún quedaba su obra maestra. Tras la Guerra y hasta 1962, Steichen fue Director de Fotografía para el MoMA. Durante este período diseñó toda una serie monumentales exposiciones, entre las que emerge sin lugar a dudas The Family of Man, de 1955, el gran hito de las exposiciones del siglo XX. Steichen no se conforma aquí con mostrar las obras, sino que por encima de todas las fotografías que la conforman emerge la misma exposición como objeto artístico per se. Para ello cuida hasta el mínimo detalle, desde la colocación de las obras hasta el diseño del recorrido que realiza el visitante. Se dirige la mirada del espectador desde que entra hasta que sale de forma que es guiado a través de la tesis marcada por la exibición. Tal fue la trascendencia de The Family of Man, que es la única exposición catalogada como Patrimonio Universal por la UNESCO y hoy en día aún puede visitarse en el Museo The Family of Man, en Château de Clervaux, Luxemburgo.

No es de extrañar que a menudo se haya dicho de él que es el mejor fotógrafo de la historia, más aún desde que una reproducción de su The Pond Moonnight batiera todos los récord de subasta de fotografías al ser adquirida por 2,9 millones de dólares en 2006.

En fin, una exposición que no deberían perderse (ya sé, ya sé, siempre les digo lo mismo). Aprovechen, que estará hasta el 22 de septiembre. Sean curiosos y felices ;-)

14 de mayo de 2008

En la expo de Modigliani

La tienen hasta el día 18, así que si andan por Madrid y se dan prisa aún les queda tiempo de ir.

Aunque no es precisamente uno de mis artistas favoritos -en mi modestísima opinión, el arte del siglo XX se habría resentido más bien poco si a Modigliani le hubiera dado por zurcir medias en lugar de pintar-, la exposición Modigliani y su tiempo bien merece una visita:
  • Proporciona un buen panorama del clima artístico parisino post-impresionista que camina hacia las vanguardias. Hay obras de Cezanne, Derain, Brancusi, Picasso, Juan Gris...
  • Nos sitúa a la perfección en el contexto del artista: por un lado, quiénes (o qué) le influyeron y cómo se refleja esta influencia en su búsqueda artística; por otro, sus amigos, su círculo de relaciones, el ambiente bohemio artístico del Montparnasse de principios de siglo.
  • Es una ocasión estupenda para contemplar escultura, algo habitualmente difícil en Madrid. La muestra incluye una docena de esculturas que conectan el arte africano con la exploración del volúmen de escultores como Brancusi o el mismo Modigliani.
  • Refleja muy bien el camino de experimentación en los distintos lenguajes pictóricos que Modigliani, como cualquier otro artista, llevó a cabo en la búsqueda de su propia voz. Desde sus devaneos con el cubismo a los experimentos puntillistas y fauvistas, vemos toda una serie de cuadros pintados "a la manera de" que muestran a un artista en formación que aún no ha encontrado su estilo.
  • Las fotografías y la documentación contribuyen a proporcionarnos una idea de la efervescente vida intelectual del Paris de entreguerras.
  • Y, qué narices, hay un puñadito de obras hermosísimas esperando a ser contempladas.

Sean felices y no se me desmadren demasiado este puente ;-)

10 de enero de 2008

Fernando Vicente en Drawn!


En una de mis habitualísimas visitas a Drawn!, me he topado con la grata sorpresa de que recomendaban la web de Fernando Vicente. Ciertamente, como dicen en el post de Drawn!, su web es pesadísima (vamos, que tarda en cargar muchísimo), si bien la espera merece sobradamente la pena.

A Fernando Vicente le sale el talento por las orejas (o, en este caso, por los pinceles). Domina la composición como pocos, es un magnífico retratista y hace gala de un exquisito dominio del acrílico. De lo mejorcito que puebla nuestro panorama editorial. Uno de esos artistas que revalorizan la página, que acompañan y enriquecen el texto, cuando no lo eclipsan (la de mediocres y aburridos Babelias que me habré comprado buscando alguna ilustración suya). Vamos, lo mismito que el sobrevaloradísimo y anodino Jordi Labanda.

Estos días, y hasta el 16 de febrero, se encuentra expuesta parte de su obra en ese pequeño trocito de cielo (me perdonen la cursilería) que es la librería Sins Entido.

