12 de mayo de 2008

Un corrector, por favor

El otro día, paseando por El blog del futuro del libro, encuentro una mención de José Antonio Millán de un comentario de Arcadi Espada sobre el nuevo libro de Ruiz Zafón. Si hablo del comentario aquí no es para emprender una campaña contra Ruiz Zafón: no me interesan sus libros, pero me parece estupendo que cada uno lea lo que más le apetezca. Tampoco me sorprende lo mal escrito que está el párrafo reseñado pese a no haber leído nada de Ruiz Zafón. Me regalaron La sombra del viento hace bastante tiempo, pero cualquier curiosidad que hubiera podido tener por esta novela desapareció después de que a mi padre no le causara la menor emocion. Mi padre siempre ha mantenido un sorprendente y exquisito criterio literario pese a las poquísimas novelas que lee, así que su falta de entusiasmo ante el libro del que todo el mundo hablaba hizo que yo lo relegara al último lugar de mi siempre rebosante pila de libros por leer.

Entonces, ¿por qué traigo a colación aquí esta reseña? Porque lo sorprendente para mí no es que la prosa de Zafón sea mala sino, como bien comenta Arcadi Espada, que se le deje publicarla así. No puedo llegar a concebir que un corrector sea capaz de devolver un texto así y quedarse tan ancho. Bueno, sí, miento: sí lo concibo, por desgracia, porque continuamente me encuentro con correctores y editores perfectamente capaces de tamaña chapuza.

Y es que la profesión anda mal, muy mal. La mayoría de los textos que se publican hoy en España son tratados por malos profesionales que se limitan a corregir comas, puntos y las escasas erratas que se le escapan al corrector automático de los procesadores de textos. Y hasta esto suelen hacerlo mal. Son, en su mayoría, personas que están en esto temporalmente mientras deciden qué hacer con su vida tras acabar su carrera de letras o como forma de alimentar su curriculum para tratar de entrar en alguna editorial. Sería algo perfectamente normal -todos los que nos dedicamos a estos hemos empezado más o menos así- de no ser porque estos correctores interinos no se toman el menor interés en la tarea y confunden los medios y fines de su labor: aunque pueda suponer un medio de alcanzar un puesto de editor, el fin supremo de la corrección es y debe ser el texto y solo desde el respeto y el amor al texto se puede realizar este trabajo.

Pero no se crean que la culpa es sólo de los malos correctores. Ni muchísimo menos. Si existen malos correctores es porque existen malos editores y pésimas empresas editoriales. El de corrector es un oficio poco reconocido y peor pagado. Las editoriales tienden en general a tratar la corrección como un mero trámite, un escalón incómodo por el que debe pasar el libro en el menor tiempo posible. Apenas hay buenos profesionales, pero es que tampoco se les trata como debería. En los años que llevo en esto he visto todo tipo de chapuzas.

Una vez me encargaron unas terceras que estaban peor que unos malos originales. ¡¡Terceras!! ¿Qué clase de correctores habían visto esas pruebas antes? ¿Qué clase de editor consiente ese tratamiento dejado del texto? ¿Qué clase de editorial permite que se despilfarre el dinero y el tiempo en cuatro correcciones para un solo texto? Si sobra dinero para encargar muchas malas correciones, ¿por qué no pagar de una vez una tarifa digna para que un auténtico profesional deje el texto niquelado en dos únicas correcciones?

A menudo me encargan cosas con plazos imposibles diciéndome "da igual cómo salga, que vamos mal de tiempo". ¿Cómo que da igual? ¿Qué clase de respeto es ese por el oficio del corrector? ¿Cómo alguien que se dedica a editar puede mostrar ese desprecio por el texto? ¿Por qué esa mala gestión del tiempo?

Y no hablemos de despilfarros estúpidos como el gasto en mensajeros. Desconozco las tarifas que aplican las empresas de mensajería, pero por pequeñas que sean me resulta inconcebible tanto trasiego innecesario de entregas. Si aún no he devuelto lo que me enviaron no entiendo la necesidad de ponerme un mensajero con más trabajo en lugar de aprovechar el viaje cuando yo devuelva lo que tengo. No se lo van a creer, pero alguna vez he llegado a recibir en un mismo día tres mensajeros procedentes de la misma editorial. ¡Tres! Y con encargos mínimos cada uno de ellos.

