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15 de agosto de 2009

Fin de la temporada de ópera (y III)

El otro día nos quedamos en la cinematográfica Carrera del libertino que proponía Lepage. Finalicemos hoy con el repaso al resto de la temporada operística.

Faust-bal

Un estreno absoluto del Real fue lo que me deparó mi abono allá por mitad del invierno. Me explico:

Lo habitual en un teatro de ópera es que se reestrene repertorio: óperas de Verdi, Haendel o Berg compuestas hace años (en ocasiones muchos) y que han sido representadas ya en otros teatros. En estos casos, se encarga un montaje, pero la música y el libreto ya existen. Pero también se trata de ir renovando el repertorio, así que si un teatro quiere tener renombre internacional debe encargar la composición de nuevas óperas y tratar de que estas pasen a formar parte del circuito operístico. En esta línea, el Real decidió encargarle a Leonardo Balada la composición de una ópera, Faust-bal, cuyo libreto había escrito ex profeso para la ocasión Fernando Arrabal.


Arrabal, en ocasiones, roza la genialidad, pero cuando se le va la cabeza se le puede llegar a ir mucho. Y, leyendo la sinopsis del argumento que publicaba la web del Real, todo apuntaba a que esta vez tocaba más bien lo segundo:
Faust-bal es la mujer que reencarna en el tercer milenio al doctor Faustroll de Alfred Jarry, un Doctor Fausto que pide a Dios las palabras y oraciones para fusionar amor y caridad. Nada puede calmar el huracán de su curiosidad científica, ni saciar la tempestad de sus deseos. Superdotada, bellísima y enriquecida por transfiguraciones y trascendencias, ama tórridamente a su Amazona. Salta entre galaxias de la guerra del fin de las civilizaciones y se mueve en el espacio a velocidad supersónica. Frente a ella Margarito, jefe supremo de las fuerzas armadas, se ciñe los correajes de la represión brutal y la electrónica. Está locamente enamorado de Faustbal bajo las faldas del cielo. Trata de poseerla con el torrente de su torre, sirviéndose del mismo Mefistófeles.

Y, en efecto, el libreto no había por dónde cogerlo. Sin embargo, musicalmente me pareció que hubo cosas bastante interesantes. Por ahí he leído ciertas críticas contra Balada por haber compuesto una música de hace treinta años. Podría ser. A mi modesto oído ya le resultan difíciles algunas cosas de Schönberg, así que tampoco me voy a quejar porque no me ofrezcan el último grito operístico. El caso es que a mí me convenció, así que al ratito de comenzar la ópera dejé de leer los subtítulos y de tratar de desentrañar el argumento y me dediqué a disfrutar con la música. Un rato bastante agradable, la verdad.


En cuanto al montaje, de Joan Font de Els comediants, pues no sé qué decir. Un poco pastiche, mezclando cosas de aquí y allá y tomando referencias culturales de todo tipo. A menudo me preguntaba si estaba en una representación del Real o en una obra de teatro para niños con tanto terciopelo y tanto pompón. Supongo que hizo lo que pudo con ese libreto. Creo que en el abono del año que viene veré otro montaje suyo, así que esperaré a entonces antes de formarme una opinión.

El único vídeo que he encontrado, fuera de la web del Teatro Real, es este:



Tannhäuser

Y llegó el Tannhäuser, una de las óperas que más escucho de todas las que tengo. Conste que la historia es una tontería: un señor que está tan ricamente en el monte de Venus bacanal va, bacanal viene, de repente le entra el rollo místico sin que nadie sepa por qué y decide redimirse volviendo con su antigua novia un porrón de años después para llevar una vida casta, pura y más tostón que un berberecho. Vale, estoy exagerando. En realidad va sobre el conflicto entre lo carnal y lo espiritual y tal, pero se me ocurren quientas maneras mejores de contarlo.

En fin, el caso es que, pese a lo soso de la historia, musicalmente me gusta mucho. Los coros son estupendos y el final, como suele ser habitual en Wagner, absolutamente apoteósico. Así que allí fui yo, más feliz que una lombriz, a ver una ópera que me apetecía muchísimo.

