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21 de febrero de 2012

Balance & Gravity #8

Una fotografía de Gilfer que me lleva obsesionando un rato.
Más ejemplos de su interesante obra en Gilfer - Artista plástico. Por cierto, por si hay alguien por ahí a quien, como a mí, le interese la escultura: tenemos la suerte de tener dos de sus esculturas en sendas glorietas de Valdemoro, aquí en Madrid.
Sean felices ;-)

17 de abril de 2011

Fotografía obrera de entreguerras

"¡Cualquiera puede fotografiar!" Bajo ese lema se publicó uno de los números de la revista Der Arbeiter-Fotograf, animando a que culquiera se lanzara a denunciar con sus fotografías la realidad miserable de la clase trabajadora alemana en la época de Weimar. Edwin Hoernle, uno de los más activos exponentes de la fotografía obrera alemana, escribió:
"Debemos proclamar la realidad proletaria en toda su repugnante fealdad, con su denuncia a la sociedad y su exigencia de venganza [...] Debemos presentar las cosas como son, con una luz dura, sin compasión."
De esta cita toma su título -Una luz dura, sin compasión- la interesantísima exposición de fotografía que ofrece el Museo Reina Sofía esta primavera.

 
El tema de la muestra es la corriente de fotografía obrera de carácter amateur que nace tras una convocatoria lanzada por la revista comunista alemana AIZ. En ella se instaba a fotógrafos aficionados a enviar aquellos trabajos cuya temática tratara acerca de la vida diaria de los obreros, el trabajo en las fábricas y la denuncia de las condiciones sociales. Paralelamente a la labor de AIZ y Der Arbeiter-Fotograf en alemania, en la Unión Soviética Mikhail Koltsov promovía la publicación Sovetskoe foto y el movimiento amateur organizado.

Es en esta última donde aparece publicada la serie sobre la familia Filipov, "24 horas en la vida de una familia obrera de Moscú", obra de los fotógrafos Alpert, Shaikhet y Semion Tules. El reportaje quería incidir en los beneficios de la revolución soviética y mostraba a los miembros de la familia Filipov en diversas situaciones cotidianas en las que se hacía hincapié en el nivel de desarrollo y bienestar del que gozaba el proletariado ruso. 

El diálogo entre la revista soviética y las alemanas fue constante, los reportajes de una aparecían en las otras y viceversa. El de la familia Filipov tuvo su reflejo en otro realizado por fotógrafos alemanes para AIZ bajo el título de "Los Filipov alemanes". Sin embargo, si aquel tenía un caracter ensalzador del régimen, el alemán, en cambio, venía a incidir en las paupérrimas condiciones de la clase trabajadora en alemania. 

El movimiento se extendería posteriormente a diversos países como Suiza, la República Checa, Hungría o Estados Unidos hasta el último gran episodio de la fotografía proletaria: la Guerra Civil española. 

Así, la muestra del Reina Sofía se torna en una cita inenudible para todo amante de la fotografía pues ofrece un recorrido impagable por la época dorada de la fotografía social y de denuncia apoyado, además, por documentales cinematográficos y numerosos ejemplares de revistas.

Aparte de la indudable calidad artística de las fotografías, resulta muy interesante reflexionar sobre el poder propagandístico de la fotografía. Mientras el régimen soviético apoyaba esta práctica fotográfica que incidía en las bondades del stalinismo, se estaba llevando a cabo  una deskukalización masiva  por toda la Unión Soviética que daría lugar a la muerte de millares de campesinos por  inanición (lo cuenta admirablemente Vassili Grossman en su recomendabilísima Todo fluye).  Y, más adelante, fue el mismo régimen el que desplazó la práctica de la fotografía amateur hacia profesionales temeroso de que se ofreciera una imagen negativa del estado soviético mostrando los estragos de la colectivización.

Sobre este poder propagandístico de la fotografía ya hablamos aquí a propósito de la muestra sobre Dorothea Lange en el post Dos exposiciones más o menos decepcionantes. Y es que, aunque no entra dentro de esta exposición, existen muchas conexiones entre el uso de la imagen de estos fotógrafos animados por la estrategia propagandística de la Internacional Comunista y el que realizan Dorothea Lange y el resto de fotógrafos que, a sueldo de la política del New Deal, recorrían los Estados Unidos en la misma época plasmando su testimonio sobre los estragos que la gran depresión había causado en el sector más vulnerable de la clase trabajadora americana.

