Cualquiera que se haya sentado a mi lado durante una clase, habrá podido observar cómo voy rellenando de dibujillos los márgenes del papel donde esté cogiendo notas de la clase. Es una costumbre que he tenido desde que tengo memoria y que, aunque pueda parecer lo contrario, me ayuda a concentrarme en lo que están explicando.
En mis años de carrera, me consta que algún compañero prefería mis apuntes a los de otros porque estaban amenizados con mis pintamonadas. De hecho, hubo uno de estos garabatos que se popularizó enormemente hasta el punto de que me acabaron pidiendo una y otra vez esas dos hojas de apuntes de Historia de la lengua V para fotocopiarlas. Apenas éramos cuatro gatos ese día en clase, a primerísima hora de la mañana y me dio por inmortalizar el momento:
Como ven, no es más que un garabato a pie de página pero se hizo tremendamente popular porque ese "Mis 13 compañeros de clase" era un reflejo bastante aproximado del ambiente reinante en cualquier clase de quinto de la facultad.
Tampoco se crean que he descubierto el fuego, ya que esa costumbre de garabatear los márgenes de un libro o documento con dibujillos más o menos satíricos o humorísticos es más antigua que el comer. Los manuscritos medievales están plagados de ellos. Se llaman marginalia y con frecuencia son maravillosamente imaginativos. Aquí unos pocos:
Ando estos días leyendo -entre otra docena de libros- "No duermas, hay serpientes". Vida y lenguaje en la Amazonia, de Daniel L. Everett (disponible aquí). Aún no tengo una opinión formada sobre el libro, pero al menos me está haciendo reflexionar sobre numerosos temas relacionados con el lenguaje.
Daniel Everett se trasladó con su familia al Amazonas profundo con el fin de evangelizar a los indios pirahā. Como digo, aún no lo he terminado, pero por lo que llevo parece que más que enseñarles la vía cristiana a ellos, fueron los pirahā los que acabaron imbuyendo al misionero con su cosmovisión.
En cualquier caso, uno de los aspectos más interesantes de la historia es el relativo al idioma de los pirahā. Everett tiene formación lingüística y conoce la teoría de Chomsky de la existencia de una estructura lingüística subyacente y común a toda la humanidad que se encuentra en potencia en nuestros cerebros al nacer y que desarrolla unos u otros rasgos en función de nuestra exposición a la lengua de nuestros padres. Sin embargo, conforme Everett se va adentrando en el conocimiento de la lengua pirahā, empieza a encontrar en esta características que contradicen la teoría de Chomsky.
No me voy a detener en esto y la subsiguiente controversia sobre si la teoría de Chomsky es o no válida o si los hallazgos de Everett llegan o no a contradecirla (aunque no descarto intentar escribir un post algún día). Lo que quería contar es que, entre las peculiares características de la lengua pirahā está la de que tiene su propio sistema de comunicación mediante silbidos:
En el vídeo afirman que el pirahā, además de hablarse y cantarse, también se silba. No creo que sea correcto afirmar esto, sino que más bien habríamos de decir que, entre las lenguas que utilizan los pirahā, tienen una hablada y otra silbada. De hecho, tenemos un ejemplo equivalente muy cercano: el silbo gomero (y estoy segura que a nadie se le ocurre en este caso decir que el español se habla y se silba).
Lo que me interesa de ambos casos es que, aunque las lenguas silbadas se tratan de hecho de lenguas diferentes de sus hermanas habladas, al nacer y desarrollarse en la misma cultura que estas -y por tanto venir a resolver las mismas necesidades comunicativas- resultan fácilmente trasladables de una -la hablada- a la otra -la silbada- o viceversa, razón por la cual en el primer vídeo llegan a decir erróneamente que es la misma lengua.
Ocurre algo semejante con las lenguas de signos. Los profanos tienden a pensar que al aprender lengua de signos van a ser capaces de entenderse con cualquier hablante del mundo que sepa signar. Pronto se topan con la realidad: cada lengua de signos es diferente y, de hecho, existen variedades geográficas dentro de un mismo grupo de lengua signada, al igual que existen variantes dialectales en la lengua hablada.