Al parecer, todos los años en cuelan una función con el reparto suplente en lugar del titular en cada uno de los turnos del abono (excepto en el turno de estreno, of course). A menudo el segundo reparto rivaliza en calidad con el titular, pero esta no fue una de esas veces. He leído críticas espléndidas del Tannhäuser de Peter Seiffert y la Elisabeth de Petra Maria Schnitzer. En cambio, a mí me tocaron Robert Gambill y Edith Haller (y por partida doble, porque esta también la vi dos veces), que no me gustaron nada. Él, con una voz rasposa muy molesta; ella, una gritona insoportable. En cambio, el coro estuvo muy bien y esta es una de esas óperas en las que el coro te salva la función.


Por lo que respecta al montaje de Ian Judge, probablemente ya hayan visto alguna escena, puesto que proporcionó la polémica del año con su propuesta del primer acto. Y es que a quién se le ocurre representar una orgía en una ópera donde se cuenta... una orgía. Yo no sé qué tenían en mente todos aquellos a los que les pareció un escandalazo, pero, vamos, cuando yo trato de pensar en el monte de Venus, un lugar donde los placeres se desatan y se está todo el día entregado a los instintos carnales, lo mínimo que se me ocurre es algo como lo que se vio allí. Vamos, nada del otro mundo y, además, nada que no cuente la ópera.

En mitad del primer acto, en plena bacanal, un espectador gritó una grosería y fue replicado inmeditamente por un sinfin de chistidos. Si es que hay gente que está deseando escandalizarse para montarla.

Por lo demás, pasado el primer acto, me pareció el peor montaje que se ha visto este año, con una iluminación facil y chillona, un movimiento escénico absurdo y unos escenarios sosos y, en ocasiones, rayando lo hortera. Esto, unido a los problemas que ya he contado respecto al dúo protagonista, sitúan esta ópera a la cola de mi ranking particular de este año. Qué le vamos a hacer.


Aquí el estupendo Peter Seifrert cantándole a Venus (Lioba Braun) en la escena 2 del primer acto. Disfruten.



Rigoletto

La siguiente función que me tocaba eran las Escenas del Fausto de Goethe de Schumman, en versión concierto -esto es, sin escenificar: sólo orquesta y cantantes-. Sin embargo, tuve que ceder mi entrada debido a ciertos imponderables, por lo que tras el Tannhauser no regresé al Teatro Real hasta junio. Primero para el fabuloso recital dado por Juan Diego Flórez y después para una maravillosa versión del Rigoletto. Nuevamente Verdi, pero -esta vez sí- el Verdi que más me apasiona y con una propuesta escénica excepcional de Monique Wagemakers. Una delicia.



Rigoletto cuenta una historia típicamente romántica -no podía ser de otro modo teniendo su libreto como base Le Roi s'amuse de Victor Hugo- que resulta entretenidísima para el espectador. La partitura, además, contiene alguno de los fragmentos operístico más conocidos por el público en general (busquen en Youtube "Juanita banana" y verán la cantidad de engendros que se han pergeñado con el "Caro nome" de la pobre Gilda).

En principio estaba previsto que el Duque de Mantua fuera encarnado por Juan Diego Flórez, pero este renunció a hacerlo. Hizo bien. Es un papel bastante difícil para sus cualidades actuales y, antes de afrontar un fracaso, prefirió dejar su sitio a otro tenor más apropiado. José Bros cumplió a la perfección. A pesar del (incomprensiblemente) tibio aplauso del público, estuvo francamente bien, al igual que la Ciofi haciendo de Gilda, Roberto Frontali de Rigoletto y el resto del reparto.

El de Gilda es, probablemente, uno de los personajes más bobos de la historia de la ópera (la engañan, la raptan, la violan, la abandonan... y aún así, vuelve a por más). Tan estúpida, tan romántica... tan bella, tan dramática y emocionante en su papel. Y qué fantástico el "Cortigiani, vil razza dannata" de Rigoletto (véanlo en los vídeos de la web del Real antes de que los quiten).

Una de esas funciones a las que una asistiría una y otra vez. Por suerte para mi bolsillo, hay que adquirir las entradas muchísimo antes del estreno. Y menos mal, porque con propuestas como estas o la del Katia Kabanova del que hablamos en el post anterior cualquiera se resiste a repetir.

Hala, les dejo con el "Caro nome" de la Patrizia Ciofi.