Una exposición, esta del Reina Sofía, que no deberían perderse esta primavera. Como tampoco deberían dejar de leer a Grossman. Comiencen por Todo fluye si no se atreven con Vida y destino, pero hagan el esfuerzo. No se arrepentirán. Sean curiosos y felices ;-)

12 de noviembre de 2009

Dos exposiciones más o menos decepcionantes

¿Retraso? Retraso es poco. Hace siglos que tendría que haber hablado de todo esto. Llevo un buen puñado de post sobre la agenda cultural madrileña (y no madrileña) de retraso. En fin, aunque lleguen semanas (e incluso meses) tarde, aún así voy a tratar de ponerme al día. Más que nada por lo que este blog tiene de recordatorio personal. Allá voy.

1. Sorolla y su (horrorosa) visión de España

No pensaba escribir sobre estas dos exposiciones -entre otras cosas porque ya se han clausurado-, pero resulta que la de Sorolla ha sido la exposición del Prado (y por tanto probablemente de España) más visitada de la última década y no he podido resistirme.

Reconozco que siempre me ha dado cierta pereza acercarme a este autor. Omnipresente, es de esos pintores que suelen utilizar los detractores de la abstracción como ejemplo "auténtico" de pintura. Además, es un habitual en toda academia de pintura como base para la enseñanza de cualquier técnica a color. Yo misma me solté con los pasteles trabajando un par de reproducciones suyas. Y ya se sabe que la convivencia diaria no suele ser buena para las formas artísticas: cuando algo nos aparece hasta en la sopa la cotidianiedad acaba despojándolo de trascendencia y, sin esta, el arte se ve reducido a mero objeto decorativo.

La duda, no obstante, era si una inmersión más profunda en el arte de Sorolla podía recuperar para mí cierta trascendencia para este autor, por lo que decidí limpiar mis prejuicios y acudir a la exposición con la mejor de las disposiciones.

Urge decir que esta muestra sobre Sorolla del Museo del Prado recoge lo más granado de su obra, incluida la serie de paneles Visión de España realizados para la Hispanic Society de Nueva York y, por tanto, su visita supone una aproximación más que razonable a la obra del artista.

Y el veredicto no puede ser peor. Sorolla es uno de esos pintores "bonitos", en el sentido más despectivo de este término. Un pintor aburguesado que, cómodamente instalado su fórmula de éxito, repite una y otra vez los mismos temas sin molestarse en profundizar mínimamente en su sentido creativo. Ciertamente, hace gala de una técnica depuradísima, lo cual, sin embargo, no supone gran mérito en el siglo de la fotografía, cuando un pintor puede dedicar días y días a copiar hasta la extenuación hasta el último detalle de una foto. Los impresionistas se percataron inmediatamente del reto ante el que se encontraban y llevaron la pintura más allá, a una suerte de supra-realidad. Pero Sorolla no. Sorolla opta por el camino fácil, aquel que domina a la perfección, dejando su arte relegado al nivel de simple artesanía preciosista.


La nuestra del Prado comenzaba con lo que, a mi entender, es la parte más interesante: esa primera etapa naturalista donde un estilo en la línea de Courbet está al servicio de una moderada crítica social. Las mareas de gente hacían francamente difícil contemplar los cuadros, pero con un poquito de voluntad uno podía ir progresando por las salas.

A continuación, lo más conocido (y manido): obras y obras de niños en la playa, señoras burguesas en la playa, pescadores en la playa, playas en las playas... En fin, mucho colorín y una tecnica depuradísima, pero poco más.


Lo único que me llenó de esta parte es el fantástico dominio del color blanco. Esto, que parece trivial, no es baladí. En pintura, el blanco supone ausencia de color, de ahí que, por lo general, constituya un pequeño quebradero de cabeza para cualquier pintor, obligado a encontrar una suerte de compromiso entre expresión y realidad. Sorolla consigue el compromiso perfecto a base de representar objetos blancos utilizando ampliamente todo tipo de tonos y llegando, en ocasiones, a prescindir totalmente del blanco. En este aspecto, la técnica sorolliana resulta realmente fascinante. Al César lo que es del César.

Finalmente, en el piso de arriba de la ampliación del Prado, el supuesto plato fuerte: la Visión de España realizada para la Hispanic Society. Para qué queremos más. Todo un catálogo de cuadros típicos y tópicos representando lo más cañí de este país. Ahora entiendo en qué se inspiran los fabricantes de muñecas flamencas y toritos de las tiendas de souvenirs.

