20 de noviembre de 2006

Banda sonora

Por eso qué más da
que este mundo esté al revés
dime qué más da
si me besas otra vez.

Suena este horror de radiofórmula, uno más de tantos que han sonado esta noche. Y me coges y bailamos y me miras a los ojos mientras me cantas esa estrofa a la que jamás antes presté atención. Y siento que es cierto, que me da igual, que me importa un bledo que estos días mi mundo ande boca abajo porque ahora, justo en este momento, estamos en los dominios del alcohol, del sudor, del baile desenfrenado y liberador.


No es la primera vez que ocurre. La banda sonora de nuestras vidas se va perfilando, tema a tema, con momentos como éste. Instantes en los que una letra, una melodía, cobra vida y nos toca, abandona su intrascendencia para cincelar a fuego nuevas aristas en nosotros. Canciones a menudo superficiales, incluso estúpidas, creadas industrialmente para consumo de estómagos poco exigentes, pero que por alguna razón acaban sonando en el momento preciso, en el aquí y el ahora justo para llegar a nuestra alma.


Como aquel Déjame de los Secretos, principio y final de todo. Punto y final de mi inocencia. Patada a seguir del yo que soy ahora. O aquel Nada fue un error que, insolente, desvela el entramado de autoengaño con el que queremos disculpar nuestros saltos al vacío. O esa Mi vida sin ti que gritamos en trío tratando de expulsar cuanta rabia guardábamos. Ninguna figuraría en mi lista de canciones recomendadas, pero ahí están, formando parte indeleble de mí para el resto de mi vida.


Sí. Y qué más da que este mundo, mi mundo, esté al revés. Mientras nos queden noches de bailes, de complicidades, de búsquedas. De fundirnos tú y yo para lamernos las heridas que la vida o nosotros mismos nos empeñamos en infligirnos. Dime qué más da.

3 comentarios:

Vulcano Lover dijo...

Sí... con frecuencia esas letras "universales" que creemos que no están hechas para nosotros, que nunca podrían definir lo único de lo que sentimos, de repente, una noche, una tarde, en cualquier momento, se funden con el instante que vivimos (intensamente) para entrar a formar parde de nosotros, de nuestra piel, de nuestra sangre, navegando veloz, a trompicones, salpicada de alcohol y suspiros no confesados... Y es que mi saturday night (y me cuesta admitirlo) también fue un poco así... La vida me anda del revés, incluso las palabras me andan del revés... Y este gatito que soy, araña y araña estos días la pared inútilmente... Ya saldrá el sol... seguro que sí.
Besos, reina de la noche

Cinephilus dijo...

Si algo tiene ese pop comercial es que, lejos de valores musicales inencontrables, araña en lo más básico, en lo más evidente. No lo hace con sutileza, pero tampoco lo pretende. Algunas de las letras que mencionan son tan toscas como en su tiempo esos poemitas de lírica popular que hoy son objetos de estudio. No es ortodoxo admitirlo, claro, pero el Déjame de los Secretos es mucho más poético que muchas letras supuestamente válidas de otros cantantes.
Lo popular, lo comercial, no pretende más que exaltar lo conocido y por eso, inevitablemente, nos lo apropiamos, sobre todo si se tiene el ingenio para travestir sus letras de experiencia y la complicidad para hacerlo a dúo.
En el mío, ya lo sabes, suenas mejor que nadie. Así que, con Bisbal o con quien sea, seguiremos restregándonos cuantas noches sea necesario.
Supongo que no tener que demostrarle nada a nadie nos permite disfrutar, plena y dulcemente, de placeres como estos. Lo sofisticado, que también, para instantes más lejos del alcohol. En el sudor del baile y del vodka, mejor Bisbal ;-)

w. dijo...

Totalmente de acuerdo...