"Ya se podían haber puesto de acuerdo para estandarizarlas", me dijo una vez un compañero en un curso de lenguaje bimodal. Pues no, querido, porque la única manera de estandarizar una lengua es creándola de forma artificial completamente desligada del uso (hola, esperanto). Además, cuando la lengua se usa se convierte en algo vivo, por lo que desde el primer momento se encuentra sometida a corrientes centrípetas que, con el uso y el paso del tiempo, darán lugar a variedades locales que finalmente pueden llegar a convertirse en lenguas autónomas.
La lengua, como elemento comunicativo, está fuertemente influida por el entorno, la cultura, la sociedad y la propia idiosincrasia del hablante. Es lo que denominamos el "habla", que es la manera propia de cada uno, frente a la "lengua", que constituiría algo así como la imagen fija e ideal que comparten entre sí los hablantes de en un momento y lugar concreto.
Aunque desde que existen los emojis todo el mundo parece haberse olvidado de los emoticonos (confieso que yo aún los uso esporádicamente), hace tiempo que andaba detrás de contar que también en los emoticonos existen diferentes lenguas en tanto en cuanto que, pese a lo que nos diría la intuición, en Asia se emplean emoticonos totalmente distintos que en occidente: si en Europa empleábamos :) o :-) para la sonrisa, un chino solía emplear (^_^); mientras que nuestro enfado :-( se vuelve T_T.
"¡Cualquiera puede fotografiar!" Bajo ese lema se publicó uno de los números de la revista Der Arbeiter-Fotograf, animando a que culquiera se lanzara a denunciar con sus fotografías la realidad miserable de la clase trabajadora alemana en la época de Weimar. Edwin Hoernle, uno de los más activos exponentes de la fotografía obrera alemana, escribió:
"Debemos proclamar la realidad proletaria en toda su repugnante fealdad, con su denuncia a la sociedad y su exigencia de venganza [...] Debemos presentar las cosas como son, con una luz dura, sin compasión."
De esta cita toma su título -Una luz dura, sin compasión- la interesantísima exposición de fotografía que ofrece el Museo Reina Sofía esta primavera.
El tema de la muestra es la corriente de fotografía obrera de carácter amateur que nace tras una convocatoria lanzada por la revista comunista alemana AIZ. En ella se instaba a fotógrafos aficionados a enviar aquellos trabajos cuya temática tratara acerca de la vida diaria de los obreros, el trabajo en las fábricas y la denuncia de las condiciones sociales. Paralelamente a la labor de AIZ y Der Arbeiter-Fotograf en alemania, en la Unión Soviética Mikhail Koltsov promovía la publicación Sovetskoe foto y el movimiento amateur organizado.
Es en esta última donde aparece publicada la serie sobre la familia Filipov, "24 horas en la vida de una familia obrera de Moscú", obra de los fotógrafos Alpert, Shaikhet y Semion Tules. El reportaje quería incidir en los beneficios de la revolución soviética y mostraba a los miembros de la familia Filipov en diversas situaciones cotidianas en las que se hacía hincapié en el nivel de desarrollo y bienestar del que gozaba el proletariado ruso.
El diálogo entre la revista soviética y las alemanas fue constante, los reportajes de una aparecían en las otras y viceversa. El de la familia Filipov tuvo su reflejo en otro realizado por fotógrafos alemanes para AIZ bajo el título de "Los Filipov alemanes". Sin embargo, si aquel tenía un caracter ensalzador del régimen, el alemán, en cambio, venía a incidir en las paupérrimas condiciones de la clase trabajadora en alemania.
El movimiento se extendería posteriormente a diversos países como Suiza, la República Checa, Hungría o Estados Unidos hasta el último gran episodio de la fotografía proletaria: la Guerra Civil española.
Así, la muestra del Reina Sofía se torna en una cita inenudible para todo amante de la fotografía pues ofrece un recorrido impagable por la época dorada de la fotografía social y de denuncia apoyado, además, por documentales cinematográficos y numerosos ejemplares de revistas.