En fin, un tostón. Lo peor es la cantidad de visitantes que ha logrado reunir. Para gustos los colores, es verdad, pero no deja de dolerme el éxito de este pintor insulso y acomodado. Más aún cuando en esas fechas podía visitarse en el Reina Sofía una magnífica retrospectiva de Juan Muñoz de la que, quizás, hable otro día.

2. Dorothea Lange (o como joderla montando una exposición catastrófica)

Dentro de las propuestas del Photoespaña 2009, el Museo de Colecciones ICO ofreció este verano la prometedora muestra Dorothea Lange: los años decisivos. 1932-1944.

Dorothea Lange es una de las pioneras del fotoperiodismo y autora de algunos de los iconos fotográficos del siglo pasado como esta famosísima Madre migrante:

Una exposición, además, muy de actualidad. Bien es sabido la grave crisis económica que azotó los Estados Unidos a raíz del crack bursátil de 1929. Un sistema levantado sobre la especulación (del precio de los productos agrícolas fundamentalmente) acabó colapsándose. Fortunas volatilizadas, millones de pequeños ahorradores totalmente arruinados y gran parte del sistema bancario norteamericano (compuesto mayoritariamente por pequeños bancos vinculados al ámbito agrícola) literalmente esquilmado.


La gran depresión golpeó con dureza en todas partes. Si cabe, aún más en las zonas rurales, con campesinos ahogados por la falta de liquidez, la ausencia total de crédito y la brutal caída de los precios de los productos agrarios. Pero como las desgracias nunca vienen solas, en los años posteriores al 29 se sucedieron una serie de cosechas catastróficas que acabaron por esquilmar el campo. Para colmo, una enorme tormenta de arena que duró varios días afectó a algunos de los estados más deprimidos dejando un panorama desolador de familias enteras migrando casi con lo puesto de un lado al otro del país en busca de mejores oportunidades.


Dentro del paquete de medidas económicas del New Deal de Roosevelt, la Administración norteamericana entendió que para salir adelante era necesaria la implicación de todo el país. En una época en la que los grandes medios de comunicación no tenían la influencia ni la penetración que tienen hoy en día, el problema era cómo conciencia a la opinión pública sobre la gravedad de la situación. Así, se contrató a un nutrido grupo de fotógrafos con la misión de recorrer el país documentando la miseria de las gentes, las colas interminables de parados, los niños famélicos. La propaganda estatal pretendía poner el énfasis en las duras condiciones que estaban soportando miles de familias de origen blanco, anglosajón y protestante como prueba de la gravedad de la situación.

Y, en este contexto, se enmarcan estas fotografías de Dorothea Lange, uno de los mejores exponentes del fotoperiodismo del New Deal. Una exposición muy recomendable... de no ser por la pésima calidad expositiva que ha ofrecido esta muestra. Reproducciones fotográficas de infima calidad, muchas de ellas visiblemente deterioradas, mal colocadas y mal iluminadas. Por favor, ¡si había alguna con tachones de bolígrafo!

En fin, una exposición que prometía muchísimo destrozada por una nula calidad expositiva. Una auténtica pena.

Por lo demás, prometo tratar de darle algo más de vidilla a este blog y seguir colgando estas mini-crónicas con algo más de asiduidad. A ver si lo consigo. Sean curiosos y felices ;-)

31 de agosto de 2008

Edward Steichen

Qué magnífica exposicion. Si ustedes, como esta que escribe, andan por Madrid durante este verano, están de suerte porque tienen esperándoles en el Reina Sofía una de las exposiciones que más me han gustado en los últimos años: Una epopeya fotográfica. Edward Steichen. Es verdad que todo está bien montado, documentado y expuesto, pero también lo es que juegan con ventaja, ya que hay pocos artistas tan polifacéticos, creativos, innovadores y determinantes para todo un género artístico como Edward Steichen. Recapitulo.

Entre finales del siglo XIX y principios del XX, Edward Steichen formaba parte de todo ese grupo de pintores que miraban con curiosidad las posibilidades de ese incipiente medio que era la fotografía. Desde que en 1895 tomara su primera fotografía, Steichen había andado reflexionando acerca de lo que ambos medios -pintura y fotografía- podían ofrecerse mutuamente, hasta que la balanza finalmente acabó decantándose hacia la segunda. Paulatinamente, el artista va abandonando la pintura y centrándose en la fotografía hasta el punto de que acaba siendo uno de los abanderados de Pictorialismo, corriente que defiende la independencia de la fotografía como arte separada de la pintura y trata de indagar en un camino y un lenguaje propios de este medio.

