Ese genio llamado David Simon escribe, en el prólogo de un interesantísimo libro de ensayos sobre The Wire que me acaban de regalar (mil gracias, mi N.), lo siguiente:
Después de todo, a excepción de los santos y los sociópatas, son muy pocos los terrícolas que presentan algo más que no sea una confusa y corrupta combinación de motivaciones personales, casi todas egoístas y algunas incluso hilarantes. El personaje es esencial a una buena ficción, y la tema es igual de fundamental. Pero, en ultima instancia, la narrativa que habla de nuestra vida cotidiana, que lidia con la realidades y contradicciones básicas de nuestro mundo inmediato, es la que, al final, tiene algunas probabilibdades de presentar una argumentación social, e incluso política. Y, siendo sinceros, The Wire no intentó solamente contar un par de buenas historias; sobre todo, buscó... pelea.
En este sentido, The Wire no versó realmente sobre Jimmy McNulty, Avon Barksdale, Marlo Stanfield, Tommy Carcetti o Gus Haynes. Ni fue tampoco una serie sobre crímenes, castigos, guerra al narcotráfico, o sobre la política, la raza, la educación, las relaciones laborales o el periodismo.
Es una serie sobre la Ciudad.
Unas decenas de páginas más allá, continúa:
Otra razón por la que esta seria puede parecerdistinta a otras muchas es porque uestro modelo no es tan shakesperiano como otros productos de primera línea de la HBO. Los Soprano y Deadwood, dos series que por cierto admiro bastante, me recuerdan mucho a Macbeth, Ricardo III o Hamlet en el sentido de que hacen un particular hincapié en la angustia y maquinaciones de los personajes principales, Tony Soprano y Al Swearengen. Buena parte de nuestro teatro moderno parece basarse en el descubrimiento de la mente moderna que llevó acabo Shakespeare. Pero nosotros nos inspiramos en otro modelo anterior y menos elaborado: los griegos; es decir, que nuestra línea temática se abreva masivamente en Esquilo, Sófocles y Eurípides en cuanto que nuestros protagonistas están marcados por el destino y se enfrentan a un juego previamente amañado y a su radical condición de mortales. [...] The Wire es una tragedia griega en la que el papel de las fuerzas olímpicas lo desempeñan las instituciones postmodernas y no los dioses antiguos. El Departamento de Policia, la economía de la droga, las estructuras políticas, el sistema educativo o las fuerzas macroeconómicas son los que arrojan ahora rayos jupiterinos y dan patadas en el culo sin ninguna razón de peso.
A riesgo de resultar pesada, ¡¡¡tienen que ver The Wire!!! Y, ya lo saben, sean curiosos y felices ;-)
En estos días todo buen teléfilo anda a vueltas con la última temporada de Lost especulando sobre si le resolverá o no todas las preguntas que se han venido planteando (¿apostamos algo a que no?). Yo, en cambio, voy a ir a contracorriente para no variar. En primer lugar porque ya hablé en su primera y maravillosa temporada a propósito de una anécdota que contaba Locke sobre Miguel Ángel. Y en segundo lugar porque, tras varias temporadas de desvaríos múltiples, Lost ya no me da ni para hacer chistes con los que cabrear a mis amigos más fan: los ¿guionistas? se bastan y se sobran para autoparodiarse solitos (Ricardito Alpert, ¿les suena?). Por supuesto, ahí sigo atentísima a cualquier nuevo capítulo para, ipso facto, descargármelo con ansia, vérmelo, cabrearme y volverme a preguntar por qué sigo enganchada a este culebrón de líos paterno-filiales (algún guionista emporrado se ha puesto ciego de Freud y Lacal) trufado de paradojas temporales y monstruos de serie B.
El caso es que por algún lado hay que empezar cuando una se plantea retomar por enésima vez (descuiden, que habrá una enésima+1) su abandonado blog, así que he decidido aprovechar que acabo de terminarme esa obra maestra llamada The wire para recomendarla.
Y lo primero, sin duda, es advertir de que The wire no es fast food. Es una de esas series de comida lenta y digestión diferida. Uno ve el piloto y se pregunta: ¿tanta expectación para esto?, ¿pero quién leches eran todos estos tíos? Personajes y personajes sin aparente ligazón entre ellos y una trama que se nos escapa por completo. Pero es que The wire no solo nos va a contar una historia; The wire nos va a pintar un fresco, completo hasta el detalle, de la sociedad de Baltimore. Y para eso se requiere tiempo y paciencia. Al modo de la Vetusta de Clarín o la Rusia de Dostoievsky.
Policías y traficantes, sí, pero también políticos, periodistas, sindicalistas, jueces, abogados, millonarios de pelotazo, profesores y pedagogos, pastores evangélicos de todo pelaje y abanderados de la sociedad civil. Una disección precisa y milimétrica de todas las miserias -y grandezas, que también las hay- de cualquier sociedad moderna. Porque, ciertamente, hay aspectos muy específicos de la peculiar democracia norteamericana pero el fresco social que nos dibuja es extrapolable a cualquier sociedad que conozcamos. Toda una Comedia humana de nuestra época.
El otro día, hablando con un querido amigo, le comentaba que viendo esta serie uno se percata de lo fascinante que resulta la humanidad. Siete mil años de civilización llevados a cabo gracias a un exiguo 1% de esforzados seres humanos brillantes, honestos y trabajadores que deben cargar con ese otro 99% de inútiles, desidiosos y/o corruptos. ¡Lo que hubiéramos llegado a lograr con un 2%!