Aparte de la indudable calidad artística de las fotografías, resulta muy interesante reflexionar sobre el poder propagandístico de la fotografía. Mientras el régimen soviético apoyaba esta práctica fotográfica que incidía en las bondades del stalinismo, se estaba llevando a cabo una deskukalización masiva por toda la Unión Soviética que daría lugar a la muerte de millares de campesinos por inanición (lo cuenta admirablemente Vassili Grossman en su recomendabilísima Todo fluye). Y, más adelante, fue el mismo régimen el que desplazó la práctica de la fotografía amateur hacia profesionales temeroso de que se ofreciera una imagen negativa del estado soviético mostrando los estragos de la colectivización.
Sobre este poder propagandístico de la fotografía ya hablamos aquí a propósito de la muestra sobre Dorothea Lange en el post Dos exposiciones más o menos decepcionantes. Y es que, aunque no entra dentro de esta exposición, existen muchas conexiones entre el uso de la imagen de estos fotógrafos animados por la estrategia propagandística de la Internacional Comunista y el que realizan Dorothea Lange y el resto de fotógrafos que, a sueldo de la política del New Deal, recorrían los Estados Unidos en la misma época plasmando su testimonio sobre los estragos que la gran depresión había causado en el sector más vulnerable de la clase trabajadora americana.
Una exposición, esta del Reina Sofía, que no deberían perderse esta primavera. Como tampoco deberían dejar de leer a Grossman. Comiencen por Todo fluyesi no se atreven con Vida y destino, pero hagan el esfuerzo. No se arrepentirán. Sean curiosos y felices ;-)
Leo en el blog de mi amiga mluz (qué poco nos vemos, maja :-/ ) que Blur Ediciones le ha publicado un libro. Una noticia fantástica que acaba de conseguir un hito: que yo postee dos días seguidos por primera vez en meses.
Hace casi un año tuve ocasión de ver una pequeña pero muy estimulante exposición con parte de los dibujos y textos que conforman este librito. Me encantó. Los dibujos, rápidos apuntes del natural, tenían una frescura y una espontaenidad encantadoras. Quizás sólo los que se han (o nos hemos) pegado alguna vez con el difícil arte del dibujo al natural puedan comprender la dificultad que se oculta detrás de esa aparente simplicidad. Lo que es indudable, sin embargo, es su admirable capacidad para escoger siempre el enfoque adecuado para componer un fresco vívido del día a día de esta ciudad. Los textos, además, acompañan y amplifican ese fresco apuntando pequeñas historias, casi haikus, de lo que pudo ser o, quizás, fue. Una delicia.
La noticia me congratula. Primero, obviamente, por amistad; después porque de esta forma voy a poder llevarme a mi casa ese pedacito de vida volcado en el librito; y, finalmente, por lo que de buen saber hacer tiene esta colección de Blur. En los últimos meses me había venido llamando la atención estos pequeños libritos que pululan en ciertas librerías (las buenas, claro). La editorial ha creado un blog, Libros de Blur, donde uno puede perderse un buen rato hojeando estos libros. En el texto justificativo del blog dicen lo siguiente:
[...] Siempre que los autores estén de acuerdo, intentaremos ofrecer la versión on-line de los libros que editamos. Se trata de compatibilizar nuestra viabilidad empresarial y los derechos de los autores con otro derecho fundamental, el del acceso a la cultura. Creemos que pueden convivir perfectamente. Puedes enlazar cualquiera de los e-libros desde tu blog o tu página web, siempre que no se cobre el acceso a ella y a sus contenidos. También puedes imprimir una copia para tu uso personal (por ejemplo, en países donde es difícil conseguirlos) pero no duplicar ni comercializar con copias, sean impresas o no. Los textos e imágenes que aparecen en los libros son propiedad de sus autores, que amablemente han autorizado su reproducción en este blog. Ellos han sido generosos, no abuses de ello. Reservados todos los derechos.
Todo un ejemplo de sentido común difícil de hallar en estos días de "artistas" que persiguen enfervorizados al resto de la humanidad y usuarios que se auto-otorgan el derecho a consumir todo tipo de material cultural sin soltar jamás un solo duro. Qué gusto da toparse de vez en cuando con algo de sentido común.