De este modo, la exposición comienza mostrándonos abundantes ejemplos de los experimentos realizados por Steichen en busca de ese lenguaje propio. Su obsesión es deslindarse de la pintura y, como tal, busca motivos para fotografiar que nada tienen que ver con aquellos que suelen protagonizar la pintura. En esta misma línea, Steichen prueba una y otra vez los efectos que causan en la fotografía los diferentes materiales y procesos de revelado.

Durante toda esta primera etapa, Steichen se constituye en uno de los actores principales de la consolidación de la fotografía como arte en Estados Unidos, promoviendo numerosas iniciativas y aglutinando entorno a sí y a su colega Alfred Stieglitz a un nutrido grupo de fotógrafos. Bajo la iniciativa de este último, promueven el movimiento Photo-Secession, para defender la fotografía pictórica como medio artístico. Nace entonces una pequeña joya de la historia de la edición llamada Camera Work, la revista donde publicarán manifiestos y obras del grupo. Steichen ejerció como fotógrafo, escritor, diseñador, editor y creador de tipografías en esta revista, dando muestra de su enorme creatividad.

Pero al genio de Steichen le quedaban mucho que mostrar y la exposición continúa llevándonos de la mano por su trayectoria. Steichen se va convirtiendo en todo un hito y por su cámara desfila gran parte de la sociedad artística y cultural de la época, circunstancia que aprovecha para indagar en las posibilidades expresivas del retrato artístico. Sus retratos cobran tal fama que el ser fotografiado por él acaba siendo un signo de estatus.

No solo dejaría su impronta en el retrato: otros géneros fotográficos le deben igualmente tributo a Steichen. En 1909, Condé Montrose Nast había adquirido una pequeña revista acerca de la sociedad newyorkina llamada Vogue. Cuatro años más tarde, compra una revista de moda masculina que renombrará como Vanity Fair. Estaba naciendo el grupo editorial de revistas más importante y prestigioso del mundo. La fama de las revistas Condé Nast se forjó merced a un impresionante plantel de editores, escritores y colaboradores diversos entre los que se encuentran, cómo no, nuestro Edward Steichen. Entre ambas guerras mundiales, nuestro artista fue jefe de fotógrafos del grupo Condé Nast. La fotografía de moda ya nunca volvería a ser lo mismo.

Muy destacable es también su trabajo como fotógrafo de guerra. Si en la I Guerra Mundial se había centrado principalmente en la fotografía aérea, durante la Segunda sirvió como Director del Instituto Fotográfico Naval. Sus fotografías acerca de la vida a bordo de un portaaviones, excelentemente mostradas en la exposición del Reina Sofía, ofrecen un interesantísimo punto de vista del aspecto humano de los soldados. Además de fotografías, durante este período filmó el documental The fighting lady, que le valió el Oscar a la película documental en 1945. Evidentemente, se trata de una obra propagandística pero, al igual que los documentales realizados por Leni Riefenstahl para la Alemania nazi, supone un antes y un después en el género documental.

Steichen, como bien nos muestra esta exposición, fue un magnífico fotógrafo, agitador de los movimientos de vanguardia a principios de siglo, editor de revistas, retratista de la alta sociedad hollywoodiense, reportero de guerra y reputado fotógrafo de moda. Pero tuvo tiempo para mucho más. Durante cierta temporada, se dedicó profesionalmente a la floricultura, haciéndose por derecho propio con un nombre en el mundo de la jardinería gracias a una serie de variedades que logró crear a base de cruces. También diseñó pianos y revolucionó el mundo de los estampados textiles con sus novedosos tramados a base de pequeños objetos entrecruzados como cerillas o botones.

Por cualquiera de esas facetas ya habría sido merecedor de una exposición. Y, sin embargo, aún quedaba su obra maestra. Tras la Guerra y hasta 1962, Steichen fue Director de Fotografía para el MoMA. Durante este período diseñó toda una serie monumentales exposiciones, entre las que emerge sin lugar a dudas The Family of Man, de 1955, el gran hito de las exposiciones del siglo XX. Steichen no se conforma aquí con mostrar las obras, sino que por encima de todas las fotografías que la conforman emerge la misma exposición como objeto artístico per se. Para ello cuida hasta el mínimo detalle, desde la colocación de las obras hasta el diseño del recorrido que realiza el visitante. Se dirige la mirada del espectador desde que entra hasta que sale de forma que es guiado a través de la tesis marcada por la exibición. Tal fue la trascendencia de The Family of Man, que es la única exposición catalogada como Patrimonio Universal por la UNESCO y hoy en día aún puede visitarse en el Museo The Family of Man, en Château de Clervaux, Luxemburgo.