Las bodas de Figaro

Y llegamos al fin de la temporada, con un Mozart que me encanta: Las bodas de Figaro, una ópera bufa basada en una historia de Beaumarchais. Una de esas funciones en las que el público aplaude a rabiar ante un montaje de tipo verista como el que plantea Emilio Sagi. No es que estuviera mal su propuesta, ni mucho menos. Aprovecha bastante bien el humor que hay en el libreto y la dirección actoral de los cantantes es estupenda, dando rienda suelta a su vis cómica. Escenarios sobrios y sin salirse un ápice de lo que cuenta el argumento. Todo muy correcto, pero, qué quieren que les diga, yo prefiero propuestas más conceptuales y arriesgadas como creo que ha quedado claro en estos dos post con mi apasionada defensa de la Katia de Carsen y el Rigoletto de Wagemakers.


La dirección musical de López Cobos estuvo muy bien. Me daba algo de miedo, la verdad, porque López Cobos había anunciado que había encontrado la partitura original y que iba a dirigir en un compás distintio al habitual. Además, la orquesta estaba reducida a la mínima expresión tratando de reproducir las mismas condiciones de la época de Mozart. Y, sin embargo, sonó estupendamente. Quizás se echaba de menos algo de sonido en la obertura, pero más porque es a lo que estamos acostumbrados que porque lo requiriera realmente la obra.

En cuanto al elenco, fantásticos ambos repartos (sí, en esta también repetí).


En resumen, la experiencia en este primer año de abono ha sido estupenda. He disfrutado como una enana incluso en aquellas a las que más peros puedo ponerles. ¿Qué mejor modo de gastarse el dinero que en aquello que nos hace felices? Y el año que viene promete muchísimo, con otro Janacek, Jenufa, que me encanta, la estupenda Salomé de Strauss, Die tote stadt, Lulu, Norma con Juan Diego Flórez... Vamos que estoy deseando que llegue. Ya les iré contando. Mientras tanto, ya saben: sean felices y curiosos ;-)

2 de agosto de 2009

Fin de la temporada de ópera (II)

Y, por fin, vamos a ver si soy capaz de resumir mis impresiones sobre esta mi primera temporada de Ópera del Real.

Un ballo in maschera

Comenzamos a lo grande, con un Verdi: Un baile de máscaras. Y digo a lo grande porque es la típica función que alguien que acude por primera vez a la ópera espera ver: grandes decorados, escenarios cambiantes, vestuario de época, bailes, coros grandilocuentes...


No es precisamente una de mis óperas preferidas. Es una mera cuestión de gusto personal, pero no me va demasiado Verdi cuando se pone grandilocuente. No me gusta demasiado este Verdi como tampoco me gusta Aida. Me da la sensación de que compone tratando de meter con calzador aquello que sabe que le va a hacer gracia al público. La mayor parte de las veces acierta -y cómo- pero otras... En esta, sin ir más lejos, el primer cuadro acaba con un can-cán pegajoso hasta decir basta. Sales al descanso tarareándolo sin remedio, pero ¿y la emoción? ¿Dónde queda la emoción? En fin, para gustos los colores.

El caso es que pude asistir dos veces y ver los dos repartos. El segundo estuvo bastante correcto, pero el primero, con Marcelo Álvarez de Riccardo, Violeta Urmana de Amelia y la Marianelli haciendo de Oscar, estuvo inolvidable. Musicalmente, la temporada comenzó por todo lo alto. Qué maravilla.

En cuanto a la dirección escénica de Mario Martone, muy espectacular como ya he dicho. De las que meten muchísima tramolla y siguen una línea verista, fiel al escenario donde se ubica la ópera. Acompañó sin aportar gran cosa al argumento, aunque me gustó bastante el truco del espejo al final del último acto. Me explico: la acción transcurre en un palacio donde se celebra un baile de máscaras. Gracias a un espejo hábilmente colocado podían observarse dos pisos y las escaleras que comunicaban ambos. Así, cuando asesinan al Duque, se va viendo cómo corre la noticia de un lado al otro del palacio. Ingenioso.

Les dejo un vídeo que he encontrado por ahí. Creo que es una especie de trailer del DVD porque resume varias escenas de la obra. Perfecto para hacerse una idea.