27 de octubre de 2007

27 de octubre, día del corrector

Hoy es el día del corrector, así que supongo que me toca felicitarme un poquitín a mí misma. Para celebrarlo, he decidido rescatar de mi cada vez más extenso almacén de borradores este texto que encontré hace tiempo (demasiado, me temo) en uno de los antiguos blogs de J. A. Millán al que, por cierto, llegué a través de Addenda&Corrigenda. Ya saben, cosas de la interconexión de la web. En fin, acá va el texto de marras:
"El centenario de Madame Bovary ha venido a reactualizar, en cierto modo, la figura de ese escritor singular que fue Gustavo Flaubert. Escritos singulares, si pensamos que nunca autor alguno fue menos favorecido por el propio temperamento. La creación le costaba un trabajo increíble. Las frases no acudían a su pluma. Terminar una página era, para él, una tarea de forzado. Adelantaba lentamente en sus libros, renqueando, sufriendo, protestando, como si cumpliera con una intolerable obligación impuesta por otro. No poseía imaginación verbal. Tenía que rehacerlo todo, tachando, quitando, enderezando párrafos cojos. Y aun cuando daba un manuscrito por terminado, Máximo Du Camp, su íntimo amigo, cazaba en ellos gazapos imperdonables; verdaderas perlas, como cierta 'excursión marítima' puesta en la segunda página de La educación sentimental, para calificar... un viaje por el Sena. O aquello de 'Sonó lentamente el toque de la una', visto más adelante, en la misma novela, que hacía exclamar al corrector, escandalizado: '¿Es que les tomas el pelo a tus lectores? ¿Cómo quieres tú que una sola campanada suene lentamente?...'"
El adjetivo y sus arrugas, Alejo Carpentier, 1980.
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24 de octubre de 2007

Atracón fotográfico

Cuatro días para cuatro exposiciones de fotografía, tal es el atracón fotográfico que decidí regalarme la semana pasada. Tres exposiciones (una de ellas tiene dos partes) aparentemente independientes entre sí pero entre las que es posible establecer claras líneas de conexión. Cuatro exposiciones que suponen una ocasión ideal para todo aquel que quiera iniciarse en el conocimiento de esta forma de expresión.

Día 1

Comienzo el jueves acercándome por el Círculo de Bellas Artes para ver la primera parte de Momentos estelares del siglo XX.

El título es suficientemente explícito acerca de los propósitos y contenidos de esta exposición. Las fotos expuestas son bastante conocidas, por lo que el aficionado a la fotografía no va a descubrir gran cosa. Sin embargo, la exposición tiene un marcado carácter didáctico y nos conduce a la perfección lo largo de las motivaciones y caminos que ha ido siguiendo la fotografía en su búsqueda de un espacio expresivo autónomo dentro del arte. Vamos, que merece la pena darse un paseíto por allí.

Por cierto, el Círculo de Bellas Artes ha publicado en PDF el catálogo de la exposición y lo ha dejado disponible para todo aquel que quiera descargárselo aquí. Todo un detalle, la verdad. Las fotos están muy pixeladas, seguramente por el tema de los derechos, pero al menos permite el acceso a los textos introductorios de las distintas partes de la exposición.

Día 2

El viernes debería haber continuado por la segunda parte de esta exposición, pero como andaba cerca de Atocha decidí pasarme por el Reina Sofía para visitar Jano: la doble cara de la fotografía.

La exposición está compuesta por obras pertenecientes a la colección del Reina Sofía realizadas todas ellas con posterioridad a 1990. Supone el broche ideal al repaso a la historia de la fotografía que iniciamos con la exposición del Círculo en tanto que nos muestra los rumbos que comienzan a indagarse actualmente.

Si la técnica y la tecnología de cada época acaba por influir irremediablemente en el arte, esto queda puesto claramente de manifiesto con esta exposición donde adquieren un papel protagonista las técnicas digitales de retoque fotográfico, así como las enormes posibilidades que los nuevos materiales y medios de impresión ofrecen al soporte.


Día 3

El sábado me di un paseo por la más lúdica y juguetona de las cuatro exposiciones: Ocultos, en la Fundación Canal de la Plaza de Castilla (reseña en Clarín aquí).

Con el culo y sus representaciones como excusa, se ha buscado ofrecer una reflexión sobre las diferentes maneras de acercarse al cuerpo humano que plantean los 67 fotógrafos expuestos.

La visita resulta muy agradable tanto por la calidad de las fotografías como por el tono de juego con el que están expuestas. Para acentuar el carácter voyeur de la fotografía, se ha llenado el espacio de mirillas a través de las cuales el visitante puede "espiar" lo que sucede en el resto de las salas.

