30 de noviembre de 2006

El equilibrista


No llueve, no. Diluvia. “Por fortuna”, se dice Luis. Nada como un auténtico chaparrón para arrastrar la rabia. Corre con furia calle arriba. Zancada a zancada, metro a metro, dejando un rastro de adrenalina, sudor y cólera.

Son días de conflictos, de decisiones. Y a Luis nunca se le dio bien decidir. Él siempre lo quiso todo. Mantener un pie en cada lado del camino, esquivar las bifurcaciones. Pero ahora los caminos se separan demasiado e insistir en mantenerse en ambos acabará en batacazo, bien lo sabe.

El instinto, el deseo. El equilibrista Luis lanzado de golpe a la realidad. Empujado al vacío por la fuerza de la razón, de lo correcto, de lo marcado a fuego en el camino principal.

Querría vivir dos vidas. Aunque sabe que entonces acabaría queriendo vivir cuatro porque las bifurcaciones surgen a cada recodo. Irremediablemente. Elegir, elegir. Descartar un podría ser. Arrastrar para siempre aquel pudo haber sido.

Y ese glotón de vida que es Luis, ese militante de la indecisión, de la elección múltiple, obligado a tomar partido, a sufrir en cualquier caso el sentimiento de pérdida. Pérdida de su otra vida, la que ya no vivirá, la que dejará esperando ad aeternum en la otra rama del camino.

Queda la rabia. La razón adulta enfrentada al instinto pueril y vital. Correr, correr. Subir furioso la calle hasta caer agotado. Sentir la lluvia resbalar por su cuerpo sudoroso y exhausto. Lluvia y sudor confabulados para barrer su malestar, para vaciar esos depósitos de rabia que pronto volverán a llenarse. Correr con la mente en blanco, el gesto torcido y el alma encendida. Correr.

2 comentarios:

Vulcano Lover dijo...

Mierda!!!! esto de la finitud, de la necesidad de elegir en la vida, pero con el deseo y la voluntad potencialmente capaces de imaginar, soñar, desear, casi tocar la punta de las bifurcaciones... Una mierda. Es necesario elegir, es necesario elegir, es necesario elegir... me lo digo día a día, lo practico... hasta lo entiendo y lo asumo... Y, sin embargo, no hago más que correr también esquivar. Esquivar contínuamente, encender el alma y la sinrazón, multiplicar el deseo...
Por qué será que entiendo tan bien a ese Luis equilibrista malogrado???

Besos... te echo de menos, sabes?

inquilino dijo...

Lo entiendes, querido Vulcano, porque cuando se vive la vida en toda su plenitud, cuando como tú se es un "glotón de la vida", irremediablemente acaban surgiendo nuevos y fascinantes caminos a cada recodo. Entiendes a Luis como yo te entiendo a ti. En fin.

El sentimiento es mutuo. A ver si nos vemos ;-)