Il trionfo del tempo e del disinganno

La segunda de las obras de mi abono daba miedito a priori: un oratorio de Haendel en el que cuatro personajes alegóricos -el Placer, la Belleza, el Tiempo y el Desengaño- exponen sus argumentos en una suerte de batalla dialéctica. Cuando Haendel lo compuso, la ópera estaba prohibida en Roma por orden papal, de ahí que decidiera utilizar la excusa del oratorio para introducir formas cercanas a la ópera y es por eso que en esta producción se haya decidido representarlo como si de una ópera se tratara. Pero claro, la perspectiva de unas cuantas horas de disquisiciones filosóficas entre cuatro personajes me producía, cuanto menos, respeto.


Y, pese a mis temores, este Trionfo del tempo resultó un espectáculo estupendo. Una auténtica delicia musical con un cuarteto inmenso -Steve Davislim como el Tiempo, Vivica Genaux como el Placer, Marijana Mijanovic como el Desengaño e Isabel Rey como la Belleza-, en especial las dos últimas, y una puesta en escena con grandes valores estéticos y que aportaba dinamismo a una pieza bastante estática. Muy muy recomendable.

Aquí, el Placer (Vivica Genaux) exponiéndole sus argumentos a la Belleza (Isabel Rey) en "Un pensiero nemico di pace":



Y el magnífico final, con la Belleza rendida al Desengaño y al Tiempo:



Katia Kabanová

Y luego vino la gran traca. Maravilloso el Katia Kabanová -del que ya hablé aquí-, con una puesta en escena impecable de Robert Carsen. A destacar, la impresionante Katia que compone Karita Mattila, aunque hay que decir que esta fue de esas funciones en las que todo estuvo perfecto. Una auténtica joya que bien vale un abono de ópera.


Hay que decir que es una ópera que me gusta mucho, así que mi nivel de exigencia estaba muy alto. Me encantan las óperas de Janácek. Quizás sea por esa obsesión, casi de lingüista, por cómo la música subraya la fonética del texto. O por esa modernidad que anuncia su música. O por su temática, dura, desgarradora, absolutamente decimonónica. Son óperas que se te agarran al pecho, que te meten de lleno en el conflicto de sus protagonistas, en esos amores imposibles ahogados por la masa bien pensante.

En cuanto a la escenografía, una auténtica genialidad. Robert Carsen toma el motivo del río, muy presente en el argumento, y lo convierte en un protagonista más de la ópera al llenar todo el escenario de agua y crear un montaje basado en unos pocos elementos -tablones de madera, sillas- y un magnífico juego de luces, reflejos y sombras. Bellísimo.


Por más que he buscado, no he logrado encontrar más que este vídeo del montaje, en el que Katia se entrega a su amante. De todas formas, en la web del Real (ver el enlace más arriba) aún están disponibles un buen puñado de vídeos.



The rake's progress

Esta es, quizás, de las que menos me llegaron este año. Objetivamente no estuvo nada mal, pero las sensaciones del Katia estaban demasiado recientes y era realmente difícil aguantar la comparación. Y es que The rake's progress está al extremo lado operísticamente hablando que Katia Kabanová. Frente al dramatismo de esta, el libreto bufo de aquella; frente al lenguaje musical contemporáneo, esa especie de refrito-homenaje de formas operísticas que compone Stravinsky. No obstante, como ya he dicho, no hay peros que oponer a este montaje y el público en general salió bastante satisfecho. Como en todo, uno tiene sus días y yo este, simplemente, no logré conectar con el espectáculo.


Y es que reconozco que, Mozart aparte, me cuesta entrar con la ópera bufa. Y, qué quieren que les diga, un libreto que toma el mito de Fausto y lo mezcla con elementos como, por ejemplo, una mujer barbuda no me apasiona demasiado.

En cuanto al montaje, de Robert Lepage, ubicaba con acierto el escenario en el mundo de Hollywood. ¿Qué mejor para ilustrar la carrera de un libertino que recurrir a un muchacho del medio Oeste que acaba encumbrado en la meca del cine? Así, Lepage nos llena el escenario de elementos cinéfilos, con claros referentes a películas como Gigante o El crepúsculo de los dioses en un montaje muy dado al ilusionismo y el juego y con unos toques de humor que venían muy bien a la obra. Bastante acertado, la verdad, aunque yo prefiero un tipo de montaje -y de ópera- más íntima, que sugiera más que muestre.