Día 4

Por último, el domingo tocaba completar la segunda parte de Momentos estelares del siglo XX, así que me acerqué a la sala de exposiciones del Canal de Isabel II. Nunca había estado en este antiguo depósito de agua reconvertido en sala de exposiciones a pesar de que más de una vez he querido acercarme a visitar alguna de sus muestras. Y lo cierto es que el sitio me encantó, así que sólo por la torre ya merece la pena la visita.

Lo ideal habría sido que pasara por esta exposición nada más ver su primera parte y, desde luego, antes de la del Reina Sofía, ya que constituye el nexo temporal entre ambas. Comienza marcada, como la fotografía de la última mitad del siglo XX, por la influencia del matrimonio Becher y sus fotos de almacenes. Y progresivamente vamos asistiendo al aumento del prestigio de la fotografía como medio artístico, que acabará desembocando en su museización. El vídeo y la televisión, por otro lado, irrumpen como medios de expresión a finales del siglo estableciendo un productivo diálogo con la fotografía, la cual aprovecha los nuevos adelantos técnicos para adquirir nuevas posibilidades expresivas. Y aquí es donde la exposición engarza a la perfección con la muestra del Reina Sofía.

En fin, cuatro visitas muy interesantes y entretenidas que suponen un curso acelerado de historia de la fotografía. Y ahora es cuando yo digo aquello de ¡no se lo pierdan! Sean felices ;-)

12 de octubre de 2007

Verbos

To overcome

No sé cómo lo hago, pero siempre que vuelvo de vacaciones acabo igual. Esta vez lo había planificado todo para un aterrizaje suave, sin depresiones abruptas, pero las circunstancias me han sobrepasado. Sí, mi primera semana aquí no ha sido para tirar cohetes ni mucho menos. Pero resulta que el sol, ocurra lo que ocurra, siempre acaba por volver a salir, así que aquí andamos.

To be

El fin de semana pasado fue de reencuentros. Con una misma, para empezar, entregada a la lectura, la visualización compulsiva de series y la convivencia tranquila con mi querido maximizador. Nada como un par de días de feliz desidia para volver a ser uno mismo.

Entre las lecturas, empujón final a Retrato de grupo con señora, de Heinrich Böll. La edición es un desastre, llena de erratas, mal puntuada y peor traducida, pero es lo que hay. No he logrado conseguir una mejor. Por fortuna, la novela me ha gustado tanto que he logrado sobrepasar todas las zancadillas. No puedo ni imaginar lo que habría disfrutado de este ácido retrato de la sociedad alemana durante las dos postguerras de haber tenido una edición en condiciones.

Y, más lecturas. El niño con el pijama de rayas, que me lo bebí en un ratito. Un libro simple y sencillo, sí; lleno de trampas y con algunos momentos un pelín inverosímiles, también. Sin embargo, su lectura bien merece unas horas por su arriesgado tratamiento del tema y por su visión, nada simplista, desde el otro lado. Por cierto, esto me recuerda al libro de fotografía que en enero de este año de este año se recibió anónimamente en el Museo del Holocausto. La excepcionalidad del álbum radica en que contiene las fotografías que alguno de los nazis del campo fue tomando sobre su vida cotidiana allí.

En el capítulo audivisual, me zampé de un golpe los últimos cinco episodios de la cuarta temporada de Nip/Tuck. Una temporada estupenda, por cierto, que no llega al nivel de la segunda, pero que retoma con fuerza el tema de nuestra insatisfacción en la vida cotidiana, nuestra incapacidad para dejar de preferir la vida del de al lado. Además, el tema de la diferencia, omnipresente en distinta medida a lo largo de todas las temporadas, aquí toma un papel protagonista y es tratado de forma brillante, sin idealizaciones, ñoñerías, ni dramatismos. En cuanto al guión, ofrece hallazgos estupendos -genial esa prolepsis del capítulo 11- y la dirección es una de las mejores que se hayan visto recientemente en televisión.

Y, como no, un par de visitas al cine. La primera, para la esperadísima Promesas del Este, una historia dura, seca y llena de violencia que te deja pegado al asiento. Estoy de acuerdo con Sisterboy en la mayor parte de sus apreciaciones, así que, como la crítica cinematográfica no es lo mío, vayan a verla y luego si quieren leánse este post (por favor, no se les ocurra hacerlo en orden inverso).