Capítulo aparte son los retrasos en los pagos. Desde que uno empieza a trabajar en un libro hasta que ve el dinero pueden pasar meses. Uno puede aceptar que no le paguen hasta que haya acabado todo el libro (nótese que digo "puede aceptar", no que esté bien: hay editoriales que gestionan bien la contabilidad y pagan religiosamente mes a mes las páginas que hayas visto), pero lo que no es de recibo son los retrasos posteriores. Envías una factura y a menudo esta va pasando de mesa en mesa, de pila de facturas en pila de facturas hasta que al cabo de mes o mes y medio es tramitada finalmente. No sé si lo han pensado, pero las erratas no alimentan, por más que el corrector se las coma y las haga desaparecer de su texto.

El colmo en este aspecto es cierta editorial que ha externalizado sus pagos mediante un servicio de factoring. Estás en tu casa esperando el ingreso de tu dinero y en su lugar te llega una carta de la empresa de factoring de turno que te comunica que la editorial le ha dado el dinero -tu dinero- de tu factura y que ellos te lo darán dentro de un mes pero que, eso sí, si lo necesitas antes puedes solicitarles un anticipo a un módico tipo de interés. El día que me llegó la cartita de marras no daba crédito. O te resignas a cobrar con un mes de retraso o le das parte de tu dinero a la empresa de factoring en forma de intereses.

Con este panorama no me extraña en absoluto que conozca a tan pocos buenos correctores. Y si contamos a los que se dedican en exclusiva a esto creo que me sobrarían dedos. La mayoría de los correctores -los de verdad, se entiende, no los interinos- son traductores o editores freelance que cogen correcciones de vez en cuando para completar su sueldo cuando escasean los otros encargos. Y luego estamos los pirados, los que, como yo, adoramos este oficio y aceptamos trabajos más por afición y amistad con el editor que por otra cosa.

Así ocurre luego, que una no sabe qué barbaridad va a encontrarse en el último libro que ha comenzado a leer. Lo peor es que no ocurre únicamente en la edición, sino que la chapucería está extendida a todos los ámbitos profesionales que conozco. Dos males aquejan a la productividad y la calidad del trabajo en este país. Por un lado, la falta de ética profesional, el hacer las cosas sistemáticamente mal, el todo vale, el como los demás no se esfuerzan yo tampoco. Por otro, la incomprensible desvalorización del especialista: no existe un sistema de reconocimiento y recompensas para el trabajo bien hecho de cualquier especialista. Si eres un magnífico corrector te promoverán a editor, tarea que para la que a lo mejor no vales y que ni siquiera te interesa pero que constituye tu única forma de mejorar económicamente. Y si programas como los ángeles acabarás de analista y, suponiendo que también se te dé bien, te verás pronto como jefe de proyecto, alejado de los ordenadores, enterrado en una montaña de planes, proyectos y presupuestos y agobiado por un sinfín de reuniones. En ambos casos -corrector y programador-, habremos perdido un magnífico especialista para ganar un pésimo gestor. Así de mal anda la profesión. Cualquiera de ellas.

19 comentarios:

Dekker dijo...

Muy interesante. Por un lado, una petición. No sé si lo has contado alguna vez (yo llegué tarde a tu blog ;-)) pero a mí me gustaría que dedicaras algún post algún día a contar cuál es el proceso completo de una edición de un libro. Por ejemplo, has comentado algo de "terceras" que me imagino que es la tercera corrección, pero realmente para los que no estamos en el campo puede ser interesante conocer todo este mundillo que a mí siempre me ha llamado la atención. Lo que hay detrás de escribir un libro que no se queda en escribir que claro que es importante (es la base de todo). Para cuando tengas tiempo y si tienes ganas.

