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12 de noviembre de 2008

Consumido por el tiempo

-Hubo una vez en que todo esto fue nuevo -dice, haciendo exactamente el mismo gesto con la mano que ha hecho antes Drago-. Todo lo que hay en el mundo fue nuevo alguna vez. Hasta yo fui nuevo. En el momento de nacer, yo era lo último y lo más nuevo que había sobre la Tierra. Luego el tiempo empezó a hacer mella en mí. Igual que hará mella en ti. El tiempo te consumirá, Drago. Un día estarás sentado en tu bonita casa nueva con tu guapa nueva esposa y tu hijo se volverá hacia vosotros y os dirá: "¿Por qué sois tan anticuados?". Cuando llegue ese día, espero que recuerdes esta conversación.

Drago coge con el tenedor un último bocado de risotto, un último bocado de ensalada.

-Las pasadas navidades fuimos a Croacia -dice-. Mi madre y mis hermanas y yo. A Zadar. Allí es donde viven los padres de mi madre. Ya son muy viejos. A ellos también los ha dejado atrás el tiempo, como usted dice. Mi madre les compró un ordenador y les enseñamos a usarlo. Así que ahora pueden comprar por Internet, pueden enviar correo electrónico y nosotros podemos mandarles fotos. Les gusta. Y son bastante viejos.

-¿Y qué?

-Pues que usted puede elegir -dice Drago-. Es lo único que estoy diciendo.
Hombre lento, J. M. Coetzee, 2005.

4 de febrero de 2008

Rumore, rumore

No le importa si es verdad que Marijana está teniendo o no una aventura extramatrimonial. Lo que le importa son los rumores que corren en el círculo más bien reducido de la comunidad croata. Hágame caso, Paul, y no haga esa mueca de desdén. Las habladurías, la opinión pública, la fama, como lo llaman los romanos, es lo que mueve el mundo... los chismes, no la verdad. Usted nos dice que "de verdad" no está teniendo una aventura con la madre de Drago porque usted y ella (perdona, Drago) no han mantenido relaciones sexuales "de verdad". Pero ¿qué se entiende hoy como relaciones sexuales? ¿Y cómo se puede comparar un polvo rápido en una esquina oscura con meses enteros de deseo febril? Cuando se trata de amor, ¿cómo puede un observador externo estar seguro de cuál es la verdad de lo que ha sucedido? De lo que sí podemos estar mucho más seguros es de que circulan por el aire rumores de una aventura entre Marijana Jokic y uno de sus clientes, quién sabe por qué. Y el aire nos envuelve, lo necesitamos para respirar y vivir. Cuanto más fuerte se niegue el rumor, más estará en el aire.
Hombre lento, J. M. Coetzee, 2005.

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11 de marzo de 2007

Él, "él", el "él" que a veces llamamos "tú"

No puede dar respuesta a esta clase de preguntas. No puede dar respuesta porque no está de humor para respuestas. Eso es lo que comporta estar melancólico: a un nivel por debajo del juego y del revoloteo del intelecto ("¿Por qué no esto?", "¿Por qué no lo otro?"), él, "él", el "él" al que a veces llama "tú" y a veces "yo", está perfectamente listo para afrontar la oscuridad, la quietud, la extinción. Él: no aquel cuya mente discurría siempre de aquí para allá, sino el que sufre dolor toda la noche.

Hombre lento, J. M. Coetzee, 2005.
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26 de febrero de 2006

Elizabeth Costello o una reflexión sobre la empatía

[...] Regreso a los campos de exterminio. El horror específico de los campos, el horror que nos convence de que lo que pasó allí fue un crimen contra la humanidad, no es que los asesinos trataran a sus víctimas como a piojos a pesar de que compartían con ellas la condición humana. Eso también es abstracto. El horror es que los asesinos se negaran a pensarse a sí mismos en el lugar de sus víctimas, igual que el resto del mundo. La gente dijo: "Son ellos los que pasan en esos vagones de ganado". La gente no dijo: "¿Cómo sería si yo fuera en ese vagón de ganado?". La gente dijo: "Deben ser los muertos a quienes están quemando hoy, que apestan el aire y hacen que me caiga ceniza sobre los repollos". La gente no dijo: "¿Cómo sería si me estuvieran quemando a mí?". La gente no dijo: "Me quemo, estoy cayendo en forma de ceniza".


En otras palabras, cerraron los corazones. El corazón es la sede de una facultad, la compasión, que a veces nos permite compartir el ser ajeno. La compasión tiene todo que ver con el sujeto y muy poco con el objeto, con el "otro", como veos de inmediato cuando pensamos en el objeto no como un murciélago ("¿Puedo compartir el ser de un murciélago?"), sino como otro ser humano. Hay gente que tiene la capacidad de imaginarse como otra persona y hay gente que no la tiene (cuando esa carencia es extrema, los llamamos psicópatas). Y hay gente que tiene esa capacidad pero decide no ponerla en práctica.

Elizabeth Costello, J. M. Coetzee, 2003.
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