La segunda, igualmente recomendable, Los testigos, de André Techiné, una imprescindible vuelta a 1984, cuando la epidemia del SIDA comenzaba a causar sus primeros estragos. El miedo, la indefensión, el ostracismo... nada que ver con la patética y edulcorada Historias de Filadelfia. Y es que el director de Los juncos salvajes y Lejos es un valor seguro desde hace ya bastates años.

To do

Un rápido checklist al más puro estilo programata con las próximas citas de mi agenda cultural:
  • Fiel a su cita otoñal, se acerca el estreno anual de Woody Allen. La única crítica que he leído hasta ahora es bastante negativa. Aún así, mi cita con Woody es inamovible.
  • Este otoño, el aire viene del Norte, con dos exposiciones estrella: Durero y Cranach en el Thyssen y La abstracción del paisaje en la March. Esta última me apetece especialmente y, aprovechando lo cerca que está de mi trabajo, probablemente me escape cualquier día a la hora del café. También parece interesante la de los estruscos en el Arqueológico.
  • Los estrenos de cine español, por una vez, se presentan interesantes, con Mataharis (por dios, qué título más espantoso) y Siete mesas de billar francés. Ya veremos qué nos deparan.
  • Y dos exposiciones interesantes más, esta vez de fotografía: Momentos estelares del siglo XX, en el Círculo de Bellas Artes, y Ocultos, en la Fundación Canal.
  • And last but not least, este martes se representa, fuera de abono y a precios populares, el Leonore de Beethoven en el Teatro Real. Se trata de una versión primeriza del Fidelio, una de mis óperas preferidas. Desde luego, la noche promete, tanto por el evento en sí como por la espléndida compañía que llevaré.
Y esto es to... esto es to... esto es todo, amigos.

24 de julio de 2007

¡Qué escándalo! ¡Qué escándalo!

Pues sí, oigan, la que suscribe, inocente e ingenua como es, anda escandalizada -y mucho- toda esta última semana. Y es que he descubierto que el juez del Olmo y toda la fiscalía ven el Tomate en lugar de los documentales de la 2.

En fin, como de todo se puede aprender en esta vida, he sacado en claro que en este país uno puede acusar al presidente del Gobierno de conspirar con islamistas para montar un atentado y hacerse con el poder, puede quejarse de la pasividad de la Monarquía ante dicho "golpe de estado", puede aplaudir y justificar que un militar golpista que chochea y añora tiempos pasados aliente a las masas a subvertir el orden establecido, puede poner en duda sin prueba alguna la legitimidad de un resultado salido de las urnas y la honradez de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, puede, en definitiva, decir lo que le venga en gana al amparo de la libertad de expresión. Siempre y cuando, eso sí, no se le ocurra pintar a los príncipes folleteando como cualquier hijo de vecino y tenga la mala -o buena, según se mire- suerte de salir en el Tomate.

En cualquier caso, como este tema ya aburre y empieza a estar más visto que el susdicho Tomate, me voy a dedicar a contarles lo más destacable de mis últimas incursiones culturales y pseudoculturales. O, bueno, quizás no sea lo más destacable, pero sí lo que a mí me apetece contar, así que ahí va.

1. Islandeses y daneses

Hace unas cuantas semanas ya, me decidí por fin a ver la última peli de Lars von Trier: El jefe de todo esto. Y digo me decidí porque reconozco que este hombre me causa mucha pereza a priori. No importa que entre su filmografía haya más títulos que me entusiasman de los que me horripilan, el caso es que siempre pospongo el momento de ir a ver cualquier película de este tipo. Supongo que será porque, me guste o no me guste la peli, con el amigo Lars nunca lo paso bien en el cine.

Una se pasa meses desojando la margarita, tratando de decidir si ir o no y recabando fuerzas y, cuando al fin da el paso, se sienta en la butaca resistiendo las ganas de huir antes de que sea demasiado tarde. Una de dos: o te resulta una memez digna de Will Ferrer si algún día le da por hacerse el intelectual o entras de lleno en la peli y sufres lo indecible hasta que termina. En este segundo caso, sales del cine emocionada, profundamente tocada, llena de nuevas y profundísimas preguntas... y prometiéndote a ti misma que la próxima vez elegirás algo un pelín menos trascendente, algo como, qué se yo, las reflexiones de Victoria Beckham cuando le hacen la manicura.

