31 de agosto de 2008

Edward Steichen

Qué magnífica exposicion. Si ustedes, como esta que escribe, andan por Madrid durante este verano, están de suerte porque tienen esperándoles en el Reina Sofía una de las exposiciones que más me han gustado en los últimos años: Una epopeya fotográfica. Edward Steichen. Es verdad que todo está bien montado, documentado y expuesto, pero también lo es que juegan con ventaja, ya que hay pocos artistas tan polifacéticos, creativos, innovadores y determinantes para todo un género artístico como Edward Steichen. Recapitulo.

Entre finales del siglo XIX y principios del XX, Edward Steichen formaba parte de todo ese grupo de pintores que miraban con curiosidad las posibilidades de ese incipiente medio que era la fotografía. Desde que en 1895 tomara su primera fotografía, Steichen había andado reflexionando acerca de lo que ambos medios -pintura y fotografía- podían ofrecerse mutuamente, hasta que la balanza finalmente acabó decantándose hacia la segunda. Paulatinamente, el artista va abandonando la pintura y centrándose en la fotografía hasta el punto de que acaba siendo uno de los abanderados de Pictorialismo, corriente que defiende la independencia de la fotografía como arte separada de la pintura y trata de indagar en un camino y un lenguaje propios de este medio.

De este modo, la exposición comienza mostrándonos abundantes ejemplos de los experimentos realizados por Steichen en busca de ese lenguaje propio. Su obsesión es deslindarse de la pintura y, como tal, busca motivos para fotografiar que nada tienen que ver con aquellos que suelen protagonizar la pintura. En esta misma línea, Steichen prueba una y otra vez los efectos que causan en la fotografía los diferentes materiales y procesos de revelado.

Durante toda esta primera etapa, Steichen se constituye en uno de los actores principales de la consolidación de la fotografía como arte en Estados Unidos, promoviendo numerosas iniciativas y aglutinando entorno a sí y a su colega Alfred Stieglitz a un nutrido grupo de fotógrafos. Bajo la iniciativa de este último, promueven el movimiento Photo-Secession, para defender la fotografía pictórica como medio artístico. Nace entonces una pequeña joya de la historia de la edición llamada Camera Work, la revista donde publicarán manifiestos y obras del grupo. Steichen ejerció como fotógrafo, escritor, diseñador, editor y creador de tipografías en esta revista, dando muestra de su enorme creatividad.

Pero al genio de Steichen le quedaban mucho que mostrar y la exposición continúa llevándonos de la mano por su trayectoria. Steichen se va convirtiendo en todo un hito y por su cámara desfila gran parte de la sociedad artística y cultural de la época, circunstancia que aprovecha para indagar en las posibilidades expresivas del retrato artístico. Sus retratos cobran tal fama que el ser fotografiado por él acaba siendo un signo de estatus.

No solo dejaría su impronta en el retrato: otros géneros fotográficos le deben igualmente tributo a Steichen. En 1909, Condé Montrose Nast había adquirido una pequeña revista acerca de la sociedad newyorkina llamada Vogue. Cuatro años más tarde, compra una revista de moda masculina que renombrará como Vanity Fair. Estaba naciendo el grupo editorial de revistas más importante y prestigioso del mundo. La fama de las revistas Condé Nast se forjó merced a un impresionante plantel de editores, escritores y colaboradores diversos entre los que se encuentran, cómo no, nuestro Edward Steichen. Entre ambas guerras mundiales, nuestro artista fue jefe de fotógrafos del grupo Condé Nast. La fotografía de moda ya nunca volvería a ser lo mismo.

Muy destacable es también su trabajo como fotógrafo de guerra. Si en la I Guerra Mundial se había centrado principalmente en la fotografía aérea, durante la Segunda sirvió como Director del Instituto Fotográfico Naval. Sus fotografías acerca de la vida a bordo de un portaaviones, excelentemente mostradas en la exposición del Reina Sofía, ofrecen un interesantísimo punto de vista del aspecto humano de los soldados. Además de fotografías, durante este período filmó el documental The fighting lady, que le valió el Oscar a la película documental en 1945. Evidentemente, se trata de una obra propagandística pero, al igual que los documentales realizados por Leni Riefenstahl para la Alemania nazi, supone un antes y un después en el género documental.

Steichen, como bien nos muestra esta exposición, fue un magnífico fotógrafo, agitador de los movimientos de vanguardia a principios de siglo, editor de revistas, retratista de la alta sociedad hollywoodiense, reportero de guerra y reputado fotógrafo de moda. Pero tuvo tiempo para mucho más. Durante cierta temporada, se dedicó profesionalmente a la floricultura, haciéndose por derecho propio con un nombre en el mundo de la jardinería gracias a una serie de variedades que logró crear a base de cruces. También diseñó pianos y revolucionó el mundo de los estampados textiles con sus novedosos tramados a base de pequeños objetos entrecruzados como cerillas o botones.

Por cualquiera de esas facetas ya habría sido merecedor de una exposición. Y, sin embargo, aún quedaba su obra maestra. Tras la Guerra y hasta 1962, Steichen fue Director de Fotografía para el MoMA. Durante este período diseñó toda una serie monumentales exposiciones, entre las que emerge sin lugar a dudas The Family of Man, de 1955, el gran hito de las exposiciones del siglo XX. Steichen no se conforma aquí con mostrar las obras, sino que por encima de todas las fotografías que la conforman emerge la misma exposición como objeto artístico per se. Para ello cuida hasta el mínimo detalle, desde la colocación de las obras hasta el diseño del recorrido que realiza el visitante. Se dirige la mirada del espectador desde que entra hasta que sale de forma que es guiado a través de la tesis marcada por la exibición. Tal fue la trascendencia de The Family of Man, que es la única exposición catalogada como Patrimonio Universal por la UNESCO y hoy en día aún puede visitarse en el Museo The Family of Man, en Château de Clervaux, Luxemburgo.

No es de extrañar que a menudo se haya dicho de él que es el mejor fotógrafo de la historia, más aún desde que una reproducción de su The Pond Moonnight batiera todos los récord de subasta de fotografías al ser adquirida por 2,9 millones de dólares en 2006.

En fin, una exposición que no deberían perderse (ya sé, ya sé, siempre les digo lo mismo). Aprovechen, que estará hasta el 22 de septiembre. Sean curiosos y felices ;-)

2 comentarios:

elbé dijo...

Desde que se inauguró la exposición llevo diciéndome que tengo que ir pero sigo sin hacerlo. Un día de estos quizá.

Estupenda la reseña, como siempre. Muy documentada y apasionada. Es un placer volver a pasar por aquí.

inquilino dijo...

El placer es mutuo :-)
Ni se le ocurra perdérsela. Usted menos que nadie ;-)