Por otro lado coincido contigo en que lo de los especialistas es un horror. En el trabajo hemos estado buscando 6 personas con un perfil muy muy específico en unas tecnologías determinadas. Imposible. Lo único que encuentras es gente que sabe un poco de todo pero un mucho de nada. Y lo peor, es que ni los propios interesados valoran las posibilidades de especialización que les estamos ofreciendo. Al contrario, siguen interesados en quedarse en la visión global de las cosas que es lo que hoy por hoy vende. Eso sí, son todo mega consultores y blablablabla. Y en cuanto escarbas un poquito no encuentras nada. Así nos va.

Cinephilus dijo...

Eso que cuentas es todo inventado y ciencia ficción... ¿¿¿Que los correctores no están cualificados ni se toman en serio su trabajo??? ¿¿¿Que las editoriales son chapuceras y cutres??? Ay, ay, ay, no sé de dónde te has sacado datos así, con lo puclro que es el trabajo en el sector y lo que prima la calidad en todas las fases del proceso editorial...

A mí, por ejemplo, me ha gustado leer en unas terceras de un libro de segundo de bachillerato que entre los grupos de teatro alternativo de los setenta destacan Els Joglars y el Teatro de la Crueldad. Lo malo de la errata es que le dedican... ¡¡¡un párrafo al Teatro de la Crueldad!!! Y nadie, ni el autor, ni un solo corrector, ni un solo editor se dio cuenta jamás del gazapo... Ni tampoco se molestó en comprobarlo. En fin, un ejemplo tonto, pero que me ha hecho gracia.

En cuanto a Ruiz Zafón, este año cometí el error de trabajar con uno de sus textos con mis chavales de 1º de la ESO y, en fin, casi me abro las venas al intentar buscar en él algo mínimamente interesante que comentar con ellos...

Besitos sin erratas (o con ellas, pero con mucho amor) ;-)

inquilino dijo...

Tomo nota de su petición, dekker. No, no he hablado de ese tema aquí, pero como ya veo que le interesa lo tendré en cuenta para futuros post. Aunque no sabe usted el marrón en el que me mete porque la casuística es bastante amplia (no es lo mismo una novela que un libro de texto, ni una editorial grande que una pequeña) y por tanto me va a resultar difícil explicarlo de forma coherente.

Anónimo dijo...

Yo francamente alucino con toda esta jauría de estreñidos que odian a Ruiz Zafón, empezando por el Arcadi ese, que hace años tiene una fijación obesiva y patética con el tema que apunta a algún problema personal serio, y luego el coro de fans que le rien las gracias. No veo que haya nada mal escrito en ese párrafo y si algo tiene ese autor es que escribe de maravilla, mal que le pese a todos estos cretinos que se pasan la vida pegando discursos en los blogs sobre "yo no lo he leído ni pienso leerlo pero he venido aquí a contarle a españa entera lo horrible que es". Las envidias, la estupidez y la mala leche abundan que da gloria, y esta continua masturbación de funcionarios amargados que necesitan ventilar sus odios en internet da pena. Lo mejor es como se apoyan unos a otros y se dicen, si, tú y yo si que que valemos... ya me lo dice mi madre, que es la única que se da cuenta de mi talento. De verdad, a ver si crecen un poco y se buscan un hobby. Da vergüenza ajena encontrar este nivel de comentarios viniendo de gentes desesperadas por dárselas de listos (como suele suceder con todos los bobos pedantes).

inquilino dijo...

Ah, se me olvidaba, dekker: pese a lo que pudiera parecer por su nombre "terceras" casi nunca indica que sea la tercera corrección que pasa un texto. Ya lo explicaré el día que hable de tipos de corrección, pero te adelanto que, en este caso concreto, la corrección de terceras era en realidad la cuarta corrección. Y en otros casos habría sido la quinta. Sé que suena lioso, pero lo entenderá perfectamente en su día.

Queda pendiente nuestra tarde de sushi ;-)

inquilino dijo...

¡¡Pero qué me dice, amigo Ci!! No puedo creer tamaña errata :-O
Ays, si no fuera porque dan mucho tema de risas y conversación este tipo de errores... Así, a bote pronto, aparte de una batería de ejercicios de lengua a cual más estúpido e inverosímil, recuerdo un bonito texto en un libro de Ciclos formativos (ex-FP) que decía que el voltaje mide la velocidad a la que circulan los electrones. Y se habían quedados tan anchos el autor y el revisor técnico. Pobre Einstein, que murió convencido de que la velocidad de la luz era constante. ¡¡Si le hubieran avisado!! X-D

Anónimo dijo...