En fin, el caso es que al final fui y, para mi sorpresa, lo pasé fenomenal. ¿Quién no ha tenido un jefe cabrón? ¿Quién no se ha preguntado nunca cómo puede alguien saberse tan cabrón y seguir soportándose? El jefe de todo esto tiene la respuesta. Una inteligente comedia que saca punta a las relaciones laborales de hoy en día. Lo mejor, sin duda, el final, que no les cuento porque no me lo permite el jefe de todo esto :-)

2. El bueno de Vincent

Pues sí, allá estuve otra vez, fiel cual grouppie gafipasti, en la nueva expo del Thyssen (a este paso me acabo tatuando un Tita forever en alguna zona íntima :-P). Esta vez es de las pequeñitas, apenas unas decenas de paisajes de la última etapa de Van Gogh. Un puñadito de cuadros exquisitamente expuestos, perfectamente iluminados, documentados con esmero, acompañados por la información justa para que el profano no se sienta desamparado sin atosigarle con datos eruditos ni abrumarle con anécdotas intrascendentes. En fin, nuevamente, una exposición como dios manda.

Se trata de una muestra de los últimos días de la vida del genial Vincent, en los que se dedicó a pintar de forma compulsiva, como si estuviera tratando de expulsar a golpe de pincel todos sus fantasmas. En ellos el paisaje es casi una excusa para dar rienda suelta a la Pintura con mayúsculas, al color en toda su ferocidad, a la pura textura. Van Gogh tiende aquí a romper los principios elementales de la composición al elevar la línea del horizonte hasta reducir la superficie ocupada por el cielo a menos de un cuarto del lienzo. No es el paisaje en sí lo que le interesa, sino las inmensas posibilidades expresivas que le ofrecen los campos de cereal, los tejados de chamizo, las piedras de los caminos, elementos todos ellos que distorsiona hasta rozar la abstracción.

Puede parecer una exposición menor, pero yo me quedé extasiada ante alguna de las pinturas. Extasiada y sorprendida, porque siempre me he preguntado por qué tiene Van Gogh tanto éxito, por qué apasiona de ese modo a tanta gente que denosta movimientos que, como el expresionismo abstracto, beben directamente de sus cuadros.


3. Una de zombies (o lo que sean)

Estaba yo buscando alguna película intrascendente con la que pasar el rato cuando leo por ahí el siguiente argumento: "Una epidemia ha acabado con la población de toda Inglaterra. Aparece entonces un superviviente que es portador pero que no ha desarrollado la enfermedad y se plantea el dilema moral de qué hacer: si matarlo para erradicar la enfermedad, o utilizarle para investigar una posible cura". Claro, yo voy, leo esto y me digo: "jo, qué argumento más bueno, qué de posibilidades, qué de preguntas" y decido ir a ver la peli.

A estas alturas muchos ya habrán adivinado que me estoy refiriendo a 28 semanas después y andarán por los suelos de la risa ante mi inocencia. Sí, porque allá fui yo pensando que iba a ver una especie de 2001 o de Blade Runner, cuando la película pasa de puntillas por el supuesto dilema moral y se dedica a mostrar vísceras y sangre en una muestra de violencia extrema como hacía tiempo no veía. Evidentemente, me equivoqué en la elección de la película (si pillo al que redactó la reseña le mato) y por tanto voy a ser algo más comedida de lo que sería normalmente.

Dicho esto, me gustaría saber por qué cuando uno va a ver Short bus se encuentra la entrada empapelada con avisos sobre la posibilidad de que la película hiera la sensibilidad del espectador y, sin embargo, en este caso no existe la menor advertencia. Está claro que cualquier persona decente se va a sentir más herida si ve a dos tipos follando de buen rollito que si ve a un desgraciado blandiendo el brazo que le acaba de arrancar a otro.

La película contiene varias secuencias bellísimas de Londres. Punto. Lo demás no es más que una sucesión de violencia sin ninguna pretensión. Sí, ya lo sé, es una película de género y bla, bla, bla. Pero una película de género en la que hay recurrir a la disculpa de que es una película de género no es una buena película. Una película, lo quiera o no, siempre bebe de algún género en mayor o menor medida. Y debe entretener. Porque de eso se trata, de entretener y no de tostar al espectador en su sillón. En fin que, aparte de resultarme tremendamente desagradable, me pareció un tostón inaguantable. Aunque, para gustos los colores, claro.

Sean felices. Y no se me enfaden mucho en los comentarios, que les conozco y sé que a muchos les entusiasmaron los zombies ;-)

23 de abril de 2007

23 de abril

Día del libro



Y que vivan don Miguel y don Guillermo :-)

9 de abril de 2007

El espejo y la máscara


La Fundación Thyssen, en colaboración con la Fundación Caja Madrid, lleva unos años malcriándonos a los amantes de la pintura a base de ofrecernos estupendas exposiciones. Tras las muestras sobre Der Blaue Reiter y las vanguardias rusas, esta primavera nos ofrecen El espejo y la máscara, centrada en el retrato contemporáneo.

