25 de abril de 2007

We're off to see the wizard

Cuando tía Em había llegado a vivir allí era una esposa joven, bonita. El sol y el viento la habían transformado también. Habían quitado la chispa de sus ojos, dejándolos de un gris tranquilo; se habían llevado el rojo de sus labios y mejillas, que eran asimismo grises. Era delgada, flaca, y ya no se reía nunca. Cuando Dorothy, que era huérfana, llegó por primera vez a esa casa, tía Em se había sorprendido tanto con la risa de la niña que chillaba y apretaba las manos sobre su corazón cada vez que la regocijada voz de Dorothy llegaba a sus oídos; y todavía miraba a la niña, asombrada de que hallase de qué reírse.
[...]
Era Totó quien hacía reír a Dorothy y la libraba de volverse tan gris como lo demás que la rodeaba.
El mago de Oz, L. Frank Baum, 1900.

Y es que todos necesitamos un Totó a nuestro lado. Yo, que soy inmensamente afortunada, tengo dos. Este viernes me fangorizaré con uno de ellos. Contando las horas...

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4 comentarios:

Cinephilus dijo...

ser tu totó justifica toda una vida

todo mi amor, mi niña

el totó fanforicitador

inquilino dijo...

;-)

Vargtimen dijo...

Nunca he podido acabar El Mago de Oz. Pero me quedo con aquella frase de "Corazón Salvaje": "Creo que tuvimos un accidente en el camino de baldosas amarillas".

totó dijo...

Guau guau!!