14 de enero de 2006

Werther

Hace poco me he terminado el Werther. Qué insulsa, ñoña y vacía se me ha hecho su lectura. ¿Cómo es posible que una obra que pretende ser todo apasionamiento, que proclama una y otra vez su sensibilidad, su capacidad para el sentimiento, resulte tan fría, tan distante, tan "marfileña"? Y es que, lejos de emocionarme, estaba deseando que se suicidara de una vez el muy pedante y estúpido Werther.
Para muestra, un botón:
Hoy he entrado en su habitación, vino a mi encuentro y le besé la mano con embriagadora alegría. Un canario voló del espejo a su hombre. "Un nuevo amigo -me dijo y lo llamó ofreciéndole su mano-. Está pensado para mis pequeños. ¡Es tan cariñoso! ¡Miradlo! Si le ofrezco pan, aletea y picotea con tanta gracia. Incluso me besa, ¿véis?"

Al acercar la boca al animalito, éste se plegó tan amorosamente sobre sus dulces labios como si fuese capaz de sentir la dicha de que gozaba.

Ahora se pone interesante:
"También debe besaros a vos", dijo, pasándome el pájaro. El piquito iba de su boca a la mía y su simple contacto era como un soplo, un presentimiento de inefable deleite.

"Su beso -dije- no es del todo desinteresado, busca alimento y retorna insatisfecho de las caricias vanas."

"También me toma comida de la boca", añadió ella. Le tendió unas migas de pan en sus labios, en los que sonreía en toda su dicha la alegría de un amor inocente y amigo.

¿¿Inocente?? ¿Ein? Espera, que aún hay más:
Volví el rostro. ¡No debiera hacer tal cosa, no debiera exaltar mi imaginación con tales estampas de inocencia celestial y de felicidad, ni despertar mi corazón de la indiferencia de la vida en la que con frecuencia vivo sumido! - ¿Y por qué no? ¡Tiene tanta confianza en mí! ¡Ella sabe cuánto la quiero!
¡Por favor! O Werther es tonto o Goethe se sentía tan pagado de sí mismo como autor que no fue capaz de escuchar a sus personajes, de dejarles vivir libremente y tomar el poder de su propia historia.

Y ese es el gran problema de los románticos: se tomaban demasiado en serio a sí mismos. Tan preocupados por la búsqueda del Arte con mayúsculas que se olvidaron de la pasión, del instinto, del sarcasmo. De la vida, al fin y al cabo.

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3 comentarios:

Cinephilus dijo...

El problema -entre otros- es que Werther era una obra de juventud que luego, con el tiempo, se ha mitificado y convertido en algo más de lo que realmente es: un ataque de cursilería por parte de un jovenzuelo que, sólo cuando miró fuera de sí mismo, llegó a sus mejores obras. Lástima que la crítica pontifique siempre sin tratar de darse cuenta de cómo Rosalía de Castro sigue siendo universal -por ejemplo- mientras que Werther es un personaje casi insufrible.
Sin embargo, su Fausto es, para mí, uno de mis diez libros de relectura anual obligatoria por puro vicio, y ahí sí se recoge el amor y la tortura romántica, pero desde lo que se llamó en Alemania el Sturm und Drang, un movimiento que ya contenía el romántico en su seno pero que lo intelectualizaba y no "sensibilizaba". De todos modos, me consuela saber que no soy el único al que el episodio del pajarito le produce sonrojo... ;-)))

inquilino dijo...

Es que lo del pajarito acabó de rematar el asunto. Aunque he de reconocer que gracias a la carcajada que me produjo ese fragmento salí del sopor que me estaba provocando el jovencito Werther.
Totalmente de acuerdo en lo que atañe a Rosalía.
Por lo demás, estaba considerando expulsar al Fausto de mi cola de lecturas pendientes. Enhorabuena, acabas de lograr un indulto. ;-)

Neverland dijo...

Sí, aunque una advertencia pre-indulto... La primer parte del Fausto -que Goethe toma del Docktor Faustus del folklore germánico- es muy superior a la segunda parte, en la que le da un arrebato clasicista y se pierde en un relato un tanto ególatra y exhibicionista desde el punto de vista literario... Aún así, es una obra que sí contiene pasajes, ideas y momentos absolutamente inigualable.
Besos a mares, inquilino ;-)