Una excelente ocasión para todo aquel que quiera intentar comprender ese rumbo desconcertante y extraño para muchos que tomó la pintura a partir de finales del siglo XIX. La pintura, como el resto de las artes y la música, deja de ser "fácil" y previsible, comienza a huir de lo reconocible en una búsqueda de caminos propios que hoy en día no ha terminado. En palabras de Ortega en su Deshumanización del arte:
Cuando a uno no le gusta una obra de arte, pero la ha comprendido, se siente superior a ella y no ha lugar a la irritación. Mas cuando el disgusto que la obra causa nace de que no se la ha entendido, queda el hombre como humillado, con una oscura conciencia de su inferioridad que necesita compensar medianta la indignada afrimación de sí mismo frente a la obra.
[...]
El retratado y su retrato son dos objetos completamente distintos: o nos interesamos por el uno o por el otro. En el primer caso, "convivimos" con Carlos V; en el segundo, "contemplamos" un objeto artístico como tal.
Pues bien: la mayoría de la gente es incapaz de acomodar su atención al vidrio y transparencia que es la obra de arte; en vez de esto, pasa al través de ella sin fijarse y va a revolcarse apasionadamente en la realidad humana que en la obra está aludida.
En el caso de la pintura, en esta renuncia a la búsqueda de la realidad de la que habla Ortega tuvo mucho que ver la aparición de la fotografía. En este magnífico post, aberron reflexiona sobre el uso de fotografías como base para la creación de muchas de las obras emblemáticas de los pintores impresionistas. Sin embargo, como bien indica aberron, la fotografía supone además un cambio en el concepto mismo de la pintura, en la forma de encuadrar, de plasmar la luz, de buscar el movimiento. La fotografía surge, insultante, como la manera más fiel de plasmar la realidad dejando a la pintura sin una de sus principales razones de ser.

Ya no era necesario esperar meses a que un artista lograra una reproducción de aquello que algún cliente ansiaba ver perpetuado. En un tiempo muy inferior, era posible obtener una fotografía que, además, reproducía la realidad con mucha mayor fidelidad.

En seguida se vio que la búsqueda del realismo, ese afán por lograr una ejecución pictórica impecable que lograra la mayor aproximación posible a la realidad, dejaba de tener sentido y que, por tanto, la pintura debía comenzar un viaje en busca de nuevas vías expresivas. El impresionismo sería la primera de las paradas, pero seguirían muchísimas otras: el osado uso del color de los fauvistas, la experimentación con las formas de los cubistas, la apertura al subconciente y los sentimientos de surrealistas y expresionistas, la búsqueda de la forma primigenea o la obsesión por el ritmo en la composición de constructivistas y primeros abstractos. Los movimientos y tendencias se sucederán a lo largo de todo el siglo XX dentro de lo que ha sido la mayor y más radical evolución del arte de toda la historia.

En este contexto, el retrato es, quizá, un género privilegiado para seguir la pista de esta alocada carrera de la pintura. Despojado de su función tradicional, el retrato pictórico parecía abocado a desaparecer bajo la presión de la fotografía. Los artistas, sin embargo, encuentran nuevas motivaciones y hacen de este género un campo libre para la experimentación de sus nacientes ideas estéticas. Vincent van Gogh se expresaba así al respecto en 1890 (cita extraída de la guía didáctica editada por la Fundación Thyssen):
Me gustaría hacer retratos que un siglo después puedan ser considerados por la gente del momento como apariciones. Por eso no pretendo hacerlo a través de un parecido fotográfico, sino a través de nuestras expresiones más apasionadas, utilizando como medio de expresión y de exaltación del carácter nuestra ciencia y el gusto moderno por el color.
Y este es, precisamente, el punto de partida de la exposición que esta primavera nos ofrecen el Museo Thyssen y la Fundación CajaMadrid, con una estupenda selección de obras que incluye dos magníficos van Gogh y numerosos Picasso. Desde aquellos primeros experimentos postimpresionistas hasta los retratos seriados de Warhol, la muestra nos lleva de la mano a través de los diferentes movimientos.

Una exposición, un año más, de obligada visita. Y es que el Thyssen es, sin duda, lo mejor que le ha pasado a esta ciudad desde los tiempos de la movida.