23 de agosto de 2007

Egopost con Estes de fondo

Como Dios no tuvo a bien regalarme un látigo con el que fustigarme, hace tiempo que cogí la costumbre no tomarme demasiado en serio a mí misma. Escribo o dibujo porque no puedo evitarlo. Me sale así. ¿Qué se creen, que no me gustaría a mí dedicar el tiempo a cosas más productivas tales como el macramé? Ya me gustaría, ya. ¡Pues aquí iba a estar yo!

Y como escribo, dibujo o hago el pino puente porque me sale y me da la gana, suelo recomendarles a mis lectores más allegados que tomen ejemplo y tampoco me tomen demasiado en serio. Porque digo muchas tonterías, sí, y hasta a veces meto faltas de ortografía (horreur!) debido a algún lapsus calami traidor y escurridizo. Digo yo que si hasta a los premios Nóbel se les cuelan anacolutos en sus obras por qué iba a tener que ser menos esta humilde correctora.


Pese a mis continuas advertencias, aun así todavía hay alguno que tiene tanta fe puesta en lo que vomito por aquí que considera imperdonable que alguno de mis post no esté a la altura de sus expectativas. Que se esté tranquilo que, puesto que Dios no me lo dio, acabo de comprarme por Internet un bonito látigo de siete colas con el que prometo hacer acto de contrición y fustigarme un poquitín todas las noches.

Y ya estoy divagando otra vez, porque no es esto lo que yo les quería contar (¿ven?, ¿ven como no deben tomarme en serio?). Lo que yo quería decir es que, al igual que mi queridísimo don Miguel (de Unamuno, se entiende), defiendo mi legítimo derecho a contradecirme. Y lo ejerzo continuamente, doy fe.

Yo era de las que decían "¡Qué horror! ¡Un tío hablando con un móvil en público!" y ahora, ya ven, entre el iPod, el móvil, la cámara y algún que otro trasto, no salgo de casa si no llevo dos o tres cacharritos tecnológicos encima.

Y me echaba las manos a la cabeza: "¿La dama de rosa? Por dios, ¿cómo puede la gente engancharse a eso tan malo?". Y aquí me tienen, preguntándome sin hallar respuesta por qué me duermo cada día la siesta con Yo soy Bea. Hala ya lo he dicho. Ya lo he confesado. Sí, no me digan nada, ya lo sé, es un horror. Pero todos tenemos nuestras perversiones y se ve que la mía es de las raritas. En fin.

Y ya estoy otra vez saltándo de rama en rama. Hay que ver. Luego se extrañan algunos de que en la Facultad aprobara exámenes a los que jamás llegué a presentarme. Normal, con esta verborrea capaz de enlazar el constructivismo ruso con las danzas macabras medievales no me extraña que algún profesor decidiera aprobarme con tal de no tener que volver a pasar por el suplicio de leer otro de mis exámenes.

En fin, que como no me tomo demasiado a pecho mis opiniones, suelo hacer caso de lo que me dicen los mayores y estar atenta a cualquier sugerencia y/o discrepancia. Y es aquí cuando llegamos (por fin) al meollo del asunto. El otro día tuve un florido intercambio de mails con el amigo Ci a propósito de la exposición de Richard Estes en el Thyssen, expo que le entusiasmó y a mí me dejó fría.

Había ido a verla hace unas semanas y, si bien lo pasé pipa con Van Gogh, la de Estes me entró por un ojo y me salió por el otro. Pero tal era el entusiasmo del amigo Ci -y tan pocas mis ganas de currar en el librito de enfermería- que decidí repetir a ver qué tal. Así que allí fui otra vez. Y, sin que sirva de precedente, me reitero: no comparto el entusiasmo de Cinephilus.


¿Quiere esto decir que no hay que verla? Por supuesto que no, todo lo contrario: les recomiendo que no se pierdan ninguna de las dos. Lo que ocurre es que frente a la furibunda expresión de Vincent, frente a ese insoslayable protagonismo de la pintura en su pura materialidad, frente a ese pintar con las tripas, es difícil que me conmuevan la frialdad y el distanciamiento de Estes. Es una simple cuestión de gusto. Me gusta la pintura como material, con todas sus posibilidades expresivas, y por eso suelo encontrarme más cerca estéticamente de aquellos artistas que la dejan fluir, que confían en el hallazgo casual y caprichoso de la mancha, del pigmento que escurre o forma charcos pastosos.