En el siguiente vídeo, el libertino Tom Rakewell (Toby Spence) nos cuenta durante el primer acto sus sueños de grandeza:



Este otro es una selección de escenas para la versión de la Royal Opera House. Los cantantes no son los mismos, pero el montaje sí, así que bien sirve para hacerse una idea. Como de costumbre, en el enlace del Teatro Real de más arriba hay más vídeos y fotos.



El resto de la temporada lo dejo para un próximo post. Sean curiosos y felices ;-)

12 de julio de 2009

Fin de la temporada de ópera (I)

Tenía 16 años cuando me regalaron mi primera ópera: La flauta mágica. Acertaron plenamente. Tanto por su libreto como por su fascinante música es una obra ideal para iniciarse en la ópera. Un flechazo.

Pero mentiría si dijera que lo mío con la ópera comenzó allí. El gusanillo me vino mucho antes, a raíz del Amadeus de Milos Forman, película que he visto infinidad de veces, que hizo del Requiem el disco más escuchado de mi extensa colección y que me abrió el apetito por la ópera.

Después de mi primer Mozart, fueron llegando otras. La traviata, Tristán e Isolda, Lakmé o El barbero de Sevilla iban cayendo, Navidad tras Navidad, en mi colección de discos. Faltaba dar el último paso: asistir en directo a una representación. Con anterioridad al año pasado, había tenido ocasión de ir a alguna que otra (maravilloso aquel Cosí fan tutte del Teatro español de hace algunos años) y por fin me decidí a intentar obtener un abono en el Real.

Frente a lo que la mayoría de la gente cree, el gran problema de asistir al Real no es tanto el precio (hay entradas asequibles que están realmente bien) sino la dificultad: hay que comprar con mucha antelación, estar muy pendiente el día en que salen a la venta y tener mucha suerte. Conseguir el abono me costó una mañana entera al teléfono hasta que logré que entrara la llamada pero, una vez finalizada esta primera temporada, he de decir que es una de las cosas en las que he gastado dinero que más satisfacción me ha dado. No importa lo cansada que esté o lo horrible que haya sido el día: incluso cuando la representación no llega a estar del todo fina, es levantarse el telón y todo desaparece. Un gozo total.

La ópera es un espectáculo complejo, total, que exige la concurrencia de todas o gran parte de las disciplinas artísticas. Es importante que el libreto esté bien escrito, la música bien compuesta y que el director acierte en su interpretación. La orquesta, por supuesto, debe sonar bien, así como los cantantes. Pero la música no sólo es algo matemático -que también-: hay que dotarla de alma, conectar, comunicar, originar la catarsis. Y no basta estar afinado y tocar con virtuosismo si el resultado resulta frío. Por si fuera poco, la dirección escénica también tiene mucho que decir con su forma de colocar a los personajes por la escena y de extraer los mejores registros actorales de los cantantes. Y el montaje, claro: arquitectura, pintura, escultura, iluminación... El resto de las artes plásticas arropan, acompañan y complementan la semántica de lo que nos cuenta la música. Que todos estos elementos funcionen sin estorbarse y lleguen a crear un todo único es algo muy difícil. Cuando se logra, el resultado es absolutamente maravilloso e indescriptible. Y este año, aunque hasta el jueves no asistiré a la última obra de mi abono, ya van dos dianas.

Aún me faltan Las bodas de Fígaro (voy este jueves) para completar la temporada, pero ya puedo ir comenzando a hacer balance de lo visto este año. Lo dejo, eso sí, para un próximo post que voy a comenzar a escribir ahora pero que no colgaré hasta después del jueves. Les dejo, hasta entonces, con el impresionante "Si, vendetta" de Leo Nucci con la Ciofi en el Rigoletto del Real de hace unos días. Que lo disfruten.

Sean curiosos y felices ;-)

31 de diciembre de 2008

Este último mes (y II)

¡¡Albricias, albricias!! Vale, la exclamación no viene a cuento en este post pero ¿quién no ha querido gritar eso alguna vez? Años y años haciendo de OVEJA SEGUNDA -sin texto, por supuesto- en la función de Navidad tenían que dejarme alguna huella, ¿no? En fin, yo a lo mío: a continuar con el último post.

