15 de marzo de 2006

Cádiz

Sé que no lo estás pasando bien. Por eso, cuando el otro día recibí tu llamada instándome a quedar, te dije que sí sin dudar, aunque lo cierto es que ya tenía planes.


De camino, pensé en el día en que te conocí. Siempre me ha obsesionado la trascendencia de nuestras elecciones. La vida está llena de ellas. Algunas, las menos, se hacen conscientemente, tras muchas cabilaciones. Suelen ser dolorosas por la pérdida, la renuncia a lo descartado. Pero al menos en estas conservamos el control, podemos elegir nuestro rumbo. La mayoría de ellas, en cambio, las que hacemos a diario, surgen imperceptiblemente en nuestra vida y tomamos una u otra opción sin apenas percatarnos, sin percibir el giro que implican en nuestro camino. Y hace ya once años que una de estas elecciones cambió mi vida para bien. ¿Recuerdas? Necesitaba a alguien que me prestara los apuntes de los martes. Pude presentarme a cualquier otro compañero y, sin saber muy bien por qué, me dirigí a ti. Curiosa manera de comenzar una amistad, ¿no crees? Por puro y simple interés.


Acabamos en aquel café-pub de la calle Hileras donde ya hemos estado otras veces. En realidad, ese lugar lo tengo ligado a ti porque jamás estuve allí más que contigo. Claro, tú esto no lo sabes. Probablemente para ti no sea más que un sitio más donde ir cuando quieres conversar con calma. Pero para mí es especial. Así funciona nuestra mente, modelando el mundo que nos rodea a su antojo, dotando de significado a lugares, objetos, melodías, cosas todas ellas insignificantes con anterioridad.


Allí, en nuestro café, te escuchaba en silencio. Poco hay que decir en estos casos, la verdad. Lo único que podemos hacer es escuchar, regalarle una vía de escape al otro por donde soltar parte de lo que le angustia. Escuchar hasta que lo sueltes, pero luego llevarte a otro tema, impedirte ese regodeo recurrente en el dolor en el que todos tendemos a caer.


Entonces te hablé de nuestro viaje a Cádiz. Nuestro viaje, a secas. Porque aunque no fuimos solas los que vinieron con nosotros hace tiempo se fueron de nuestra vida. De aquel viaje quedamos tú y yo, cómplices, unidas para siempre. Rememoramos anécdotas y recuerdos; anécdotas que se engrandecen con el tiempo, que van adquiriendo matices cada vez más cómicos o tiernos conforme los contamos una y otra vez.


Te propuse entonces otro viaje. "Anda, vente, lo pasaremos bien." Te mostrabas reacia. Tenía que convencerte a toda costa porque te vendrá bien salir y porque me encantaría tenerte conmigo ese fin de semana. "Bueno, me lo pienso y te llamo en dos días", fue lo máximo que logré sacar.


Y entonces saqué el tema. Tú no lo sabes, pero me encanta sacarte el tema, me encanta oírte hablar, con pasión, de tu profesión. No importa cómo te vaya la vida, siempre se te iluminan los ojos y se te marca una sonrisa al hablar de tus chicos y sus cosas. Aparcas tus problemas y desbordas entusiasmo explicando tu último hallazgo pedagógico, tu última negociación ganada, el último de los logros académicos de uno de tus alumnos "deshauciados". Pienso en mi yo adolescente y me sorprendo porque hayas logrado de tus chicos cosas que difícilmente habría hecho yo entonces. Y continúo escuchándote embelesada, admirada por todo lo que consigues y orgullosa de ti. Porque oyéndote sé que hay esperanza. Sí mientras haya gente como tú, que cree en la enseñanza, que ve en ella mucho más que tiempo libre y sueldo seguro.


Hoy me has llamado. Tu voz era de entusiasmo y en seguida supe que vendrías. "Oye, que sí voy, que me prestan el equipo." Estaba segura. Ya no me queda más que contar con emoción las horas para nuestro próximo viaje. Nuestro próximo Cádiz.


2 comentarios:

Vulcano Lover dijo...

Cádiz, en su luz y su blanco orlado de mar, en sus playas infinitas de arena fina y olas finas de espuma delicada, conforma uno de los escenarios de inevitables vértigos juveniles. Cádiz, La Victoria, El puerto, Valdelagrana, eran siempre las playas a las que íbamos a pasar el domingo cuando éramos Universitarios. COn nuestro billete de tren, en aquellos vagones que ya no existen, viendo los interminables campos de agostados mientras retorcíamos los deseos, las miradas, las historias escondidas, invisibles, ya volcánicas... ¡ME traen tantos recuerdos esos domingos en Cádiz!
"wleye" when life is in your eyes

inquilino dijo...

Otra bellísima ciudad en absoluta decadencia... Lástima. O quizás sea precisamente esa decadencia la que las hace tan atractivas.

Estupendo tu hallazgo en tu palabra.

"tkktl": te toco, te lamo... (el resto me lo reservo)