18 de abril de 2006

Armarios empotrados (I)

Los hay de muchos tipos. Algunos son endebles, fácilmente desmontables. Otros sólidos, robustos, pero con una doble puerta que se abre y se cierra a conveniencia. Armarios viejos, de toda la vida, o armarios que no resistieron más que unos años, que desaparecieron víctimas del deseo.

El suyo era uno del peor tipo. Uno de esos armarios empotrados que por más que se quieran ignorar permanecen siempre ahí, inalterables e insolentes. Un armario forjado desde el mismo día en que nació para mantenerle encerrado, aprisionado, asfixiado por el resto de su vida. Uno de esos armarios vestidos de arriba a abajo, de los que se muestran en los escaparates como modelo de orden y concierto.

Armarios como ese se fabrican en masa cada día; cada día nuevos niños y niñas entran en sus armarios para emprender esa vida modélica creada por algún diseñador sádico. En general, la pervivencia en el armario es tranquila. Lo suficientemente cómoda para que su inquilino no se rebele. Pero, ay de él si por alguna caprichosa circunstancia del destino logra sacar un sólo momento la cabeza del armario. Entonces, el pobre inquilino estará perdido. No podrá escapar del armario pero su existencia ya no será la misma. Habrá descubierto la luz de la vida, la pasión por la plenitud y estará condenado por el resto de sus días a tapar tórpemente las grietas que ya sin remedio aparecerán día tras día en su sólido armario.

No sabemos si Manrique era ya consciente de su situación dentro del armario. Se pasaba el día, eso sí, cemento en ristre, tapando y tapando, en su particular huida hacia adelante, tratando de que cada nueva y desesperada acción que emprendía -acciones descabelladas a los ojos de los demás- matara de una vez por todas aquella insatisfacción que le comía por dentro. En el fondo, estamos seguros de que Manrique era consciente de la fatuidad de sus intentos, aunque no por ello decidiera bajar los brazos y rendirse al deterioro del armario. Podría, dirán ustedes, haberse salido del armario, pero es que eso, amigos míos, está fuera de toda posibilidad cuando de armarios empotrados se trata. Y el de Manrique era uno de los más empotrados que hayamos visto jamás.

La historia de Manrique transcurrió apacible dentro de su monótono armario durante bastantes años. Había, no obstante, ciertos signos que no le habrían pasado por alto a un observador atento. Y es que hay personas menos aptas que otras para vivir encerrados en armarios. Habita en ellos una suerte de rebeldía, de libertad interior que les llevará a sentir curiosidad tarde o temprano por el exterior del armario. Ya en su más tierna pre-adolescencia, Manrique coqueteó con ese otro mundo vetado. Le gustaba huir a escondidas de esa férrea separación de sexos que le habían inculcado.

Colegios masculinos, amiguitos masculinos, actividades masculinas… Las niñas son distintas, le habían dicho. Y él lo creía, se jactaba de ello, y proclamaba cuando podía esa superioridad masculina frente a la estulticia y el histerismo de las mujeres. Y, sin embargo, a menudo se quedaba extasiado de curiosidad ante cierta vecinita, una suerte de chicazo que lideraba un grupito de niños que habían tenido la suerte de escapar de los armarios.

6 comentarios:

Vulcano Lover dijo...

Ays...¿sólo un capítulo??????

"zkajl" zeñó, ke jaleo hay

inquilino dijo...

ay, amigo, tendrás que tener paciencia...


"kmwmshz": caray, WonderWoman y Shazam!! Quien lo iba a decir, ¿no?

Vulcano Lover dijo...

Suspense y paciencia, como la vida misma... Se pueden hacer porras de la continuación??? A lo mejor un día podíamos escribir cada uno un capítulo y dejar el siguiente para el otro... A los 5 ó 6 la historia podría ser cualquier cosa ya...

(yo siempre lanzando guantes, no tengo remedio)
"usobhqi" uso boquilla en hache, como aquí.

inquilino dijo...

Bueno, acepto el guante. Pero no con este relato, que ya está casi terminado aunque lo vaya a dejar caer por entregas.

"rloyfgs": que rollo, Eloy, te fugaste sin mí

Vulcano Lover dijo...

Entregas sucesivas o salteadas (supongo que lo segundo, conociéndote...). Lo digo para ir pensando y aen algo.

"idzuf" idioteces y zarandajas son mis últimas fragilidades

inquilino dijo...

Ays, qué malo es conocerse ;-)
A mí lo salteado me va más. Ya ves.

"lfqexgcj": la farola -qué extraño- me genera confianza junto a ti
(y que viva el dadá ;-)