Probablemente a Ruiz Zafón no lo ha corregido nadie más allá de lo ortográfico.

inquilino dijo...

Lo dudo mucho, anonimo. Como poco lo ha tenido que ver el editor y un corrector ortotipográfico. El corrector, si no quiere meterse en líos para los que no le pagan, cuanto menos tendría que haber advertido los problemas: "Oye, que esto necesita una corrección de estilo de las gordas. Si quieres lo hago yo, pero claro a este precio no... (etc.)". En cuanto al editor, en fin, no tiene nombre que deje salir así la novela. Solo es explicable por un motivo de dejadez. Porque precisamente en el caso de Ruiz Zafón no hay problemas de presupuesto.

lecturaidecoracio dijo...

¡Cuánta razón!
Mención especial al último párrafo: tal vez se comenta menos, pero es muy cierto que en nuestro oficio parece que que la única forma de ascender (especialmente si se busca un trabajo con contrato) es pasarse a la gestión de proyectos, una labor que en muchos casos son necesarias otras aptitudes.

inquilino dijo...

En efecto, ¿qué lleva a suponer que un magnífico corrector será un estupendo gestor? Un gestor debe lidiar con grupos humanos, gestionar el tiempo, repartir recursos... Debe tener don de gentes para que el grupo trabaje en armonía.
¡¡Reconocimiento para el profesional especializado ya!!
Un detalle que le encantará, lecturaidecoracio: me ofrecieron el otro día la corrección de un texto en gallego. Asombrada respondo: "pero ¡¡si yo no sé gallego!! Una cosa es que lo lea y otra que sea capaz de corregir lo que es incorrecto". Y me contestan "uy, pero si es igual, se pilla en seguida. Con que le eches un vistazo por encima y quites lo más gordo vale".
Evidentemente, no cogí el encargo. Afortunada yo, que otra fuente de ingresos y puedo rechazar encargos inverosímiles como este.

Maritornes dijo...

Me alegra saber que no soy la única que patalea. No podría añadir nada más a esta espléndida descripción de la situación patética en la que nos encontramos los correctores.
Sin embargo, sigo pensando que Ruiz Zafón no es lo peor que puede comprarse en un VIPs, en tapa dura y con un precio sobrevalorado. Lamentablemente, los Zafones están a la orden del día (cualquier libro de Planeta sirve para ilustrar esta cuestión, por no hablar de los de Alfaguara).
Todos tenemos fobias personales, y Arcadi Espada no va a ser menos. Yo propongo humildemente extender esta "cruzada" a otros nombres, personajes y personajillos del inigualable mundo literario español. Seamos honestos de una vez, coño.
Abrazos a todos

inquilino dijo...

Cierto Maritornes, a ver si va a resultar ahora que Ruiz Zafón es el único que vende libros como churros sin saber escribir en este país.
¿Más nombres? Mmmm, ¿Elvira Lindo y sus innumerables anacolutos en Manolito Gafotas?

Anónimo dijo...

A superventas como Ruiz Zafón no se les suele corregir a fondo, Inquilino. A menudo está así estipulado en su contrato, aunque ni falta que hace, porque lo exigen de palabra. Y al editor se la suda, porque sabe que lo que vende es el nombre, convenientemente impulsado por el aparato de promoción que lo magnificará hasta lo impensable.
El corrector de turno hace, por su parte, estrictamente lo que le mandan, como le corresponde, que le pagan por lo que le pagan y no se trata de andar por el mundo de cruzado cultural. Si a alguien corresponde ese papel es al editor y al crítico literario. Y si estos reniegan de esa función, como de hecho han renegado en su mayoría, tenemos lo que tenemos: derecho al pataleo y no mucho más.
Y es así como las grandes lenguas de cultura se acaban yendo al carajo.

Anónimo dijo...

