21 de agosto de 2006

Asociaciones azarosas

Por esas casualidades de la vida, ahora que estoy enfrascada en la lectura de la estupenda El sonido y la furia –o, más correctamente, Ruido y furia- de Faulkner me encuentro ayer noche con la emisión por televisión de Matar a un ruiseñor. Lo de llamarle casualidad a este tipo de asociaciones puramente subjetivas no deja de ser un capricho carente de toda base empírica, puesto que es bastante dudoso que haya mucha gente a la que la película de anoche le haya evocado la novela de Faulkner. Ciertamente, aunque no es descabellado establecer paralelismos entre ambas –en rigor, probablemente sea posible establecer paralelismos entre casi cualquier cosa-, no deja de resultar curioso el mecanismo por el cual nuestro subconsciente trabaja continuamente buscando todo tipo de conexiones –llámense éstas azar, destino o casualidad- entre las experiencias diarias.

Venía hoy haciéndome esta reflexión en el metro cuando, siguiendo con las asociaciones traídas por los pelos, recordé una película española de hace no muchos años: Un banco en el parque. No es una gran película. De hecho, no pasa de ser una peliculilla menor, casi de aficionado, con una factura mediocre. Pero la historia no dejaba de tener su miga. El protagonista, harto de fracasos amorosos, decide que probará con la próxima mujer que le traiga el azar: se sentará en un banco del parque cada día a la misma hora hasta que aparezca la mujer de su vida. Conforme avanza la película las condiciones impuestas por el protagonista irán aumentando hasta el punto de que difícilmente pueda seguir llamándose azar a un proceso tan dirigido.

Señales, coincidencias, caminos del destino, amuletos... Triquiñuelas absurdas a las que todo hijo de vecino acaba sujetándose de uno u otro modo en algún momento de su vida. Ese vértigo ante lo que no podemos controlar o, peor aún, esa nausea sartriana ante nuestra responsabilidad en el rumbo que toma nuestra vida. Sentimientos tan profundamente humanos, tan insoportablemente nuestros que no nos queda otra que entregar tramposamente a la ficción del destino. Por más que poseamos una mente más o menos analítica.

En fin, unas reflexiones bastante ligeritas para un trayecto en metro un lunes cualquiera, ¿no creen? Bueno, tampoco me hagan mucho caso. En lugar de eso, vayan a su videoclub más cercano y alquílesen esa pequeña joyita que es Matar a un ruiseñor. No les defraudará.

7 comentarios:

Ana Lorenzo dijo...

Casualidades de la vida, anoche vi, junto a mi peque, Laura, que se quedó dormida, Matar a un ruiseños; les había hablado de ese libro y de cuánto me gustó a santo de explicarles por qué matar un ruiseñor es un pecado muy grande, todo por otra peli que alquilamos (Novia por contrato) en que una chica no para obsesionada por cargarse a un ruiseñor que no le deja dormir por las noches. Y, casualidades de la vida también, leo hoy mismo un comentario a un apunte mío en el blog Addenda et corrigenda (cierto, no he tenido que vérmelas con autores endiosados, suelo corregir a autores no literarios, incluso a políticos, y son mucho más sensatos); así que acabo conociendo este estupendo blog donde me reencuentro con el ruiseñor. ¿Quién dice que la vida no imite al arte y sus argumentos no sean maravillosamente enredantes?
Un saludo. Visitaré a menudo este sitio para mentes inquietas.

Vulcano Lover dijo...

La mente es un instrumento de destino imprevisible... Y los mares que puede recorrer entre dos pensamientos, insondables y maravillosos... Qué sería de la literatura sin esos mecanismos humanos de la reflexión libre, de la fantasía...
Yo soy poco amigo de dibujar mi destino. CUando tomo decisiones, éstas son racionales y conscientes. Cuando no, no me preocupo de maquillar el azar, me dejo más bien seducir por él... Como siempre, despiertas mis guiños favoritos...

Besos.

inquilino dijo...

Je, je, fantástico ejemplo de asociación azarosa, Ana. Es lo que tienen las casualidades, que se pueden amoldar según nuestra conveniencia ;-)

Se agradece enormemente la visita.
Un saludo

inquilino dijo...

Vulcano, afortunado tú que logras sustraerte al influjo del azar. Mi profunda indecisión me lleva a menudo de dejarlo todo en manos de una moneda. Mírame, tan profundamente racionalista y luego... :-)

Vulcano Lover dijo...

ja ja ja ja ja... bueno, uno tiene que hacerse una imagen... Luego, la moneda juega más de lo que parece, je je je je. Cómo te voy a mentir a ti, ja ja ja

Más besos.

klingsor dijo...

Haré caso a tu comentario sobre las revisualizaciones de películas, y volveré a ver esa joyita de Matar a un ruiseñor...

Ya he leído que por Italia de maravilla, no?

Un beso!

inquilino dijo...

Ni te imaginas, Klingsor, ni te imaginas. Ya os iré contando poco a poco, pero... ¡¡quiero volver ya!!