No es de extrañar que a menudo se haya dicho de él que es el mejor fotógrafo de la historia, más aún desde que una reproducción de su The Pond Moonnight batiera todos los récord de subasta de fotografías al ser adquirida por 2,9 millones de dólares en 2006.

En fin, una exposición que no deberían perderse (ya sé, ya sé, siempre les digo lo mismo). Aprovechen, que estará hasta el 22 de septiembre. Sean curiosos y felices ;-)

24 de octubre de 2007

Atracón fotográfico

Cuatro días para cuatro exposiciones de fotografía, tal es el atracón fotográfico que decidí regalarme la semana pasada. Tres exposiciones (una de ellas tiene dos partes) aparentemente independientes entre sí pero entre las que es posible establecer claras líneas de conexión. Cuatro exposiciones que suponen una ocasión ideal para todo aquel que quiera iniciarse en el conocimiento de esta forma de expresión.

Día 1

Comienzo el jueves acercándome por el Círculo de Bellas Artes para ver la primera parte de Momentos estelares del siglo XX.

El título es suficientemente explícito acerca de los propósitos y contenidos de esta exposición. Las fotos expuestas son bastante conocidas, por lo que el aficionado a la fotografía no va a descubrir gran cosa. Sin embargo, la exposición tiene un marcado carácter didáctico y nos conduce a la perfección lo largo de las motivaciones y caminos que ha ido siguiendo la fotografía en su búsqueda de un espacio expresivo autónomo dentro del arte. Vamos, que merece la pena darse un paseíto por allí.

Por cierto, el Círculo de Bellas Artes ha publicado en PDF el catálogo de la exposición y lo ha dejado disponible para todo aquel que quiera descargárselo aquí. Todo un detalle, la verdad. Las fotos están muy pixeladas, seguramente por el tema de los derechos, pero al menos permite el acceso a los textos introductorios de las distintas partes de la exposición.

Día 2

El viernes debería haber continuado por la segunda parte de esta exposición, pero como andaba cerca de Atocha decidí pasarme por el Reina Sofía para visitar Jano: la doble cara de la fotografía.

La exposición está compuesta por obras pertenecientes a la colección del Reina Sofía realizadas todas ellas con posterioridad a 1990. Supone el broche ideal al repaso a la historia de la fotografía que iniciamos con la exposición del Círculo en tanto que nos muestra los rumbos que comienzan a indagarse actualmente.

Si la técnica y la tecnología de cada época acaba por influir irremediablemente en el arte, esto queda puesto claramente de manifiesto con esta exposición donde adquieren un papel protagonista las técnicas digitales de retoque fotográfico, así como las enormes posibilidades que los nuevos materiales y medios de impresión ofrecen al soporte.


Día 3

El sábado me di un paseo por la más lúdica y juguetona de las cuatro exposiciones: Ocultos, en la Fundación Canal de la Plaza de Castilla (reseña en Clarín aquí).

Con el culo y sus representaciones como excusa, se ha buscado ofrecer una reflexión sobre las diferentes maneras de acercarse al cuerpo humano que plantean los 67 fotógrafos expuestos.

La visita resulta muy agradable tanto por la calidad de las fotografías como por el tono de juego con el que están expuestas. Para acentuar el carácter voyeur de la fotografía, se ha llenado el espacio de mirillas a través de las cuales el visitante puede "espiar" lo que sucede en el resto de las salas.

Día 4

Por último, el domingo tocaba completar la segunda parte de Momentos estelares del siglo XX, así que me acerqué a la sala de exposiciones del Canal de Isabel II. Nunca había estado en este antiguo depósito de agua reconvertido en sala de exposiciones a pesar de que más de una vez he querido acercarme a visitar alguna de sus muestras. Y lo cierto es que el sitio me encantó, así que sólo por la torre ya merece la pena la visita.