Y Estes toma el camino opuesto. El virtuosismo preciosista, el detalle trabajado hasta el límite en una búsqueda obsesiva de realismo. Defiende su obra como el más puro ejemplo de realismo, como la más fiel representación de la realidad, por encima incluso de la fotografía. Y, en efecto, lo es. Porque en realidad hace trampa. En la fotografía, el foco determina qué es importante y qué no lo es, dirigiendo de este modo la mirada del espectador. Estes, en una suerte de trompe l'oeil continuo, prescinde del efecto de desenfoque y trabaja sobre varias fotografías de un mismo modelo tomadas con diferentes focos para otorgarle una perfecta definición a todo. Y así, curiosamente, consigue que su hiperrealismo dé la vuelta y se toque con el otro extremo: la abstracción. Porque en ambos casos, hiperrealismo y abstracción, no se condiciona ni se encamina la mirada del espectador.



Frente a los cuadros de Estes, el visitante se siente desvalido, abandonado ante un mundo frío y en cierto modo hostil. La elección de composiciones aberrantes, el juego de reflejos y cromados, el detallismo obsesivo provocan la absoluta soledad del espectador incluso en aquellos cuadros donde aparecen multitudes. En cambio, paradójicamente, el efecto de los campos de cereal de Van Gogh, desprovistos prácticamente de presencia humana, es justo el contrario. Estes y Van Gogh, deshumanización de figuras frente a humanización del paisaje, hieratismo efectista frente a pasión febril, idealización preciosista frente a creación descuidada y furibunda. En fin, que vayan a verlas si tienen ocasión.

Sean felices ;-)

4 comentarios:

Cinephilus dijo...

Hmmm... Por partes...
1. ¡¡¡Cómo has podido reconocer lo de Yo soy Bea!!! ¡¡¡Con la ilusión que me hacía a mí poder delatarte!!! ;-)
2. Me he pedido otro látigo a juego con el tuyo. Cuando quieras, nos fustigamos a dúo.
3. En cuanto a Estes, lo que me fascina de él es que no se trata del realismo llevado al extremo, sino de un realismo absolutamente irreal y teatralizado. Como tú misma dices, juega continuamente al trampantojo, a la falsa perspectiva, a una sucesión fantástica de imposibles que se ocultan a quienes no miren sus cuadros con sutileza.
A mí, en general, el hiperrealismo me parece interesante pero me deja indiferente, no me transmite emoción alguna. Sin embargo, lo que me interesó de Estes es que su visión de la realidad es una continua metáfora. No solo sabe elegir el punto de vista, sino que -además- sabe deformarlo para deconstruir lo existente y transformarlo en algo que no es más que la sublimación de la ciudad como concepto, no como ente. La ciudad como sucesión de silencios, de puntos de vista, de celdas y cubículos que nos redimensionan dependiendo del dónde, del cuándo y hasta del con quién. De ahí que sus personajes sean marionetas, tan inteligentemente dispuestas como las de su domingo en Central Park, donde ha conseguido escribir la trama de toda una obra teatral -o hasta de una serie televisiva: en esas figuras late un guión completo- en un solo lienzo...
4. Está muy feo esa costumbre unamuniana de contradecirse, que conste. A partir de ahora espero que seas dogmática, intransigente y aburrida :-P
Muaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
(y más)

elbé dijo...

Muy instructivo el artículo (con perdón), una vez más.

Y, otra cosa, esas fotos que haces con uno de los cacharros que sueles llevar, ¿se pueden ver en algún sitio?

inquilino dijo...

Cinephilus:
1. Je, je, je!! Te he dejado sin nada con lo que chantajearme :-)
2. Uy, qué chulo el plan de fustigamiento colectivo. Un día quedamos y montamos una procesión de penitentes. Con la capacidad que tenemos para que se nos cuelguen frikis seguro que acaba siendo un éxito.
3. Qué bonitas estos debates interminables. Ya seguiremos otro día con un par de copichuelas.
4. Vale que me pidas que sea dogmática e intransigente, pero ¿aburrida? ¡¡Eso nunca!!
Besitos, guapeton

inquilino dijo...

elbé:
Pues la verdad es que no las suelo colgar. Alguna acaba aquí en el blog, pero no suelo subirlas a ninguna galería. Tengo una cuenta en Flickr, pero no me gusta como funciona para los usuarios gratuitos y no cuelgo fotos más que de vez en cuando. No sé, supongo que es una de esas cosas pendientes que siempre quieres hacer y para las que nunca encuentras tiempo.

De todas formas, aunque me encanta la fotografía, soy una fotógrafa muy muy modesta. De hecho mi camarita es una Canon A550. Algún día me compraré algo más avanzado pero, la verdad, me da miedo porque sé que en cuanto empiece no podré parar de probar objetivos, filtros y demás.