Buenos días:
He entrado en este blog y no me resisto a dejar mi granito de arena.
Yo también he trabajo como corrector (una de las pocas salidas que tiene Filología) y también he huido: me gustaba, me gusta trabajar el texto, me gusta saber que ha quedado bien. Y desde luego me horroriza encontrar erratas, errores, anacolutos y fragmentos soporíferos o que no siguen el ritmo narrativo en textos, novelas, que se supone han sido corregidas y supervisadas.
Y coincido con otro de los que aquí han escrito en que probablemente no sea cuestión de los correctores, incluso interinos, que seguro que también se preocupan de consultar manuales, etc. Si hay que buscar algún culpable, seguramente haya de ser la poca importancia que se le da a publicar algo bien hecho: total, si el lector lo va a entender igual... o al menos no se va a cuestionar si tal o cual monosílabo debe o no debe llevar tilde; o a qué o quién hace referencia tal pronombre... en fin, en efecto, sólo queda la pataleta.
Qué penoso, qué lastimero para todos aquellos que disfrutamos con lo que se nos cuenta y no digamos ya con la belleza del lenguaje.
Un saludo.
Paco Acero

Pedro Páramo dijo...

¡Hola! He leído el post de Inquilino en www.elcastellano.org y querría comentar mi experiencia como correctora que ha sido nefasta. Yo puedo decir que la culpa la tiene la empresa. Al principio tenía que corregir estilo y ortotipografía y lo más gracioso es que tenía que corregir lo que el corrector anterior no había corregido haciendo verdaderos malabarismos porque la traducción, además, estaba fatal y el anterior corrector lo había pasado por alto. Después me llevaba la bronca del corrector posterior porqe decía que lo había hecho mal (os puedo asegurar que he trabajado en equipos de investigación, que he dado clase en la universidad, etc etc y creo que sé cómo hay que escribir, como tantos de aquí).Lo último ya fue que me encargaban lo que tiene que hacer el maquetador, pero a mano, claro; es decir, cortar o alargar líneas para se ajustaran al recuadro del texto (cortar, puede; pero ¿ALARGAR??? ¿soy yo el escritor?); y también, arreglar cuando coincidían monosílabos arriba y abajo... vamos, que al final mi trabajo nada tenía que ver con lo filológico o lingüístico.Cada vez me daban normas diferentes y eso que desde el primer momento les pregunté que si tenían ellos unas normas o por qué manuales se regían... por la RAE, me dijeron. Aparte está el tema económico; sólo me daban 1 libro al mes así que no me podía hacer autonóma pero me tenía que dar de alta en HaCIENDA porque las facturas las emitía yo... y yo no tenía ni idea de estos trámites y casi me meto en un lío. Creo que las editoriales podrían tener más respeto al texto, como alguien dice por ahí.
Un saludo,
Pedro Páramo

guso dijo...

promover.

(Del lat. promovēre).

1. tr. Iniciar o impulsar una cosa o un proceso, procurando su logro.

2. tr. Levantar o elevar a alguien a una dignidad o empleo superior al que tenía.

3. tr. Tomar la iniciativa para la realización o el logro de algo.



MORF. conjug. c. mover.

(Tomado del DRAE)

seleucus dijo...

Zafón es malo y con ganas, y Planeta se puede permitir hacer lo que hace y cómo lo hace porque el nivel de exigencia del público es bajo. Tal cual.

Osito Panda dijo...

No sé qué tan atinado sea hacer mi comentario en este espacio:

Estoy a punto de graduarme de la carrera de Lingüística y busco trabajo como correctora de estilo porque la profesión verdaramenete me apasiona. He estado haciendo esto en mis prácticas profesiones por algunos meses.

Alguien podría darme alguna sugerencia? Algo? Un consejo?

No sé de dónde sea el autor del blog, pero yo soy mexicana.

Soy Laura Limón y mi correo es lauritamjc@gmail.com

MissingDuke dijo...

¡Ay!
¡Qué identificada me siento!

¡Ay!


Estoy segura de que has publicado sólo algunos datos. Si contaras todas las aventuras y desventuras de la corrección, no habría soporte informático capaz de contenerlo.



En peligro de extinción estamos.