Lo ideal habría sido que pasara por esta exposición nada más ver su primera parte y, desde luego, antes de la del Reina Sofía, ya que constituye el nexo temporal entre ambas. Comienza marcada, como la fotografía de la última mitad del siglo XX, por la influencia del matrimonio Becher y sus fotos de almacenes. Y progresivamente vamos asistiendo al aumento del prestigio de la fotografía como medio artístico, que acabará desembocando en su museización. El vídeo y la televisión, por otro lado, irrumpen como medios de expresión a finales del siglo estableciendo un productivo diálogo con la fotografía, la cual aprovecha los nuevos adelantos técnicos para adquirir nuevas posibilidades expresivas. Y aquí es donde la exposición engarza a la perfección con la muestra del Reina Sofía.

En fin, cuatro visitas muy interesantes y entretenidas que suponen un curso acelerado de historia de la fotografía. Y ahora es cuando yo digo aquello de ¡no se lo pierdan! Sean felices ;-)

6 de agosto de 2007

El fotógrafo

A buen ritmo, atacamos nuestro primer puerto. Es la montaña frontera, el Dewana Baba, el Pico del Viejo Loco. 5.000 metros. Me advirtieron que no sería nada fácil. Efectivamente, es muy duro. Subimos toda la noche a marchas forzadas una interminable cuesta de piedras que ni siquiera podemos ver. Mientras me repito insistentemente que no lo voy a conseguir, mis pies siguen avanzando. Hace cada vez más frío. A eso de las cinco, despunta el alba. Confieso que al superar el puerto, muerto de cansancio, me pregunto qué estoy haciendo allí. Y, como siempre, respondo sacando fotos.
En 1986, el fotógrafo Didier Lefèvre se unió a un equipo de Médicos sin Fronteras que organizaba una expedición humanitaria al corazón de Afganistán. Era su primera gran misión fotográfica y, aunque sabía que se enfrentaba a una gran aventura, cualquier idea preconcebida acabó pronto superada por lo que vivió aquellos meses, en plena guerra entre los soviéticos y los mujahidin.

Años más tarde, su amigo Emmanuel Guibert, autor de comics como La hija del profesor o La guerra de Alan, decidió que era una historia digna de ser contada. Nace así El fotógrafo, un trepidante cómic que combina hábilmente los dibujos de Guibert con las fotografías de Lefèvre para componer un apasionante y desmitificador relato del Afganistán de entonces.

Altamente recomendable.

30 de agosto de 2006

Mona Kuhn

¿Qué es lo que lleva a cualquier creación a ser algo más que eso? ¿Qué hace que una película, una obra plástica, un poema, trascienda su esencia física para acariciar sutilmente las esquinas del alma? Sobre este misterio, esta piedra filosofal del arte, llevan dando vueltas generaciones de estetas, teóricos, estudiosos y creadores. Probablemente no exista solución al enigma puesto que lo trascendente parece estar lejos de ser algo absoluto y muy cerca de estar sujeto a las modas y los caprichos de los tiempos.
En cualquier caso, a mí me emocionan especialmente aquellas obras que, arrogantes, le lanzan pregunta tras pregunta al espectador escondiendo mezquinamente todas sus respuestas. Ese tipo de obras que juegan a la elipsis, que sugieren sin contar y que le hablan de tú a tú al que las contempla exigiéndole colaboración activa.
Y las fotos de Mona Kuhn contienen algo de ese enigma. Son fotografías rebosantes de erotismo, que transmiten sensualidad al tiempo que despiertan curiosidad por adivinar -casi confirmar- lo que llevó a esos cuerpos a su estado de sensual languidez.
Les dejo, como muestra, dos fotografías, pero no dejen de disfrutar con la galería de su página web.

25 de abril de 2006

A menudo...

... lo más bello de la ciudad está en las alturas.

2 de marzo de 2006

Poesía visual


Peces, Chema Madoz, 1995.

Durante los próximos meses, podremos disfrutar en Madrid con la muestra de poemas visuales del fotógrafo Chema Madoz que realiza la Fundación Telefónica. Absolutamente imprescindible. Para disfrutar de un pequeño anticipo, pinchar aquí.

21 de febrero de 2006

31 de diciembre de 2005

Fotos para un fin de año

Todo fin de año acarrea irremediablemente algún tipo de lista -deseos, promesas, lecturas, proyectos-. En nuestro caso, hemos elegido una de nuestras muchas pasiones: la fotografía.


A continuación, una selección de enlaces con las "fotos del año":