Raymonda (en el Palais Garnier de París)


Entre las muchas (y agradabilísimas) cosas que compartí en París, tuve la suerte de asistir a una representación de Raymonda -el primer ballet coreografíado por Nureyev tras su huida al otro lado del muro- en el Palais Garnier. Ya sólo por el placer de visitar el teatro de ópera más ostentoso y recargado del mundo merecería la pena hasta asistir al musical de los Lunnis, así que imagínense un ballet del mayor coreógrafo del siglo XX.

Y, en efecto, no defraudó. Como suele ocurrir en ballet clásico, el primer acto se hace difícil. Hay que introducir a los distintos bailarines y cumplir con el sinfín de pautas y convenciones del ballet. Pero entonces comienza el segundo acto y es cuando el inmenso genio de Nureyev se desmelena, cuando uno entra por completo y deja de importarle lo absurdo de la trama, lo forzado de las poses y las imposturas protocolarias para sumergirse en el ballet. Maravilloso.

Tesoros sumergidos de Egipto

Y, de vuelta en Madrid, tocaba complacer a mi querido maximizador con una expo de su gusto, así que allá que nos fuimos al Matadero a aprovechar los últimos días antes de que cancelaran los Tesoros sumergidos de Egipto.

La colección reúne numerosas piezas encontradas en diferentes expediciones de arqueología submarina y está prolijamente acompañada de todo tipo de textos, mapas, vídeos y cronologías explicativas. A mí me aburrió un pelín, la verdad, pero reconozco que es puramente una cuestión de afinidad personal. Para cualquiera interesado en la historia antigua o la arqueología puede resultarle bastante entretenida. Además, merece la pena aunque sea sólo por los colosos y las estelas jeroglíficas.

¡1914! La Vanguardia y la guerra, en el Thyssen

Lo malo de disfrutar de exposiciones tan maravillosas como la de Picasso que mencionaba en el post anterior es que una se vuelve exigente y luego va al Thyssen y se queda tibia. En cualquier caso, la expo es correcta y merece la visita. Tiene algunas obras bastante interesantes: Schiele, Grosz, Kirchner... Mucho futurismo, algo de cubismo y bastante expresionismo. Por supuesto, si no le van las vanguardias, mejor váyase al cine.


Katia Kabánova, Leos Janácek

El acabose. Qué cosa más bella. Como bien decía un conocido, resulta increíble cómo con un poco de agua y unos tablones se puede crear algo tan hermoso. Cuando el año pasado decidí ahorrar un dinerillo para regalarme un abono del Real no podía imaginar que lo iba a disfrutar tanto. Lo que había visto hasta ahora me había gustado bastante, pero es que la Katia... ay, la Katia.

La ópera cuenta la típica historia de mujer decimonónica oprimida por la sociedad que desespera por un amor imposible y cuyo final trágico se ve venir casi desde antes de coger el metro camino del teatro. En realidad, Janácek utiliza variaciones de este motivo una y otra vez en sus óperas, pero ¡lo hace tan bien! Logra transmitir tanta pasión y tanto dolor que a uno se le revuelven las tripas en el teatro. La obra es bellísima ya de por sí, pero es que todo lo demás estuvo insuperable, empezando por la orquesta, siguiendo por los intérpretes (con la magnífica Karita Mattila a la cabeza) y terminando con el excepcional montaje ideado por Robert Carsen. Sólo esta función ya compensa todo el abono. Simplemente, ma-ra-vi-llo-sa. Ahí van unas fotitos.



Después de esta Katia, miedo me da lo próximo que vea porque o están espléndidos o mucho me temo que me va a decepcionar un huevo. El listón no puede estar más alto.

Sean curiosos y felices ;-)

PD. A propósito de las óperas de Janacek, merece la pena leer este hermoso artículo publicado por Antonio Muñoz Molina en El País: Un sueño de Janácek.

10 de octubre de 2008

Don Giovanni en el Royal Opera House

El Royal Opera House tiene el detallazo de poner a disposición de cualquiera su montaje de Don Giovanni. Una delicia. Pónganse cómodos y prepárensé a disfrutar:
Muy interesante resulta también la sección Discover Don Giovanni, impagable para todo aquel que desconozca esta ópera y/o quiera saber más acerca de ella.

Les dejo con la Obertura para que vayan abriendo boca. El vídeo, al igual que la noticia, se lo debo a Pasaelmocho, de Una butaca en el paraíso (gracias ;-) ).


Sean curiosos y felices. Y disfruten de Mozart, claro ;-)