13 de agosto de 2007

Divagaciones en una tarde plomiza

Lo de plomiza va en todos los sentidos porque, aparte del color del cielo que se ve por mi ventana, estoy dedicada a la corrección de un capítulo bastante plomizo de introducción a la Enfermería. En general las introducciones me suelen resultar plomizas -supongo que algo tendrá que ver mi ansiedad innata para llegar al meollo de lo que sea-, pero es que esta tiene una sintaxis tan farragosa que prácticamente tengo que reescribir de nuevo cada párrafo. En fin, gajes del noble oficio del corrector de estilo. Supongo.

El problema es que, con el verano de por medio, me han dado un plazo tan largo ("cuan largo me lo fiáis", que diría un ilustre de nuestra literatura), que me temo que la unidad de marras estará un mesecito dando vueltas por mi ordenador. Y, mientras tanto, entre párrafo y fárrago, yo a lo mío, a navegar y a bloggear. A leer y a dibujar. Y a incordiar a mi queridísimo maximizador, claro, que para eso estamos.

Me doy cuenta ahora de que hace mucho que no hablo de mi amado maximizador. Es que el pobre es de natural modesto y tímido y me regaña sin mucha convicción, entre halagado y azorado, cada vez que le mento. Lo mismo un día de estos cuento alguna cosilla para chincharle un poquitín, que se pone guapísimo cuando trata de contraatacar y hacerme la puñeta.

En fin, a lo que iba. Uno de mis entretenimientos de esta tarde ha sido rehojear (porque no sé si se puede releer algo que no tiene letras) el libro de los conejitos suicidas (The book of bunny suicides).

Dada la velocidad a la que circulan estas cosillas por Internet, probablemente la mayoría de ustedes ya conozcan este magnífico ejemplo de humor tan conciso como negro, pero no me resisto a recomendarla por si queda algún rezagado por ahí.

Y, dicho esto, voy a volver al trabajo antes de que alguno de esos lectores míos que están deseando la menor oportunidad para escribir un comment me llame plomo.

Ah, se me olvidaba mencionar la estupenda noticia acerca de la sentencia en contra de Novartis del Tribunal de Chennai (India). Reconforta saber que, por una vez, parece que ganan los buenos de la película. Les dejo -ahora sí- con una campaña de Amnistía Internacional a propósito de la utilidad de la presión de la opinión pública internacional.


Sean felices ;-)

PD. El vídeo lo encontré en el blog de Mike Bonales, quien, por cierto, va lanzado en su carrera como dibujante. ¡¡¡Enhorabuena Mike!!!

2 comentarios:

Cinephilus dijo...

ay, cómo me gustan a mí esos conejitos suicidas ;-)
besos desde mi resaca, jeje

inquilino dijo...

Vos con resaca? No puede ser!! :-O