Ocurre todo lo que puede ocurrir ante un accidente. Algunos llaman por teléfono únicamente porque otros también lo hacen. Un buen número grita a voz en cuello pidiendo silencio, pero son pocos los que se quedan en silencio. Se empujan unos contra otros obstruyéndose la vista. Acusan a personas absolutamente inocentes. No prestan atención a las órdenes. Una y otra vez ignoran que se les ha pedido que hagan sitio y guarden silencio y compostura ante un hecho tan terrible. Y otros, dos o tres estudiantes, se comportan contraviniendo las normas del más elemental respeto. Los mejor educados o más indiferentes se han retirado hacia los lados y desde ahí se preguntan quién podría ser el culpable. Uno sugiere que la muchacha se ha herido a sí misma para llamar la atención. Otro lo niega enérgicamente y difunde el rumor de que habría sido un novio celoso. Un tercero dice que, en principio, lo de los celos es verdad, pero que pudo haber sido una muchacha celosa.Lectura anterior | Siguiente lectura
Uno al que acusan injustamente comienza a vociferar. Una a la que acusan injustamente comienza a lloriquear. Un grupo de estudiantes evita que se apliquen las medidas que dicta la razón. Alguien rechaza enfáticamente una acusación imitando el estilo que utilizan los políticos en la televisión. El señor Nemeth pide silencio y es interrumpido por la sirena de la ambulancia. Erika Kohut lo mira todo como un animal recién nacido que reconoce la fuente de su alimento y, tan pronto ella parte, la sigue casi pisándole los talones.Elfriede Jelinek, La pianista, 1993.
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9 de febrero de 2007
Accidente
13 de noviembre de 2006
Deseo
Lectura anterior | Siguiente lecturaAlguien abre la puerta y entra. No se deja intimidar por el entorno. Es inequívoco que se trata de los pasos de un hombre que se acerca, y queda en evidencia que son los pasos de Walter Klemmer, que ha seguido a Erika. También Klemmer va de un váter al otro, lo que es inevitable si quiere encontrar a la persona amada. Ella lo ha estado rechazando durante meses, aunque sabe que Klemmer es uno de los de rompe y rasga. Su deseo es que ella al fin se libere de sus represiones. Que se desprenda de la personalidad de profesora y se transforme en un objeto, para de esa forma entregarse a él. Él se ocupará de todo. En este instante Klemmer es un concordato entre la burocracia y el deseo. Un deseo que no conoce límites y, tal como él lo siente, que no se detiene ante nada. Hasta aquí la tarea que se ha impuesto Klemmer con respecto al cuerpo docente. Walter Klemmer se desprende de un velo llamado represión, uno llamado pudor y otro llamado recato. Erika no podrá escapar más allá, a sus espaldas solo queda el muro macizo. Él hará que Erika se olvide de reír y de mirar, solo podrá oírlo y verlo a él. Después tirará las instrucciones de uso para que nadie más pueda hacer uso de Erika en esta forma.Elfriede Jelinek, La pianista, 1993.
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