Disfruten con los libros de Blur. Y, ya saben, sean curiosos y felices ;-)
No sé cómo lo hago, pero siempre que vuelvo de vacaciones acabo igual. Esta vez lo había planificado todo para un aterrizaje suave, sin depresiones abruptas, pero las circunstancias me han sobrepasado. Sí, mi primera semana aquí no ha sido para tirar cohetes ni mucho menos. Pero resulta que el sol, ocurra lo que ocurra, siempre acaba por volver a salir, así que aquí andamos.
To be
El fin de semana pasado fue de reencuentros. Con una misma, para empezar, entregada a la lectura, la visualización compulsiva de series y la convivencia tranquila con mi querido maximizador. Nada como un par de días de feliz desidia para volver a ser uno mismo.
Entre las lecturas, empujón final a Retrato de grupo con señora, de Heinrich Böll. La edición es un desastre, llena de erratas, mal puntuada y peor traducida, pero es lo que hay. No he logrado conseguir una mejor. Por fortuna, la novela me ha gustado tanto que he logrado sobrepasar todas las zancadillas. No puedo ni imaginar lo que habría disfrutado de este ácido retrato de la sociedad alemana durante las dos postguerras de haber tenido una edición en condiciones.
Y, más lecturas. El niño con el pijama de rayas, que me lo bebí en un ratito. Un libro simple y sencillo, sí; lleno de trampas y con algunos momentos un pelín inverosímiles, también. Sin embargo, su lectura bien merece unas horas por su arriesgado tratamiento del tema y por su visión, nada simplista, desde el otro lado. Por cierto, esto me recuerda al libro de fotografía que en enero de este año de este año se recibió anónimamente en el Museo del Holocausto. La excepcionalidad del álbum radica en que contiene las fotografías que alguno de los nazis del campo fue tomando sobre su vida cotidiana allí.
En el capítulo audivisual, me zampé de un golpe los últimos cinco episodios de la cuarta temporada de Nip/Tuck. Una temporada estupenda, por cierto, que no llega al nivel de la segunda, pero que retoma con fuerza el tema de nuestra insatisfacción en la vida cotidiana, nuestra incapacidad para dejar de preferir la vida del de al lado. Además, el tema de la diferencia, omnipresente en distinta medida a lo largo de todas las temporadas, aquí toma un papel protagonista y es tratado de forma brillante, sin idealizaciones, ñoñerías, ni dramatismos. En cuanto al guión, ofrece hallazgos estupendos -genial esa prolepsis del capítulo 11- y la dirección es una de las mejores que se hayan visto recientemente en televisión.
Y, como no, un par de visitas al cine. La primera, para la esperadísima Promesas del Este, una historia dura, seca y llena de violencia que te deja pegado al asiento. Estoy de acuerdo con Sisterboy en la mayor parte de sus apreciaciones, así que, como la crítica cinematográfica no es lo mío, vayan a verla y luego si quieren leánse este post (por favor, no se les ocurra hacerlo en orden inverso).
La segunda, igualmente recomendable, Los testigos, de André Techiné, una imprescindible vuelta a 1984, cuando la epidemia del SIDA comenzaba a causar sus primeros estragos. El miedo, la indefensión, el ostracismo... nada que ver con la patética y edulcorada Historias de Filadelfia. Y es que el director de Los juncos salvajes y Lejos es un valor seguro desde hace ya bastates años.
To do
Un rápido checklist al más puro estilo programata con las próximas citas de mi agenda cultural:
Fiel a su cita otoñal, se acerca el estreno anual de Woody Allen. La única crítica que he leído hasta ahora es bastante negativa. Aún así, mi cita con Woody es inamovible.
Los estrenos de cine español, por una vez, se presentan interesantes, con Mataharis (por dios, qué título más espantoso) y Siete mesas de billar francés. Ya veremos qué nos deparan.
Y dos exposiciones interesantes más, esta vez de fotografía: Momentos estelares del siglo XX, en el Círculo de Bellas Artes, y Ocultos, en la Fundación Canal.
And last but not least, este martes se representa, fuera de abono y a precios populares, el Leonore de Beethoven en el Teatro Real. Se trata de una versión primeriza del Fidelio, una de mis óperas preferidas. Desde luego, la noche promete, tanto por el evento en sí como por la espléndida compañía que llevaré.
Y esto es to... esto es to... esto es todo, amigos.