18 de septiembre de 2006

Pongámonos nostálgicos

Una está ahí, tan tranquila, pasando el rato, cuando de repente hay algún detalle mínimo o cotidiano que le lleva a percartarse de la edad que tiene. Y no es que lo de la edad sea algo que me preocupe especialmente. De hecho, resulta más bien curioso que yo, que crecí tan mal, envejezca tan bien: me agarré a la infancia cuanto pude y, una vez resignada a que había pasado para siempre, mi única obsesión fue seguir cumpliendo años y quemando etapas.

Pero, bueno, ese es otro tema que quizás toque otro día. Hoy quería hablarles de uno de esos detalles cotidianos que me hizo percatarme de los casi treinta tacos que tengo. Estaba yo hablando con un amiguete unos diez años menor cuando, de repente, me encontré tratando de convencerle de que antes no había tele todo el día. No podía creer que hubiera un cierre de emisión donde salía el Rey haciendo muchas cosas y toda la Familia Real posando, con perro y todo, y que después ya sólo se podía ver la carta de ajuste hasta pasado el mediodía. Se partía de la risa el tío. Más aún cuando le conté con qué bombo y platillo se anunció el inicio de las emisiones matinales con una programación fascinante: el Follow me de la BBC y En forma, con Eva Nasarre pegando brincos en sus calentadores.

El caso es que el cierre de emisión ese que le relataba yo a mi amigo fue durante muchos años mi programa preferido. Todo mi afán era verlo. No es que sintiera curiosidad por comprobar si el Rey hacía alguna cosa nueva. Tampoco me llamaba demasiado la atención escuchar ese himno nuestro que debió de ser compuesto justo después de que se cayeran al suelo todas las cacerolas de la cocina. No. El motivo nada tenía que con unas ínfulas patrióticas que nunca tuve. De hecho, una vez que comenzaban a sonar los primeros chimpunes del himno y aparecía ese colorista mapa de España, apenas seguía prestándole atención. Simplemente, mi insistencia en que quería ver al Rey suponía la coartada perfecta para lograr alargar todo lo posible la hora en la que me enviaban a la cama. Y es que una siempre ha sido muy gata.

Por eso he escogido precísamente este vídeo, el del cierre de emisión, para ilustrar este post cuyo motivo no es otro que recomendarles esta recopilación que Pixel y Dixel están realizando sobre los 50 años de televisión en España. Pues eso, que, recomendación hecha, les dejo con el cierre de emisión. Hasta mañanita :-)

4 comentarios:

Vulcano Lover dijo...

Pues sí, cómo han cambiado las cosas... Es cierto que de pequeños, llegar al fin de la emisión era toda una proeza y que escuchar ese himno a esas horas (no tan tarde en el fondo, hoy en día hay programas que justo comienzan alrededor de esa hora) te confería una extraña sensación de estar haciendo algo que no estaba muy bien, contraviniendo las normas y los horarios establecidos... Era esa satisfacción de gato que ronronea en la madrugada... Supongo que en que aquella época aún podían triunfar programas de radio de madrugada como el inefable "encarna de noche" pues no había Sardás televisivos que la desbancaran... Y es que hay mucho gato suelto por la noche...

Miaaaau

BEsos, guapa.

Cinephilus dijo...

Ays... no me hables de edad, que hoy me ha dado un ataque pro-lifting al verme rodeado de adolescentes. Ha sido una experiencia realmente extraña la de contemplarme al otro lado de la clase, cuando -mentalmente- sigo en esos pupitres. Y es que los años del instituto son los que más me han marcado, así que me resulta extraño ser quien, ahora, debe marcar las reglas del juego. Sobre todo porque, aunque ellos no lo sepan, yo también quiero jugar :-)
Besos de un gatito muy simpático, you know ;-)

buliano dijo...

El otro dia me fastidio tener que explicar a mi sobrina de 11 años lo que era el Coche Fantastico. Tuve una sensacion parecida a la tuya, imagino.

buliano dijo...

El otro dia me fastidio tener que explicar a mi sobrina de 11 años lo que era el Coche Fantastico. Tuve una sensacion parecida a la tuya, imagino.