Si después de todo esto se animan a verla, ya me contarán qué les parece. Ya verán qué guión maravilloso, como para tomar nota sin parar de sus afiladas citas. Y qué slang más fascinante el que hablan los personajes. Les dejo con un vídeo con 100 citas de la serie para abrir boca. Está lleno de spoilers, claro, pero si no han comenzado a ver la serie no les va a destripar nada porque no van a reconocer a los personajes. Evítenlo si aún no han visto la quinta temporada.
Ando estos días preparando un curso que voy a impartir sobre Análisis estadístico de servidores web.
(Inciso: me harían un favor enorme si perdieran unos segundos de su tiempo en entrar en el blog que he abierto para realizar unas prácticas con sus estadísticas. No hace falta que se detengan a leer, basta con que entren y hagan clic aquí y allá al azar para poblar un pelín las estadísticas. Gracias. Fin del inciso.)
Decía, pues, que ando preparando el curso y, entre transparencia y transparencia sobre la eAdministración y la importancia de las webs institucionales en la nueva relación ciudadano-Administración, he ido a caer en un post sobre Los principios de la Politica 2.0, traducción de Le manifeste de la netpolitique. Les reseño algunos puntos:
1. La democracia es un diálogo. 2. Desde hace 50 años, los políticos se han acostumbrado a comunicar a través de los medios de masas. 3. La utilización de estos medios de masas ha impuesto un modelo dominante de comunicación vertical: impersonal, largo, homogéneo y unidireccional.6. En la Red, se produce una situación inédita: el receptor ignora el mensaje, tiene el control de lo que quiere escuchar y no hará caso salvo que tenga la impresión de que el emisor se dirige a él como individuo. ... 9. Una regla básica de la comunicación política es mantener el control del mensaje. 10. Pero ya no es posible controlar el mensaje. ... 15. La Red permite afrontar el tipo de diálogo al que la democracia representativa aspiraba desde siempre. 16. Los individuos pueden ahora encontrar medios para hacerse oír. Es lo que se conoce como "vigilancia activa".
Lo cierto es que no recuerdo cuándo fue la última vez que vi un telediario completo. Tampoco pongo la radio más que para escuchar música. No es que haya renunciado a estar informada, simplemente ha cambiado mi forma de hacerlo. Yo selecciono qué me interesa, contrasto fuentes y profundizo cuando lo creo necesario. Creo firmemente que uno de los deberes del ciudadano es estar informado para poder decidir, así que, en efecto, se puede decir que en líneas generales estoy muy de acuerdo con el manifiesto de Netpolitique.
De todas formas, lo que me ha llevado a escribir este post no es (aunque también) señalar mi adhesión a este, sino una de esas casualidades de la vida que van tejiendo conexiones insospechadas entre las actividades que uno realiza en el día. Atención al punto 4 del manifiesto:
4. Cada nuevo medio genera sus propias reglas de comunicación. En los años setenta, Nixon, Chaban-Delmas y Miterrand se dieron cuenta de ello: los tres perdieron elecciones por no utilizar correctamente la televisión.
Hoy, mientras comía, he estado viendo el episodio 10 de la primera temporada de Mad Men, una magnífica serie sobre publicistas newyorkinos de los años 601. La agencia donde trabajan nuestros protagonistas aspira a encargarse de la campaña de Nixon, quien se enfrenta a Kennedy. En un momento del episodio, los publicistas se reúnen para visionar los anuncios para la televisión de uno y otro candidato. Ni siquiera terminan de ver el de Nixon. Lo tienen claro: Kennedy, pese a ir muy por detrás en las encuestas, arrasará. Sus responsables de campaña han entendido a la perfección cómo sacar partido a la televisión, ese naciente medio de comunicación de masas, mientras Nixon sigue afanándose en comunicar su mensaje como lo habría hecho por la radio.
Y aquí, por cortesía de YouTube, ambos anuncios. Juzguen ustedes.
1.Mad men significa "hombres de la Avenida Madison", que es donde se encontraban la mayor parte de las agencias de publicidad de Nueva York.
¿Alguna vez han visto a un tío que entra en la tienda del pueblecito que está de camino a casa de la abuela, un tipo de aspecto sospechoso que compra tabaco, lotería y cerveza a las diez de la mañana, ese tipo que esperan a que salgan antes de entrar con su familia? Pues ese tío soy yo. Me llamo Earl. Y, si se molestan en intentar conocerme y descubrir qué clase de persona soy en vez de juzgarme por mi aspecto, estarán perdiendo el tiempo, ya que soy exactamente como piensan que soy.
Así comienza el primer episodio de Me llamo Earl, la serie más destroyer y políticamente incorrecta de los últimos tiempos. Hace meses que los amigos dekker y polizont-e me persiguen para que la vea. Pues bien, amigos míos, os he hecho caso y he de decir que es ab-so-lu-ta-men-te desternillante. No se la pierdan, por favor. En estos momentos, La Sexta está emitiendo su primera temporada los miércoles. Y, si no ven La Sexta, siempre les quedará recurrir, ejem, a esa fuente de todo mal que es Internet. Ah, sí: si entienden lo sufiente el inglés, es posible ver los capítulos de la segunda temporada en la página de la NBC.